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domingo, 13 de enero de 2008

El valor de la lana y como se ha caracterizado la trashumancia y el pastoreo en los antiguos reinos de España.

Tipos de trashumancia


Son numerosos los trabajos que hacen referencia a la fama de lana en época romana en la zona Bética, también hay coincidencia a la hora de señalar diferencias importantes desde el punto de vista cualitativo, a favor de la lana procedente del ganado merino respecto de la anterior, lo que no hay es una tesis definitiva a cerca del origen precisamente del citado ganado ovino. Parece ser que apareció en Castilla hacia el siglo XV la primera evidencia o referencia sobre la denominación de merina aplicada a ovejas o a la lana, en los inventarios de tarifas expedidos por Juan II en 1442 y Enrique IV en 1457 en los que se fijaban las tasas para el paño confeccionado con “lana merina” .

En los más de dos mil documentos del archivo de la Mesta, fechados con anterioridad a 1600, no hay ni una docena de referencias a la lana merina como tal.

            Antes de centrar el tema desde la óptica actual es imprescindible hacer referencia al estudio de J. Klein donde dice que: “El primer rasgo distintivo de la organización pastoril trashumante en Castilla es el referente a las cañadas, que son los caminos especiales destinados al tránsito de los ganados. En todos los países donde existe esta forma errante casi nómada, de explotación ganadera, hallamos estas calzadas. La Italia meridional estaba atravesada por calles romanas, (calles pastorum) que fueron después las tratturi (111 m. unen montaña y llanura) (los tratturelli de unos 37 m  y los 18,5 m los llamados bracci). En la Provenza, Argelia y los Balcanes había rutas similares (algunas probablemente prerromanas) reservadas para el tránsito de ganado. En Francia han existido vías para el ganado desde tiempos inmemoriales “chemins de transhumance” principalmente servían para conducir el ganado desde el Mediodía francés a los alpes y vuelta.

En los reinos españoles se conocieron estas calzadas bajo diversos nombres: cabañeras de Aragón, las carreradas de Cataluña, los azagadores reales de Valencia y las cañadas de Castilla o también caminos a veces denominados galianas, cordones, cuerdas y cabañiles1.

            También es interesante resaltar la opinión vertida en trabajos relacionados con estudios sobre la trashumancia antigua como el ya citado Sánchez Moreno Eduardo quien recuerda que la trashumancia a larga distancia es una práctica arraigada en la Península Ibérica así como en otros lugares de la cuenca mediterránea, recuerda el positivismo de la primera mitad del siglo XX con la aceptación acrítica de una trashumancia sin definir más bien de economías pastoriles nómadas, situando en esta línea las aportaciones de varios autores entre los que incluye a J. Klein y su obra emblemática sobre la Mesta. Una etapa de rechazo de la trashumancia (1950/1980): Ni exigencia medioambiental, ni disposición humana, sólo aceptan la existencia de movimientos ganaderos menores (trasterminancia) entre montañas y valles, pero dentro de un mismo territorio étnico, lo avalan entre otros J. Caro Baroja.

            En otro orden de cosas se porfía que los framontanos (imágenes de piedra, prerromanas, que representan cerdos, carneros y toros) encontrados en muchos lugares de la España central señalaban el camino de ciertas calzadas ibéricas, sustituidas más tarde por las vías romanas2.

            Todo indica que dicha hipótesis no se mantiene ya que ha sido demostrado que dichos monumentos eran religiosos o funerarios y en modo alguno relacionado con la ganadería, aun cuando la vida de los íberos fuera en gran parte pastoril. La primera prueba irrefutable que define y señala las calzadas para el ganado lanar no es anterior a los siglos VI o VII, y se encuentra en el Código de Eurico y el Fuero Juzgo, códigos visigodos, al prescribir determinadas salvedades con relación a ciertas calzadas destinadas al tránsito de ganado trashumante.

            Estas vías pecuarias se identificaban además gracias a algunos documentos medievales que atestiguan la imposición de ciertos gravámenes a los ganados trashumantes al pasar por determinados lugares, lo que indica el uso de unos caminos fijos, que hacia fines del siglo XII recibieron el nombre de cañadas. En realidad no eran más que el trozo de camino lindante con tierra cultivada, pues el camino que cruzaba por terreno libre no se acotaba, ni se designaba de modo especial3.

Pedro García Martín en su trabajo sobre La Mesta distingue tres tipos de trashumancia que conviven en el mundo agrario de la Europa medieval y moderna:

  1. La trashumancia local, cuyos cortos desplazamientos tienen como radio de acción las lindes municipales donde dice que se establecen regímenes de mancomunidad de pastos y cita como ejemplos la crianza de la oveja churra en Tierra de Campos, que se alimenta de panes y rastrojos del propio concejo, la producción cárnica de la vaca avileña, esparcida por el valle de Amblés o resistente a los rigores del puerto de la Cebrera o la yerba común consumida por las ovejas riojanas de las Tres Villas (Anguiano, Matute y Tobía).
  2. La trashumancia transterminante, desplazamientos medios en los que las manadas de ganado traspasan varios términos municipales, pudiendo distinguirse una triple tipología en función del lugar de procedencia, ya sea la planicie, la sierra o entre ambas. Es lo que el geógrafo Max Derruau calificó de trashumancia ascendente, descendente y doble. Y en la que los rebaños pueden marchar siguiendo el curso de las riberas, las cuerdas de las cadenas y los piedemontes. Para Fernand Braudel en su magnífico El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo clasifica en tres variantes de esta modalidad trashumante: Normal, cuando propietarios y pastores son habitantes de llanura, la cual sólo abandonan en verano en busca de los pastos que arrienda al montañés. Inversa, cuando los rebaños de los montañeses bajaban en invierno a utilizar los pastos y los mercados que le ofrecía valles y planicies, el ejemplo de Navarra sus valles (Roncal, Salazar, Iratí) sobre la Ribera y las Bardenas Reales. Mixta, cuando las chozas se encuentran en la ladera a medio camino entre pastizales de áreas altas y bajas, lo que ocasiona conflictos de aprovechamiento resueltos  por la vía de la propiedad y la puja en los arrendamientos como el régimen ganadero que tiene la Alta Provenza en los siglos XV y XVI o el que se ha mantenido en Córcega hasta la actualidad.
  3. La gran trashumancia o regional, desplazamientos largos que son considerados un estadio superior al nomadismo en al evolución histórica del pastoreo, en nuestro estudio: La Mesta4.

En el comienzo de la Edad Media cuajó la costumbre en Castilla de reunir asambleas de propietarios y pastores en diversas poblaciones, un par de veces al año, al objeto de tratar cuestiones sobre el fuero local relacionado con la ganadería, ganados estantes, trashumantes, descarriados, etc. A estas asambleas o concejos se les llamaban mestas quizás recordando el ganado perdido e ingresado a otras piaras, (mezclado) también a las ovejas descarriadas se les llamó ganado mesteño, las citadas reuniones en Navarra se llamaban meztas y en Aragón ligallos.    

 

Klein, J., La Mesta: Estudio de la historia económica española 1273-1836. Alianza Universal Pág. 19,  Madrid 1990

2 Sáez, L., Apéndice a la Crónica del Rey Juan II. Brit. Mus. Add. Mss., 9925, Pág. 96, Pág 109 Madrid, 1786

3 Klein, J., La Mesta: Estudio de la historia económica española 1273-1836. Alianza Universal. Pág. 31, Madrid 1990

4 García, P., La Mesta, historia 16, Pág 25, Madrid 1990

18:22 | gestionado por Tomás Ramón Herrero Tejedor | Enviar comentario (0)

A pesar de la evolución tanto de la agricultura como de la ganadería, cuando aún hoy, observamos con detenimiento ciertos detalles del paisaje, así como el compartamiento de algunos animales en relación con él y a pesar de estar ya muy domesticados, podemos imaginarnos que el paso del tiempo se ha sellado genéticamente en uno y en otros.


En un estudio sobre pastoralismo mediterráneo a cargo de José Miguel Montoya Oliver dice: Los países mediterráneos son cuna de civilizaciones pastorales muy antiguas. Su clima suave y especialmente sus inviernos no excesivamente  fríos, la salubridad general del medio, y tal vez la abundancia de frutos comestibles en otoño-invierno que producen sus bosques, les convierten en áreas muy favorables para la vida del hombre y su ganado1.

            Para Pedro García Martín de acuerdo con la argumentación causal anterior expresa que las características geofísicas de las tierras que baña el Mediterráneo llevaron a sus pueblos desde los tiempos remotos a la práctica del pastoreo extensivo. De manera que a una fase primitiva de nomadismo, donde la marcha arrastraba consigo a hombres, bestias y moradas, le sucedió una etapa más moderna, racional y organizada de trashumancia, que conllevaba una división del trabajo entre pastores y agricultores sedentarios, así como aldeas fijas de partida y retorno2.

            En la Península Ibérica, como es bien sabido, el movimiento trashumante  se resume en la “bajada a extremos” que desde las zonas montañosas de la meseta septentrional –agostaderos o pastos estivales- se realiza a las dehesas extremeñas, andaluzas y manchegas –yerbas invernales- asegurándose así la alimentación de los ganados con el aprovechamiento de los pastizales periféricos en viajes semianuales y complementarios. Al parecer, según indican antiguas intuiciones retomadas después por la Biogeografía y abanderadas con fuerza por ecologistas y naturalistas en nuestros días, el sentir trashumante lo inauguraron como comportamiento natural las manadas de animales prehistóricos a partir probablemente, de los cambios climáticos producidos en la transición Pleistoceno-Holoceno.

 

Agricultura y Ganadería incipiente

 

 Figura 1.- (El gran libro de consulta - El País Altea)

 

Existe cierta unanimidad entre diferentes estudiosos de la Iberia antigua a cerca de los tres mundos culturales que la caracterizaron donde destacaba la Bética o Turdetania a la que Estrabón calificaba como “región maravillosamente fértil”, cuyas tierras estaban “cultivadas con gran esmero, y además, para recreo de la vista, la región presenta arboledas y plantaciones de todas clases admirablemente cuidadas”. Como expresión de su potencial agrícola el citado geógrafo narra: “De Turdetania se exporta trigo, mucho vino y aceite; éste además no sólo en cantidad sino de calidad insuperable. Exportase también cera, miel, pez, mucha cochinilla y minio mejor que el de la tierra sinópica. Tiene sal fósil y muchas corrientes de ríos salados, gracias a lo cual, tanto en estas costas como en las de más allá de las columnas, abundan los talleres salazón de pescado y se producen salmueras tan buenas como las pónticas” (Libro III “Geographica”,  2, .6)3.

            Por tanto la agricultura de la zona meridional se diferenciaba de la practicada por los íberos  del área del Levante que también tuvo un buen desarrollo sobre todo en el empleo del utillaje agrario manifestado en los hallazgos de aperos de labranza de hierro, cereales, molinos harineros hallados en las viviendas y cultivos hortícolas. De otra parte en las zonas altas de la Meseta impera el monocultivo cerealista, también Estrabón la calificó como “país frío, áspero y pobre”. No aludió sin embargo, a la aridez, tal vez porque entonces no era árida, cuando es precisamente la escasez de agua o su desigual distribución la razón determinante del bajo rendimiento agrario castellano4.

Los iniciales desplazamientos estacionales son intensificados por el hombre paralelamente al proceso de domesticación y, cuando éste es ya dueño de su ganadería y vive en estadios culturales más avanzados, los rebaños siguen atravesando distancias de ida y vuelta al ritmo que marca ahora la experiencia humana. El valor funcional de esta mecánica no está exento de cierta confusión, cuando historiadores, arqueólogos y antropólogos  mezclan sin diferenciar claramente conceptos como trashumancia, pastoralismo, trasterminancia, economía ganadera nómada, desplazamientos ganaderos complementarios, etc.

            Sin apartarnos de la cronología histórica en la que se recoge la presencia de “calles pastorum” y referencias a servidumbres como “viae”, “iter” y “aetus” por parte de Marco Varron (siglo I a. de C.), también de acuerdo al mencionado Fuero Juzgo visigodo donde se menciona por primera vez de forma explícita a las cañadas hasta la creación del Honrado Concejo de la Mesta (Alfonso X, 1273) transcurren más de cinco siglos que como se sabe corresponden principalmente al dominio árabe sobre la mayor parte de la Península Ibérica.

            Era el año 732 cuando la derrota musulmana cerraba al Islam las puertas de Francia para abrírselas más en Hispania, donde como habría ocurrido con los godos, concentrarían todas sus fuerzas5.

            Así la nueva configuración del territorio va tomando cuerpo, en el Sur los mejores campos pasan a manos de los ocupantes vencedores, los árabes. Más al Norte pueblos beréberes y nómadas se asientan en terrenos menos feraces, uno de ellos los Beni-Merines era una tribu del norte de África, existe la teoría mediante la cual el ganado ovino de raza merina tomó de ellos su nombre. Se sabe que diferentes términos pastoriles tienen origen árabe como zagal y rabadán (ayudantes de pastor por lo general jóvenes), también rafala (corral para ovejas descarriadas), cabaña, morueco (carnero reproductor) y mechta (acampada para las ovejas durante el invierno, parece probable que está relacionada con Mesta).

            Según nos cuentan los Historiadores en torno al siglo X el emirato cordobés alcanza su esplendor con Abb Al-Rahman III (912-961), su influencia hace que de nuevo la Península vuelva su mirada hacia el Mediterráneo, se produce un cierto florecimiento de las ciudades y la ganadería autóctona se enriquece con la nueva sangre llegada de África.

            Son tiempos de repliegue y reorganización, así en respuesta al empuje del Islam diferentes nobles y eclesiásticos godos se reagrupan en las cordilleras del norte con D. Pelayo al frente se inicia la conocida Reconquista. Las guerras entre árabes y bereberes están en las causas principales del despoblamiento de la submeseta norte, más tarde con la fundación de monasterios, con la entrega de tierras (latifundios) a nobles e iglesias se inicia un nuevo repoblamiento en base a emigrantes cántabros y vascones sobre todo en la futura Castilla.

            Las diferentes investigaciones concluyen que familias sin medios de subsistencia, aventureros de la época, emigrados cristianos puestos a salvo de la intolerancia islámica conforman el campesinado que sirve para aposentarse en las abandonadas tierras del Duero. Su labor individual o colectiva de presura -apropiación y cultivo de la tierra-. Nuevas técnicas agrícolas, molinos hidráulicos, yugos, herrajes, etc. Así la aldea suplirá al clan con el desarrollo de vínculos de solidaridad vecinal, al tiempo que se establecen los espacios individuales de cultivo –huerto, viña, cereal- regularán el servicio comunitario de montes, aguas y pastos6.

            Al observar con perspectiva temporal este período se concluye que la debilidad demográfica, la orientación ganadera de la economía peninsular y el robustecimiento de las clases dominantes imponen una repoblación señorial y latifundista de cuño pastoril. Los citados datos son centrales en el análisis que nos ocupa, están en la raíz del desarrollo del entramado cañariego.

            A través de las encomiendas la nobleza laica y las Órdenes Militares -templarios y sanjuanistas en Aragón, calatravas, alcántaras y santiaguistas en Castilla-León y Portugal- se repartirán enormes extensiones de La Mancha, Extremadura y Castellón.

            En la historia común de los pueblos que paulatinamente han ido ocupando la Península han sido notorios los enfrentamientos entre labriegos y pastores siendo la reconquista de los siglos XI y XII la que aumentará las diferencias de criterios sobre los territorios y sus rendimientos, pero es la agricultura quien ahora queda relegada en beneficio de los consumibles procedentes del ovino, principalmente la lana. A mediados del siglo XII Castilla y Aragón van acabando con las taifas sureñas, la ganadería lanar ofrece un sistema de aprovechamiento racional del espacio sin necesidad de trasladar de nuevo a todo y a todos, cuestión que por otra parte la agricultura si necesitaba cuando la roturación era imprescindible y los medios de las gentes del norte escaseaban.

 

 

1 Montoya Oliver, J.M., Pastoralismo mediterráneo, Servicio de Publicaciones Agrarias, D.L. Madrid 1983

2García Martín, P., La Mesta. Historia 16.  Madrid. Pág. 23 1.990.

3Delibes, M., Castilla, lo Castellano y los Castellanos.  Pág.29, Planeta. 1979

4 Laguna Sanz, E., Historia del Merino. Secretaría General Técnica (MAPA) Madrid 1986

5Sánchez Moreno, E., De Ganados, Movimientos y Contactos. Una nueva aproximación al debate sobre la trashumancia en la  Hispania Antigua. Studia Histórica. Historia Antigua, Salamanca, vol.16,  pp. 53-84 1998

6García de Cortazar, F. y González Vesga, J.M. Breve Historia de España. Alianza Ed. S.A. Pág. 153. Madrid, 2002

 

 

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