La naturaleza suele ser demasiado compleja
para que la podamos reducir a un pequeño conjunto de conjunto de leyes
científicas. Ese es el sueño de los físicos un busca de una “Teoría del Todo”
“En busca del Santo Grial”. Quizás algún día (…) La posibilidad de elaborar
modelos que funcionen aceptablemente, es decir que detecten regularidades en
los patrones y pautas del mundo natural depende de numerosos factores que
serían imposibles detallar en un breve post, aunque se conocieran. Sin embargo,
es posible ofrecer una serie de directrices que, por un lado nos guían,
mientras por otros muestran palmariamente las limitaciones que padece la
ciencia contemporánea. Así, la primera consistiría en delimitar o acotar el
sistema (objeto) de estudio de una manera apropiada, algo que a menudo, resulta
mucho menos trivial de lo que pudiera parecer a simple vista. Seguidamente, los
investigadores deben acertar a seleccionar en tales modelos mentales (por mucho
que se formalicen matemáticamente) las principales variables que guían su
comportamiento. Es obvio que, cuando mejor se entienda un sistema, más
probabilidades tendremos de “acertar”. El problema estriba que, justamente
estudiamos estructuras y procesos debido a nuestra ignorancia sobre los mismos.
Un sistema de análisis suele ser un constructo mental que percibimos en función
de los conocimientos científicos previos y nuestras intuiciones derivadas de la
percepción sensible e instrumental de un segmento concreto de la realidad. También
cabría añadir la modelización de sistemas complejos capaces de autorganizarse y
observar si las regularidades que ofrecen se presentan en la naturaleza o
sociedad. Pero: ¿Se trata un fragmento lo suficientemente homogéneo en sus
características, y apropiadamente delimitado en el espacio y el tiempo como para
poder extraer información relevante del mismo? Aquí nos enfrentamos de nuevo
con problemas tanto científicos como cognitivos. Todos los sistemas naturales
son en parte artificiales, es decir co-producto de la manera de procesar la
información que recibimos por nuestro aparato cognitivo: mente y realidad. No
obstante debe asumirse que se despliegan “de alguna manera” en el espacio y
devienen en el tiempo. No puede ser de otra forma. Generalmente incumben a ese
fragmento del "mundo exterior" que acaece a una escala espacio-temporalmente
concreta. Ciertas regularidades que pueden extraerse de ellos son invariante a
los mentados cambios de escala y otras no. Por tanto, la mayor parte de ellos,
poseen propiedades fractales (invariantes) desde ciertos puntos de vista,
mientras que otras son idiosincrásicas, las denominadas propiedades
emergentes.
Y ahora la lamentable “coletilla final”. Ya
sabéis que últimamente a este sistema de bitácoras, por aquello de los calores,
parece ser que se niega a enlazar los post que escribimos, pero no ocurre lo
mismo con cualquier otro material que circule por el ciberespacio. Si cuando
lee este estamos en tal trance, debe copiar el título de nuestros post previos
y añadirlo a su buscador favorito. Rápidamente encontrará el post. Este tema ya
comienza a parecer de ciencia ficción, por pensar bien.

Imagen
Fractal. Fuente: Scout Draves
La
detección de las leyes científicas de la naturaleza (es decir sus
regularidades más persistentes) es el fin último de la ciencia básica. Vemos
pues que ya, a priori, que el científico se encuentra con dificultades de gran
envergadura, a las que cabría añadir el reduccionismo ontológico
(por ejemplo layes leyes de la biología deben ser conformes con las de la
química y estas con las de la física). De no ser así, todo el edificio de la
ciencia se derrumbaría. Otra cuestión deviene en que, en un momento concreto,
de la historia se las de por verdaderas, algo que Karl Popper y Kurt Gödel demostraron
(independientemente) en su momento que
carecía de justificación lógica. Pero retornemos a la introducción.
Acotar
que un sistema que funcione de manera coherente en el mundo natural dista mucho de ser tan
sencillo como hacerlo con un artefacto construido en el laboratorio. Acertar a realizar tal
tarea coherentemente, conllevará tener éxito en la primera parte de la empresa
científica. Así por ejemplo, ya al preguntarnos que es un ecosistema o un suelo, nos
llevamos la sorpresa de que cualquier definición propuesta conlleva ineludiblemente un
cierto grado de arbitrariedad. En ambos casos, entre otros muchos,
no existe consenso y si muchas propuestas diferentes e incompatibles.

Imagen
fractal. Fuente: karinkuhlmann
Acotar
espacialmente el sistema de estudio acarrea no menos dificultades. En un mundo no perturbado
por la acción del hombre, las fronteras de unos y otros son difusas, ambiguas.
Tal hecho, nos enfrenta a la inevitable necesidad de delimitar con una inherente
imprecisión. En el mundo natural, la regla es que los recursos
naturales tiendan a variar de una forma que, ni es totalmente continua ni
absolutamente discreta. Como dicta una de las principales leyes de
la mecánica cuántica (Principio de
Incertidumbre), los electrones ni son ondas (lo continuo) ni son partículas
(discreto). Finalmente, todo dependerá de cómo interroguemos
(experimentamos o analicemos) la estructura o proceso materia de nuestra atención.
Nos enfrentamos pues ante otro problema que deviene más ontológico que epistémico.
Del mismo modo, la escala espacio temporal de estudio,
dictará el tipo de propiedades que caracterizan a un sistema. Se ha
constado, desde diversas perspectivas, lo que es cierto a determinadas escalas suele ser falso en
otras. Así por ejemplo, las nanociencias demuestran que los materiales
se comportan de manera diferente según su tamaño. La nanopartícula
de un compuesto concreto se comporta de manera distinta que el mismo a escala
mesoscópica (como en la que vivimos o percibimos), macroscópica (biosfera,
universo, según proceda), etc. La dinámica temporal suele ir asociada a la espacial,
aunque no siempre sea trivial en apariencia. Todo lo dicho para el espacio
resulta válido en lo concerniente al tiempo.
Escalas:
Leyes Fractales y Propiedades Emergentes
Supongamos
que se ha definido y acotado espacio-temporalmente un sistema determinado con
un “cierto éxito”
(estimado por la capacidad predictiva de la conjetura que, de ser demostrada,
se convertiría en ley). A grandes rasgos, detectaremos dos tipos de regularidades.
Las primeras devienen que ciertas pautas y estructuras no parecen
cambiar conforme variamos la escala de observación (nanométrica,
micrométrica, “mesométrica”, etc.). Decimos entonces que el objeto es invariante a los cambios de escala.
En otras palabras, nos encontramos ante un fractal. Este tipo de
propiedades de las estructuras-procesos permiten generalizar algunas “cosas” entre
los dominios de validez de la fractalidad detectada, que no suele sobrepasar de
algunos órdenes de magnitud, a partir de los cuales se pierde. Resulta por
tanto muy
útil con vistas a obtener algunas generalizaciones. Cuando la
fractalidad quiebra, inferimos que ciertos rasgos del sistema cambian a partir
de tales puntos. Así pues, son muy útiles. Ahora bien, la mayor parte de los sistemas
atesoran otras características que cambian con las escalas de
observación-resolución. Para cada una de las últimas, el sistema muta
de propiedades, es decir, en su estructura y/o comportamiento, siendo diferentes
a las que acaecen al ser analizadas a mayor o menor resolución (detalle). Se
trata de las ya mencionadas propiedades emergentes.
Los científicos deben afanarse pues en descifrar y
detallar cuales son, así como detectar las causas subyacentes.

Escalas
y propiedades emergentes de los sistemas vivos.
Fuente:
Center of Environmental systems Microbiology
Por tanto, podemos señalar que cada sistema se
encuentra caracterizado por unas propiedades invariantes entre ciertos rangos o
escalas espacio-temporales, así como por otras que le son idiosincrásicas en
cada uno de los últimos.
Las
Confusiones de muchos Investigadores y Sus Repercusiones en la Ciencia
Desafortunadamente, muchos investigadores no parecen entender
tales reglas, que de hecho son sumamente sencillas, obteniendo unas conclusiones
que conciernen propiedades de los sistemas a determinadas escalas e intentando
hacer creer que son aplicables a otras, si cerciorarse de ello. Y así se
llega a generalizaciones confundentes, cuando no radicalmente falsas.
Pongamos un
ejemplo.

Pasos
para construir un fractal dendrítico.
Fuente:
Emergent density
Se dice que los “bosques atraen las lluvias”. Sin
embargo, para
que tal aserto fuera cierto se sabe que se requieren como mínimo que las
extensiones arboladas sean extensas. Diversos investigadores intentan analizar el fenómeno
en pequeños bosques y como corolario concluyen que se trata de una falsedad.
Los autores
de muchos de los estudios experimentales que se llevan a cabo en pequeñas
parcelas, ya sea de cambio climático, estimación de la erosión, modelos
hipológicos, contaminación, etc., pretenden extrapolar sus resultados a grandes
cuencas de drenaje o superficies, detectando que su modelo fracasa a la hora de
predecir lo que ocurre en las últimas. A menudo, el problema no
deviene de su análisis, sino de que los comportamientos de los sistemas
modelizados a otras escalas son distintos. La actual literatura
sobre cambio climático está repleta de conclusiones confundentes o falaces, por
no tener en cuenta lo narrado en este post. Y lo que es peor aun, ciertas
controversias se generan porque los investigadores enfrentados no parecen
reparar en asuntos tan triviales: trabajan a diferentes escalas de
resolución espacio-temporales.
Juan José Ibáñez