Una de las "leyendas" más extendidas
entre numerosas culturas resulta ser la de una especie de “Diluvio Universal”,
como el que padeció Noé y colaboradores según los textos bíblicos. Tanto en
Europa, Asia y América (por ejemplo en la cultura Mapuche), como mínimo, se
repite un guión parecido. Los científicos suelen tachar tales narraciones de "cuentos o supersticiones"
propias de culturas acientíficas. Sin embargo, el problema estriba en explicar
como pueblos tan distantes geográficamente y ajenos de sus respectivos
devenires, llegan a elaborar y atesorar las mismas fantasías. ¿No tendrán algo
de ciertas? Leyendo un clásico de la antropología, “La Rama Dorada”, me
sorprendió, por ejemplo, la asociación de la caída de los dientes infantiles
con los ratones (¿os acordáis del “Ratoncito Pérez”?) por etnias aborígenes
repartidas por todo el mundo y pertenecientes a distintas razas. ¿Qué decir
pues de los diluvios universales? Pues sencilla y llanamente que parecen ser
ciertos, si bien se trataba de inundaciones, tsunamis, etc. Por tanto, es
plausible que tales eventos se reprodujeran en diversas partes del mundo, y al
parecer relacionados con trasformaciones de la edafosfera, hidrosfera, criosfera
y modelado terrestre a finales de la última glaciación. Hoy hablaremos pues de
las expansiones y dilataciones súbitas de los recursos edáficos derivados de
eventos catastróficos.

Diluvio
Universal: Fuente: El Blog de Tu Hermano
MMM
Ya hemos venido comentando en varios
post previos que, a escala de
miles de años, la geografía de suelos es tan mutante como la de la vegetación. A veces,
tales trasformaciones de la edafosfera son derivadas por la acción directa de cambios climáticos. Otras
devinieron de posibles
relaciones indirectas, mientras que algunas se debieron a otros
procesos bruscos biogeosféricos. Tampoco debemos olvidar que las sociedades modernas modifican la
configuración geográfica de los paisajes de suelos en unos pocos decenios.
Sobre este último tema ya profundizamos en el post: “Mares
que se Transforman en Suelos y Desiertos”. Ciertos eventos generan expansiones de la
superficie de suelos emergidas, mientras que algunas inducen contracciones.
Al hablar de la catástrofe del Mar de Aral (último post enlazado) dimos evidencias
inapelables de las primeras. En este post describiremos un caso de las últimas.

Fronteras
geográficas antes de la catástrofe del Mar Negro.
Fuente
Climática
En el post “Suelos,
Subida del Nivel del Mar y Cambio Climático” vimos como la elevación
del nivel del mar que generan los calentamientos climáticos reducen la
edafosfera emergida de los continentes al ganar terreno a sus
plataformas continentales. Durante las desglaciaciones tales ascensos
superaron los 150 metros, por lo que puede hablarse de millones de kilómetros cuadrados de
recursos edáficos que fueron paulatinamente sumergidos. Sin embargo,
también es cierto que la pérdida de las láminas de hielo que cubrían
las partes septentrionales de los continentes que bordean el Ártico (lo mismo
puede decirse de las meridionales cerca del Antártico, si bien allí la
superficie emergida es menor), así como la fusión de una gran parte de los glaciares de montaña,
también generaron
la emersión de superficies de tierra cuyos materiales fueron posteriormente son
edafizados. Lo que ocurre es que ambos procesos se presentan en latitudes
diferentes, por lo que la geografía y extensión superficial de los edafotaxa
cambia sobremanera. Seguiremos abundando sobre estos temas cuando abordemos
la “presunta” desecación
del Mar Mediterráneo, o la abrupta ruptura de presas de hielo, al
final del último periodo glaciar. Así por ejemplo, algunas de estas últimas desprendieron, en
pocos días, y en lugares concretos, tanta o más agua que la que acarrean
actualmente todos los cauces fluviales del mundo, conjuntamente, en un año.
Las consecuencias eran devastadoras, transformando el relieve y erosión-deposición los suelos en
extensiones geográficas relativamente grandes.
Pero hoy nos centraremos en la súbita contracción de la edafosfera por
eventos catastróficos que al parecer ocurrió en el Neolíticos temprano,
por término general. Hablaremos del actual Mar Negro. Como podréis leer más
abajo, a partir de unos fragmentos de texto de Wikipedia y una nota de prensa,
el Mar Negro
era un lago de agua dulce de dimensiones mucho menores que las actuales
(y que
es salado). La diferente composición salina se debía a que este cuerpo de agua
se encontraba desconectado
del mar Mediterráneo. Sin embargo, entre los 7.500 y 5.500 años antes del
presente, un proceso catastrófico los puso en contacto. Las aguas del
Mediterráneo cayeron en cascada sobre las del Mar Muerto, sepultando también
extensas zonas edafosféricas colindantes. La edafosfera se retrajo.

Bloque diagrama
de cómo se produjo el evento catastrófico. Fuente Lycos
En 1999, una novedad editorial me llamó a
atención, por lo que me compré el libro. Se trata de una monografía escrita por
los investigadores norteamericanos W. Ryan y W. Pitman,
que fue publicada en español-castellano bajo el título de “El Diluvio
Universal” (Editorial Debate). En suahili
se denominada Noah’s flood. Os
recomiendo su lectura debido tanto al fascinante tema que aborda, como a su
narración, al estilo de las novelas de espionaje. Pronto comencé a emocionarme
al observar que uno de los primeros protagonistas que aparecía en escena resultaba
ser un edafólogo procedente de uno de los
antiguos países socialistas centroeuropeos. El hombre deseaba mostrar a sus
colegas norteamericanos unos datos paleomagnéticos, sin que se cercioraran sus
gobernantes. ¡Secreto!
El gran éxito editorial que tuvo el
libro fue el resultado de una espectacular hipótesis corroborada por varias
evidencias empíricas: “El bíblico
“Diluvio Universal” no resultaba ser un mito, sino que posiblemente daba cuenta
de un episodio dramático, el ya mencionado del Mar
Negro. Obviamente, la leyenda se había ido modificando a lo largo del tiempo,
por lo que la gran inundación fue sustituida por un imposible diluvio. Lo
curioso del tema deviene que en el Poema de Gilgamesh, de la mitología
Mesopotámica, también aparece narrado, por un “hombre que procedía
del norte”.
Cuando Ryan y Pitman escribieron el texto, se pensaba
(y muchos investigadores aun lo hacen) que el nacimiento de la agricultura surgió en el
creciente fértil. Sin embargo, las conclusiones a que llegaron estos autores sugieren
que bien podría haber sido a las orillas del Mar Negro. En sus fondos,
aparecen restos de poblaciones, campos agrícolas, barcos, etc. sobre-bajo
geomorfologías del lecho que inducen a pensar, efectivamente, en un evento abrupto. Comencemos explicando brevemente lo que la
ciencia actual tiende a pensar que ocurrió:

Portada en suahili del libro de Ryan y
Pitman
Hace diez mil años, cuando finalizaba el último
período glacial (aunque sobre tal datación si hay discrepancias), el Mar Negro
era un lago. Conforme las láminas de hielo y glaciares se derritieron, ascendió
el nivel de los mares y océanos del planeta. En el caso concreto del Mar Negro,
por esta causa u otras, se generó una gran inundación en un breve lapso de
tiempo, anegando
unos 70.000 kilómetros cuadrados de suelo fértil con agua salina y transformado
un previo lago de agua dulce desconectado del Mediterráneo en un mar interior.
Tal evento, sepultó
parte de los recursos edafológicos locales, así como los rastros de la cultura
neolítica que viviese por la zona, que ahora permanecen sumergidos
bajo tal cuerpo de agua.

Hipotético
escenario entre otros muchos de finales del
Pleistoceno en la
Cuenca Mediterránea: Fuente: La otra Tartessos.
Cuando escribo “por esta causa u otras” lo hago debido
a que se han
propuesto otros escenarios o mecanismos alternativos al aludido ascenso
del nivel del mar. Así, por ejemplo, algunos hablan de un gran tsunami provocado por una intensa
erupción del Monte Etna que termino por romper la frágil barrea
entre el Mediterráneo y la antigua cuenca endorreica sobre la que actualmente
se sitúa el Mar Negro. Desconozco la razón por la que los expertos descartan un
sismo o terremoto de gran magnitud en la zona, por cuanto padece una
elevada actividad sísmica. Fuera cual fuera la razón, habrá que investigar los fondos de este
mar interior, ya que allí se encontrarán las evidencias de lo ocurrido, así
como las pruebas del estado cultural de los habitantes de aquella
zona. Posiblemente, también se pueda sacar provecho del estudio de los paleosuelos que
quedaron enterrados. Las causas de la excelente preservación de
aquellos vestigios geo-arqueológicos son descritas abajo. Como veréis también, los estudios de
estos autores fueron confirmados, en líneas generales, por Robert Ballard y su
equipo gracias a una investigación patrocinada por la National
Geographic Society. Pasemos pues a describir lo que actualmente se
sabe de este evento.
Así, de acuerdo a Wikipedia, que
incluye información sobre tal tipo catástrofes (asociadas con diluvios) en
diferentes mitologías y tradiciones religiosas, como en el Poema de Gilgamesh, en Mesopotamia o su
equivalente de la cultura Mapuche, entre
otras:
Aunque la mayor parte de las opiniones referentes al diluvio del
génesis bíblico-mesopotámico, se inclinen a pensar que tiene un origen mítico,
el estudio científico no está totalmente de acuerdo de que absolutamente todos
los aspectos del mito no sean reales. En este sentido, los registros
bíblicos son el único registro que especifica lugares y periodos bien definidos
que se pueden utilizar para un análisis científico. Un ejemplo de ello es que
según la historia descrita en la Biblia, la zona donde se ha posado el arca
de Noé, habría sido el monte Ararat (mas detalladamente, en la Biblia está
escrito en plural: "Reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete
días del mes, sobre los montes Ararat" , el cual queda en Turquía y
presenta dos picos elevados. Sin embargo, hay que tener en consideración de que
la geología
y otras ciencias
han descartado que haya ocurrido un diluvio o inundación mundial que haya
abarcado todo el planeta. Aun si, el mito del diluvio del génesis
bíblico-mesopotámico, sí permite postular científicamente que haya sucedido un
posible diluvio o inundación, pero ocurrido solo en una zona geográfica
específica del planeta. Debido a ello hay varias hipótesis que, en efecto
indican que en un período temprano de la existencia del ser humano, cuando ya
existía el lenguaje, sucedió posiblemente alguna clase de catástrofe natural
que se puede asociar a una inundación o diluvio que, aunque no abarcó todo el
planeta, sí pudo haber sido el origen del mito. De este modo en este
tipo de hipótesis se podría incluir:
La
propuesta por los geólogos William Ryan y Walter Pitman, de la Universidad
de Columbia, sobre la inundación del mar Negro,
que durante
la última era glacial puede haber sido un lago de agua dulce cuyo nivel bajó
considerablemente. Al terminar la era glacial, con el aumento del nivel de los
océanos, la estrecha franja de tierra que lo separaba del mar Mediterráneo
se habría
erosionado causando una inundación catastrófica en toda la cuenca del mar
Negro, que habría aumentado su nivel e inundado grandes extensiones de
superficie en tal vez unas pocas semanas. Existen pruebas convincentes de que
esta inundación del mar Negro sí ocurrió, pero el que sea el
recuerdo de este hecho el que dio origen a las historias del Diluvio es mucho
más incierto y controvertido.
Las
hipótesis que asocian este mito a las crecidas de los ríos en los que se
desarrollaron las primeras civilizaciones y el recuerdo que las crecidas de
tipo catastrófico debieron
dejar en las primeras comunidades urbanas del Tigris y el Éufrates.
En este sentido existe una amplia tradición local, aunque al igual que la
hipótesis del Mar Negro, asociar estas hipótesis con el diluvio del Génesis
bíblico-mesopotámico, es un hecho también incierto.
Según otra corriente de opinión, el mito del diluvio
universal pudo responder, en su origen, solo a la necesidad de (…) Esta hipótesis
postularían que este origen del mito sería reforzada por la supuesta universalidad del
mito del diluvio, común a muchas civilizaciones inconexas con la
judeo-mesopotámica.
Se ha teorizado que el Diluvio pudo ser en realidad un tsunami mediterráneo
producido por el estallido del volcán Etna en la ribera
oriental de Sicilia. Una
investigación publicada en 2006 sugiere que esto ocurrió alrededor del año 6000
A. de C., y causó un enorme tsunami que dejó su marca en varios lugares del Mar
Mediterráneo oriental, por ejemplo en el asentamiento de Atlit Yam (Israel), hoy día bajo el
nivel del mar, que fue abandonado repentinamente alrededor de esa época.
En el siglo XX fueron encontrados en la cumbre del monte
Ararat restos de una embarcación, que según los estudios tienen por lo
menos 4.000 años de antigüedad, lo que podría ser una confirmación de un
diluvio o inundación a gran escala.
El libro Soñadores del Diluvio de
Christopher Knight y Robert Lomas, mencionan que el diluvio universal sucedió
conforme a las pruebas de documentos henoquianos a la hora de buscar pistas
sobre los origenes de la ciencia occidental.
Del mismo modo, en esta página de Antón
Uriarte, que cita el libro aludido de Ryan y Pitman (incluye el mapa que reproducimos
en Este post) se puede leer lo siguiente, aunque las fechas a las que alude no
parecen corresponder con las del otro trabajo que cita, y que mostraremos después
de su comentario.

Terreno de
suelo perdido tras la gran
inundación.
Fuente: página de Antón Uriarte
Es
posible que hace unos 5.000 años, debido a un proceso de desecación, el Mar
Negro quedara aislado del Mediterráneo y se convirtiese en un lago (azul oscuro). Posteriormente, y de
forma brusca, se abrió de nuevo la comunicación con el Mediterráneo a través
del Bósforo y las aguas anegaron una gran extensión (azul claro) de las costas de aquel
efímero lago, provocando una inundación catastrófica.
Quizás fue
así ... Durante los
siglos anteriores al 5.500 antes del presente se produjo un período de
enfriamiento y de aridificación del clima en el sur de Europa, de
tal forma que el
nivel de las aguas del Mar Negro bajó, y además perdió el contacto con el Mar Mediterráneo,
convirtiéndose en un gran lago hundido de agua dulce. Después, una ligera
subida del nivel del Mediterráneo hizo que de nuevo se abriese por el Bósforo una grieta
de contacto entre los dos mares. Al estar la superficie del Mediterráneo
muy por
encima del nivel del Mar Negro, la
erosión hizo que la grieta se convirtiese pronto en una enorme cascada de agua
salada. Esto explicaría la aparición súbita de moluscos halófilos en
los sedimentos del Mar Negro correspondientes a esa fecha. Un torrente de agua, semejante a 200 veces
las cataratas del Niágara, se vertió durante 1000 días sobre aquel lago,
haciendo que su nivel se elevase 150 metros. Durante el episodio el
ritmo de subida fue de 15 centímetros por día e hizo que la línea de costa se
retrasase diariamente en algunos lugares centenares de metros. Se ha
especulado que el mito del diluvio universal radique en aquella
catástrofe natural y que aquella gran inundación impulsase la expansión de la
agricultura hacia Europa Central, motivada por la emigración de los pueblos que
habitaban las riberas del lago. Recientemente, el oceanógrafo Robert Ballard,
utilizando robots
submarinos, ha encontrado indicios de anteriores habitaciones
humanas en aquellas zonas recubiertas hoy por las aguas del Mar Negro.
Sinceramente, desconozco si tal precisión se
encuentra avalada por los datos o simplemente es una licencia narrativa de
Antón. Podéis leer aquí algunas
Leyendas relacionadas con el Diluvio Universal, al margen de la de la Biblia.
Posteriormente, al bien documentado trabajo de
Ryan y Pitman, otros
investigadores a los que alude Uriarte, analizaron también este probable evento
catastrófico en el Mar Negro. Reproducimos aquí una Noticia de El
Mundo publicada el año 2000:
Las huellas del
Diluvio Universal
Hallan
restos de una civilización que habitó en un lugar que hoy está a 100 metros de
profundidad bajo el Mar Negro
FELIPE CUNA.
Especial para EL MUNDO
NUEVA YORK.- El mismo explorador submarino que descubrió los restos
del Titanic cree tener las pruebas de la existencia de una antigua civilización
que fue arrasada por una inmensa inundación en las costas del Mar Negro, que
coincide con la historia del Diluvio Universal de la Biblia.
Robert
Ballard y su equipo
de exploradores, submarinistas, arqueólogos e historiadores patrocinados por la National Geographic
Society descubrieron
el martes los restos de un asentamiento humano, a unos 100 metros de
profundidad, que creen que son las huellas de una civilización que vivió en las
costas de Turquía hace 7.500 años y que tuvo que huir precipitadamente por la
llegada de una inmensa inundación.
En su huida, estas gentes dejaron restos de construcciones de sus casas, de
las herramientas que utilizaban para cultivar sus campos y sus cosechas y los
utensilios que empleaban para vivir. Hace 7.500 años, el Mar Negro no era más
que un inmenso lago de agua dulce en cuyas orillas vivían agricultores y
pescadores que se alimentaban de sus aguas y sus peces. Ballard cree
que este mar
esconde los secretos de la vida de estas personas y los restos ahora
descubiertos son un anticipo de otros hallazgos que vendrán más
adelante.
Sus más
de 2.000 metros de profundidad en sus zonas más hondas pueden contener ciudades
enteras, barcos que utilizaban sus habitantes para comerciar por las costas de lo que hoy es Europa y comunidades
intactas mantenidas en perfecto estado gracias a que estas aguas bajas en
oxígeno han podido mantener sus restos sin destruirlos.
El equipo de la National Geographic Society ha descubierto también restos
de ramas de árboles y listones de madera casi intactos y que no han
sido devorados por los animales y los moluscos que viven debajo del agua. «No
podíamos creernos algo como esto», declaró ayer Ballard al diario The
Washington Post. «Hay madera a menor profundidad de lo que pensábamos y creemos
que cuando descendamos más, las cosas que descubriremos serán maravillosas».
Ballard ha utilizado un robot submarino para localizar lo que cree que era «un
granero» de unos 10 metros de largo y cuatro de ancho. En la misma
zona, situada cerca de la ciudad turca de Synope, los exploradores encontraron
restos de varios
hundimientos de buques, cerámicas y vasijas en las que se transportaban aceites
y vino.
Los expertos en la Biblia creen que la historia del Diluvio
Universal y Noé fue escrita hace unos 2.900 años y que sus antecedentes podían
estar en un episodio real en el que una gran inundación produjo la desaparición
de comunidades enteras y de la vida que se conocía hasta entonces.
Ballard
está seguro de que estos descubrimientos son las pruebas de que el Diluvio
existió. Para
Hershel Shanks, el editor de la Revista de Arqueología Bíblica, estos hallazgos
son una confirmación: «Muchos críticos de las historias incluidas en la Biblia
aseguran que el Diluvio fue una leyenda. Y ahora tenemos pruebas de que pudo
ser una experiencia real».
Información
Adicional en la Web
Diluvio universal -
Wikipedia, la enciclopedia libre
Diluvio - Wikipedia, la
enciclopedia libre
El Diluvio Universal
De la Biblia
Resultados
de vídeo de "mar Negro" Diluvio universal
El Mar Negro y la leyenda
del Diluvio
El
Diluvio Universal podría ser una subida de 30 metros en el Mar ...
El
diluvio universal documental de Historia en documaniaTV.com
El Mar Negro
Nuevos
datos sobre el Diluvio Universal :: Revista del Aficionado ...
Intento extraer información de fuentes ajenas a la
edafología con vistas a que entendáis que es posible obtener documentación que
conciernen a los suelos de las mismas.
Como ya os comenté en otro post, un inventario de suelos debería contener los datos sobre
la superficie edafosférica de un espacio geográfico concreto (asunto
nada trivial, aunque pueda parecer lo contrario), volumen y propiedades, así como las capacidades de
uso y susceptibilidades frente a las perturbaciones (ya sean naturales o
antrópicas). Todo ello os lo explique en el post titulado: “De
Los Mapas de Suelos a los Mapas de Recursos Edáficos“ Del mismo modo, no resulta
posible, ni recomendable, soslayar tales cambios espaciales, ciñéndose
exclusivamente a los que se desprenden de los perfiles. Los recursos
edáficos se despliegan en el espacio y modifican a lo largo del tiempo.
Juan José Ibáñez