El viernes, 22 de mayo de 2009, Blog
el Agua, compañero de este sistema de Bitácoras editó un interesantísimo
post que llevaba por título Arsénico
y aguas subterráneas en Asia. Este, recoge casi literalmente una muy buena traducción al
castellano de la noticia aparecida inicialmente en el portal
soitu.es Medioambiente que reproducimos abajo, y que fue firmada por Vanesa Sánchez.
Con estas traducciones da gusto, al contrario de las que solemos padecer en la
prensa española. Gracias Vanesa. Para mi sorpresa, resulta que las bacterias
del suelo, se encontraban implicadas en un drama que afecta a más de 140
millones de personas en Asia. Seguidamente, también me llegó la
información vía Terradaily.
Os recomiendo que lo leáis detenidamente, así como la fuente original de la Universidad de Stanford,
que aporta más detalles (ver final del post). Fueron el edafólogo Fendorf y colegas,
de la citada Universidad, los que finalmente descifraron el mecanismo subyacente a este
tipo de contaminación, como veremos más adelante.

Cultivo de arroz sobre
suelos hidromorfos
en un delta
vietnamita: Fuente: ICE
Como ya hablaremos en otros post, los deltas son
ecosistemas frágiles sobre los que sustentan su vida cientos de millones de
personas, gracias tanto a la gran productividad de sus suelos, como por la abundancia
de agua de estos ambientes. La subida del nivel del mar, debida al calentamiento
de la atmósfera, puede por tanto, poner en riesgo su existencia, y la
sustentabilidad de las personas que viven allí. Por otro lado, se ha
descubierto recientemente que las capas de sedimentos que se acumulan en los deltas
(cuando no existen un gran número de embalses a lo largo de los cauces
fluviales que drenan) son depositarios de registros paleoambientales que
suministran información paleoambiental importante. Sin embargo, poco se conocía
de la existencia de procesos naturales que generaran la contaminación natural
de los acuíferos. Eso sí, no debemos confundir el vocablo “naturalidad” con la persistencia de una
epidemia de cánceres en tales ambientes. Estos e han producido por la
masificación humana de tales hábitats y la puesta en cultivo de grandes extensiones
que demandan enormes cantidades de agua. Esta última, al no poder ser
suministrada por las aguas pluviales y superficiales que acarrean los cauces,
es extraída de los acuíferos, teniendo que aumentar su profundidad conforme las
demandas aumentan.

Delta
del Mekong. Fuente: 39 Escalones
Cada crecida del cauce aporta sedimentos que se
superponen a los ya generados por otras previas, que ve este modo van siendo enterrados.
Esta es una característica de los tipos de suelos denominados Fluvisoles por la
WRB. Se trata de perfiles en los que tanto sus texturas, como los contenidos de
materia orgánica cambian abruptamente con la profundidad, sin que exista ninguna
tendencia clara en sus patrones de distribución. Se trata pues de suelos
profundos y fértiles, pero jóvenes, en los que los procesos de edafogénesis son
a lo sumo incipientes. Cuando el suelo aumenta de espesor debido al aporte de
nuevos materiales a su superficie, hablamos de suelos cumúlicos. Los sedimentos
provienen de la erosión y disolución de las suelos y rocas de toda la cuenca
que drenan. Cuanto mayor sea esta, tanto más extenso será el Delta. En el área
afectada por la contaminación por arsénico en el sudeste de Asia, los ríos más
caudalosos nacen del Himalaya. Honestamente, desconozco su composición
litológica. El estudio nos informa de que deben ser “relativamente ricos en
arsénico”. Este elemento es arrastrado, cuenca abajo por el agua de drenaje, unido a los
sesquióxidos de hierro en forma oxidada, hasta que son depositados en la cuenca.
Pues bien como podréis observar más abajo, estos
materiales al ser depositados en el delta sin generar, al principio más daños.
No obstante conforme los sedimentos de las crecidas son sepultados por otros
posteriores en un ambiente encharcado (hidromorfía), muy propenso a generar una
atmosfera anaerobia (carente de oxígeno), las comunidades bacterianas típicas
de la superficie de los suelos aireados son sustituidas por otras adaptas a las
condiciones comentadas. Ciertas bacterias (¿Y también arqueas?; lo desconozco)
en ausencia de fotosíntesis, extraen su energía al inducir reacciones con
sustratos minerales que les rodean. Hablamos de los microbios denominados quimiolitotrofos,
actualmente muy estudiados, por cuanto la vida primigenia en la Tierra se
sustentaba en ellos, así como debido a que la exo-vida en otros planetas puede
(por la falta de oxígeno) atesorar características similares. En tales
circunstancias, los sesquióxidos se reducen (liberando oxígeno), y desprenden el
arsénico que se infiltra por gravedad hasta los acuíferos contaminándolos. En la siguiente página Web
se nos informa detalladamente sobre la contaminación por arsénico en el
delta del Ganges.
Así, en la página mencionada, en el párrafo
anterior, también hemos visto que “quizás” parte del problema se agenerara por
las tecnologías actuales, existiendo una forma tradicional de extraer el agua
que no dañaba la salud pública de la población. Se trata de un sistema
denominado “Dug Well”
abandonado hace años en aras de la modernidad. Entró la nueva tecnología y
el desastre se desató. Os ruego que alguien analice la noticia, ya que de ser cierta,
se le habría “escapado a Fendorf, y como en otras tantas ocasiones habría que
retornar a los sistemas tradicionales indígenas, que por aseverar su
sostenibilidad durante tiempo, no inducen los problemas de las actuales. Eso si
pueden ser mejoradas.


“Dug Well
indígena tradicional”: “Fuente aquí y pinchando
aquí”.
Generalmente, los deltas atesoran capas freáticas
muy superficiales, por lo que muchos de ellos son rehabilitados con vistas a
producir buenas cosechas. En estas circunstancias, es lógico que las comunidades
rurales del pasado no necesitaran bombear aguas de los acuíferos (al menos a gran profundidad), por cuanto les
sobraban con las pluviales y las procedentes de los propios ríos. Pero ahora, como hemos
comentado, ya no es así. Por esta razón, un proceso natural que con anterioridad
no indujo serias enfermedades, comenzó a hacerlo, conforme los usos de la tierra
fueron cambiando ante la demanda creciente de alimentos para abastecer a una
densidad de población en vertiginoso aumento. Y así devino la tragedia.

Dug
Well diseñado con nuevas tecnologías.
Fuente:
Well Water safety
Podemos clasificar este interesantísimo estudio,
tanto desde el punto de vista básico, como aplicado, como edafomedicina, o
edafología médica. El hallazgo de este edafólogo podría ayudar a salvar
millones de vidas, por lo que merece toda mi admiración. El problema estriba en
las medidas a tomar con vistas a paliar la gravedad de la situación. La nota de
prensa en español, en este aspecto, aporta menor información que la original en
inglés. Fendorf proporciona posibles soluciones, pero como finalmente argumenta,
habría que estudiar caso por caso cada una de ellas, ya que la solución a
escala regional no resulta ser trivial. También coincido con el en la
importancia de abordar los problemas de suelos y aguas en el contexto de las
cuencas hidrográficas en los que se encuentran. Se trata de un tema de sumo
interés que tengo intención de desarrollar en sucesivos post. ¿No vale para nada la
edafología?. Pero en España nuestros políticos siguen ofuscados hasta cotas
delirantes.
Juan José Ibáñez
El
proceso natural que envenena las aguas subterráneas de Asia
Cerca de 140
millones de personas beben agua subterránea contaminada con arsénico
Por
VANESSA SÁNCHEZ* (SOITU.ES)
Actualizado
17-05-2009 09:32 CET
En el sur de Asia, más de 140 millones de personas beben
agua subterránea contaminada con arsénico. Según los expertos, se trata del
mayor envenenamiento masivo de la historia. En Bangladesh, Camboya, India,
Myanmar y Vietnam esta exposición crónica al arsénico causa miles de muertes
por cáncer cada año, según
la Organización Mundial de la Salud. La última noticia es que científicos
estadounidenses de la Universidad de
Stanford (California) han resuelto el problema de cómo este elemento
químico envenena los pozos de agua, hasta ahora desconocido: una bacteria tiene
la culpa.
Matthieu
:: giik.net/blog's (Flickr)
El abastecimiento de
agua en Asia es un problema.
En el
Himalaya nacen cuatro grandes sistemas fluviales: el Mekong, el Ganges-Brahmaputra,
Irrawaddy y Red. Una repentina aparición de casos de cáncer en el
delta del Ganges-Brahmaputra (Bangladesh) alertó a los epidemiólogos por primera vez en 1980:
esta epidemia estaba relacionada con el aumento del uso de pozos para
abastecimiento de agua potable. El agua de los ríos se infiltraba en el suelo,
llegando hasta las aguas subterráneas y acuíferos que los habitantes
extraen mediante pozos para el abastecimiento de agua potable. Así fue cómo se
descubrió qué sedimentos
de origen natural con contenido en arsénico se diluyen en los ríos que fluyen
hasta áreas densamente pobladas.
La
cuestión —sin resolver hasta el momento— era averiguar cómo el arsénico, en
lugar de permanecer químicamente atrapado en los sedimentos del río, lograba
liberarse para alcanzar estas aguas subterráneas a más de 30 metros de
profundidad. Tras
cinco años de investigaciones, estos científicos han logrado resolver el enigma,
y actualmente trabajan con organismos políticos reguladores para tratar de
revertir el envenenamiento masivo. "La verdadera cuestión es ¿cómo podemos
ayudar a la gente que vive allí?", declara Fendorf, edafólogo de la
Universidad de Stanford. "Pero
primero había que entender el acoplamiento de los procesos hidrológicos, el
modo en que fluye el agua, con la química y la biología". Tras un intento
fallido en Bangladesh (una zona descartada por la dificultad que suponía
generar modelos hidrológicos en una cuenca con numerosas perforaciones), el
equipo de Fendorf realizó el estudio de campo en Camboya en la cuenca del río
Mekong. Perforaron tres pozos a diferentes profundidades y realizaron
pruebas de la disolución de arsénico, instalaron dispositivos para la toma de
muestras de agua a distintas profundidades y elaboraron un modelo del ciclo de
arsénico en el delta del río. Llegaron a determinar que este químico
migra en el mismo acuífero.
Descubrieron que los responsables de la disolución de
arsénico son unas bacterias que habitan en el suelo de la cuenca hidrográfica.
El arsénico, que viaja en los sedimentos que arrastran los ríos desde los
Himalayas, se encuentra adherido a partículas de óxidos de hierro. Al llegar al
delta del río, estas partículas cargadas de arsénico se hallan enterradas por
varias capas de suelo, en un ambiente anaerobio o sin oxígeno. Normalmente, las
bacterias aerobias utilizan el oxígeno para respirar. Pero en un ambiente
anaeróbico, las bacterias
pueden utilizar otros productos químicos, incluyendo los óxidos de hierro que
contiene adherido el arsénico. Por tanto, las bacterias metabolizan el hierro y
el arsénico dando lugar a formas que se disuelven fácilmente en agua.
"El arsénico entra en el agua y empieza el problema", explica Fendorf.
La
contaminación por arsénico se produce cerca de la superficie y tarda al menos
100 años en alcanzar el acuífero. Este ciclo es un proceso natural que ha venido ocurriendo durante miles de años,
antes de cualquier influencia humana. Los resultados, publicados en
la revista 'Nature', confirman la hipótesis de Fendorf: la
contaminación por arsénico se produce cerca de la superficie y tarda al menos
100 años en alcanzar el acuífero. El equipo de Stanford demostró que
el ciclo del arsénico en el acuífero es un proceso natural que ha venido ocurriendo
durante miles de años, antes de cualquier influencia humana.
Entender
la hidrología de las cuencas permitirá instalar pozos estratégicamente ubicados en áreas libres de arsénico
disuelto. Y ¿qué
sucedería si una población necesita agua potable pero no puede hallar un lugar
libre de arsénico para instalar sus pozos? Fendorf propone varias
soluciones como la instalación de filtros de arsénico, la recogida de agua de
lluvia y la depuración de las aguas superficiales. "Cada opción tiene
ventajas y desventajas", explica. Con estos retos en mente, se
han propuesto encontrar la mejor opción aldea por aldea. Han organizado
encuentros de más de 60 expertos, incluidos funcionarios gubernamentales,
académicos, organizaciones no gubernamentales y organismos de financiación como
el Banco Mundial.
Para saber
más:
Información en
Stanford University News Release (en inglés)
Vanessa
Sánchez es ambientóloga y trabaja en la Fundación
Global Nature.
(Las conclusiones y puntos de vista reflejados en este artículo son
responsabilidad únicamente de su autor y no representan, comprometen, ni
obligan a las instituciones a las que pertenece).
Stanford scientists find new
solutions for the arsenic-poisoning crisis in Asia
Every day, more than 140 million people in southern Asia drink groundwater
contaminated with arsenic. Thousands of people in Bangladesh, Cambodia, India,
Myanmar and Vietnam die of cancer each year from chronic exposure to arsenic,
according to the World Health Organization. Some health experts call it the biggest
mass poisoning in history.
More than 15 years ago, scientists pinpointed the
source of the contamination in the Himalaya Mountains, where sediments
containing naturally occurring arsenic were carried downstream to heavily
populated river basins below. But one mystery remained: Instead of
remaining chemically trapped in the river sediments, arsenic was somehow
working its way into the groundwater more than 100 feet below the surface.
Solving that mystery
could have significant implications for policymakers trying to reverse the mass
poisoning, said Stanford
University soil scientist Scott Fendorf.
"How does the arsenic go from being in the
sediment loads, in solids, into the drinking water?"
said Fendorf, a professor of environmental Earth system science and a senior
fellow at Stanford's Woods Institute for the Environment. To find out, he launched a field study in Asia in 2004 with two
Stanford colleagues: Chris Francis, an assistant
professor of geological and environmental sciences, and Karen Seto, now at Yale University. The initial study was funded with a
two-year Woods Institute Environmental Venture Projects grant. Five years
later, the research team appears to have solved the arsenic mystery
and is working with policymakers and government officials to prevent the health
crisis from escalating. "The real thing is, how do we help the
people who are there?" Fendorf
said. "But first, we have to understand the coupling of hydrology—the way the
water is flowing—with the chemistry and biology."
Finding
a study site
Arsenic-laden
rocks in the Himalayas feed into four major river systems: the Mekong, Ganges-Brahmaputra,
Irrawaddy and Red. Epidemiologists first identified arsenic poisoning in the
1980s in the
Ganges-Brahmaputra Delta in Bangladesh. The sudden occurrence of the disease was
linked to the increased use of wells for drinking water. Scientists had long
assumed that the contamination process occurred deep underground, in buried
sediments that release arsenic into aquifers 100 to 130 feet below the surface.
But Fendorf and his colleagues had data
suggesting otherwise.
They suspected
that the arsenic actually dissolved at a much higher depth, very close to the
surface. "As the water starts to move down into the soil, it picks up
arsenic. That was our hypothesis," he said. "We
needed to follow
the chemistry of the surface water as it moved down into the groundwater."
Fendorf and his colleagues began their fieldwork in the Brahmaputra River basin
of Bangladesh. However, creating a
hydrology model was a challenge, because the landscape was dotted
with irrigation wells that alter the natural path of water. "When you draw
out how the water might flow, it looks like spaghetti," Fendorf explained.
"Before we even started we said there is no way this is going to be
possible." The researchers needed a less-developed site that was
chemically, biologically and geologically similar to Bangladesh. The Mekong River in Cambodia offered
a perfect alternative. Its headwaters are only 100 miles away from those of the
Brahmaputra River. "All the chemistry up in the Himalayas is
similar," Fendorf added. "The transport down the big
river system is very similar as well." More importantly, the Cambodia site was mostly undeveloped.
"Cambodia had been under a 35-year civil war that had really repressed its
development, so it was in essence Bangladesh 40 or 50 years ago," he said.
"In some ways it would actually be setting the clock back and getting a
snapshot back in time. By virtue of having this more simplistic system, we
could really track the entire water flow."
Field
results
The new field site was located just south of Cambodia's
capital, Phnom Penh. Fendorf hired local workers to drill wells at three different depths
throughout the 20-square-mile site. Testing the water for dissolved arsenic at various depths
allowed the researchers to pinpoint where the toxin was migrating into the
aquifer. To observe solids, they also installed water-sampling devices a foot
or two below the surface. The data they collected allowed them to
put together a model of arsenic cycling in the river delta.
"We found out that, sure enough, within the first 2 to 3
feet from the surface, arsenic was coming out of the solids—that is, the
sediments transported down from the Himalayas—and into the water, and then it
migrated down into the aquifer," Fendorf said. Aquifers are the source of
drinking water for people who use wells throughout Cambodia,
Bangladesh, Myanmar, India and Vietnam. The culprits responsible for
dissolving the arsenic turned out to be bacteria that live in the soil and
sediment of the river basin. The researchers discovered that arsenic flowing down the river from the
Himalayas sticks to rust particles called iron oxides. Upon reaching the river
delta, these arsenic-laden particles are buried by several layers of soil,
creating an oxygen-free, or anaerobic, environment. Normally, bacteria
use oxygen to breathe. But in an anaerobic environment, they can use other
chemicals, including rust and arsenic. As the bacteria metabolize the iron and
arsenic, they convert it to a form that readily dissolves in water.
"As these sediments
get buried very rapidly, the bacteria go
through an anaerobic metabolism that dissolves the iron minerals and the
arsenic with it," Fendorf said. "The arsenic goes into the water
and the problem starts." The results, published in the journal Nature,
confirmed Fendorf's hypothesis: Arsenic contamination was occurring near the surface and,
in fact, would take at least 100 years to reach the aquifer below. The Stanford team also showed that
the 100-year-scale
cycling of arsenic into the aquifer was a natural process that had been
occurring for thousands of years, preceding any human influence.
"We showed that there is a perpetual source of arsenic that replenishes
from the surface," Fendorf said.
Solutions
to the crisis
Understanding
the area's hydrology will allow developers to strategically install wells that
draw from areas free of dissolved arsenic, providing clean, drinkable water. Such targeted excavation can be
extremely accurate, Fendorf said. But what if a village needs a
well but is unable to find an arsenic-free location to install it? Fendorf has proposed several solutions, including installing arsenic filters, collecting
rainwater and purifying surface water. Each option has pros and cons, he said. Filtering arsenic from
well water raises the problem of how to dispose of leftover waste. "There aren't hazardous waste
landfill sites," he noted. Additionally, the filter approach requires a
dependable monitoring system. "If you do have a failure of the filter, how
do you know when it occurs, and how are you going to be testing for that?"
he asked. Harvesting rainwater
with collection tanks or rooftop gutters can be effective in
certain locations and for certain people, he said. But areas with longer dry seasons require big tanks that are
often too expensive. "These are areas where people are making less than $2
a day," Fendorf noted. Another option is to use a disinfectant to purify surface water
collected from ponds or rivers. The
problem, he said, is
that the filters have to be very cheap and easy to use. To solve the problem, Fendorf has been
collaborating with Resource Development International (RDI), a
non-governmental organization in Cambodia that makes affordable filters from locally
discarded clay and rice hulls. With these
challenges in mind, Fendorf and Stanford post-doctoral scholar Matt Polizzotto
have proposed
finding the best option on a village-by-village basis.
Beginning March 24,
Fendorf will co-host a four-day meeting on arsenic poisoning in Siam Reap,
Cambodia, with about 60 experts, including government officials,
scholars, NGOs and funding agencies, such as the World Bank. The meeting was convened by the
American Geophysical Union and the Woods Institute. "The
first three days will be devoted to the arsenic groundwater problem,"
Fendorf said. "We hope to
converge on a resolution, as a scientific body, on what we agree about the
problem, what remains unresolved and what needs to be done to fill the gap. The final day of
the meeting will look more holistically at the water problem, examining
best options for bringing safe drinking water to the populace."
Land-use
changes
According to Fendorf, the new understanding of arsenic
cycling comes at a critical time for Cambodia, which is finally recovering from
years of political unrest and is looking to bolster its economy by installing
wells for drinking water and irrigation, and excavating soil to make roads and
bricks. Such land-use
changes could affect arsenic flow patterns throughout the delta, he
warned, although in some cases, this may not be a bad thing. "The land-use
changes will definitely modify the arsenic levels," he said. "Sometimes
they might increase the level, and sometimes they might decrease it, depending
on where they are situated and what the surrounding environment is like." Although
Fendorf and his colleagues came to Cambodia
focused on understanding the science of arsenic contamination, they soon
realized that what mattered most was the potential to make a difference in the
lives of individuals. For
example, the researchers tested each well they drilled for arsenic
contamination. If it tested clean, they installed an additional well for
domestic use and offered it to the landowner. If a well proved contaminated,
the researchers would buy the landowner a rainwater-harvesting unit locally
made by RDI. "If we can give people a clean well or a rainwater
harvesting unit, that's going to go a lot further, in the short term
at least, than any of our study results," Fendorf said. Chelsea Anne Young
is a former science-writing intern at the Stanford News Service.