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martes, 14 de abril de 2009

De verdad que no me gusta estar acosando un día sí y otro también a los periodistas científicos que padecemos en los rotativos españoles de ámbito estatal. Sin embargo, hay días que no puedo contenerme: Ayer fue uno y hoy es otro (sin embargo, intentaré editarlos espaciados para no aburriros con mis fobias). Posiblemente sea excesivamente crítico, por no decir quisquilloso. Entiendo la velocidad de vértigo, así como el estrés al que deben estar sometidos estos profesionales, fusilando notas de prensa de Terradaily, Sciencedaily, EurekAlert o acudiendo a toda prisa para atender los requerimientos de algunos de mis colegas, “locos por la publicidad mediática”. ¡Debe ser eso! Por lo tanto, no se si pedir perdón y hacer un acto de contrición, ya que quizás me equivoque, “once again”. El 13 de abril de 2009, el Rotativo “ABC” dio a la luz una noticia de última hora, que os reproduzco abajo, y cuyo título rezaba así: “El mayor ser vivo del mundo”. El contenido era interesante, aunque el Catedrático de Ecología de la Universidad Complutense de Madrid le replicó sabiamente en Notiweb, como también veréis al final del post. Resulta, que uno de los primeros post que escribí, al iniciar mi andadura en esta bitácora, exactamente el 20 de octubre de 2005 tenía el siguiente encabezamiento: “Que Poco Sabemos del Suelo: ¿Cuales son los Organismos más Grandes del Mundo?”. Al pinchar comprobaréis que aquél día debía estar iluminado, por cuanto me adelanté a este notición de última hora casi cuatro años. ¿Si o no?. ¡Pues va a ser que no!. Leí tal hecho en un libro publicado por Niles Eldredge (uno de los defensores de la denominada “teoría” del saltacionismo en la evolución biológica), titulado “Life in Balance: Humanity and the Biodiversity Crisis” (Priceton University Press). Pues bien, esta monografía salió a la venta en 1998. Hablamos pues de más de una década. Por tanto, la noticia aparecida hoy en “ABC” y reproducida por Notiweb arrastra unos trece años de retraso (contando que no era original del autor, así como que fue recogida por este último cuando escribía el libro aludido). ¡Vale, vale!, soy un gruñón: ¡un retraso insustancial!, probablemente debido al parón de generado por las vacaciones de semana Santa. Yo os recomiendo que comparéis mi post con el notición de marras. Sin embargo, sería mejor que leyerais el libro, debido a que es muy interesante y fue bien redactado. Seguro que ya se encuentra disponible en castellano. Por aquel entonces (2005) no tenía la menor idea de cómo manejar un blog, por lo que no pude ilustrarlo con la foto que hoy os expongo abajo. Esta ha sido extraída de la monografía de Eldredge. Espero que me perdone la editorial, ya que al fin y al cabo les hago publicidad.  Pero permitirme que antes de exponeros el texto de “ABC” haga referencia a los comentarios de Díaz Pineda, porqué esos sí merecen la pena de verdad.

 

 

 

Populus tremuloides 40.000 individuos y un mismo árbol

Fuente: memoirs on a rainy day


 

Como veréis al final del post, mi amigo Francisco, nos recuerda que tal tipo de crecimiento lo atesoran a su vez las fagáceas, por lo que con toda seguridad, existen también en España, en rodales de encinas y robles en los ambientes mediterráneos (y posiblemente templados). La diferencia estriba en que allí los “toca genes” y otros colegas lo han demostrado por técnicas moleculares, estimando a la par su biomasa. Desconozco si alguien en España ha llevado a cabo tal empresa. En el fondo no resulta ser un hecho muy relevante, por cuanto una vez conocido un caso (ya suponía que algo así debía ocurrir, pero no atesoro los conocimientos de Francisco en ecología vegetal, por lo que preferí no “pasarme de listo”) es de esperar que se detecten otros mayores y más longevos. Sin embargo, en EE.UU. disfrutan de mejores medios, a la par que “la ciencia de los Guinness les fascina”. 

 

De nuevo os recuerdo, y más tras las sabias enseñanzas de Díaz Pineda”, que estudiar un ecosistema soslayando “lo que el suelo esconde” (¿los cripto-sistemas, de los que ya nos hablaba González Bernáldez, hace más de 20 años?) impide entender mejor la estructura y dinámica de los ecosistemas.  Reitero que no es que el contenido publicado no sea interesante, pero como noticia va “retrasadita, ¿o no?………..

 

Juan José Ibáñez

Desde Villalpando en Zamora (virtualmente claro está)

 

PD. En pocas horas censuraron la foto que originalmente había escogido (con copyright), así como el contenido inicial del post, por lo que me he visto obligado borrarlo y reeditarlo con otra diferente. ¿Será que comienza a hacer de las suyas la nueva ministra?

 

El mayor ser vivo del mundo

El mayor ser vivo de la Tierra, y probablemente también el más viejo, se llama Pando. Y no es un elefante, una ballena azul ni un calamar gigante. Ni siquiera es un gigantesco animal prehistórico ni un monstruo marino legendario. Pando está vivo, y lo seguirá estando cuando todos nosotros hallamos desaparecido para siempre.

 

FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.

13/04/2009

 

Pando. Un nombre sencillo y modesto, sin duda, para un ser tan impresionante. Un nombre que viene del latín y que significa «(yo) esparzo». Una criatura, por otra parte, que cualquiera puede ver y contemplar con sus propios ojos con sólo desplazarse hasta Utah, en Estados Unidos, y pagar el precio del billete que da derecho a visitar el parque nacional de Fishlake.


Una vez allí, el visitante se encontrará en medio de lo que en apariencia es un simple bosque de álamos. Pero la cosa no es tan sencilla. A pesar de tener cerca de 47 hectáreas de extensión, el bosque es, en realidad, un único álamo. O mejor, una colonia clonal surgida a partir de un único álamo, hace alrededor de 80.000 años. Claro que para darse cuenta de ello nuestro visitante tendría que viajar provisto con un equipo de análisis genético. Y realizar pruebas de ADN en todos los árboles. Sólo entonces se daría cuenta de que todos ellos, sin excepción, son genéticamente idénticos. Y ello es así porque todos forman parte, en realidad, de un mismo árbol, con un único y enorme sistema de raíces común.


La historia de Pando comienza decenas de miles de años antes de que los primeros Homo sapiens llegaran a Europa (hace 40.000 años). Y muchísimo antes de que éstos se esparcieran y llegaran hasta el continente americano (hace unos 20.000).


UN ÚNICO ORGANISMO


Hace 80.000 años, un árbol, un álamo de la especie Populus tremuloides (álamo temblón) surgió de una semilla. Creció y echó raíces pero entonces, y con el paso del tiempo, más y más árboles empezaron a surgir de esas mismas raíces, en un proceso que no se ha interrumpido desde entonces y que sigue funcionando hoy en día. Los árboles individuales (los tallos de Pando) pueden morir, es cierto, pero eso es como si cualquiera de nosotros perdiera un cabello, o una uña. El organismo principal sigue viviendo.


En la actualidad, pesa en total más de seis millones y medio de kilogramos, ocupa una superficie de 43 hectáreas y tiene cerca de 47.000 tallos que viven una media de 130 años y que se van renovando continuamente.

CLIMAS CAMBIANTES


Durante su dilatada existencia, Pando ha tenido que soportar calentamientos y glaciaciones. Hoy, las condiciones climáticas son muy diferentes a la época en la que brotó aquella primera semilla. Tanto, que los investigadores piensan que su última floración (es decir, la última vez que se reprodujo por medio de semillas) tuvo lugar hace más de diez mil años.


Hay otros organismos parecidos, pero menores. Aunque su reinado como mayor ser vivo del mundo podría llegar pronto a su fin. Otro álamo de Utah podría pulverizar su récord y colocarlo en 80 hectáreas de extensión y un millón de años de antigüedad….

 

Comentario a la Noticia en Notiweb

 

Francisco Díaz Pineda | 13/04/2009  

Aparte de comentar también el error impropio de un periodista (?) -no hace mucho que oí comentar a un locutor deportivo de televisión que 'el piloto, ''preveyendo''  que lo iban a adelantar aceleró su marcha'...- debe tenerse en cuenta que el crecimiento a partir de una cepa (lignotuber) de muchas fagáceas tiene lugar de forma semejante a la comentada en la noticia. Grandes rodales de bosques mediterráneos  de encina o de roble constituyen en realidad un único individuo que viene dando lugar a lo largo de siglos a un número considerable de árboles, especímenes diferentes sólo en apariencia. La masa subterránea de estos rodales puede superar con creces a la aérea y su edad puede ser incalculable.

13:29 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (11)

Régulo León-Arteta

 

Al Dr. Roberto García Espinoza, fitopatólogo y profesor investigador del Colegio de Postgraduados Campus Montecillo, le debo la anécdota que me comentó hace pocos días. Ahora como buen chismoso, me honro en compartirla con ustedes, aunque algunos colegas nos llamemos periodistas y hasta comunicólogos.

 

 

Estreptomiceto Phytophtora sp  Fuente. Nature


 

Resulta que unas de las muchas enfermedades que atacan a  muchas plantas en el trópico, son las pudriciones de las raíces, como la ocasionada por Phytophtora sp. A pesar de que las plantas sean nativas del lugar, cuando se ponen en cultivo, o bien se introducen de otras regiones o continentes, son muy susceptibles de sufrir tal patología ¿Porqué será?

 

Sucedió en el casi desaparecido Centro de Investigación de El Palmar Oaxaca (INIFAP), como está ocurriendo con los institutos científicos cuyos objetivos no son estrictamente comerciales en México. Cuando se encontraban probando medios para plantar ejemplares de pimienta Piper nigrum. Uno de ellos fue la cascarilla de café, producto obtenido tras eliminar la cáscara y el mucilago del fruto. Se trata de una actividad previa al tostado, que produce el inconfundible aroma con lo cual nos reciben, aún algunas poblaciones donde se produce e incluso en ciertas factorías de industrias alemanas.

 

Después de implementar adecuadamente el experimento, se desató una típica tormenta tropical, que barrió con la gran mayoría de los sustratos. No así con las parcelas establecidas con la cascarilla de café. Me imagino que nosotros los cafeinómanos, tan solo por leer la referencia, nos rememora el aroma y regusto del buen café. Al mismo tiempo, puede acercarnos a una parte microscópica de las pláticas de personajes como Ramón y Cajal, Einstein y Balzac.

 

Cuanto le debe la humanidad a la planta de donde se obtiene este elixir, sería difícil de cuantificar. Ahora bien, que un simplemente “desecho” de su procesamiento, tenga propiedades casi desconocidas si que es digno de comentar. Porque regresando a las parcelas experimentales donde investigadores, como el Dr. García Espinoza, habían aplicado la cascarilla del café, parecían como si una cubierta impermeable las hubiera salvado. ¿Cuál fue la causa? Pues sencillamente, la acción de esos microorganismos filogenéticamente ubicados entre los hongos y las bacterias, a los que llamamos Actinomicetos. Estos, no solo protegieron mecánicamente las incipientes raíces de las plantas de pimienta, sino que también impidieron el ataque de los hongos causantes de la pudrición de las raíces.

 

Los actinomicetos o actinomicetes, aunque presentan falsas hifas, son propiamente filamentosos. Por esta razón fueron llamados hongos radiales o bacterias filamentosas. La mayoría de sus especies estos organismos son edáficos, pudiendo algunas parasitar a los animales o vivir en las aguas dulces o saladas, con pH neutro, alcalino o ligeramente ácido. Sus poblaciones en suelo llegan a alcanzar cifras superiores a los 20x106 g-1 de suelo seco y pesar 700 kg ha-1.

 

Hasta 1971, se habían aislado unos 5000 antibióticos, incluyendo la estreptomicina, aureomicina, neomícina y la terramicina, de los cuales el 75 %  los debemos a Streptomyces.

 

La proporción de Streptomyces respecto a las bacterias varía entre 10 y 70%, disminuyendo con la profundidad del suelo. Incluyen al género Frankia, que es simbiótico con el género Casuarina y otras plantas superiores, que participa en la fijación biológica del nitrógeno , si bien a pequeña escala son patógenos de las plantas (Kuster, 1979). Su actividad principal implica al ciclo del Carbono, uno  de cuyos subproductos resultan ser los geosmins, sustancia que le dan el olor carácterístico “a tierra” de los suelos humectados.

12:42 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)