Otro post que llevaba tiempo barruntando escribir.
Esperemos que no genere demasiada polémica. Vaya por delante que la denominada “Fiesta
de los Toros” se me antoja demasiado cruenta. He nacido en un
ambiente proclive a adorarla. No lo hago. Ahora bien, me disgusta sobremanera
que fuera de España muchos piensen que la gente “va a los toros” para disfrutar
de cómo se asesina un animal. Tampoco es cierto. Puedo entender que desde otras culturas no
se comprenda por falta de información, pero otra cuestión bien distinta es que
seamos unos sádicos. He tenido que explicar varias veces este tema
en otros países, como también a los propios españoles que defienden su
prohibición. El
ser humano es hipócrita por naturaleza. Pero no me escudaré en
contraejemplos que podrían enrojecer a aquellos que miran la tauromaquia con atrocidad y
no se detienen a reflexionar otros actos tanto o más violentos, ya concierna a
los animales o a los propios humanos. En este post defenderé las bondades de las “corridas de
toros” por razones ecológicas. Yo os oigo barruntar…….. ¡Juanjo se
ha vuelto loco!. ¡No vuelvo a leer esta bitácora!. Pues bien, esperar a leer
el post y luego que comience la verbena.

Toro
de Lidia. Fuente: Tauromaquias
Tampoco deseo escudarme en cifras y estadísticas.
Tal material está disponible en Internet. Pero vayamos al asunto. El toro de lidia,
posible antepasado del uro (Bos
Taurus primigenius), es uno de los escasos
(sino el único) gran mamífero de llanura que sobrevive de las posibles sabanas mediteráneas en España. Otros
muchos, lo son de montaña, pero no de hábitats más o menos llanos. Como todos los demás grandes herbívoros cuaternarios,
hubiera desaparecido a no ser que la Tauromaquia los salvara de la extinción.
Y este mero hecho ya debiera servir para hacer reflexionar a muchos de sus
detractores. Pero por supuesto hay más, mucho más, aunque tan solo hablaré de
los aspectos que me parecen más relevantes.

Distribución
de las dehesas en España y Portugal
Fuente:
Grove y Rackham 2001 Yale Univ. Press
De acuerdo a Wikipedia el toro de lidia:
El verdadero toro
salvaje desapareció
de su último reducto en los bosques de Europa central en el
siglo XVII,
pero debido a la cría selectiva de toros
de lidia, el toro salvaje español ha sobrevivido durante los últimos
trescientos años. La principal diferencia entre un toro salvaje y
uno doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado. El toro bravo
de origen español seguirá atacando sin cesar mientras algo o alguien se mueva
en frente de él.
Esta característica es la esencia misma de la tauromaquia,
razón por la que los ganaderos españoles tratan de mejorarla constantemente. Los toros
llevan una existencia placentera durante cuatro años hasta el momento decisivo
en el que se ven empujados hacia la arena.

Dehesas
Salmantinas. Foto Juanjo Ibáñez y YB
Como debéis saber casi todos, en la Cuenca Mediterránea no existen bosques
primigenios desde hace miles de años. Del mismo modo, al menos en la Península
Ibérica, alberga pocos espacios
naturales más o menos boscosos protegidos, en zonas de llanura. Gran
parte de estos territorios han sido secularmente cultivados. La mitad oeste
de la Península se encuentra litológicamente constituida por los
restos tectónicamente deformados de un antiguo craton. A los rigores de un clima mediterráneo
continental semiárido se une pues rocas ácidas (granitos, pizarras,
cuarcitas, etc.)
y una fisiografía ondulada poco apta para generar una agricultura productivista
competitiva. ¡Gracias a ello!, han podido persistir unos sistemas de
gestión extensiva muy sustentables (soslayando los criterios
económicos) a los que denominamos dehesas (casi dos
millones de hectáreas del suroeste peninsular). Estas zonas agro-silvo-pastorales,
posibles herederas de una presunta sabana mediterránea, atesoran una
biodiversidad de plantas vasculares herbáceas formidables. Algunos
expertos consideran que tales ecosistemas alcanzan casi la misma biodiversidad
vegetal que
los tropicales subhúmedos. Pues bien, se trata del hábitat en
donde se cría, prácticamente asilvestrado, el toro de lidia. Veamos ahora algunas definiciones de dehesa
que he extraído de la siguiente
página Web:

Dehesas
Salmantinas. Foto Juanjo Ibáñez y YB
Existen multitud de definiciones de lo que se ha venido
entendiendo con el término dehesa. Así, Campos Palacín (1992) define la dehesa como “un sistema
agroforestal cuyos componentes leñosos, pascícolas, ganaderos y agrícolas
interactúan beneficiosamente [5] en términos económicos y ecológicos en
determinadas circunstancias de gestión”, no obstante, advierte que las
“circunstancias actuales” predominantes son las degradantes del suelo y la
vegetación, debido a que priman los intereses económicos.
Para
Martín Galindo (1966), la dehesa “es una creación humana[1][6] sobre un suelo pobre y frente a
un clima hostil. En ella se trata de armonizar en difícil equilibrio, el
aprovechamiento agrícola, ganadero y forestal de un espacio dotado de
condiciones físicas poco flexibles”. En la siguiente línea se define Parsons (1966) al escribir
que “el monte hueco de encinas representa una formación forestal inestable,
sólo mantenida gracias a la continua intervención humana”, a tenor de lo que Martín Lobo (1992), afirma
que “la dehesa es estrictamente poco ecológica[2][7]”.
Al estudiar la vegetación Martín Bolaños (1943) considera
que la dehesa aparece “como una forma degenerada del encinar, en una situación
peniclimax, mantenida por el trabajo del hombre[3][8].”
Montoya
(1993) destaca la complejidad de este sistema agrario exponiendo que se
trata de un sistema ecológico en el que se mantiene el equilibrio
agrosilvopastoril.
No he logrado encontrar en el ciberespacio cuantos
toros de lidia hay en España y que porcentaje son destinados a las corridas.
Desde luego, menos de lo que se cree la gente en general. En cualquier caso, si la mal
denominada para mi “fiesta nacional” (una encuesta indica que
interesa a menos del 30% de los españoles) desapareciera nos enfrentaríamos a dos hechos que casi
nadie desea: (i) una buena parte de las dehesas desaparecerían
(a no ser que fueran generosamente subvencionadas para los otros tipos de uso
tradicionales, que son los que hoy corren más riesgo), y (ii) diezmaríamos una
gran población de los toros de lidia, por cuanto los escasos parques
naturales en zonas llanas no atesoran ni de lejos la capacidad de carga de las
haciendas que hoy los crían. Del mismo modo, al reproducirse en muy pocos
lugares (¿Doñana, Monfrague, Cabañeros?) también disminuiría su variabilidad genética,
aspecto clave para una preservación viable de la especie. Tan solo he
encontrado en esta página
Web las siguientes cifras de cabezas reproductoras, que según un amigo
ecólogo, amante de la naturaleza y de los toros (aspecto totalmente
compatibles, pese a que muchos detractores no lo entiendan), habría al menos
que multiplicar por cuatro o cinco con vistas a valorar un censo total:
Sin contar con censo total de la raza, es conocido el
correspondiente al de reproductoras, que el 1 de enero de 2000 ascendía a
178.374 cabezas, cifra que puede estimarse como base generatriz al
exigir el Reglamento de Espectáculos Taurinos (Art. 34) que todas las reses
empleadas en los regulados por él, deben estar inscritas en el libro
genealógico. La
importancia numérica, con ser transcendental, resulta superada por la económica,
tanto por valor intrínseco como por el montante de riqueza que movilizan los
espectáculos taurinos.
En esta
otra página Web que me envía según escribo el mencionado amigo las cifras
son un tanto más precisas, lo cual adicionalmente da cuenta del desajuste económico que se
produciría en un área del agro español escasamente apto para la
agricultura industrial la prohibición de la “fiesta nacional”.
Los
productores de ganado de lidia en España totalizan 1005 ganaderías, que se estructuran en cuatro
asociaciones diferentes (UCTL, ANGL, GLU y AERB). La UCTL cuenta
con unas 45000 reproductoras, con una media de 185 por ganadería.
Sus miembros lidian el 90% de las corridas de toros y un 60% de las novilladas
picadas. La
ANGL tiene unas 40000 reproductoras, equivalentes a una media de 91
por divisa y lidia entre el 6% y el 7% de las corridas de toros y el 35% de las
noviladas y picadores. GLU cuenta con unas 5000 reproductoras y una
media de 60 hembras por ganadería, mientras que AERB tiene alrededor de 10000 reproductoras,
con un promedio de 46 por vacada. El censo ganadero mantiene una tendencia al alza permanente
y las explotaciones presentan una fuerte desviación geográfica hacia el sur y
el oeste peninsular. El número total de ejemplares de la raza de lidia en España
se sitúa en torno a las 150000 reses y la estructura del censo se
distribuye en un 52% de vacas de vientre, 13, 1% de añojos, 8, 3% de añojas, 9%
de erales, 7, 5% de eralas, 5, 6% de utreros, 2, 8% de toros y 1, 7% de
sementales. Los
precios de las reses de lidia mantienen en los últimos años una cierta
estabilidad, aunque presentan considerables diferencias en función
de la categoría de los espectáculos, de la plaza a la que se destinen las reses
y del cartel de toreros encargados de su lidia. La demanda en el mercado taurino es
bastante rígida y tiene una distribución estacional característica,
existiendo tres demandantes del toro que son, por orden de importancia, los
toreros, los empresarios taurinos y los espectadores

Dehesas
Salmantinas. Foto Juanjo Ibáñez y YB
De hecho, acabo de leer que el Ministerio de Medio Ambiente y etc.
(estoy harto que cambien su denominación casi cada vez que un nuevo partido
político alcanza el poder), con vistas a intentar evitar la pérdida de los sistemas de dehesa comienza
a fomentar la cría del ganado de lidia, como puede leerse en el
siguiente enlace: “La
directora de la Fundación Biodiversidad participa en la presentación del
proyecto “Somos Dehesa””, en la cual puede leerse:
La Fundación Biodiversidad y la Consejería de Agricultura
y Desarrollo Rural de la Junta de Extremadura desarrollan el proyecto “Somos
Dehesa”, el ganado
bravo como factor de desarrollo sostenible de los hábitats adehesados. Esta
iniciativa tiene una duración de dos años.
Su objeto es incentivar y realizar actividades en la mitad occidental
de la Comunidad Autónoma de Extremadura. Concretamente, se pretende conservar y
promover el uso sostenible de la biodiversidad de las dehesas extremeñas, a
través de la protección del toro de lidia, evitando la degradación y
destrucción de su hábitat primordial y potenciando el desarrollo económico de
las zonas de dehesa. Igualmente, esta
iniciativa plantea conservar los valores socioculturales relacionados con el
toro de lidia en la población extremeña, velar por la adecuada gestión de las
dehesas con un enfoque integral, demostrar la
importancia de la ganadería brava como instrumento efectivo para la
sostenibilidad de las dehesas y mejorar las construcciones
tradicionales que se utilizan en la cría del toro.
Vaya por dios, por una vez me encuentro de acuerdo con el
ministerio, y para empeorar las cosas con un tema que genera tanta
polémica social, y aquí en España también.

Dehesas
Salmantinas. Entreda a una Ganadería de
Toros
Bravos. Foto Juanjo Ibáñez y YB
Por tanto, reflexionemos con cierta
serenidad sin dar lugar a que nos afloren las fobias y filias personales.
Reitero que personalmente no soy un amante de
las corridas de toros, pero al valorar estos hechos debo llegar a la
conclusión que suprimirlas equivaldría a la
expresión popular: “es peor el remedio que la enfermedad”. Por supuesto
me gustaría que en una época de tanta arrogancia
tecnológica se dispusieran los instrumentos para “emular la corrida tal como
es” sin que por ello tuvieran que sacrificarse en “público” a los
pobres animales (recordemos que se trata de reses cuyas carnes se consumen),
con vistas a dejar satisfechos a unos y a otros.
Y a quien no le gusta el espectáculo,
como es mi caso, que haga lo que yo; cambiar de
canal de TV y no asistir a las “Plazas de Toros”. No, no son sádicos
salvajes los amantes de la tauromaquia.
De hecho tengo constancia que los valoran más afectivamente
que muchos que los critican a ellos con tremendos calificativos.
Existe mucha intolerancia en estos temas que uno debe soslayar, previamente a
realizar un análisis objetivo que nos proporcione tanto alternativas viables, como
justificaciones para la existencia de esta actividad.
Juan José Ibáñez