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viernes, 06 de febrero de 2009

Nos encontramos viviendo en tiempos revueltos a consecuencia de las crisis energética, ambiental, alimentaria y económica. También es cierto que, en alguna medida, estas últimas se encuentran parcialmente vinculadas. Sea como sea, si uno lee boletines de noticias como Terradaily y Sciencedaily (por citar dos de las más populares) se da cuenta que muchos gobiernos comienzan a dudar sobre si comenzar o volver a poner en marcha la construcción de centrales nucleares. Esta aserción puede corroborarse fácilmente en Internet. El debate nuclear, como algunos otros, se enturbió desde sus inicios al mezclarse en un mismo saco razones y pasiones, opiniones objetivas e interesadas, de los sectores sociales y económicos que se encontraban en ambos extremos del cuadrilátero. Tal mix no favorece en absoluto a que el ciudadano se encuentre debidamente informado a la hora de tomar postura, ya sea a favor ya en contra. Sin embargo, ante las susodichas crisis, debería ser el momento de aclarar los términos del debate. Pero da la impresión de que nadie de los que lo conocen de verdad está interesado. Sinceramente, siembre he mirado tal fuente de energía con recelo. También es cierto que en los dos últimos años he intentado no tomar partido a la espera de atesorar los conocimientos necesarios para deciros algo coherente. He hablado con personas mejor documentadas, empero más de lo mismo: una combinación de filias o fobias junto a argumentos mejor razonados. Con toda la humildad del mundo, voy a intentar exponeros mi posición, o mejor dicho mis numerosas dudas en todo este farragoso asunto.

 

 


Crisis Energética. Fuente: Lincs Gas Group


 

Y digo “feo” porque no es fácil debatir con argumentos razonables un tema que tiene numerosas facetas difíciles de conciliar. La documentación que leo se encuentra completamente sesgada, por alguno de los bandos. Y es que a los aspectos científicos deben añadirse los intereses económicos (a veces obscuros) los radicalismos timoratos y la falta de transparencia por todos los lados. Las fuentes gubernamentales resultan claras, ya que siempre se intentan evitar temores o inseguridades a la población. Tampoco ayudan nada los lobbies energéticos imperantes, por cuanto cada uno de ellos aduce que representan las mejores alternativas: biocombustibles, fotovoltaicas, eólicas, etc. Más aun, en medio de todo este marasmo aparece la “captura de subvenciones estatales o supranacionales” (como es el caso de la UE), que generan más polvareda y enturbian aun más el horizonte ¿Son o no son rentables “sin subvenciones” varias de estas fuentes potenciales de energía?

 



Crisis energética. Fuente: Kabul Energy Guru

 

Entre ayer y hoy, los compañeros de nuestro blog vecino Ciencia y Tecnología Nuclear, colgaron dos post: Bienvenidos a la Segunda Era nuclear Y Suecia también... ¿qué haremos nosotros?. Para ser honesto, el tono del primero de ellos, francamente triunfalista no me pareció de recibo. Así se lo hice saber. Son buenos colegas y finalmente acordé contarles en este blog mis tribulaciones sobre las “energías” de todo tipo. A eso vamos. Partamos de un principio básico en ecología y economía: la diversificación de las fuentes de energía que nutren a un país es una materia esencial, estratégicamente necesaria. Otra cuestión capital resulta ser cuales se eligen y cuales se descartan. 

 

La entrada de los dragones asiáticos en la economía de libre mercado marcó un antes y un después en tanto en este debate, como en las crisis mundiales aludidas. ¡Más madera!. La cultura del petróleo, a demás de habernos conducido a una crisis ambiental, no es sustentable, por cuanto sus recursos son finitos y no renovables. El aumento del consumo energético por las economías emergentes se tradujo en un alza continuada de los precios del crudo y como corolario, en un problema económico de primera envergadura. No nos olvidemos aquí también del gas y el carbón. Ante la subida de los precios, la necesidad de evitar los bruscas fluctuaciones del mercado, y asegurar el suministro energético (cuando no resulta posible alcanzar una autonomía en la materia; caso que incumbe a la mayoría de los estados) comenzaron a concentrase los esfuerzos en la búsqueda de energías alternativas y a ser posible renovables. Sin embargo, el lobby nuclear se defiende alegando que la construcción de nuevas centrales ayudaría en gran medida a paliar las dependencias exteriores. Nadie puede cuestionarlo, pero solo hasta cierto punto. Hoy por hoy, las materias primas para alimentar estas energías tampoco son renovables, aunque se avanzara al respecto, como también se ha hecho en la seguridad de las instalaciones.

 



Energía Nuclear. Fuente: Solo Que Pensamos

 

Sin embargo, bajo el paraguas del calentamiento climático, el debate toma otro cariz, y nada esclarecedor por cierto, sino todo lo contrario. El lobby nuclear aduce que no emite CO2, por lo que hablamos de fuentes limpias. Publicidad panfletaria desde todos los puntos de vista. ¿Y la eliminación de los residuos? Se trata de un problema difícil de solucionar. Existen iniciativas prometedoras, pero no nada más. Pueden ser ciertas , pero puede que no, que sólo nos conduzcan a otro callejón sin salida.   

 

Más aún, algunas de las que se presuponían energías alternativas limpias, como era el caso de los biocombustibles de primera generación (la agroenergética), han resultado ser devastadoras para el medio ambiente y la seguridad alimentaria mundial. No se trata de una opinión personal, sino que altas instituciones supranacionales han denunciado el problema: (i) encarecimiento de los alimentos y como corolario, cientos de millones de personas más bajo el umbral de la pobreza; (ii) destrucción de hábitats naturales de un valor innegable, y la consiguiente perdida de biodiversidad, etc. Ante este panorama se nos promete los de segunda generación, basadas en el aprovechamiento de toda la biomasa y a ser posible en tierras marginales y sin el uso de agroquímicos. Ya redactamos un par de post en los que denunciábamos que se trataba de otra entelequia, un nuevo “tipo de la estampita”. Por tanto, hoy por hoy, la generación de biocombustibles a partir de los residuos o bioreactores de algas, por ejemplo, pueden contribuir un poco a aliviar la demanda energética, pero poco más. El lobby de los biocombustibles alegó que todo era falso y que se trataba de un linchamiento injustificado contra un sector en alza que atesoraba grandes expectativas de futuro. Empero resulta que tras estas empresas existen muchos intereses de “otros lobbies” que también explotan los combustibles fósiles. De hecho muchas bioenergéticas son compañías subsidiarias de las últimas. Pero hay más. Ciertos estados como el Español, se embarcaron en subvencionarlas, no por su eficiencia, sino porque venían acompañadas de subvenciones comunitarias que reemplazarían a otras anteriores procedentes de la política agraria común (no sería difícil abordar una análisis paralelo del estado del arte en USA). Por tanto, ayudarían a sostener a nuestra población rural en su sitio. Sin embargo, reiteramos que han generado estragos en muchos países en vías de desarrollo. 

 

Cuando uno pasa a analizar las energías solar y eólica, vuelve a toparse con dificultades. Mientras otros lobbies las acusan de ser energéticamente poco eficientes en ausencia de subvenciones, comienzan a aparecer en la prensa  serias denuncias de corrupción, al menos en lo que concierne a las fotovoltaicas. De nuevo, el ciudadano no sabe a que atenerse. Y reiteremos que ciertas disputas deben ser más aparentes que reales, por cuanto las mismas multinacionales apuestan por diversas alternativas simultáneamente. En descargo de esta actitud cabe señalar que para cualquier compañía la diversificación de productos y riesgos es de vital importancia. Se trata de una estratagia incontestable; de manual. Nada que alegar. Pero la cuestión tampoco termina aquí, ni mucho menos.

 

La crisis crediticia mundial ha puesto en entredicho la archicacareada capacidad del mercado para autorregularse. De hecho, nos ha sumergido en otra económica cuya  magnitud y alcance son difíciles de precisar. Ante esta situación existe un estado de nerviosismo que afecta no solo a los políticos y mandamases de la economía, sino a todos los ciudadanos. Y es aquí ante tanto desconcierto, en donde la voluntad popular se debilita. Ya no sabemos discernir cual es el remedio y cual la enfermedad. Pero para echar más leña al fuego, digamos que una buena parte de las multinacionales energéticas son denunciadas por abusos contra la población y la naturaleza en numerosos países subdesarrollados. Dicho de otro modo, comienzan a parecernos poco fiables en sus argumentaciones y reclamos.  El capital es el capital; el dinero demanda dinero y ya hemos visto el comportamiento corrupto y carente de toda ética de los inversores bursátiles. Comenzamos a desconfiar de todo y de todos.

 

Dice un experto (Robert Wright), en teoría de juegos defensor a ultranza de la globalización económica, que un mercado global debe basarse en dos pilares fundamentales, a saber, los rápidos flujos de energía, materia e información y la confianza entre las partes implicadas. Pues bien, a día de hoy, atesoramos todo menos confianza. ¡Mal asunto!

 

Si retorno a mis lecturas de Terrdaily y Sciencedaily, recuerdo como los gobiernos de los países emergentes y en especial China, están llegando a negociar con diversos países en vías de desarrollo con vistas a garantizar su abastecimiento energético para el futuro. ¿Y que buscan? ¡Pues todo!. Acuerdos sobre el crudo, sobre los minerales para alimentar centrales nucleares, biocombustibles, etc. Dicho de otro modo, energía de cualquier procedencia. Por tanto, no es el cambio climático el que preocupa sino su crecimiento económico. Pero retornemos a la energía nuclear.

 

 Mientras algunos expertos de USA advertían a Bush que no se podían instalar muchas más centrales, en vista que los residuos siguen acumulándose sin encontrar una solución definitiva a su almacenamiento seguro y definitivo, otros estados comenzaban a lanzar o relanzar sus programas nucleares. Pues bien, pensemos que es una solución que podrían adoptar todos los gobiernos del mundo: las nuclares. ¿Sería del agrado de las superpotencias? ¡Pues parece ser que no!. Y si lo creéis recodar la inquietud de EE.UU. con Corea e Irán, por citar dos ejemplos, o el terror a una guerra entre India y Pakistán. Sinceramente no soy experto en el tema de seguridad, empero la energía nuclear al alcance de todos, puede plantear serios problemas para la seguridad global, desde un mandatario que pierda la cabeza, hasta el tema de su uso por grupos terroristas, pasando por una pobre vigilancia del funcionamiento de las instalaciones. Y llegado a este punto, no puedo evitar pensar: ¿es justo que unos puedan y otros no? ¿Qué harán pues los gobiernos de los países a los que no se les permita acceder a la tecnología nuclear?. Dejarme que exponga un simple escenario plausible. Si disminuyera la demanda, bajarían los precios del crudo, lo cual favorecería su uso por los países menos desarrollados que de este modo basarían una buena parte de su crecimiento en la cultura del petróleo, mientras que otros desarrollados tampoco les harían ascos (abaratar precios, competitividad, etc.). Vivimos en un mundo en donde la población crece sin cesar. Se prevé que para el 2050 habrá que duplicar la producción de alimentos. ¿Y la energía? En consecuencia, no se trata de calcular el consumo energético per capita teniendo en cuenta la demografía actual y de reducirlo en un porcentaje asumible. En pocos años, el crecimiento de la población, y especialmente en Asia, será enorme, por lo que tal consumo por cabeza deberá disminuir mucho. Y sinceramente entre tanto fuego cruzado de los lobbies energéticos y los desatinos de muchos gobiernos (véase de nuevo el fiasco de los combustibles de primera generación), no alcanzo a vislumbrar un escenario de desarrollo sustentable. La energía nuclear podrá ayudar a paliar la dependencia energética de ciertos países, pero el carbón y el petróleo seguirán usándose si se desea mantener el crecimiento de la economía mundial. ¿Y el medio ambiente?. ¿Le interesa el medio ambiente a los mandamases de este mundo globalizado?. No nos engañemos, tan solo ha sido un reclamo publicitario. Y así estamos, yo no me aclaro ¿Y usted?. Pongamos otro ejemplo.

 

El lobby nuclear se ha hartado de argumentar el beneficio del uso de esta fuente de energía frente al calentamiento climático. Sin embargo, la construcción y finalización de un sistema moderadamente potente tardaría varios decenios. Los expertos ya aseguran que este problema ambiental comienza a ser irreversible: una batalla perdida. OK. Si es así, llegaría tarde, mal y nunca. ¿Por qué entonces hacen uso de un argumento tan prosaico? Sinceramente lo desconozco. Eso si, no podemos decir lo mismo a la hora de hablar de mantener el suministro de energía. Esa es ya otra cuestión.

 

Pues bien amigos Manuel y Daniel estas son mis dudas y tribulaciones. Ni si, ni no, sino todo lo contrario.

 

Juan José Ibáñez    

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