Nos encontramos viviendo en tiempos revueltos a
consecuencia de las crisis energética, ambiental, alimentaria y económica.
También es cierto que, en alguna medida, estas últimas se encuentran parcialmente
vinculadas. Sea como sea, si uno lee boletines de noticias
como Terradaily
y Sciencedaily (por citar dos de las más populares) se da cuenta que
muchos
gobiernos comienzan a dudar sobre si comenzar o volver a poner en marcha la
construcción de centrales nucleares. Esta aserción puede
corroborarse fácilmente en Internet. El debate nuclear, como algunos otros, se enturbió desde
sus inicios al mezclarse en un mismo saco razones y pasiones,
opiniones objetivas e interesadas, de los sectores sociales y económicos que se
encontraban en ambos extremos del cuadrilátero. Tal mix no favorece en absoluto a que el
ciudadano se encuentre debidamente informado a la hora de tomar postura,
ya sea a favor ya en contra. Sin embargo, ante las susodichas crisis, debería
ser el momento de aclarar los términos del debate. Pero da la impresión de que
nadie de los que lo conocen de verdad está interesado. Sinceramente, siembre he
mirado tal fuente de energía con recelo. También es cierto que en los dos
últimos años he intentado no tomar partido a la espera de atesorar los
conocimientos necesarios para deciros algo coherente. He hablado con personas
mejor documentadas, empero más de lo mismo: una combinación de filias o fobias
junto a argumentos mejor razonados. Con toda la humildad del mundo, voy a intentar
exponeros mi posición, o mejor dicho mis numerosas dudas en todo este farragoso asunto.

Crisis Energética.
Fuente: Lincs Gas Group
Y digo “feo” porque no es fácil debatir con argumentos
razonables un tema que tiene numerosas facetas difíciles de conciliar.
La documentación
que leo se encuentra completamente sesgada, por alguno de los bandos. Y es que a los aspectos
científicos deben añadirse los intereses económicos (a veces
obscuros) los radicalismos
timoratos y la falta de transparencia por todos los lados. Las fuentes gubernamentales resultan claras, ya que siempre se intentan evitar
temores o inseguridades a la población. Tampoco ayudan nada los lobbies energéticos imperantes,
por cuanto cada uno de ellos aduce que representan las mejores alternativas:
biocombustibles, fotovoltaicas, eólicas, etc. Más aun, en medio de todo este
marasmo aparece la “captura de subvenciones estatales o supranacionales”
(como es el caso de la UE), que generan más polvareda y enturbian aun más el
horizonte ¿Son
o no son rentables “sin subvenciones” varias de estas fuentes potenciales de
energía?

Crisis
energética. Fuente: Kabul Energy Guru
Entre ayer y hoy, los compañeros de nuestro blog
vecino Ciencia
y Tecnología Nuclear, colgaron dos post: Bienvenidos
a la Segunda Era nuclear Y
Suecia también... ¿qué haremos nosotros?. Para ser honesto, el tono del
primero de ellos, francamente triunfalista no me pareció de recibo. Así se lo
hice saber. Son buenos colegas y finalmente acordé contarles en este blog mis
tribulaciones sobre las “energías” de todo tipo. A eso vamos. Partamos de un
principio básico en ecología y economía: la diversificación de las fuentes de energía que nutren
a un país es una materia esencial, estratégicamente necesaria. Otra
cuestión capital resulta ser cuales se eligen y cuales se descartan.
La
entrada de los dragones asiáticos en la economía de libre mercado marcó un
antes y un después en tanto en este debate, como en las crisis mundiales
aludidas.
¡Más madera!. La
cultura del petróleo, a demás de habernos conducido a una crisis
ambiental, no
es sustentable, por cuanto sus recursos son finitos y no renovables.
El aumento
del consumo energético por las economías emergentes se tradujo en un alza
continuada de los precios del crudo y como corolario, en un problema
económico de primera envergadura. No nos olvidemos aquí también del gas y el carbón.
Ante la
subida de los precios, la necesidad de evitar los bruscas fluctuaciones del
mercado, y asegurar el suministro energético (cuando no resulta
posible alcanzar una autonomía en la materia; caso que incumbe a la mayoría de
los estados) comenzaron
a concentrase los esfuerzos en la búsqueda de energías alternativas y a ser
posible renovables. Sin embargo, el lobby nuclear se defiende alegando que
la construcción de nuevas centrales ayudaría en gran medida a paliar las
dependencias exteriores. Nadie puede cuestionarlo, pero solo hasta
cierto punto. Hoy
por hoy, las materias primas para alimentar estas energías tampoco son
renovables, aunque se avanzara al respecto, como también se ha hecho
en la seguridad de las instalaciones.

Energía
Nuclear. Fuente: Solo Que Pensamos
Sin embargo, bajo el paraguas del calentamiento climático, el debate
toma otro cariz, y nada esclarecedor por cierto, sino todo lo
contrario. El lobby nuclear aduce que no emite CO2, por lo que hablamos de fuentes limpias.
Publicidad panfletaria desde todos los puntos de vista. ¿Y la eliminación de los residuos?
Se trata de un problema difícil de solucionar. Existen iniciativas
prometedoras, pero no nada más. Pueden ser ciertas , pero puede que no, que sólo nos
conduzcan a otro callejón sin salida.
Más aún, algunas de las que se presuponían energías alternativas
limpias, como era el caso de los biocombustibles de primera generación
(la agroenergética), han resultado ser devastadoras para el medio ambiente y
la seguridad alimentaria mundial. No se trata de una opinión
personal, sino que altas instituciones supranacionales han denunciado el
problema: (i)
encarecimiento de los alimentos y como corolario, cientos de millones de
personas más bajo el umbral de la pobreza; (ii) destrucción de hábitats
naturales de un valor innegable, y la consiguiente perdida de biodiversidad,
etc. Ante este panorama se nos promete los de segunda generación,
basadas en el aprovechamiento de toda la biomasa y a ser posible en tierras
marginales y sin el uso de agroquímicos. Ya redactamos un par de post en los
que denunciábamos que se trataba de otra entelequia, un nuevo “tipo de la
estampita”. Por tanto, hoy por hoy, la generación de biocombustibles
a partir de los residuos o bioreactores de algas, por ejemplo, pueden
contribuir un poco a aliviar la demanda energética, pero poco más. El lobby de
los biocombustibles alegó que todo era falso y que se trataba de un
linchamiento injustificado contra un sector en alza que atesoraba grandes
expectativas de futuro. Empero resulta que tras estas empresas existen muchos intereses de “otros
lobbies” que también explotan los combustibles fósiles. De hecho
muchas bioenergéticas
son compañías subsidiarias de las últimas. Pero hay más. Ciertos estados
como el Español, se embarcaron en subvencionarlas, no por su eficiencia, sino
porque venían acompañadas de subvenciones comunitarias que reemplazarían
a otras anteriores procedentes de la política agraria común (no sería difícil
abordar una análisis paralelo del estado del arte en USA). Por tanto, ayudarían a
sostener a nuestra población rural en su sitio. Sin embargo,
reiteramos que han generado estragos en muchos países en vías de
desarrollo.
Cuando
uno pasa a analizar las energías solar y eólica, vuelve a toparse con
dificultades. Mientras otros lobbies las acusan de ser energéticamente poco
eficientes en ausencia de subvenciones, comienzan a aparecer en la prensa serias denuncias de corrupción, al menos en lo que
concierne a las fotovoltaicas. De nuevo, el ciudadano no sabe a que atenerse. Y
reiteremos que ciertas
disputas deben ser más aparentes que reales, por cuanto las mismas
multinacionales apuestan por diversas alternativas simultáneamente. En
descargo de esta actitud cabe señalar que para cualquier compañía la
diversificación de productos y riesgos es de vital importancia. Se trata de una
estratagia incontestable; de manual. Nada que alegar. Pero la cuestión tampoco
termina aquí, ni mucho menos.
La
crisis crediticia mundial ha puesto en entredicho la archicacareada capacidad
del mercado para autorregularse. De hecho, nos ha sumergido en otra
económica cuya magnitud y alcance son
difíciles de precisar. Ante esta situación existe un estado de nerviosismo que
afecta no solo a los políticos y mandamases de la economía, sino a
todos los ciudadanos. Y es aquí ante tanto desconcierto, en donde la voluntad
popular se debilita. Ya no sabemos discernir cual es el remedio y cual la
enfermedad. Pero para echar más leña al fuego, digamos que una buena
parte de las multinacionales energéticas son denunciadas por abusos contra la
población y la naturaleza en numerosos países subdesarrollados. Dicho de otro
modo, comienzan
a parecernos poco fiables en sus argumentaciones y reclamos. El capital es el capital; el dinero demanda
dinero y ya hemos visto el comportamiento corrupto y carente de toda ética de
los inversores bursátiles. Comenzamos a desconfiar de todo y de todos.
Dice
un experto
(Robert Wright), en teoría de juegos defensor a ultranza de la
globalización económica, que un mercado global debe basarse en dos pilares
fundamentales, a saber, los rápidos flujos de energía, materia e información y
la confianza entre las partes implicadas. Pues bien, a día de hoy,
atesoramos todo menos confianza. ¡Mal asunto!
Si
retorno a mis lecturas de Terrdaily y Sciencedaily, recuerdo como los gobiernos
de los países emergentes y en especial China, están llegando a negociar con diversos países en
vías de desarrollo con vistas a garantizar su abastecimiento energético para el futuro.
¿Y que buscan? ¡Pues todo!. Acuerdos sobre el crudo, sobre los minerales para
alimentar centrales nucleares, biocombustibles, etc. Dicho de otro
modo, energía
de cualquier procedencia. Por tanto, no es el cambio climático el que preocupa
sino su crecimiento económico. Pero retornemos a la energía nuclear.
Mientras
algunos expertos de USA advertían a Bush que no se podían instalar muchas más
centrales, en vista que los residuos siguen acumulándose sin encontrar una
solución definitiva a su almacenamiento seguro y definitivo, otros estados
comenzaban a lanzar o relanzar sus programas nucleares. Pues bien, pensemos que es
una solución que podrían adoptar todos los gobiernos del mundo: las nuclares.
¿Sería del agrado de las superpotencias? ¡Pues parece ser que no!. Y
si lo creéis recodar la inquietud de EE.UU. con Corea e Irán, por
citar dos ejemplos, o el terror a una guerra entre India y Pakistán. Sinceramente
no soy experto en el tema de seguridad, empero la energía nuclear al alcance de todos, puede
plantear serios problemas para la seguridad global, desde un
mandatario que pierda la cabeza, hasta el tema de su uso por grupos terroristas,
pasando por una pobre vigilancia del funcionamiento de las instalaciones. Y
llegado a este punto, no puedo evitar pensar: ¿es justo que unos puedan y otros
no? ¿Qué
harán pues los gobiernos de los países a los que no se les permita acceder a la
tecnología nuclear?. Dejarme que exponga un simple escenario
plausible. Si disminuyera la demanda, bajarían los precios del crudo, lo cual
favorecería su uso por los países menos desarrollados que de este modo basarían
una buena parte de su crecimiento en la cultura del petróleo, mientras que
otros desarrollados tampoco les harían ascos (abaratar precios, competitividad,
etc.). Vivimos en un mundo en donde la población crece sin cesar. Se prevé que para el 2050
habrá que duplicar la producción de alimentos. ¿Y la energía? En
consecuencia, no se trata de calcular el consumo energético per capita teniendo en cuenta la demografía
actual y de reducirlo en un porcentaje asumible. En pocos años, el crecimiento
de la población, y especialmente en Asia, será enorme, por lo que tal consumo
por cabeza deberá disminuir mucho. Y sinceramente entre tanto fuego
cruzado de los lobbies energéticos y los desatinos de muchos gobiernos (véase
de nuevo el fiasco de los combustibles de primera generación), no alcanzo a
vislumbrar un escenario de desarrollo sustentable. La energía nuclear podrá ayudar a paliar
la dependencia energética de ciertos países, pero el carbón y el petróleo
seguirán usándose si se desea mantener el crecimiento de la economía mundial.
¿Y el medio
ambiente?. ¿Le interesa el medio ambiente a los mandamases de este
mundo globalizado?. No nos engañemos, tan solo ha sido un reclamo publicitario. Y
así estamos, yo no me aclaro ¿Y usted?. Pongamos otro ejemplo.
El lobby nuclear se ha hartado de argumentar el beneficio
del uso de esta fuente de energía frente al calentamiento climático. Sin
embargo, la construcción y finalización de un sistema moderadamente potente
tardaría
varios decenios. Los expertos ya aseguran que este problema
ambiental comienza a ser irreversible: una batalla perdida. OK. Si es así,
llegaría tarde, mal y nunca. ¿Por qué entonces hacen uso de un
argumento tan prosaico? Sinceramente lo desconozco. Eso si, no podemos
decir lo mismo a la hora de hablar de mantener el suministro de energía.
Esa es ya otra cuestión.
Pues bien amigos Manuel y Daniel estas son mis
dudas y tribulaciones. Ni si, ni no, sino todo lo contrario.
Juan José Ibáñez