Francisco Bautista Zúñiga
Durante la reciente conferencia
internacional sobre clasificación de suelos realizada en Santiago de
Chile y al termino de mi presentación titulada “Sistema de clasificación de suelos maya
yucateco y su relación con la WRB” se me acercaron unos chicos que ayudaban
en la organización del evento, jóvenes agrónomos que, entre otras cosas, hicieron
dos comentarios: a) primera vez que oigo la palabra etnopedología; b) suena
interesante pero en Chile no se podrìa aplicar porque casi no hay indigenas.
Ya en el aeropuerto estuve reflexionando sobre los comentarios y esa reflexión
es la que generó esta contribución a este web blog.

Fco. Bautista junto a Mabel
Susana Pazos en un
Cafetín de Santiago de Chile.
Foto: Juan José Ibáñez
La etnopedología es una parte de la etnoecología, así que
comenzaremos por definir la etnoecología como el estudio
transdisciplinario de como la naturaleza es percibida por la gente con base en sus
creencia y conocimientos para manejar los ecosistemas, paisajes y recursos
naturales teniendo en cuenta sus significados simbólicos y representaciones, en
otras palabras, la
etnoecología permite el reconocimiento del valor cultural del complejo creencia-cuerpo-práctica
para la apropiación intelectual y material de los ecosistemas o mejor dicho de
los paisajes. Dentro de la etnoecología se encuentra la
etnopedología, transdisciplina que explora las relaciones, sinergias y
retroalimentaciones entre el conjunto de símbolos, conceptos, percepciones y
usos de los suelos.

Figura 1. La trilogía cosmovisión-cuerpo-práctica
para el manejo del ecosistema o del paisaje
Fuente: Barrera y Toledo, 2005.
Tanto la etnoecología como la
etnopedología son transdisciplinas. Esta aclaración nos obliga a definir la
disciplina como una ciencia con un objeto de estudio claramente definido
(Biología, Química, Antropología, etc.). La interdiciplina es la unión de disciplinas
para atender problemas concretos, no solo objetos de estudio (por ejemplo la
vida en el caso de la biología), como por ejemplo, la física-médica y la
mecatrónica. La
transdisciplina se encarga de incorporar conocimientos no
científicos para el mejor y más completo entendimiento de los fenómenos, en
este caso hay un objeto de estudio desde varias disciplinas; existe el interés
por la atención a problemas prácticos relacionados con el objeto de estudio; y
se incorporan el saber cultural de las comunidades humanas.
¿La etnopedología es una ciencia nueva?
Partiendo de
las definiciones anteriores ahora es necesario decir que la etnopedología no es una
transdisciplina nueva y para muestras tres ejemplos:
1) En México, el Dr.
Ortiz-Solorio durante 25 años ha publicado junto con sus estudiantes
y colaboradores una gran cantidad de artículos y tesis sobre etnopedología con
enfoques de clasificación, geografía, y agronómicos, tanto por campesinos como
por culturas autóctonas. Puede decirse que ha hecho escuela etnopedológica en México.
2) En algunas universidades mexicanas como el Colegio
de Postgraduados, la Universidad de San Nicolás
de Hidalgo y la Universidad
Nacional Autónoma de México (Centro de Investigaciones en
Geografía Ambiental) y se imparte la etnopedología como materia, tanto a nivel
de licenciatura como a nivel de posgrado o al menos como parte del
temario de una materia más general.
3) Barrera y Zinck publicaron en 2000
un libro en el que recopilan una gran cantidad de trabajos realizados en el
mundo sobre la etnopedología, siendo esta monografía una prueba de su
antigüedad y de su revalorización.
Entonces, si la
etnopedología no es nueva y no la han escuchado los jóvenes
edafólogos, debí de haber dicho que es porque no se ha difundido, porque la comunidad
científica recientemente comienza a utilizarla y revalorarla, porque
no hay profesionales que la enseñen, y porque no es fácil enseñarla ni
practicarla.
¿Donde puede hacerse etnopedología?
Para realizar estudios
etnopedológicos se requiere acercarse a alguna comunidad humana con tradición
en el manejo de los suelos, es decir, en cualquier parte en la que los
suelos sean utilizados de manera común y se tenga tradición en su manejo. Esto
incluye cualquier parte del mundo, los países desarrollados, y los que están en
camino de lograrlo, por supuesto Chile entre ellos.
La etnopedología se debería
desarrollar en todo el mundo ya que hay que recordar que el
conocimiento detallado del perfil no es suficiente para saber su
funcionamiento, por cuento con la descripción del perfil se pueden identificar
los procesos formadores pero es posible que los procesos actuales aún no hallan
logrado manifestarse en la morfología del perfil o que simplemente se
desconozca la intensidad de dichos factores formadores. En otras palabras, al analizar el
perfil no es posible saber la intensidad de diversos procesos como son:
la desecación-humedecimiento, la descomposición de la hojarasca, la liberación
de CO2 a lo largo del año, los flujos de materia y energía, la
respuesta a las aplicaciones de diversos tipos de fertilizantes, las especies
vegetales de mejor crecimiento, entre muchos otros.
Realizar estudios etnopedológicos no
es fácil ni barato, se requiere tener una relación buena, intensa, de amistad con las
comunidades humanas locales para seleccionar a los informantes clave
con mayores conocimientos sobre el objeto de estudio, en este caso el suelo. En el supuesto
caso de no contar con conocidos en las comunidades humanas locales es necesario
hacer uso de técnicas de obtención de información, como son los
talleres participativos, las encuestas, la observación participante, registro
etnográfico y otras para corroborar la información obtenida.
La etnopedología no es exclusiva de
países con comunidades humanas indígenas, en México hay muchos
ejemplos de estudios
etnopedológicos realizados con campesinos mestizos (con raíces
españolas e indígenas), con agricultores sin raíces indígenas, entre
otros. En
Chile se podrían realizar estudios etnopedológicos en la isla de
Pascua con fuerte tradición polinesia, con los inmigrantes españoles, portugueses,
italianos y alemanes que llevan ya muchos años de establecimiento en Chile.
Figura 2. Ejemplo de una metodología en estudios etnopedológicos
Se podría pensar que los inmigrantes
llegan con una cultura que no conoce las nuevas tierras y que por lo
tanto no tendría sentido explorar sus conocimientos edafológicos; sin embargo,
esas comunidades humanas llevan ya un caudal de conocimientos que prueban,
corroboran y adaptan a las nuevas condiciones para mejorarlos, generándose así
nuevas formas de uso y de conocimiento edáfico.
A diario,
observa uno cambios y semejanzas en los usos y costumbre de todo tipo, por
ejemplo, este fin de semana asistí a una boda entre una Moreliana (Morelia,
Michoacán México) y un descendiente de Oaxaqueños (Oaxaca, México). Los
Oaxaqueños dieron una muestra de sus bailes (danzas) “tradicionales” llamadas
chilenas que son muy parecidas a los bailes “típicos” de los guasos chilenos
llamados cuecas, ¿Que pasa? Sucede que hace muchos años una inmigración de chilenos
se estableció en Oaxaca México llevando consigo su cultura y logrando
establecer algo de ella en Oaxaca. Seguramente los hijos de la nueva
pareja tendrán influencia Oaxaqueña, Chilena, Purepecha y Española, el mestizaje
continúa y las culturas seguirán cambiando.
Otro ejemplo es la presencia de una
comunidad maya en Michoacán México a más de 2400 km de distancia de la península de
Yucatán, su tierra natal. Seguramente esta comunidad maya ha utilizado sus
conocimientos edafológicos de las zonas de karst con los omnipresentes Leptosoles
y los ha adaptado a las condiciones volcánicas de Michoacán con sus Andosoles
predominantes. Los
conocimientos de este tipo de inmigrantes se enriquecen.

Figura 3. Los diferentes analistas hacen diferentes
observaciones y a menudo ambas son complementarias
En Cuba después del periodo
“especial” y al dejar de contar con el apoyo de la extinta Unión Soviética, tuvieron que
retomar una gran cantidad de conocimientos “antiguos” como el uso de mantillos,
cultivos de cobertera y uso de arado con tracción animal ante la falta de
fertilizantes y combustible para los tractores. Afortunadamente contaban con
personas mayores de edad que fungieron como los maestros de los jóvenes
agrónomos. Como mucho de ese conocimiento técnico y científico no
fue reportado, ni publicado, pudo haberse perdido; sin embargo, se conservó en
la memoria de quienes lo practicaron por mucho tiempo. Ese es conocimiento
etnoagronómico y etnopedológico.
Es así que,
estimados jóvenes colegas, la moraleja de este cuento es: la etnopedología no es una novedad y si
pueden hacerse estudios etnopedológicos en todas partes del mundo; es
recomendable y necesario unir esfuerzos entre edafólogos, geógrafos, agrónomos,
antropólogos y las comunidades humanas locales para captar la sabiduría
en el manejo de sus suelos, el conocimiento puede ser étnico, campesino, campirano,
rural, local, agrícola, forestal o como le deban llamar.