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lunes, 22 de diciembre de 2008

Nuestro colaborador habitual, Régulo León Arteta me envió en un correo electrónico un enlace al Blog Saber Curioso. Me ha parecido lo suficientemente interesante como para permitirme reproducirlo aquí. Al parece,r fue enviado por un lector anónimo asiduo a esta Weblog. Saber Curioso es un espacio muy interesante con noticias sorprendentes y originales que os recomiendo visitar cuando no tengáis más ganas que el “Dolce fare niente” (¿se dice así?). El post informa sobre todas las readiciones atávicas relacionados con el cambio de solsticio en invierno (en el hemisferio norte). Obviamente, las navidades entran en el lote. Espero que lo consideréis como un aporte cultural, con independencia de vuestras creencias religiosas personales. No es mi intención molestar a nadie. Sin embargo, sí cabe decir que este tipo de asimilaciones culturales de mitos precedentes ha sido muy estudiado y corroborado “en general” por parte de numerosos historiadores y antropólogos. Y como hoy es 22 de diciembre os dejo con esta aportación anónima.  

 

 

 

Los solsticios. Fuente: Naturaleza Educativa


El solsticio de invierno, mitos y tradiciones

 

Durante el solsticio de invierno (22 de diciembre) el Sol alcanza su cénit en el punto más bajo y desde ese momento el día comienza a alargarse, progresivamente, en detrimento de sus noches, hasta llegar al solsticio de verano, en que invierte su curso. El término solsticio significa ´sol inmóvil´, ya que en esos momentos el Sol cambia muy poco su declinación de un día a otro y parece permanecer en un lugar fijo del ecuador celeste.

 

 

El solsticio invernal es el acontecimiento que vivifica la Naturaleza con su luz y su calor, razón por la cual, para todas las culturas antiguas, representaba el auténtico nacimiento del Sol y, con él, toda la Naturaleza comenzaba a despertar lentamente de su letargo invernal y los humanos veían renovadas sus esperanzas de supervivencia, gracias a la fertilidad de la tierra.

 

En el solsticio de invierno, todos los pueblos antiguos celebraban el nacimiento del astro rey mediante grandes festejos, caracterizados por la alegría general y acompañados de ceremonias colectivas, centradas en cantos y danzas rituales y en la recogida de ciertas plantas mágicas, como el muérdago. Las grandes hogueras tenían la función de provocar el calor y la fuerza de los rayos de un sol recién nacido, que encaraba su curso hacia la primavera, inundando la tierra con su poder regenerador. Otro tanto sucedía durante el solsticio de verano, época adecuada para mostrarle, al divino sol, el agradecimiento de quienes habían sobrevivido un año más, gracias a su generosa intervención en el ciclo agrícola y ganadero. Con el desarrollo de las culturas urbanas, los rituales solsticiales agrarios no desaparecieron, sino que se adaptaron a las nuevas circunstancias y necesidades.

 

Por eso, las fiestas paganas más importantes rebasaron el ámbito campesino y se convirtieron en ciudadanas, de forma que la fecundidad que en origen solicitaban para el campo y el ganado, pasó a comprenderse como prosperidad y riqueza para la ciudad.

 

Desde hace miles de años y para las culturas y sociedad más diversas, el solsticio de invierno ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia. No es ninguna casualidad, por tanto, que el natalicio de los principales dioses, relacionados con el Sol (como Osiris, Horus, Apolo, Mitra, Dioniso/Baco, etc.) fuese situado durante este período temporal.

 

En la antigua Grecia, el culto popular de Dioniso estaba repartido en cuatro grandes festividades: las dos primeras (las Dionisíacas de los campos y las Leneas) se celebraban alrededor del solsticio invernal, con carácter propiciatorio de la fertilidad/prosperidad y en medio de festejos, caracterizados por la gran alegría general. Las dos últimas tenían lugar en la primavera y festejaban la resurrección de la Naturaleza.

 

En Roma, la celebración de las Saturnalias (fiestas dedicadas a Saturno, padre de los dioses olímpicos y dios protector de la Naturaleza) duraba una semana. Después de la ceremonia religiosa, había grandes festejos y banquetes, se abolían temporalmente las clases sociales y, en los ágapes, los señores servían a sus esclavos; cesaba toda actividad pública (en tribunales, escuelas, comercios, operaciones militares, etc.) y no se permitía ejercer ningún arte ni oficio, salvo el de la cocina; se imponía el hacerse regalos unos a otros, los ricos convidaban a sus mesas, bien surtidas, a los pobres que llamaban a sus puertas, se practicaban juegos de azar, etc.

 

En los mitos solares de todas las culturas antiguas, ocupa un lugar central la presencia de un dios joven (Jesucristo en la religión cristiana), que cada año muere y resucita, encarnando en sí los ciclos de la vida de la Naturaleza. Durante el solsticio de invierno, la imagen del dios egipcio Horus era sacada del santuario para ser expuesta a la adoración pública de las masas. Se le representaba como un niño recién nacido, recostado en un pesebre, con cabello dorado, con un dedo en la boca y el disco solar sobre su cabeza.

 

Mitra, uno de los principales dioses de la religión hindú, objeto de un culto aparecido unos mil años antes de Cristo, cargaba con los pecados y expiaba las iniquidades de la humanidad, era el principio mediador colocado entre el bien (el dios Ormuzd) y el mal (el dios Ahrimán), el dispensador de luz y bienes, mantenedor de la armonía en el mundo y guardián y protector de todas las criaturas, y era una especie de Mesías que, según sus seguidores, debía volver al mundo como juez de los hombres. Era un dios que había nacido de madre virgen, en el solsticio de invierno, en una gruta o cueva, fue adorado por pastores y magos, obró milagros, fue perseguido, acabó siendo muerto y resucitó al tercer día.

 

Baco, otro dios solar romano, también estuvo destinado a cargar con las culpas de la humanidad, también fue asesinado y despedazado (como Osiris) y su madre también lo buscó (como Isis) y recogió todos sus pedazos y lo resucitó. Según la tradición, Baco moría despedazado en el equinoccio de primavera y resucitaba a los tres días.

 

En el siglo II de nuestra era, los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuando pudo haber acontecido. Durante el siglo anterior, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan distintas como el 6 y el 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, etc. Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. A pesar de la disparidad de fechas apuntadas, todos coincidieron en pensar que el solsticio de invierno era la fecha menos probable, si se atendía a lo dicho por Lucas en su Evangelio: "Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso y, de noche, se turnaban velando sobre el rebaño. Se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvía con su luz..." (Lucas, 2, 8-14). Si los pastores dormían al raso, cuidando de sus rebaños, para que el relato de Lucas fuese cierto y/o coherente, debía de referirse a una noche de primavera, ya que a finales de diciembre, en la zona de Belén, el excesivo frío y las lluvias invernales impiden cualquier posibilidad de pernoctar al raso con el ganado. Forzando la escena relatada por Lucas hasta el límite, otras Iglesias cristianas -ajenas a la católica como la armenia- fijaron la conmemoración de la Natividad en el día 6 de Enero, ya que, según su deducción, el relato de Lucas sí puede ser creíble, si se sitúa el nacimiento de Jesús un poco más tarde, en enero y en el Oriente Medio. Un tiempo y un lugar donde es muy probable la existencia de cielos nocturnos claros y sin borrascas, aunque todavía con mucho frío. Con el mismo argumento, otras Iglesias orientales, como la egipcia, griega y etíope, propusieron fijar el Natalicio el día 8 de Enero.

 

Entrado ya el siglo VI, cuando ya se había concluido el proceso de trasvase de mitos desde los dioses solares jóvenes precristianos hacia la figura de Jesucristo, se decidió fijar una fecha concreta. Dado que a Jesús se le había adjudicado toda la carga legendaria que caracterizaba a su máximo competidor de esos días, el dios Mitra, lo lógico fue hacerle nacer el mismo día en el que se celebraba el advenimiento de ese joven dios.

 

De esta forma, entre los años 354 y 360, durante el pontificado de Liberio (352-366), se tomó por fecha inmutable la de la noche del 24 al 25 de Diciembre, fecha en la que los romanos celebraban el Natalus Solis Invicti, el `nacimiento del Sol Invencible`, un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer y, claro está, la misma fecha en la que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. La fecha del 25 de diciembre fue fijada por el orbe católico como algo inamovible, aunque no fue aceptada por la Iglesia oriental que, aún hoy día, sigue celebrando el Natalicio de Jesús el 6 de Enero.

 

Con la instauración de la Navidad, también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.

 

 

(Éste es el contenido de una colaboración remitida por un lector de SaberCurioso)

 

Fuentes:
Cuadernos, Historia 16. Distintos números, autores varios.
El poder de Roma. Editorial Sarpe. Colección Los grandes imperios y civilizaciones.

celebración Egipto invierno mitos personaje Roma sol solsticio

16:19 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Resulta extraño visionar videos después de haber estado hace menos de un mes allí, en la región Patagónica chilena. La parte del viaje realizada en barco nos deparó varias sorpresas. Una de las más agradables fue coincidir con el antropólogo físico Chileno Eugenio Aspillaga Fontaine (Departamento de Antropología de la Universidad Nacional de Chile). El no iba precisamente de vacaciones, aunque sí estaba muy ilusionado por su misión. Debía bajar en Puerto Edén con vistas a asesorar la realización de un documental sobre uno de los pueblos indígenas de la región que está apunto de desaparecer para siempre.  Hablamos de los Kawésqar o alacalufes. Ya quedan menos de 10 debido a la estupidez y barbarie del hombre moderno. Y yo también los vi. En dos días con Eugenio aprendí lo inimaginable. Por error mío, ni me pude despedir de él. Da igual. Es un tipo entrañable y seguiremos nuestros contactos por mail. Seguro. Como siempre, no pude resistirme a invitarle a que escribiera en esta bitácora lo que aceptó encantado (ya veremos porque me huyen como a la peste). Pero a lo que vamos, me narró una historia sobre suelos, conchas de moluscos y papas que no tiene desperdicio. Sin embargo, en este post describiré primero la tragedia de los Kawesar.

 

 

 

Foto de satélite del Estrecho de Magallanes y territorio sur de los kawésqar

Fuente: Wikipedia


 

En este enlace podéis encontrar muchos aspectos de la cultura del pueblo Kawésqar. Abajo os incluyo algunos fragmentos que he extraído de la Wikipedia española. Os añado aquí dos videos y os dejo enlaces a varios más. Eugenio comentaba con las mismas dosis de ilusión y tristeza la tragedia de esta cultura, que vivía en un ambiente tremendamente hostil. Se encontraban en el paleolítico hasta que alrededor de 1940, el gobierno chileno decidió aliviarles la vida. Como suele suceder en estos casos, lo que podía entenderse como una iniciativa más que loable devino en tragedia. Pero adelantemos que los mismos errores hubieran cometido casi, si no todos los gobiernos. No se puede “culturizar” ¿¿?? Un pueblo de un día para otro. No se puede arrancar a la gente de un modo de vida que atesoraban desde hace más de 6.000 años. Todo el desastre fue fruto de no asumir algo tan trivial, como señala otro antropólogo en uno de los videos.

 

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Cultura y tragedia del Pueblo Kawésqar

 

Eugenio nos comentó la existencia de un documental muy antiguo, en donde se les ve vivir en todo su esplendor y crudeza ambiental. No os narraré toda la historia porque es fácil de obtener en Internet. Digamos que, el cambio de sus vestimentas y formas de protegerse contra el frío por otras modernas les acarreó enfermedades (pulmonías, etc.). La mutación de hábitos generó estragos, como el alcoholismo. Y así podríamos seguir.

 

 

 

Pueblo  Kawésqar

 

 

Paisajes entorno al Pueblo Kawésqar

 

Curiosamente, cuando Eugenio bajo del barco para iniciar su misión, mientras nosotros seguíamos hacia Puerto Montt tras una breve estancia en el carguero (pocos lujos, no era precisamente un crucero), nos pusieron un documental que reproducía parte del que nos mencionó nuestro amigo antropólogo. Impresionante. Los hombres hacían las canoas ahuecando un solo árbol y generándole consistencia e impermeabilización por una “especie” de combustión lenta. Luego a pescar de todo lo que les ofrecían las rías, desde salmones a los típicos mamíferos (acuáticos y semiacuáticos como lobos marinos, focas y nutrias, etc.), típicos de aquellos ambientes antárticos. Las mujeres se dedicaban a la recolección del marisco. Daba escalofríos verlas buceando desnudas (eso sí, su panículo adiposo era considerable; vamos, que estaban “rellenitas”) en aguas tan gélidas que un médico occidental nos advertiría que en 5 o 10 minutos hipotermia y muerte. ¡Falso! (si estás acostumbrado, claro está.

 

 

 

Consuelo Ibáñez y Eugenio Aspillaga Fontaine

Foto: Juan José Ibáñez

 

Y aquí os ofrezco un avance de lo que describiré en el próximo post. En las ensenadas, de las rías patagónicas, acumulaban gran cantidad de las conchas de bivalvos.  Luego las fuerzas naturales depositaban materiales y finalmente se asentaban unas plantas muy conocidas que no podían hacerlo en los ambientes ácidos de aquellos lares. Y así…… ¡sorpresa!. Y eso sí, ya las fotos serán mayoritariamente nuestras.

 

 

 

Consuelo Ibáñez y Juan José Ibáñez.

Foto: Eugenio Aspillaga Fontaine

 

Para terminar, cuando aprenderemos que la actividad de “civilizar” (eufemismo puro y duro) puede significar “exterminar” si no se realiza de un modo paulatino, muy cuidadoso y “ad hoc” para cada caso concreto. ¿Quién ha dicho que por vivir en el paleolítico debían cambiar radicalmente y de forma súbita todas sus  costumbres ancestrales? Nos creemos dioses y no pasamos de payasos. Nos autoproclamamos civilizados cuando en realidad nos comportamos como bárbaros. La modestia y la humildad son dones que no atesora la sociedad moderna. El documental mencionado terminaba con un los comentarios de un aborigen en su propio idioma. Su belleza, dignidad y tristeza iluminaban el celuloide por igual. Supongo que si existe Díos, les susurraría al oído: “perdonadles porque no saben lo que hacen”. Y no diré más porque los videos y el material adicional da buena cuanta de ello. En el primero, se habla de lo ocurrido, en el segundo os ofrecemos los magníficos aunque durísimos paisajes en los que vivían.    

 

 

Eugenio Aspillaga Fontaine

Foto: Juan José Ibáñez

 

Dedicado a Eugenio Aspillaga Fontaine

 

Juan José Ibáñez

 

De acuerdo a Wikipedia

 

Los kawésqar, kawéskar, kawashkar, alacalufes o alakalufes (nombre posiblemente derivado del apodo peyorativo en yagán: halakwulup o halakwoolip, comedores de mejillones, cuya difusión algunos investigadores atribuyen al navegante inglés Roberto Fitz Roy), son indígenas, nómades canoeros que recorrían los canales de la Patagonia chilena, entre el Golfo de Penas y el Estrecho de Magallanes; también se desplazaban por los canales que forman las islas que quedan al oeste de la Tierra del Fuego y al sur del estrecho. Su idioma es el kawésqar, nombre con el que ellos se autodenominan. En su idioma, esta palabra significa "persona" o "ser humano". El nombre alacalufe, originalmente puede haber tenido una intención despectiva y ellos no lo usan.

 

Desde tiempos remotos, estimados en unos 6.000 años, sus habitantes fueron los indígenas kawésqar que en sus permanentes viajes por los canales patagónicos se detenían, por cortos períodos, a mariscar en esta tranquila bahía. Posteriormente, a contar de 1937, llegó el hombre blanco con la instalación de la estación de la Fuerza Aérea de Chile. A contar de esa fecha los indígenas comenzaron a vivir en forma permanente en la costa del puerto, cambiando su tradicional estilo de vida nómada por el sedentario. Hoy cuenta con una escuela básica, un jardín familiar, posta de salud, registro civil, retén de carabineros, capitanía de puerto, biblioteca pública, guardería de la Corporación Nacional Forestal, como también cobertura de agua potable y luz eléctrica, teléfono público satelital, estación repetidora de televisión y radio FM.

 

Puerto Edén es aprovisionado por los transbordadores que hacen el servicio Puerto Montt-Puerto Natales y por buques de la Armada de Chile. En él, viven la mayoría de los descendientes de los kawésqar quienes ofrecen sus artesanías a los barcos. La principal actividad económica es la pesca, la extracción de cholgas y los servicios públicos. En el pueblo se preparan y comercializan cholgas ahumadas. Actualmente, el poblado cuenta con una población de alrededor de 250 habitantes y perdura únicamente para proteger a esta etnia, de no más de 20 personas, que está en vías de extinción.

 

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alacalufes_0002.wmv

 

y…….

 

Kawesqar Region (pagina Web Interactiva en Suahili con abundante información)

15:26 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)