El bosque templado caducifolio es uno de los biomas que se extienden al sur de la taiga o bosque boreal, cuando ya las temperaturas son menos frías y las precipitaciones mas abundantes. Pero este bioma ya no ocupa una franja continua a lo largo de las masas continentales del hemisferio norte, como ocurría con la tundra y la taiga, sino que se extiende por los extremos de los continentes, en donde es mayor la influencia oceánica (éste es el motivo por el que estos bosques escasean en el interior de Norteamérica y de Eurasia, donde el clima es mucho más seco y continental). Aparecen entre los 55º y los 30º de latitud, encontrándose sus mayores extensiones en el oeste y centro de Europa, en el este de Asia (China nororiental y Corea) y en la mitad este de Norteamérica.

Mapa de los bosques caducifolios mundiales bajo clima templado
Hoy en día se conservan pocos restos inalterados de estos bosques, pues la mayoría de las regiones por donde se extendían han estado densamente pobladas desde hace cientos de años. Grandes extensiones están completamente desforestadas y ocupadas por campos de cultivo, infraestructuras y ciudades; y la mayoría de los bosques que quedan han sido utilizados y transformados por las prácticas forestales. En China desaparecieron hace miles de años debido a la agricultura intensiva, por lo que en Asia oriental los mejores bosques, mas o menos intactos, se encuentran en las montañas de Corea. En Europa, donde las brechas importantes en estos bosques se empezaron a abrir en la Edad Media, persisten algunas pequeñas áreas poco alteradas como reservas naturales (muchas de ellas se conservaron por ser antiguos cotos de caza de los señores feudales o por haber sido protegidas por las monarquías como reservas forestales para la construcción de las grandes flotas de barcos de los siglos XVII y XVIII). En Norteamérica la apertura de grandes claros en estos bosques no tuvo lugar hasta comienzos del siglo XIX, y es aquí donde se conserva la mayor masa forestal inalterada de bosque caducifolio templado, en las Montañas Apalaches.

Bosque de hayas (género Fagus) en otoño en Europa
Estos bosques, al contrario que los bosques de coníferas de la taiga, están dominados por altos árboles de hoja ancha (robles, arces, hayas,..) que dejan caer todos los años sus hojas durante el invierno (bosques caducifolios). Es característico de este bioma el cambio tan espectacular que sufre la vegetación a lo largo de las cuatro estaciones del año, tan claramente diferenciadas en estas latitudes medias.
Se desarrolla bajo climas templados, pero todavía relativamente fríos, como son el clima de tipo continental húmedo (en el este de Norteamérica y de Asia y en Europa central y oriental) y en menor extensión bajo el clima marítimo de costa oeste ( en Europa occidental), donde las temperaturas son más suaves. Los inviernos son, por tanto, fríos (aunque no tanto como en la taiga) y los veranos cálidos, mientras que las precipitaciones son abundantes (750 a 1500 mm anuales) y bien distribuidas a lo largo del año. En este bioma son fundamentales las precipitaciones en verano, estación en la que es máxima la evapotranspiración y mayor la demanda de agua del suelo. Por lo general solo se produce un pequeño déficit de agua a finales de verano, mientras que en primavera existe un alto excedente de agua en el suelo.

Bosque de robles (género Quercus) en invierno en Europa
Los suelos mas característicos de estos bosques de frondosas caducifolias son los suelos pardos forestales. Mientras que en el bioma de la taiga el proceso más característico que sufrían los suelos era el de podsolización, en este caso, bajo clima templado y bosque de frondosas, el proceso más característico es el empardecimiento. Por encima del sedimento sin alterar o roca madre (horizonte C) sobre la que se forma el suelo nos encontramos con una capa (horizonte B) de alteración del material que, en este caso, presenta coloraciones pardas debidas a la liberación de óxidos de hierro. Por encima de este horizonte (de espesor variable, pero normalmente de menos de 1 m de espesor) presentan un horizonte superficial de acumulación de materia orgánica (A1), que le da un color más oscuro, y que suele ser de poco grosor (unos pocos cm). Sobre él la hojarasca se descompone rápidamente (humus de tipo mull) y no se acumula en la superficie, al contrario de lo que vimos que ocurría en la taiga, donde la hojarasca de las coníferas se acumula como materia orgánica poco transformada. Estos suelos pardos pertenecen, según la clasificación de suelos que utilicemos, al grupo de los ocrepts (de color ocre o parduzco) dentro de los inceptisoles ( según la Soil Taxonomy), o al de los cambisoles (según la clasificación de la FAO).Luvisoles,
Cambisoles y Acrisoles (de no existir actividad volcánica, en cuyo caso
aparecerían los Andosoles) son los suelos más característicos, cuando no han
sido erosionados (Leptosoles, Regosoles, etc.). Abundante información de los suelos por biomas puede
encontrarse en nuestra categoría “Geografía
de Suelos y Megaedafología”.

Bosque mixto de hoja caduca y coníferas en Canadá

Bosque de alerces en la Taiga de Canadá
En las zonas limítrofes con la taiga, donde aparecen bosques mixtos de caducifolios y de coníferas, estos suelos pardos y grises lavados presentan procesos de podsolización que los acercan a los podsoles de los bosques boreales o alpinos de coníferas. Estos procesos de podsolización y acidificación del suelo, también pueden ser importantes en los bosques caducifolios de las zonas templadas, principalmente cuando las rocas son pobres y ácidas, como ocurre cuando son ricas en cuarzo (cuarcitas, areniscas, granitos) o cuando los bosques se degradan y son invadidos por matorrales acidófilos como los brezales.
En general, y debido a su buena provisión de agua y a que son bastante productivos con moderadas cantidades de fertilizantes, los suelos pardos forestales han sido históricamente muy cultivados (aunque no son tan favorables a la agricultura ni tan fértiles como los suelos de las praderas de las zonas templadas).
Sobre estos suelos, en general profundos y fértiles, y bajo estas condiciones climáticas templadas y húmedas, la vegetación está dominada por los árboles caducifolios. Sin embargo, dentro de estas latitudes templadas, cuando el clima se hace más frío y los suelos son menos profundos, como ocurre en las altas montañas, son las coníferas las que vuelven a dominar el paisaje. De forma análoga los bosques caducifolios se pueden encontrarse en las montañas de las zonas climáticas templadas más cálidas situadas a más bajas latitudes, al producirse un incremento de las precipitaciones con la altura. También se pueden extender como bosques de ribera o de galería por climas más secos y cálidos, como son los mediterráneos, los semidesérticos e incluso en los desiertos, pues en las orillas de los ríos disponen de suelos profundos y con humedad edáfica suficiente.

Bosque pluriespecífico y maduro de caducifolios en Japón
Las hojas de la mayoría de los árboles que forman estos bosques son anchas y delgadas, lo que facilita mucho la fotosíntesis durante la estación de crecimiento (que dura aproximadamente 6 meses), aunque también hacen que el árbol transpire mucha agua. Con este tipo de hojas si la vegetación quiere limitar al mínimo la pérdida de agua, debe desprenderse de ellas.
Cuando llega el otoño, el acortamiento de las horas de luz estimula, en los árboles y muchos arbustos, la retirada de la clorofila que da el color verde a las hojas, lo que hace que se vean otros pigmentos secundarios (xantofilas, carotinas,..) y que las hojas tomen colores rojos, naranjas o amarillos, tan característicos de estos bosques en otoño. Posteriormente se produce su caída y la entrada en el período de reposo invernal de la vegetación.
Esta pérdida de las hojas y parada del crecimiento vegetal, que tanta importancia tiene en la fisonomía y estructura de la vegetación y de todo el ecosistema, se debe a la combinación del efecto de las bajas temperaturas (posibles daños por heladas), baja luminosidad en invierno por la corta duración del día (poca luz para realizar la fotosíntesis) y a la dificultad de tomar agua del suelo al encontrarse muchas veces congelada (aunque antes de que se congele, cuando el suelo se encuentra por debajo de los 4ªC, los árboles ven ya muy dificultada la absorción del agua).
Los árboles que forman estos bosques en las distintas regiones del Hemisferio Norte (Este de América del Norte, Europa y Este de Asia) son muy parecidos entre sí (lo que también ocurre con el resto de la flora, tanto arbustos como herbáceas), tratándose, a menudo, de especies próximas pertenecientes a los mismos géneros: robles (Quercus ), hayas (Fagus ), castaños (Castanea ), carpes (Carpinus), tilos (Tilia ), arces (Acer ), abedules (Betula) y nogales (Juglans). Algunos géneros solo aparecen en Norteamérica (en donde hay una mayor diversidad de bosques caducifolios) como ocurre con los tuliperos (Liriodendron) y las pacanas (Carya). Cuando los terrenos se encuentran peor drenados, y en las orillas de los ríos, los bosques caducifolios pasan a estar formados por alisos (Alnus ), alamos (Populus), sauces (Salix), fresnos (Fraxinus) y olmos (Ulmus).
También pueden encontrarse algunas coníferas (pinos, tsugas, abetos) dentro de estos bosques caducifolios, siendo más abundantes en ciertos tipos de sustratos (rocosos, arenosos,.) y cuando los bosques son aclarados o talados. Distinto es el caso de los bosques mixtos de coníferas y caducifolios (región de los Grandes Lagos en Canada, Este de Europa, Sur de Siberia, norte de Corea y Japón), que bordean por el norte a los bosques caducifolios, y donde la proporción de coníferas es mucho mayor. Estos bosques representan una amplia zona de transición entre el bosque templado caducifolio y la taiga.

Foto artística de un bosque templado otoñal
Por debajo del estrato arbóreo se encuentra otro estrato de árboles pequeños y de arbustos con poca densidad, pero que se hacen mucho más abundantes en los márgenes y claros de los bosques (orla forestal). Entre estos arbolillos y arbustos, podemos destacar los serbales (Sorbus ), los avellanos (Corylus), los piornos o escobones (Genista, Cytisus ), y muchas espinosas como los rosales, endrinos y zarzas (Rosa, Prunus, Rubus ). Casi todas son también caducifolias, pudiendo destacar entre las pocas especies perennifolias de estos sotobosques a los acebos (Ilex ) y a los tejos (Taxus ). En cuanto al estrato herbáceo, se encuentra muy influenciado por el ciclo de brotación y caída de las hojas. En la primavera, antes de que en los altos árboles se extiendan las hojas, la luz del sol calienta e ilumina el suelo, momento que es aprovechado por muchas herbáceas (anémonas, primaveras, diversas bulbosas,..) para crecer y florecer.
Entre la fauna destacan los comedores de frutos secos como nueces y bellotas, tan abundantes en estos bosques (ardillas), y los omnívoros (mapaches, osos, jabalíes, diversas aves), aunque también hay herbívoros (ciervos, castores,..) y carnívoros (zorros, lobos, gatos monteses,..), estos últimos tradicionalmente muy castigados por el hombre. La hibernación no es tan frecuente como en la taiga, aunque algunas especies si hibernan durante los meses más fríos (osos) y muchos mamíferos presentan adaptaciones a la vida arbórea.
Bosque de Hayas meridionales (Nothofagus)
Termas de Chillán Chile. Foto. Juan José Ibáñez
En las regiones templadas existen otro tipo de bosques que no pertenecen al bioma de los bosques templados caducifolios. Cuando el clima sigue siendo templado y húmedo, pero más cálido, encontramos los bosques templados perennifolios, mucho más diversos que los caducifolios. Pueden estar formados, en los climas templados y frescos, por coníferas perennifolias como ocurre en los espectaculares bosques costeros del Pacífico norteamericano, o formando bosques mixtos de coníferas y planifolios perennes como las hayas o robles meridionales (Notophagus) como ocurre en el Sur de los Andes y en Nueva Zelanda, y que ya comentamos con la taiga. Otras veces, en climas templados más cálidos, predominan los árboles de hoja ancha perennifolios, como ocurre con los bosques de magnolios (Magnolia) del sudeste de Estados Unidos, los bosques del sur de Japón y Sudeste de China, la laurisilva macaronésica o los bosques de eucaliptos (Eucaliptus) australianos. Aunque estos últimos bosques perennifolios de hoja ancha o laurisilvas son incluidos por algunos autores en los bosques templados, desde el punto de vista climático se consideran más de clima subtropical que templado.
J. P. Zaballos