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sábado, 11 de octubre de 2008

Los suelos almacenan en su seno trescientas veces más carbono orgánico que el que se emite anualmente a la atmósfera por las emisiones antropogénicas. Se trata de la única frase que os puedo ofrecer de interés de la noticia científica que vamos a analizar hoy. El resto……… ya me diréis vosotros

 

 

 

Algunos investigadores sostienen que la ingestión

de ácidos fúlvicos por el ser humano es beneficioso

para la salud (de hecho los ingerimos desde siempre

cotidianamente). Fuente: Holistic health care for people

& aninmals

 

La irracionalidad de la racionalidad Científica ofrece una imagen de la ciencia actual bastante desoladora. Y el ejemplo con el que lo vamos a ilustrar hoy es palmario. Ya hemos venido hablando en numerosos post incluidos en nuestra carpeta “Biomasa y Necromasa de los Suelos” que la comunidad científica subestimaba el contenido de carbono en los suelos. Que era irracional seguir por ese camino. Os comentamos que había estudios que avalaban que estimar el carbono de los 20 o 40 cm superficiales de los suelos significaba al menos ofrecer cifras inferiores a las reales que oscilaban entre un 30-50% de la cantidad real. Jamás puede llevar a cabo un proyecto que diera cuenta de tan craso error debido a que la mayor parte de la comunidad científica consideraba que los muestreos superficiales daban buena cuenta de la capacidad de almacenaje de carbono por los suelos, ya que por debajo de las profundidades mentadas su cantidad era considerada despreciable. También os mostramos las cifras obtenidas por otros autores, basados en premisas teóricas más plausibles, que ponía en evidencia el grave error que se estaba cometiendo. Hace pocos meses, los autores del estudio del que da cuenta la noticia que abajo ofrecemos de Sciencedaily y que lleva por título: “Soils Contain Huge Amounts Of Ancient Carbon When Does This Carbon Enter The Atmosphere?” vuelven a redescubrir la dinamita, como también acaba de ocurrir con los suelos de las zonas subsolares sobre permafrost (Criosoles) hace unas semanas. Eso sí se trata de otra manera de atacar paupérrimamente el problema que analizaremos más adelante.

 

¿Porque se ha llegado a este punto, cuando se disponía de información científica más que suficiente desde hace muchos años como para haber advertido que se estaban llevando a cabos malos inventarios dilapidando el dinero de los ciudadanos? La razón os la ofrecimos en el siguiente post, mientras que en este otro dábamos cuenta de otro ejemplo. Se trata de lo que llamamos tópicos impregnantes, es decir, asunciones que consideran que ciertas conjeturas científicas son realmente hechos corroborados, cuando no es así. A posteriori, alguien se percata de ello y da la voz de alarma. Seguidamente, comienzan los estudios pertinentes para corroborar o refutar la teoría cuestionada. Al demostrarse que es falsa, la comunidad científica cambia de “chip” y empieza una nueva etapa.

 

 

 

Mineralización y humificación del carbono orgánico en los suelos.

 

Sin embargo, la presión ejercida por el dogma central de la sociología de la ciencia contemporánea: “publica o perece” comienza a causar estragos, induciendo a que muchos científicos crucen la línea que separa la buena conducta de la mala praxis científica.  ¿A que me refiero? Cuando comienza a reconocerse que un hecho concreto no era una verdad científica, sino un tópico impregnante,  algunos colegas marean a perdiz para hacer creer a los demás que ellos son unos de los precursores de tal hallazgo, cuando no es así. Pero existen rastros que les delatan fácilmente detectables.

 

 

 

Figure 8.1.2. The carbon cycle: quantities and reservoirs. (units: 109 metric tonnes)

 (after Bolin, 1970).

 

·         Ellos mismos abordaban los estudios partiendo del contenido del tópico impregnante.

·         Soslayaron durante años la bibliografía que daba cuenta del problema.

·         Previamente, en foros públicos, escucharon hablar del tema, llegando incluso a ironizar sobre él o burlarse de sus proponentes.

·         En sus trabajos se soslaya gran parte de los descubrimientos precedentes, así como de procesos naturales, que de haber sido contemplados debidamente en sus publicaciones, disminuirían alarmantemente la imagen de novedad de la contribución en la que claman su excelencia. 

 

Pero comencemos por exponeros la noticia en suahili, para analizarla después debidamente.

 

Soils Contain Huge Amounts Of Ancient Carbon When Does This Carbon Enter The Atmosphere?

 

ScienceDaily (May 15, 2008)Knowing that soils are a potential climate change time-bomb is nothing new — but now, for the first time, a group of international scientists have found a way to distinguish just how much of these ancient carbon stores are being lost to the atmosphere as CO2. This means that in the future they may be able to accurately forecast how loss of soil carbon will impact on climate change.

 

Project leader Professor Pete Millard of Aberdeen’s Macaulay Institute explains: “Globally, soils contain over 300 times the amount of carbon released each year due to the burning of fossil fuels, and this carbon has until now, been safely locked up below ground.

 

As the planet is warming up, this carbon is being released from the soil into the atmosphere as carbon dioxide, but there are in fact two types of carbon —‘new’ carbon, which has recently entered the soil through vegetation, and ‘old’ carbon, which has been locked up in the soil for years.

 

“It is the amount of this old carbon being lost as CO2 that has the biggest climate change effect,” he added, “as it signifies the soil changing from being a carbon-store to a source of carbon — a carbon-emitter.”

 

Measuring the loss of carbon from soils is relatively straightforward, but determining how much is from this old carbon has up to now proved very difficult. Now this joint project between the Macaulay Institute, Aberdeen and Landcare Research, New Zealand, has developed a method to measure the release of old carbon from soils.

 

Their approach is based upon the measurement of very small differences in the amount of an isotope, carbon-13, which is naturally present in all carbon dioxide, including that released by soils into the atmosphere.

 

"We are excited because it's very relevant at the moment. We need to predict how the climate is going to change and of course that's related to the atmosphere, the vegetation and the soil," said Professor Millard.

 

Funded by the Scottish government and the Royal Society of New Zealand Marsden fund, the researchers have been working on this for three years, and now for the first time, they have been able to differentiate how much old, historical carbon is being released from soils.

 

"The implications of knowing this are very important and it will enable us to determine for the first time what the consequences of changes in land use might be for climate change," said Professor Millard. "As more CO2 is released from the soil, the temperature is going to increase further — it could almost be a runway reaction.”

 

Also working on the project are David Whitehead, John Hunt and Margaret Barbour from Landcare Research, NZ.


Adapted from materials provided by Macaulay Institute, via AlphaGalileo.

 

En primer la primera frase, comentan que con su “hallazgo” se podrá estimar mejor el carbono contenido en los suelos. Parecen olvidarse del hecho trivial conocido por cualquier estudiante de edafología que debemos discernir entre el reservorio de carbono orgánico e inorgánico, por lo que en ningún caso su propuesta puede ser tomada en serio. En el mejor de ellos, habría que parafrasearla al estilo de “se puede medir mejor”. Ahora bien, no tienen en cuenta la profundidad de muestreo, sino otro aspecto del que también hemos hablado: el tiempo de residencia del carbono secuestrado por los suelos. Por lo tanto, “tampoco” cuantifican mejor, como pretenden hacernos creer. Sin embargo, se atreven a criticar que con anterioridad a su hallazgo se hacía todo mal. ¡Olé toreros!, Lo que ocurre es que cuando un tópico impregnante es derribado, la comunidad científica critica no una vez, sino cientos, lo que con anterioridad defendía con toda la naturalidad del mundo. Pero pasemos a “deconstruir” su “impresionante hallazgo”.

 

En el tercer párrafo nos informan, como si de una gran novedad se tratara, que en el suelo existen dos tipos de carbono “orgánico”, uno nuevo y uno viejo (como en sus armarios, ropa antigua y comprada en la temporada). El primero consistiría en el que deposita en el sistema edáfico toda la biota (no solamente vegetación, como asumen falazmente estos investigadores) en el último o últimos años. Por el contrario, el viejo es el que fue retenido en tiempos históricos. Habría que recordarles que de hecho existen muchos tipos de carbono distinto, y que su composición determina su labilidad-resistencia a ser descompuesto en los horizontes superficiales del suelo.

 

Saltándome otra serie de comentarios vacuos, los autores nos “(des)informan” que han desarrollado “por primera vez” un método para estimar el carbono viejo que se emite a la atmósfera por el calentamiento climático o un mal uso del suelo.  ¿Verdad o mentira?.   En el mejor de los casos una verdad a medias, que en ciencia es tan peligroso como una falacia. Los bioquímicos del suelo fraccionan el contenido de humus del suelo en grupos como: materia orgánica libre, humina heredada, humina extraíble, humina residual, ácidos húmicos, ácidos fúlvicos, etc. etc. (supongo que la terminología se habrá renovado durante los últimos años) Pues bien hace ya unas dos décadas (si no recuerdo mal) que se calculó en varios estudios científicos la edad media de cada una de las fracciones mediante radioisótopos del carbono, mostrándose que variaba considerablemente según el tipo considerado. Por ejemplo, la materia orgánica libre era de promedio muy reciente, la residual (unida muy estrechamente a las arcillas) mucho más antigua, etc. etc. Entonces, ¿que atisbos de novedad aportan sus investigaciones? Sencillamente, parece que han desarrollado un nuevo método para estimar y discernir “lo antiguo” de lo “nuevo”, apelando al auxilio del isótopo C-13. Punto y pelota. ¿Qué puede ser un paso adelante?, ya veremos, por cuanto la nota de prensa no hace referencia a muchos aspectos que hay que valorar antes de saber si su propuesta analítica mejora lo que ya se sabe con las existentes, o es más sencilla de utilizar, o se puede aplicar en campo etc. etc. Resumiendo, que eso es todo. El resto del texto, es confuso, confundente, incurriendo en deslices que convierten a sus aseveraciones en falsedades. Nada nuevo bajo el sol. Pero el tema estriba en que no se salen del tópico impregnante, al cual denuncian. No nos dicen nada de la profundidad a la que muestrean, ni tienen en cuenta el carbono inorgánico de los suelos y otras cuestiones “imprescindibles” con vistas a acercarnos a ofrecer a la ciencia y la sociedad una perspectiva más correcta del potencial de los suelos para almacenar carbono. Todo ello se me antoja más que lamentable.

 

Juan José Ibáñez.      

12:22 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

 

Cuando se hablaba de la revolución verde de los años sesenta, siempre se comentó que el gran incremento que generó en las producciones agrarias, favoreciendo el desarrollo de muchos países y paliando parte del hambre en el mundo. ¡No lo discuto! Las consecuencias de aquél modelo de desarrollo las sufrimos hoy en forma de una pandémica contaminación y degradación de suelos y aguas, enfermedades causadas por los agroquímicos etc.  Por estas razones, a uno de sus impulsores se le otorgó el Premio Nóbel. Sin embargo, cada vez se descubren más prácticas tradicionales que ofrecen mejores prestaciones que la agricultura industrial. Entendamos que las ventajas a las que aludimos no siempre se estiman en ganancias monetarias a corto plazo, que es lo que suele apreciarse en la economía capitalista, y más aun hoy bajo los criterios de la “bobalización económica”. Y ya estamos sufriendo las consecuencias esta última forma que de proceder: “una crisis mundial alimentaria y crediticia” que afecta ya no solo a la población de los países más pobres sino al 99.99% de los habitantes del planeta. Los economistas hablan de la importancia de la diversificación de las inversiones con vistas a que el inversor corra menos riesgos. Sorprende que no se promueva el mismo patrón en la agricultura mundial (pero a escala regional: piensa en lo global y actúa en lo local). Antaño, los policultivos cumplían tal función. Empero la agricultura industrial promovió el monocultivo, siempre mucho más arriesgado para las poblaciones rurales que las antiguas prácticas diversificantes.  Y es que bajo la óptica capitalista la producción prima sobre cualquier otro aspecto agrario. Mal asunto. Usted planta un monocultivo, surge una peste y todo se va al carajo. El policultivo tiene muchas ventajas, produces menos, pero alcanzas una mayor estabilidad de los insumos familiares, y en el peor de los casos garantiza una economía de subsistencia casi autárquica, independizándolas en parte de las veleidades del mercado. Se logra así una sostenibilidad de los recursos que emplean (suelos, agua, aire). Hoy analizaremos dos meros ejemplos, en los que científicos, tras analizar las prácticas tradicionales agropecuarias tradiciones frente a las industriales detectan que las primeras son mucho mejores que las segundas.    

  

 

La frondosidad y biodiversidad de los cafetales

bajo un sistema agroforestal. Fuente: Google Images


 

 

Cafetales tradicionales agroforestales frente a los industriales

El primer ejemplo proviene de los sistemas cafetaleros tradicionales de Latinoamérica frente a los que se propician en la actualidad. No soy experto en el tema, por lo que me remito al contenido de la noticia. Eso si, sobre impacto de los sistemas agroforestales sobre el suelo y el ambiente en general sí se un poco más. Al parecer, el cultivo tradicional del café en Latinoamérica se realizó bajo la sombra de una canopia forestal más o menos diversa en especies. Sin embargo, esta comenzó a ser reemplazada por el monocultivo en aras de extraer mayor rendimiento. Pues bien, las investigaciones sobre el tema, de las que abajo reproduzco en la primera nota de prensa del boletín Terradaily, nos informa que las prácticas tradicionales mejoraban la resiliencia de los agroecosistemas cafetaleros frente a las fluctuaciones del clima (ahora ya siempre se habla de cambio climático, aunque sus beneficios son muy amplios y trascienden a este problema). De hecho, nos hablan también de su mayor resistencia a las sequías, tormentas, etc. Del mismo modo, los autores del estudio señalan que requieren menos abonado, pesticidas, herbicidas, etc. En consecuencia se propicia, tanto una disminución de la contaminación de suelos y aguas, como también un menor gasto pecuniario anual para sacar adelante la cosecha.  Del mismo modo, los cafetales agroforestales mantienen una gran biodiversidad, entre la que desde el punto de vista agronómico debería destacarse la supervivencia de enemigos y antagonistas naturales de las posibles plagas e infecciones (un agroecosistema mejor dotado en términos eco-inmunológicos). La noticia nos recuerda que una buena parte de los cafetales latinoamericanos no son sometidos a irrigación, por lo que una mayor resistencia a la sequía y olas de calor resulta ser un gran beneficio a largo plazo. Los bosques siempre han tamponado las fluctuaciones meteorológicas, allí y en cualquier parte.

 

Otra ventaja nada despreciable deriva de que la arboleda actúa como cortavientos, a la par que reduce tanto la evaporación del agua desde el suelo, como la transpiración de las plantas, por lo que son más eficientes en el consumo de agua. Más aun, ayudan a frenar la erosión en laderas pendientes. Ninguna de estas ventajas las atesora los nuevos modelos de producción. Realmente podríamos resumir las ventajas de los modelos industriales no agroforestales, parafraseando el refrán: “un poco más de beneficios económicos hoy, pero hambre asegurada para mañana”.  El estudio parece que se llevó a cabo en el sur de México.

 

 

Cafetal agroforestal Fuente:

Braz. J. Plant Physiol. vol.19 no.4 Londrina Oct./Dec. 2007

 

No hacía falta ser un genio para llegar a tales consideraciones. Ya os hablaré en su momento de las ventajas de los sistemas agroforestales adehesados en España, aunque ya os hice una breve introducción a los mismos en este post. En Francia e Inglaterra tenían otros modelos (adaptados a los ambientes templados y no a los mediterráneos) denominados Bocages en el primer país y hedgerow en el último. Los bocages eran sistemas agrosilvopastorales más sofisticados y de sumo interés, por cuanto su estructura como la de las dehesas puede exportarse a otros países. Pues bien, ambos casi perecen por la misma razón: en aras a obtener una mayor producción se cortaron árboles y matorrales que cercaban los campos. Tal hecho fue una práctica común en los años sesenta (recordemos la ya aludida “revolución verde”) de la que hablamos al principio de este post. Bastó un decenio para que al menos los franceses dieran marcha atrás, al darse cuenta de las ventajas de mantener la foresta. En el Reino Unido aun se lamentan de aquel destrozo ambiental que llevó aparejada una enorme pérdida de productividad, mayores gastos en la producción y unos suelos contaminados de plaguicidas y polucionados por el nitrógeno y el fósforo.      

 

Cultivo tradicional del algodón frente a los modernos sistemas agroindustriales.

La segunda noticia que exponemos (aparecida en Sciencedaily) deriva de estudios llevados acabo en EE.UU. acerca de las ventajas de los sistemas tradicionales de producir algodón frente a los que se usan hoy en día. En esta ocasión seré un poco más breve, ya que el contenido es más tendencioso.

 

 

Cultivo de algodón. Fuente: Rolling Hills

 

Se trata de un sistema de agricultura sostenible que ideó un agrónomo hace 110 años en Alabama y cuyo experimento aun se mantiene en pié. Edafólogos de la USDA han estudiado si era sostenible, comprobando que las calidades del suelo no se han deteriorado. Se trataba de un cultivo de algodón no irrigado con cobertera invernal de leguminosas. Bajo este sistema, se requiere mucho menos nitrógeno (quizás ninguno) para su fertilización, mientras que el suelo se enriquece en materia orgánica, dando lugar a una mayor  producción agraria que sin estas prácticas. Actualmente la agroindustria ha incluido variedades transgénicas, laboreo mínimo, e irrigación. Obviamente la producción actual es superior. Ahora bien, el agroecosistema consume mayores recursos hídricos y queda por mostrar si es sustentable.  

 

No lo dudéis el policultivo y al mejoramiento natural de las propiedades del suelo da lugar a una agricultura más sustentable y “estable” y ambientalmente amigable que la industrial. El tiempo dará y quitaré razones. Producir más no es la mejor solución si acarrea riesgos serios e innecesarios.  Y os dejo con las noticias en suahili, claro está.

 

Juan José Ibáñez

 

Green Coffee-Growing Practices Buffer Climate-Change Impacts

by Staff Writers; Ann Arbor MI (SPX) Oct 02, 2008


Chalk up another environmental benefit for shade-grown Latin American coffee: University of Michigan researchers say the technique will provide a buffer against the ravages of climate change in the coming decades. Over the last three decades, many Latin American coffee farmers have abandoned traditional shade-growing techniques, in which the plants are grown beneath a diverse canopy of trees. In an effort to increase production, much of the acreage has been converted to "sun coffee," which involves thinning or removing the canopy.

 

Shade-grown farms boost biodiversity by providing a haven for birds and other animals. They also require far less synthetic fertilizer, pesticides and herbicides than sun-coffee plantations. In the October edition of the journal BioScience, three U-M researchers say shade-growing also shields coffee plants during extreme weather events, such as droughts and severe storms. Climate models predict that extreme weather events will become increasingly common in the coming decades, as the levels of heat-trapping carbon dioxide gas continue to mount.

 

The U-M scientists warn Latin American farmers of the risks tied to "coffee-intensification programs"---a package of technologies that includes the thinning of canopies and the use of high-yield coffee strains that grow best in direct sunlight---and urge them to consider the greener alternative: shade-grown coffee. "This is a warning against the continuation of this trend toward more intensive systems," said Ivette Perfecto of the U-M School of Natural Resources and Environment, one of the authors. "Shaded coffee is ideal because it will buffer the system from climate change while protecting biodiversity."

 

Perfecto has studied biodiversity in Latin American coffee plantations for 20 years. The lead author of the BioScience paper is Brenda Lin, whose 2006 U-M doctoral dissertation examined microclimate variability under different shade conditions at Mexican coffee plantations. Lin is currently a Science and Technology Policy Fellow with the American Association for the Advancement of Science in Washington, D.C. The other author of the BioScience paper is John Vandermeer of the U-M Department of Ecology and Evolutionary Biology. The livelihoods of more than 100 million people worldwide are tied to coffee production. In Latin America, most coffee farms lack irrigation---relying solely on rainwater---which makes them especially vulnerable to drought and heat waves.

 

Shade trees help dampen the effects of drought and heat waves by maintaining a cool, moist microclimate beneath the canopy. The optimal temperature range for growing common Arabica coffee is 64 to 70 degrees Fahrenheit. Shade trees also act as windbreaks during storms and help reduce runoff and erosion.

 

Lin's work in southern Mexico showed that shady farms have greater water availability than sunny farms, due in part to lower evaporation rates from the coffee plants and soils. More shade also reduced peak temperatures between 10 a.m. and 2 p.m., when southern Mexican coffee plants experience the greatest heat stress.

 

"These two trends---increasing agricultural intensification and the trend toward more frequent extreme-weather events---will work in concert to increase farmer vulnerability," Lin said. "We should take advantage of the services the ecosystems naturally provide, and use them to protect farmers' livelihoods."

 


 Experiment Demonstrates 110 Years Of Sustainable Agriculture

ScienceDaily (Oct. 1, 2008) — A plot of land on the campus of Auburn University shows that 110 years of sustainable farming practices can produce similar cotton crops to those using other methods.  

 

In 1896, Professor J.F. Duggar at the Agricultural and Mechanical College of Alabama (now Auburn University) started an experiment to test his theories that sustainable cotton production was possible on Alabama soils if growers would use crop rotation and include winter legumes (clovers and/or vetch) to protect the soil from winter erosion

 

Today, his experiment on the campus of Auburn University is the oldest, continuous cotton experiment in the world and the third oldest field crop experiment in the United States on the same site. The experiment, known as “the Old Rotation,” has continued with only slight modifications in treatments and was placed on the National Register of Historical Places in 1988. Researchers at Auburn University and at USDA-Soil Dynamics Laboratory in Auburn, AL, have prepared the first ever comprehensive research publication covering the entire 110-yr history of this experimentIt was published in the September-October issue of Agronomy Journal, and provides insight into issues both past and present that effect sustainable crop production in the South. 

 

The thirteen plots in the Old Rotation include (i) continuous cotton, (ii) a 2-yr rotation of cotton with corn, and (iii) a 3-year rotation of cotton-corn-wheat-soybean.  These crop rotations include treatments with and without winter legumes (usually crimson clover and/or vetch) and with and without fertilizer nitrogen.

 

After more than 110 years, the Old Rotation continues to document the long-term effects of crop rotation and winter legumes on cotton production in the Deep South.  It provides growers, students, and faculty with a living demonstration of fundamental agronomic practices that result in sustainable crop production.  Long-term yields indicate that winter legumes are as effective as nitrogen fertilizer in producing non-irrigated, 10-yr average cotton yields of 1,100 pounds lint per acre. Winter legumes and crop rotations contribute to increased soil organic matter.  Higher soil organic matter results in higher crop yields

 

In 1997, the Old Rotation entered a new era of agricultural production where boll weevil eradication, genetically modified crops, and conservation tillage almost eliminated the need for the plow and pesticidesIn 2003, irrigation was added to half of each plot.  Yields of cotton, corn, wheat and soybean continue to increase far beyond the yields of Professor Duggar’s generation.  Since initiating conservation tillage practices in 1997, all-time, non-irrigated record yields have been made on all the crops grown on the Old Rotation:  1,710 pounds cotton lint per acre in 2006, 95 bushels wheat per acre in 2001, 236 bushels corn per acre in 1999, and 67 bushels of double-cropped soybean per acre in 1997 after wheat.

8:57 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)