Dedicado a Enrique Barahona y Gonzalo Almendros
Talento y talante, no Competitividad
Siempre que leo u oigo hablar acerca de la competitividad en la ciencia siento cierto malestar. Como en otras muchas actividades humanas, unas ciertas dosis de vanidad y competitividad pueden tener efectos benéficos. Sin embargo, cuando se llevan al extremo resultan ser perjudiciales para todo el colectivo. Más aún, muchos colegas terminan por pagar la codicia de otros. Como ya os he comentado en alguna ocasión tanto énfasis en la cacareada competitividad comienza a ofrecernos resultados poco gratos, es decir, moral y éticamente reprochables. El aumento del fraude científico durante los últimos años resulta ser tan solo la punta del iceberg. Durante más de 15 años he representado a España en foros internacionales. Durante los últimos años he podido comprobar como personas de prestigio contrastado y frecuentemente generosas, eran reemplazadas paulatinamente por “yupies” traperos, mezquinos y perversos. ¿Pero son mejores científicos que aquellos a los que sustituyen? ¡Pues va a ser que no!. Luego continuaremos con el tema. Hace muy pocos días un amigo me informó del triste fallecimiento de Enrique Barahona, Profesor de Investigación de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC-Granada). En mi opinión, Enrique era el mayor talento y la persona más bondadosa que he tenido el gusto de conocer en la comunidad de científicos españoles. Sin embargo, él también, en los últimos años de su carrera, ha tenido que soportar la estulticia de algunos de esos mal llamados científicos de excelencia, es decir, la mayor parte de los cuales corresponden a esos “yupies” a los que antes me refería. También a nuestro alrededor merodean desagradecidos, y eso duele mucho más aun. No me gusta nada escribir necrológicas, y menos todavía si son lacrimógenas. Él era amigo mío. Yo le adoraba. Como a otras varias personas talentosas y generosas que conozco, tuvo que soportar (eso si con estoicismo y buen humor) ataques para los que no encuentro calificativos. Sin embargo Enrique era incapaz de hablar mal de nadie (cosa que a él le honra y a mi me ruboriza cuando me planto delante del espejo). Estoy completamente seguro de que me reprocharía si os narro lo que a mi personalmente me gustaría que conocierais, con pelos y señales. Por lo tanto, dedico este post a su persona, aprovechándolo también para hablar de otro científico de perfil parecido que atraviesa unos malos momentos de salud, aunque afortunadamente está vivito y coleando, por muchos años espero. Se trata del profesor de investigación del CCMA de Madrid, Gonzalo Almendros. Ambos atesoraban muchas virtudes comunes, muy caras hoy en día.


Enrique Barahona: Fuente. Carlos Doronsoro
Y Logo de la Estación Experimental del Zaidín
Pues a lo que íbamos: lo que puedo decir que le ocurrió a Enrique, le ha pasado a otros muchos investigadores de gran valía. Una de las ya fallecidas, me narraba en el lecho de muerte que el ambiente con los compañeros y su institución eran la causa de su cáncer. Sin embargo, algunos tenemos menos inteligencia que Enrique o Gonzalo y somos algo más egoístas. Puedo entender que los arribistas sin escrúpulos nos involucren en sus refriegas. Lo que no alcanzo a vislumbrar es como se atreven a hacerlo con científicos de la bondad de Enrique.
Barahona era de esos investigadores que lo dan todo por la ciencia y por los demás. Gonzalo es otro caso parecido. Ambos se pasaban una buena parte del tiempo solucionando problemas que les planteaban otros, ayudando a su insitituto e institución, sacando de escollo a torpes como yo en apuros. Pero además producían papers magníficos y, como en el caso de Gonzalo en abundancia (alrededor de 200 o más por mis poco más de 30). Barahona era menos productivo, pero la calidad no se puede confundir con la cantidad. Leer sus artículos era una delicia.
Talento y Talante más que Competitividad
¡Enrique!, ¿me puedes ayudar? Sonreía afablemente, con ternura y se sentaba en su despacho a escucharte, sin atisbo de urgencias. Cuando podía te resolvía el problema inmediatamente. Sin embargo si era arduo y difícil, pero interesante lo hacía suyo (en el mejor sentido del término) y no descansaba en su análisis hasta dar con una solución satisfactoria. Y eso e veces le requería tener que aprender nuevas técnicas, leer estudios de otros campos, y todo lo que os podáis imaginar. Me han contado, que algunos de los interesantes métodos analíticos que desarrolló comenzaron así. Desde simuladores de lluvia, al laboratorio, pasando por modelos de simulación numérica, geostadística, sistemas de información geográfica, y todo partiendo de una soberbia y dilatada experiencia como científico de campo. No había tema que se le resistiera. Pero también era un visionario, como se dice ahora. Así por ejemplo, ya a principios de los noventa, cuando nadie hablaba del tema, nos invito a unos cuantos compañeros del CCMA para explicarnos que los procesos de alteración de las rocas y la acumulación de carbonatos en medios áridas podían “probablemente secuestrar considerables cantidades de carbono de la atmósfera. Y así le conocí……. Pidiendo un proyecto a la Fundación Ramón Areces, veinte años antes que los norteamericanos comenzaran a percatarse de la importancia del tema. ¿Qué si nos financiaron el proyecto? ¿Vosotros que creéis? ¿Quién en este país podía juzgar es tipo de ideas hace 20 años? Eso si, con el tiempo, poco a poco lo demostró en una publicación de alto impacto. Y ese era mi “Tito Barahona”. ¿Competitivo, en absoluto? Talento y talante, ganas de cooperar, y un corazón tan grande que finalmente le procuró problemas cuando las víboras comenzaron a acosarle. Jamás presumía de nada

Enrique Barahona y compañeros de EEZ (CSIC-Granada)
Fuente: personal del Zaidín
Por su parte, Gonzalo Almendros, aunque con una personalidad distinta y muy centrado en la ciencia experimental, atesora el mismo comportamiento generoso que Barahona y un gran talento. Durante gran parte de la jornada laboral se dedica a intentar salvar la edafología en un centro cuya dirección se ha esmerado en dinamitarla. De hecho, a penas aparece ya entre los objetivos de su centro (CCMA), cuando durante bastante tiempo fue el Instituto Nacional de Edafología. Personalmente me fui de aquel instituto del CSIC indignado por tal motivo. Al mismo tiempo, colabora con los escasos miembros que allí quedan, ayudándoles en sus investigaciones e intentando ayudar para que sus “papers” sean aceptados en Revistas de impacto ISI (tiene una gran experiencia para ello). ¿Y cuando investiga? Sencillamente cuando sus compañeros se van a casa. Entonces él comienza a trabajar en los temas que le interesan personalmente. Es la regla pasar por delante del CCMA a las dos o tres de la madrugada y observar todos los ventanales oscuros, excepto los de su despacho y laboratorios. Simplemente descansa un par o tres de horitas y a currar de nuevo.

Gonzalo Almendros recogiendo un galardón
de la Asociación Española de Científicos
La humildad de Gonzalo también está a prueba de bombas. Tan solo una anécdota para mostrarlo. En abril de este año (2008), descubrimos que la Asociación Española de Científicos le había otorgado un galardón a su trayectoria investigadora. Lo encontramos en Internet (calladito se lo tenía), y aquí podéis encontrarlo bajo el título de la noticia: “Gonzalo Almendros Martín o la Bioquímica del Suelo”, en el que además se describe parte de su carrera investigadora. Cuando era estudiante predoctoral, colaboramos juntos en varias publicaciones. Al enterarme de su galardón le escribí un “e-milio” para anunciarle que iba a redactar un post sobre él. Inmediatamente respondió enviándome las cartas de los mejores restaurantes de Madrid ¿Razón? Pagar mi silencio a cualquier precio. Jajajaja. Lo siento Gonzalo sabes que no me vendo. Cualquier “científico de excelencia” en boga (seguro quela mayor parte de los que se consideran a si mismo que son tales en el CCMA, salvo algunas destacadas excepciones) lo hubiera enviado inmediatamente a Gabinetes de Prensa para que su foto apareciera en todos los medios de prensa posibles. El deseaba todo lo contrario.
Pero no todos los investigadores que publican muchos ISI papers son premiados debidamente por el sistema. A demás uno tiene que ser servicial (más bien diría pelota), a la par que pertenecer a una escuela invisible o lobby, ya que si no…….. El caso de Gonzalo fue flagrante. Tardó años en ascender a profesor de investigación a pesar de haber generado un CV que se salía del ranking, cuando se comparaba con el del resto de los mortales. En una ocasión, un colega que formó parte e uno de aquellos tribunales me comentó más o menos lo siguiente: “Siempre pasa lo mismo con Gonzalo, varios miembros del tribunal dicen que una persona sola, con su presupuesto no puede publicar tanto; que algo raro hay”. ¿Pero serán golfos? Es decir, si no formas parte del “consorcio”, eres una mosca cojonera y sospechosa. Así son muchos de nuestros llamados científicos de excelencia.

Enrique Barahona en un atardecer hace años
Fuente: personal del Zaidín (EEZ-CSIC-Granada)
Fijaros lo que son dos científicos con talento y talante. Rehuyen como pueden de los cargos de gestión, distinciones y publicitar los resultados de sus investigaciones (ya les citarán o no otros colegas y el tiempo dictará sentencia), dedican horas a colaborar con sus compañeros, siempre están dispuestos a escuchar y ayudar y son humildes de remate. Es decir todo lo contrario que lo que fomenta actualmente nuestro detestable de I+D+i: competitividad y agresividad a cualquier precio. Parece que vale todo. En esta cultura de la rapiña medran unos y se educa a nuestros jóvenes investigadores. Y si no lean el siguiente correo electrónico que me envió un lector de esta bitácora a cerca de algunos de sus jóvenes compañeros. Obviamente he censurado el contenido para que no pueda ser identificado, ya que en este país de libertades, quien discrepa la paga.
Estimado Juanjo,
Gracias por publicar el post del cuento celestial del IF (factor de impacto). Espero que tu bitácora, la más leída creo, sirva para difundir algo la crítica al sacrosanto índice, santo grial de las medianías que nos gobiernan a base del jodido numerito.
Efectivamente, soy biólgo molecular y trabajo en (….), un centro de muuuuuchísima excelencia cual cumple a su impulsor (…), nadie menos que (investigador del ramo, de incontestable prestigio internacional, que aparece casi todos los días en los medios de comunicación) (…). Lo que critica el cuento que has tenido la gentileza de publicar es el pan nuestro de cada día en este centro donde trabajo. No diré más que hay pelotas de este sacrosanto investigador, de los que mueven el rabo en su presencia, todos excelentes, que te saludan o no por el pasillo dependiendo de tu IF; no te exagero porque me ha pasado con uno de ellos que conocí cuando él era becario doctoral, no hace tanto, y que después de una postdoc fulgurante enamoró a esta figura de la ciencia patria, tanto que le dio laboratorio y ahora es su mano derecha. Pues bien, este “elemento” dejó de saludarnos a una serie de compañeros con los que siempre había tenido trato según empezó a tener humos e impacto. Esa es la clase de gente que tengo mayoritariamente a mi alrededor, por lo que la difusión de información como el cuento me interesa de manera muy principal.
Muchas gracias de nuevo. Un abrazo.
Pepito Grillo.
Cuando iba a la EEZ, era frecuente que me pasara horas hablando con el “Tito Barahona” (el mote es mío, y se debe a lo entrañable que me resultada su persona). A menudo salíamos del trabajo por la tarde en unión de José Luis González Rebollar y Rafael Bellver. Inmediatamente comenzaban a espetar chistes con una gran seriedad; muy solemnes. Y así seguían hasta que no podíamos parar de reír. Tiempos que no volverán, aunque sigan vivos en mi memoria. Duele saber la cierta tristeza tanto Enrique como Gonzalo (y otros muchos pero que no atesoramos sus cualidades), que han pasado en los últimos años, por el mero hecho de ser humildes, tener talento, corazón y no casarse con nadie. Se trata de una clase de científicos que el sistema tiende a vilipendiar y soterrar bajo la alfombra, sobre la que pisan los arribistas y ególatras. Este es el panorama que se abre ante mis ojos. ¡Que Dios nos pille confesados!. Barahona no quiso colaborar conmigo. Pero por egoísta que pueda ser yo, a este tipo de “elementos” hay que perdonarles todo, ¿verdad? (jajaja).
Juan José Ibáñez
Nota de Agradecimiento: Deseo agradecer a German Tortosa de la Estación Experimental del Zaidín que pasara una circular interna al personal de su centro solicitando fotos de Enrique para ilustrar este post. Al día siguiente tenía la bandeja de entrada de mi correo electrónico inundada. Me sentí conmovido. Gracias a todos. No todos le querrían, pero si el 99%. No podía ser de otra forma. Gracias también, por supuesto, a nuestro amigo Carlos Dorronsoro de la Universidad de Granada. Gonzalo, No te enfades conmigo ¿Vale?.