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sábado, 20 de septiembre de 2008

El Buró Europeo de Suelos abrió hace unos meses una página dentro de su portal con vistas a explicar al ciudadano el valor de la biodiversidad de los organismos del suelo. En ella aparece un ejemplo de la inmensidad de individuos y variedad de organismos que se encuentran en el puñado de suelo que se puede recoger en un pasto de clima templado con una sola mano. Digamos que la fuente la encontraréis en enlace de arriba, ahora bien aparece un tal JJIM, que casualmente coinciden con mis iniciales. En 2004 impartí unas clases sobre biodiversidad del suelo allí en una escuela de verano, pero no recuerdo ese gráfico (probablemente lo modificaran de datos que presenté allí). Pero pudiera ser de mi contribución para el Atlas de Suelos de Europa (a saber). Sea como sea, nos sirve para que los más jóvenes recapaciten que atesoran en sus manos cuando meten la zarpa en el suelo y arrancan un puñado de tierra (edafizada). Analizaremos también de paso algo de las cadenas tróficas del suelo y su vital papel en la estructura y dinámica de los ecosistemas. Finalmente, ofreceremos una cifra del valor económico que se ha calculado que la edafosfera tendría en este mundo globalizado. Los datos de la tabla corresponden a los de la figura.

 

 

 

Biodiversidad y biomasa que se encuentra en un

puñado de tierra que se puede recoger con una mano

Fuente: Buro Europeo de Suelos.

Ver datos en castellano en la tabla de abajo


 

Biodiversidad del suelo en un puñado de tierra (que cabe en una mano) de un pastizal de clima templado

 

 

Nº Individuos

Nº Especies

Metros

Bacterias

100 billones

10.000

 

Hongos

 

500

50 Kilómetros

Algas

desconocida

desconocida

 

Protozoos

100.000

100

 

Nematodos

10.000

50

 

Insectos

desconocida

desconocida

 

Arácnidos

5.000

50

 

Moluscos

desconocida

desconocida

 

Lombrices

desconocida

desconocida

 

Mamíferos

No procede

No procede

 

Biomasa radicular

 

10

500 metros

Faltarían por contabilizar otros taza como tardígrados, rotíferos, etc. etc.

 

Como podéis observar, en un puñadito de suelo tenéis billones de individuos y decenas de miles de especies. Más aun, aunque no lo parezca en vuestra mano existen 500 metros de pequeñas raíces y 50 kilómetros de hifas de hongos, muchas de las cuales son micorrizas que se adhieren al sistema radicular de las plantas simbióticamente con vistas a incrementar la  capacidad de las primeras para explorar el suelo en búsqueda de agua y nutrientes. ¿Se trata de un universo invisible o no? Impresionante. Y todo ello obedece a la extraordinaria capacidad de esponja que atesoran los materiales edafizados.

 

El Buro Europeo de Suelos también nos informa que, generalmente, la biomasa del suelo suele ser igual o superior a la aérea del ecosistema que se asienta sobre el (y del que forma parte), siendo su biodiversidad la supera en varios órdenes de magnitud.

 

Para ser un suelo bajo clima templado sorprende que no se contabilizara la biomasa, y número de individuos de lombrices. No queda claro, de cualquier modo, si se habla de estas o se incluye también otro tipo de gusanos como los enquitréidos. Claro está, que en un puñado caben pocas, si bien al menos la primera magnitud suele ser elevadísima cuando se estiman para una hectárea de terreno. Los vertebrados difícilmente caben en una mano, pero como en el caso de los lumbrícidos tienen bastante importancia si los datos se presentan por hectáreas. Sin embargo, también debemos matizar que el número de especies de bacterias (que deben incluir aquí a las arqueas, aunque no estoy seguro) resulta siempre ser un dato relativo a las diferencias genéticas encontradas.  El concepto de especie biológica no es se puede aplicar correctamente a los organismos procariotas, que intercambian intensa y  constantemente material genético entre organismos incluso bastante diferentes. También se echa en falta la cuantificación de los virus, y otros organismos típicamente edáficos como lo son rotíferos y tardígrados, entre otros. Es decir, la información presentada sigue siendo una subestimación, ya que tanto la biodiversidad y como biomasa reales deben ser necesariamente mayores.

 

Obviamente no todos los suelos muestran los mismos valores, ni en términos absolutos ni relativos. Sin embargo, los datos aquí presentados os pueden servir como un botón de muestra (ejemplo) del maravilloso universo invisible que tenemos bajo nuestros pies.

 

 

 

Cadena trófica simplificada de un suelo.

Fuente: Buro Europeo de Suelos

 

Nunca me ha parecido correcto valorar económicamente un recurso natural. Se trata de un patrimonio de la humanidad y no de una mera mercancía. Sin embargo, tales cálculos sirven para llamar la atención de la escasa importancia que la humanidad presta a un recurso sin el que no podría vivir, por lo que su pérdida o degradación siempre se encuentra injustificada. En cualquier caso, aun reconociendo tales limitaciones la frase que recojo abajo del Buro Europeo de Suelos nos informa que ya en 1997, el valor monetario de la edafosfera global alcanzaba la cifra de 13 trillones de dólares. Por lo tanto, en 2008, sería todavía mucho mayor. Una buena parte de esta cifra obedece a la importancia de su biota.     

 

The ecological value of soil biodiversity is increasingly appreciated as we understand more about its origins and consequences. The monetary value of ecosystem goods and services provided by soils and their associated terrestrial systems, an entirely human construct which assists putting their significance into an economic context, was estimated in 1997 to be thirteen trillion US dollars ($13 x 1012). The soil biota underwrites much of this value.

 

Como podéis observar, en la figura de arriba (foto original de una página Web de la FAO) se presenta una cadena trófica o red alimentaria simplificada del sistema edáfico. Resulta meridiano que en el suelo aparecen todos los grupos o eslabones de cualquier ecosistema. Hablando de redes ecológicas cabría incluir, productores primarios (raíces y algas), herbívoros, carnívoros, parásitos, simbiontes, comensales y lo que se os ocurra.  En cualquier caso es el birreactor de la biosfera por antonomasia, que recicla casi todos los nutrientes de los ecosistemas terrestres. Creo que estas cifras son lo suficientemente claras e importante para que entendáis que debéis cuidar el suelo, al menos tanto como los animales y plantas que observamos sobre él y que tanto solemos apreciar.

 

Juan José Ibáñez

14:52 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (3)

Dedicado a Enrique Barahona y Gonzalo Almendros

Talento y talante, no Competitividad

 

Siempre que leo u oigo hablar acerca de la competitividad en la ciencia siento cierto malestar. Como en otras muchas actividades humanas, unas ciertas dosis de vanidad y competitividad pueden tener efectos benéficos. Sin embargo, cuando se llevan al extremo resultan ser perjudiciales para todo el colectivo. Más aún, muchos colegas terminan por pagar la codicia de otros.  Como ya os he comentado en alguna ocasión tanto énfasis en la cacareada competitividad comienza a ofrecernos resultados poco gratos, es decir, moral y éticamente reprochables. El aumento del fraude científico durante los últimos años resulta ser tan solo la punta del iceberg. Durante más de 15 años he representado a España en foros internacionales. Durante los últimos años he podido comprobar como personas de prestigio contrastado y frecuentemente generosas, eran reemplazadas paulatinamente por “yupies” traperos, mezquinos y perversos. ¿Pero son mejores científicos que aquellos a los que sustituyen? ¡Pues va a ser que no!. Luego continuaremos con el tema. Hace muy pocos días un amigo me informó del triste fallecimiento de Enrique Barahona, Profesor de Investigación de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC-Granada).   En mi opinión, Enrique era el mayor talento y la persona más bondadosa que he tenido el gusto de conocer en la comunidad de científicos españoles. Sin embargo, él también, en los últimos años de su carrera, ha tenido que soportar la estulticia de algunos de esos mal llamados científicos de excelencia, es decir, la mayor parte de los cuales corresponden a esos “yupies” a los que antes me refería. También a nuestro alrededor merodean desagradecidos, y eso duele mucho más aun. No me gusta nada escribir necrológicas, y menos todavía si son lacrimógenas. Él era amigo mío. Yo le adoraba. Como a otras varias personas talentosas y generosas que conozco, tuvo que soportar (eso si con estoicismo y buen humor) ataques para los que no encuentro calificativos. Sin embargo Enrique era incapaz de hablar mal de nadie (cosa que a él le honra y a mi me ruboriza cuando me planto delante del espejo). Estoy completamente seguro de que me reprocharía si os narro lo que a mi personalmente me gustaría que conocierais, con pelos y señales.  Por lo tanto, dedico este post a su persona, aprovechándolo también para hablar de otro científico de perfil parecido que atraviesa unos malos momentos de salud, aunque afortunadamente está vivito y coleando, por muchos años espero. Se trata del profesor de investigación del CCMA de Madrid, Gonzalo Almendros.  Ambos atesoraban muchas virtudes comunes, muy caras hoy en día.  

 

 

 

Enrique Barahona: Fuente. Carlos Doronsoro

Y Logo de la Estación Experimental del Zaidín


 

Pues a lo que íbamos: lo que puedo decir que le ocurrió a Enrique, le ha pasado a otros muchos investigadores de gran valía. Una de las ya fallecidas, me narraba en el lecho de muerte que el ambiente con los compañeros y su institución eran la causa de su cáncer. Sin embargo, algunos tenemos menos inteligencia que Enrique o Gonzalo y somos algo más egoístas. Puedo entender que los arribistas sin escrúpulos nos involucren en sus refriegas. Lo que no alcanzo a vislumbrar es como se atreven a hacerlo con científicos de la bondad de Enrique.

 

Barahona era de esos investigadores que lo dan todo por la ciencia y por los demás. Gonzalo es otro caso parecido. Ambos se pasaban una buena parte del tiempo solucionando problemas que les planteaban otros, ayudando a su insitituto e institución, sacando de escollo a torpes como yo en apuros. Pero además producían papers magníficos y, como en el caso de Gonzalo en abundancia (alrededor de 200 o más por mis poco más de 30). Barahona era menos productivo, pero la calidad no se puede confundir con la cantidad. Leer sus artículos era una delicia.

 

Talento y Talante más que Competitividad

¡Enrique!, ¿me puedes ayudar? Sonreía afablemente, con ternura y se sentaba en su despacho a escucharte, sin atisbo de urgencias. Cuando podía te resolvía el problema inmediatamente. Sin embargo si era arduo y difícil, pero interesante lo hacía suyo (en el mejor sentido del término) y no descansaba en su análisis hasta dar con una solución satisfactoria. Y eso e veces le requería tener que aprender nuevas técnicas, leer estudios de otros campos, y todo lo que os podáis imaginar. Me han contado, que algunos de los interesantes métodos analíticos que desarrolló comenzaron así.  Desde simuladores de lluvia, al laboratorio, pasando por modelos de simulación numérica, geostadística, sistemas de información geográfica, y todo partiendo de una soberbia y dilatada experiencia como científico de campo. No había tema que se le resistiera.  Pero también era un visionario, como se dice ahora. Así por ejemplo, ya a principios de los noventa, cuando nadie hablaba del tema, nos invito a unos cuantos compañeros del CCMA para explicarnos que los procesos de alteración de las rocas y la acumulación de carbonatos en medios áridas podían “probablemente secuestrar considerables cantidades de carbono de la atmósfera. Y así le conocí……. Pidiendo un proyecto a la Fundación Ramón Areces, veinte años antes que los norteamericanos comenzaran a percatarse de la importancia del tema. ¿Qué si nos financiaron el proyecto? ¿Vosotros que creéis? ¿Quién en este país podía juzgar es  tipo de ideas hace 20 años? Eso si, con el tiempo, poco a poco lo demostró en una publicación de alto impacto. Y ese era mi “Tito Barahona”. ¿Competitivo, en absoluto? Talento y talante, ganas de cooperar, y un corazón tan grande que finalmente le procuró problemas cuando las víboras comenzaron a acosarle. Jamás presumía de nada

 

 

 

Enrique Barahona y compañeros de EEZ (CSIC-Granada)

Fuente: personal del Zaidín

 

Por su parte, Gonzalo Almendros, aunque con una personalidad distinta y muy centrado en la ciencia experimental, atesora el mismo comportamiento generoso que Barahona y un gran talento. Durante gran parte de la jornada laboral se dedica a intentar salvar la edafología en un centro cuya dirección se ha esmerado en dinamitarla. De hecho, a penas aparece ya entre los objetivos de su centro (CCMA), cuando durante bastante tiempo fue el Instituto Nacional de Edafología. Personalmente me fui de aquel instituto del CSIC indignado por tal motivo. Al mismo tiempo, colabora con los escasos miembros que allí quedan, ayudándoles en sus investigaciones e intentando ayudar para que sus “papers” sean aceptados en Revistas de impacto ISI (tiene una gran experiencia para ello). ¿Y cuando investiga? Sencillamente cuando sus compañeros se van a casa. Entonces él comienza a trabajar en los temas que le interesan personalmente. Es la regla pasar por delante del CCMA a las dos o tres de la madrugada y observar todos los ventanales oscuros, excepto los de su despacho y laboratorios. Simplemente descansa un par o tres de horitas y a currar de nuevo.

 

 

 

Gonzalo Almendros recogiendo un galardón

de la Asociación Española de Científicos

 

La humildad de Gonzalo también está a prueba de bombas. Tan solo una anécdota para mostrarlo. En abril de este año (2008), descubrimos que la Asociación Española de Científicos le había otorgado un galardón a su trayectoria investigadora. Lo encontramos en Internet (calladito se lo tenía), y aquí podéis encontrarlo bajo el título de la noticia: “Gonzalo Almendros Martín o la Bioquímica del Suelo”, en el que además se describe parte de su carrera investigadora. Cuando era estudiante predoctoral, colaboramos juntos en varias publicaciones. Al enterarme de su galardón le escribí un “e-milio”  para anunciarle que iba a redactar un post sobre él. Inmediatamente respondió enviándome las cartas de los mejores restaurantes de Madrid ¿Razón? Pagar mi silencio a cualquier precio. Jajajaja. Lo siento Gonzalo sabes que no me vendo. Cualquier “científico de excelencia” en boga (seguro quela mayor parte de los  que se consideran a si mismo que son tales en el CCMA, salvo algunas destacadas excepciones) lo hubiera enviado inmediatamente a Gabinetes de Prensa para que su foto apareciera en todos los medios de prensa posibles. El deseaba todo lo contrario.

 

Pero no todos los investigadores que publican muchos ISI papers son premiados debidamente por el sistema. A demás uno tiene que ser servicial (más bien diría pelota), a la par que pertenecer a una escuela invisible o lobby, ya que si no…….. El caso de Gonzalo fue flagrante. Tardó años en ascender a profesor de investigación a pesar de haber generado un CV que se salía del ranking, cuando se comparaba con el del resto de los mortales. En una ocasión, un colega que formó parte e uno de aquellos tribunales me comentó más o menos lo siguiente: “Siempre pasa lo mismo con Gonzalo, varios miembros del tribunal dicen que una persona sola, con su presupuesto no puede publicar tanto; que algo raro hay”. ¿Pero serán golfos? Es decir, si no formas parte del “consorcio”, eres una mosca cojonera y sospechosa. Así son muchos de nuestros llamados científicos de excelencia.   

 

 

 

Enrique Barahona en un atardecer hace años

Fuente: personal del Zaidín (EEZ-CSIC-Granada)

 

Fijaros lo que son dos científicos con talento y talante. Rehuyen como pueden de los cargos de gestión, distinciones y publicitar los resultados de sus investigaciones (ya les citarán o no otros colegas y el tiempo dictará sentencia), dedican horas a colaborar con sus compañeros, siempre están dispuestos a escuchar y ayudar y son humildes de remate. Es decir todo lo contrario que lo que fomenta actualmente nuestro detestable de I+D+i: competitividad y agresividad a cualquier precio. Parece que vale todo. En esta cultura de la rapiña medran unos y se educa a nuestros jóvenes investigadores. Y si no lean  el siguiente correo electrónico que me envió un lector de esta bitácora a cerca de algunos de sus jóvenes compañeros. Obviamente he censurado el contenido para que no pueda ser identificado, ya que en este país de libertades, quien discrepa la paga.   

 

 

Estimado Juanjo,

 

Gracias por publicar el post del cuento celestial del IF (factor de impacto). Espero que tu bitácora, la más leída creo, sirva para difundir algo la crítica al sacrosanto índice, santo grial de las medianías que nos gobiernan a base del jodido numerito.

 

Efectivamente, soy biólgo molecular y trabajo en (….), un centro de muuuuuchísima excelencia cual cumple a su impulsor (…), nadie menos que (investigador del ramo, de incontestable prestigio internacional, que aparece casi todos los días en los medios de comunicación) (…). Lo que critica el cuento que has tenido la gentileza de publicar es el pan nuestro de cada día en este centro donde trabajo. No diré más que hay pelotas de este sacrosanto investigador, de los que mueven el rabo en su presencia, todos excelentes, que te saludan o no por el pasillo dependiendo de tu IF; no te exagero porque me ha pasado con uno de ellos que conocí cuando él era becario doctoral, no hace tanto, y que después de una postdoc fulgurante enamoró a esta figura de la ciencia patria, tanto que le dio laboratorio y ahora es su mano derecha. Pues bien, este “elemento” dejó de saludarnos a una serie de compañeros con los que siempre había tenido trato según empezó a tener humos e impacto. Esa es la clase de gente que tengo mayoritariamente a mi alrededor, por lo que la difusión de información como el cuento me interesa de manera muy principal.

 

Muchas gracias de nuevo. Un abrazo.

 

Pepito Grillo.

 

Cuando iba a la EEZ, era frecuente que me pasara horas hablando con el “Tito Barahona” (el mote es mío, y se debe a lo entrañable que me resultada su persona). A menudo salíamos del trabajo por la tarde en unión de José Luis González Rebollar y Rafael Bellver. Inmediatamente comenzaban a espetar chistes con una gran seriedad; muy solemnes. Y así seguían hasta que no podíamos parar de reír. Tiempos que no volverán, aunque sigan vivos en mi memoria. Duele saber la cierta tristeza tanto Enrique como Gonzalo (y otros muchos pero que no atesoramos sus cualidades), que han pasado en los últimos años, por el mero hecho de ser humildes, tener talento, corazón y no casarse con nadie. Se trata de una clase de científicos que el sistema tiende a vilipendiar y soterrar bajo la alfombra, sobre la que pisan los arribistas y ególatras. Este es el panorama que se abre ante mis ojos. ¡Que Dios nos pille confesados!. Barahona no quiso colaborar conmigo. Pero por egoísta que pueda ser yo, a este tipo de “elementos” hay que perdonarles todo, ¿verdad? (jajaja).  

 

 

Juan José Ibáñez

 

Nota de Agradecimiento: Deseo agradecer a German Tortosa de la Estación Experimental del Zaidín que pasara una circular interna al personal de su centro solicitando fotos de Enrique para ilustrar este post. Al día siguiente tenía la bandeja de entrada de mi correo electrónico inundada. Me sentí conmovido. Gracias a todos. No todos le querrían, pero si el 99%. No podía ser de otra forma. Gracias también, por supuesto, a nuestro amigo Carlos Dorronsoro de la Universidad de Granada.  Gonzalo, No te enfades conmigo ¿Vale?.

12:25 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)