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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Suele ocurrir en las ciencias más mediáticas que la política y el arrivismo sustituyan a la coherencia investigadora y al buen hacer de los expertos más brillantes. Y como no, en estos momentos todo lo relacionado con el cambio climático se encuentra enturbiado por decisiones injustificadas e injustificables, tanto por parte de los gobiernos como del establishment. En nuestra categoría: “biomasa y necromasa en los suelos: raíces y materia orgánica” podéis leer varios post en los que íbamos denunciando que los inventarios de secuestro de carbono en los suelos al uso solo servían para tirarlos a la basura. Pero los arrivistas por un lado, y los responsables de la política científica por otro, ni saben reconocer lo que es buena ciencia, ni les interesa. Demostramos, en base a datos de otros autores (al parecer desconocidos por razones que no alcanzo a entender, o mejor dicho no quiero entender) que muestrear los 20 o 40 cm. superficiales era tirar miserablemente el dinero a la basura. Pero se sigue haciendo, salvo honrosas excepciones. Y para desgracia de los países de la UE, siempre son equipos liderados por científicos norteamericanos (y de otros lares) los que ponen en evidencia las debilidades de un sistema hiperburocratizado y comandado por arrivistas “fundiraptores”. Ya dijimos en otro post, que ni el razonamiento científico ni el sentido común, pueden ser reemplazados por el oportunismo de baja estopa. La noticia que os voy a dar hoy, y que ha sido lanzada con bombo y platillo, tanto por los boletines de prensa científica, como por revistas del prestigio de Nature, no pueden reemplazar las bondades del razonamiento cualitativo enfrentado al cuantitativo. Cualquier edafólogo con un poco de experiencia conoce sobradamente la enorme cantidad de carbono orgánico que pueden almacenar los suelos y regolitos árticos helados. Digamos que la suma de unos y otros es a lo que se denomina permafrost, aunque al parecer algunos colegas y la prensa no atinan a buscar una definición adecuada del vocablo (como en la noticia que exponemos hoy). Para informaros podéis leer  los siguientes post: Concepto de Permafrost y Suelos Helados. ¿Cual es la Diferencia? Y Suelos Helados y Crioturbación: Criosoles o Gelisoles. Pues bien, los yaqués han vuelto a dar en el clavo. Eso sí, ya os he demostrado que haciendo uso del poco sentido común que atesoro, os advertí en la categoría enlazada al comienzo de este post lo que estaba sucediendo, sin tanto bombo y platillo. La siguiente noticia siguiente aparecida en Terradaily hace unas semanas “Global warming time bomb trapped in Arctic soil” nos informa que un derretimiento masivo (y probable de seguir el calentamiento de la atmósfera al ritmo actual) puede poner a nuestra sociedad en una crisis de magnitud global mucho antes de lo predijo por el IPCC (menos mal que les han otorgado el Nóbel). Varias veces se lo había comentado a mi amigo Luis Balairón, una de los escasos científicos españoles cuyas opiniones me merecen todo el respeto. ¡Se están haciendo las cosas mal, muy mal!. Estamos tirando el dinero a la basura.

 

 

 

Deshielo del turrberas heladas al oeste de Siberia

Emitiendo grandes cantidades de metano a la atmósfera

Melting permafrost peatlands at Noyabrsk, Western Siberia.

Image Michael Succow, International Mire Conservation Group (IMCG)


 

Lo que descubrieron los autores del artículo, liderados por un investigador de Alaska, es que con un “relativo” o “aceptable” buen inventario de suelos, estimando el carbono almacenado en los suelos árticos como mínimo hasta 1 metro de profundidad (muy poco a pesar de que ellos lo den por bueno, a no ser que concreten “como mínimo”) elevan las estimas previamente aceptadas para los 40 cm. superficiales hasta un 60% más.

 

Resulta que el permafrost cubre el 20% de las masas continentales emergidas. Del mismo modo, el ártico parece ser la zona actualmente más sensible al calentamiento climático, como lo está constatando el enorme y acelerado deshielo que está sufriendo en los últimos años. El estudio, que tan solo concierne al continente americano, nos indicaría que solamente en la región se les había “olvidado” contabilizar 1/6 del CO2 que actualmente tiene la atmósfera. Empero el permafrost es mucho más extenso en Eurasia, por lo que un rápido deshielo del permafrost podría dar lugar a consecuencias devastadoras mediante un mecanismo de realimentación positiva: más calentamiento = más deshielo = mayor emisión de CO2 y metano a la atmósfera = mayor calentamiento = más deshielo……..). Sin embargo, nuestros numerosos sabios premios Nóbel del IPCC no habían tenido en cuenta en sus predicciones el carbono almacenado en los suelos árticos. Vamos que el Premio Nóbel nos lo debían haber dado a los pocos edafólogos que habíamos advertido que el secuestro de carbono en los suelos esta enormemente subestimado y más.. ¿Pero termina la historia aquí?. ¡Pues va a ser que no!. Al parecer una noticia en Nature da lugar a que otros pobres mortales puedan sacar sus datos, denostados con anterioridad. ¿Resultado? El panorama es más que preocupante de lo que el artículo induciría a pensar. Sin embargo, tal información será motivo de un próximo post. En cualquier caso, también os recuerdo que el deshielo mencionado podría dar lugar, si afecta a las masas heladas de ambos polos, a un escenario no tan calentito, como os anunciamos en nuestro post sobre la hipótesis del recalentón.

 

Digamos de paso que no se esta hablando del permafrost en su globalidad, ya que este  puede alcanzar decenas de metros de profundidad, sino del metro superficial o un poco más. Por tanto, sigue existiendo una subestimación, asevero. La noticia se refiere a los Criosoles (o Gelisoles) y quizás a las turberas o Histosoles parcial o totalmente heladas. Seguiremos hablando del tema, ya que reitero que hay nuevos y jugosos datos que os iré narrando. Os dejo pues con la noticia de Terradaily.

 

Juan José Ibáñez           

 

Global warming time bomb trapped in Arctic soil: study

by Staff Writers Terradaily; Paris (AFP) Aug 24, 2008

 

Climate change could release unexpectedly huge stores of carbon dioxide from Arctic soils, which would in turn fuel a vicious circle of global warming, a new study warned Sunday. And according to one commentary on the research, current models of climate change have not taken this extra source of greenhouse gas into account. Scientists have long known that organic carbon trapped inside a blanket of frozen permafrost covering one fifth of the world's land mass would, if thawed, release greenhouse gases into the atmosphere.

 

But until now they simply did not have a good idea of how much carbon is actually locked inside this Arctic freezer. To find out, a team of American researchers led by Chien-Lu Ping of the University of Alaska Fairbanks examined a wide range of landscapes across North America. They took soil samples from 117 sites, each to a depth of at least one metre, in order to provide a full assessment of the region's so-called "carbon pool." Previous estimates of the Arctic carbon pool relied heavily on a relative handful of measurements conducted outside of the Arctic, and only to a depth of 40 centimetres (15.5 inches).

 

The study, published in the British journal Nature Geoscience, found that the stock of organic carbon "is considerably higher than previously thought" -- 60 percent more than the previously estimated. This is roughly equivalent of one sixth of the entire carbon content in the atmosphere. And that is just for North America. The size and mix of landscapes in the northern reaches of Europe and Russia are about the same, and probably contain a comparable amount of carbon-dioxide producing matter currently held in check only by the cold, the study said. And the danger of a thaw is real, note climate scientists.

 

The Nobel Prize-winning UN panel of climate change scientists project temperature increases by century's end of up to six degrees Celsius (10.8 degrees Fahrenheit) in the Arctic region, which is more sensitive to global warming than any other part of the planet. Commenting on the research, Christian Beer of the Max Planck Institute in Jena, Germany, pointed out that the climate change models upon which future projections are based, do not include the potential impact of the gases trapped frozen Arctic soils. "Releasing even a portion of this carbon into the atmosphere, in the form of methane or carbon dioxide, would have an significant impact on Earth's climate," he noted in his commentary, also published in Nature Geoscience. Methane, another greenhouse gas, is less abundant than carbon dioxide but several times more potent as a driver of global warming.

15:53 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Menudo dilema para el ciudadano. Otro más generado por la bobalización. Y van tropecientos mil. No se trata de un tema nada trivial, por cuanto nos sitúa ante un espejo en el que al ponerse delante nos devuelve una imagen difuminada y repleta de €€€€€€ €€€€€€€€€€ €€€€€€€€ €€€€€€€€, adornada de basura de plástico confitada. Hoy os expondremos un buen artículo de prensa (¡si los hay también!, ¡de vez en cuando!) en que asoman la cabeza todos los interlocutores implicados, excepto el ciudadano claro está. Y como veréis son muchos. Se trata de una reportaje realizado por Alejandro Bolaños para el rotativo El País que lleva el sugerente título de: “Esta polémica va en botella“. Y realmente que resulta difícil analizar y explicaros los resultados de la interacción de tanta variable simultáneamente. Pero, ¿Qué les digo a los cibernautas que nos visitan de lugares en donde no hay elección? Me puedo defender alegando que analicen la estupidez de los debates que se generan en los denominados “países de la opulencia”. Sin embargo, ni me consuela ni creo que les consuele, sino todo lo contrario. 

 

 

 

Agua embotellada. Fuente: Genciencia


 

Personalmente os puedo decir que en mi casa no suele haber agua embotellada. Pero claro está, vivo en Madrid, ya que si lo hiciera en Barcelona u otra ciudad del mediterráneo la habría en cantidades ingentes. Como medio castellano y medio levantino, vi desde pequeño como mi familia alicantina retornaba a su tierra cargada de bidones de agua de madrileña. Y hablo de hace cincuenta años. El tiempo ha pasado y la calidad del agua es peor en ambas regiones. Cierto. Empero allá es realmente imbebible. ¿Tiene el ciudadano la culpa? ¡No!.

 

Me resulta difícil separar el marketing absolutamente fraudulento de las compañías embotelladoras de agua mineral que tanto daño está haciendo, especialmente a los jóvenes (últimamente por estos lares se ve pasear a muchos con una botella de agua en la mano, los mismos que derrochan el dinero adquiriendo el último modelo de teléfono móvil) a los que se ha hecho creer con falacias publicitarias que beber mucho agua “embotellada” es sano, adelgaza y zarandajas por el estilo, de las noticias que nos informan que una buena parte de los acuíferos están contaminados. Pues bien, con independencia de esta estúpida moda denunciada por los médicos, ya que el exceso de consumo es también muy pernicioso, el ciudadano se encuentra ante el dilema ingerir de un agua de grifo a la que reiteradamente se denuncia de padecer de una carga de contaminantes que sobrepasa los límites legales, o contaminar el ambiente con los residuos de plástico. Pero si además vives en lugares en donde el sabor de este líquido “insípido” es “nauseabundo”, la disyuntiva se torna en angustia ¿O contamino el ambiente o me contamino yo?, deben pensar muchos. Ciertamente que no toda agua de grifo se encuentra en malas condiciones. Sin embargo, cuando los municipios dicen que cumple las condiciones y los ambientalistas o asociaciones de consumidores muestran que no, ¿a quien creer?

 

Y las administraciones sin ciertamente responsables de la situación. En primer lugar el ciudadano se encuentra indefenso ante una publicad engañosa, sin que la administración filtre los spots sospechosos de fraude. Seguidamente, nadie pone coto a la contaminación de las aguas freáticas por pesticidas y fertilizantes. Más aun, mientras se nos anima a consumir menos aguas, las autoridades correspondientes también nos advierten de que una ingente cantidad de pozos para la irrigación de nuestras tierras son ilegales.  ¿Y como sabemos nosotros o las administraciones de su calidad? Debo suponer que si son ilegales, tampoco se analizará la carga de polutantes del agua que extraen ¿O sí? Porque de darse este último caso la negligencia de nuestros gobernantes sería supina. ¿Todos a la cárcel?

 

 

 

Basura Ingente de los envases de agua embotellada

Fuente: Ruleta Urbana

 

Por otro lado, la moda de las cartas de aguas exóticas en los restaurantes se me antoja indignante ante los miles de personas que enferman o mueren diariamente por no tener más remedio que beber aguas insalubres. No he visto hasta ahora ningún anuncio oficial que  desanime al ciudadano, al mostrarle las consecuencias de tan estúpida costumbre. ¿Por qué? Y encima se debate si en los restaurantes nos deben cobrar por beber agua de grifo. ¿Por qué no por respirar? Que ciertos empresarios de la restauración se adhieran a la iniciativa de no vender en sus establecimientos agua embotellada también me resulta algo sospechoso. Si el agua del grifo es mala y no puedes beber la mineral, deberás pasar a consumir alcohol o refrescos, que con toda seguridad ofrecen a los mercaderes mayores beneficios.

 

¿Y que decir de las ingentes cantidades de plásticos y vidrios, así como del consumo de energía que deriva de todo este comercio?: ¡Absolutamente innecesarios!, en la mayoría de los casos. Pero si el agua es mala de solemnidad……… Por tanto, no se puede generalizar sin meditar las palabras que escoges, por cuanto puedes terminar patinando de lo lindo.

 

Recuerdo que cuando era joven, casi todos los envases de agua, leche, cerveza, etc., eran retornables. No teníamos estos problemas. Pero comenzó a generalizarse el uso de los no retornables y ahora pagamos las consecuencias. Nos ha hecho un poco más cómoda la vida, ¿pero a que precio? Leí en otra noticia en la que se mencionaba que ciertos ayuntamientos de Canadá iban a poner en práctica una ley para que las empresas productoras de agua embotellada tuvieran que responsabilizarse de su reciclado. La polémica que se ha generado en este país ha sido formidable, obviamente con las compañías implicadas a la cabeza.

 

En verdad, que las administraciones tienen una gran parte de responsabilidad en todo este asunto ya que permiten un marketing fraudulento, no conciencian al ciudadano de todo lo que implica beber agua embotellada, no mejoran la calidad de las aguas en ciertas regiones, permiten el uso ilegal de las aguas subterráneas y no ponen coto a la fertilización irresponsable de nuestros sistemas agrarios. De las empresas, ¿que decir? A estas alturas todos sabemos que están para servirse de nosotros no para servirnos.

 

Se trata de uno de esos círculos viciosos que nos impone la bobalización globalizarte. Muchas cosas van mal, y por el camino que seguimos difícilmente mejorarán. Os dejo pues con la noticia ya que, reitero que se ofrecen muchos puntos de vista. Y levanto mi vaso de ¡vino! Para brindar por vosotros (que ya lo pagará mi hígado).    

 

Pero antes de finalizar, tan solo quisiera dejaros este comentario acerca de la enigmática extensión de una mancha de residuos de plástico que se ha detectado en el pacífico. La nota con la que terminamos esta contribución pertenece a CGNauta Blog, mientras las dos fotos que la acompañan las hemos extraído del blog de nuestro amigo Antonio Figueras (Ciencias Marina y otros asuntos), cuyo post al respecto recomendamos leer. Desde luego mis informaciones no eran tan exageradas en lo que respecta a la extensión, pero si que leí de en la prensa científica que tenía además decenas de metros de profundidad. Sin embargo. Si lo afirma Antonio, no debemos dudar. Tampoco estaría de más que repasarais este otro post (“El negocio del agua envasada: polémica en botella) del Blog “El Agua”, ya que también abunda en la cuestión que hoy nos preocupa: Los investigadores de USA están estudiando tan singular y enigmática concentración de basura plástica. ¿De donde proviene?; ¿Por2ué se acumula allí? ¿Qué el océano no es ya un vertedero?

 

 

 

Inmensa y enigmática extensión de basura en el Pacífico.

Fuente: Ciencia Marina y Otros Asuntos

 

Con un tamaño de 2 veces la superficie de los Estados Unidos, la gran mancha de basura con un peso aproximado de 100 millones de toneladas se pasea entre las corrientes marinas Suboceánicas y en la superficie del océano pacífico.


Esta
gran sopa compuesta de pedazos pequeños de plástico, termina consumida por animales como tortugas, ballenas, peces y todo tipo de fauna condenada a morir de inanición. En la foto todo lo que no es color azul es basura (Aumente el brillo para verla correctamente).   

 

 

 

Mapa de la Enigmática extensión del vertedero del Pacífico           

Fuente: Ciencia Marina y otros Asuntos

 

Juan José Ibáñez

 

Esta polémica va en botella

El consumo de agua envasada se dispara pese al aumento de las críticas por su impacto ambiental; ALEJANDRO BOLAÑOSEl País. Madrid - 22/08/2008

 

La vida de Thomas Boone Pickens, un multimillonario que se ajusta al ideal de empresario hecho a sí mismo, está entre las favoritas de la prensa estadounidense. Forjó su fortuna hace medio siglo en las explotaciones petroleras de Texas. Con 80 años, sigue interesado en el subsuelo.

 

En una decáda, la demanda mundial de envases se ha duplicado. Se gastan millones de barriles de crudo en su fabricación y trasnporte. El sector opina que otras bebidas menos saludables tienen el mismo impacto Chicago grava las botellas; en España, Donostia promueve el agua de grifo. Sólo que ahora, en vez de reservas de oro negro compra reservas de agua. El multimillonario ha vuelto a poner el ojo en un negocio pujante, que tiene en la industria embotelladora a su máxima expresión.

 

En una década, el consumo mundial de botellas de agua se ha duplicado. Pero, a una velocidad aún mayor, se suceden los llamamientos para restringir su consumo. El petróleo y el agua embotellada rivalizan por ser la mercancía cuyo comercio genera más dinero en el mundo. En ambos casos, Estados Unidos es, de largo, el primer consumidor, con cuotas que superan el 23% y el 17%, respectivamente. Y es también en EE UU donde el reguero de críticas ha cogido la fuerza de un torrente. La primera andanada fue de las organizaciones conservacionistas. Según las estimaciones de Pacific Institute, se necesitó una cantidad de petróleo equivalente a 100 millones de barriles (el crudo que importa España en dos meses) para producir el plástico de todas las botellas que se utilizaron en 2006 en el mundo. Casi todas son de PET, del que en EE UU sólo se recicla un 14%.

 

Más madera verde. Earth Policy Institute hace hincapié en las distancias recorridas (y en el impacto ambiental del combustible gastado) para suministrar un producto que, en condiciones más que suficientes para su consumo, también se ofrece a través de las cañerías con un coste energético infinitamente menor. El caso favorito de los ecologistas es el de Fiji Water, una marca con un meteórico éxito en Estados Unidos. Su botella cuadrada es un complemento habitual de los famosos, encandilados por su exotismo: el agua proviene de un acuífero bajo una tupida selva de esta isla del Pacífico de la que la compañía destaca que está a "cientos de kilómetros de distancia de cualquier continente". Aquí atacan las asociaciones ecologistas: para llegar a sus consumidores norteamericanos, las botellas deben recorrer una enorme distancia en barco, con el gasto en combustible que eso supone. Y, más grave aún, en esta recóndita isla del Pacífico, casi un tercio de sus habitantes no tienen acceso garantizado a agua potable.

 

Las protestas conservacionistas cogieron vuelo hace un año cuando la conferencia anual de alcaldes estadounidenses aprobó una moción para promover el consumo de agua de grifo. San Francisco secundó una decisión de Los Ángeles para prohibir la compra con dinero público de agua embotellada. Nueva York y Boston financian campañas para lavar la imagen del agua de grifo. Y Chicago ha establecido un impuesto de 10 céntimos de dólar (7 céntimos de euro) por botella para desincentivar su consumo. Una tasa ya recurrida por la patronal estadounidense.

 

"En España, la situación es muy distinta", opone Irene Zafra, secretaria general de Aneabe, la asociación nacional que representa al sector. "La inmensa mayoría del agua embotellada que se consume aquí es de producción local, no hay apenas importación, el coste de transporte es mucho más reducido", señala.

 

En Estados Unidos, más de un tercio del agua embotellada es, simplemente, agua del grifo, tratada o no; un negocio monopolizado por Nestlé y Danone, los dos líderes mundiales. En España, el 96% son aguas minerales naturales. "Lo que se está ofreciendo es un producto absolutamente natural, que no compite ni tiene que compararse con el agua de grifo", explica Zafra. La dirigente de Aneabe recuerda que "está prohibido" tratar el agua que se recoge del acuífero, que tiene que pasar 12 análisis al año, y aduce que su contenido en minerales es beneficioso para algunas dolencias.

 

En cuanto a los reproches medioambientales, la tasa de reciclado del plástico en España es mayor (32,5%) y Zafra subraya el esfuerzo de la industria por reducir el peso de las botellas (ahora son un 45% más ligeras que hace dos décadas) y, de esa manera, el coste energético del transporte. La dirigente de Aneabe recuerda además que otras bebidas incurren en costes similares o mayores, "cuando es mucho más saludable beber agua embotellada". Pese a las críticas, el ritmo de expansión de la industria no decae. En 2007 se consumieron en el mundo casi 190.000 millones de litros, un 47% más que en 2002. España es el séptimo país en consumo por habitante, con 120 litros per cápita. "En la huelga de transporte de junio, lo primero que se agotó en los supermercados fueron las botellas de agua", recuerda Andrea Gambus, de Wawali, una empresa barcelonesa especializada en la distribución de aguas premium, las top-model del mercado.

 

"Con el agua, está pasando como ocurrió con el vino, hay mucho interés por conocer aguas con características muy singulares", comenta Gambus para glosar un fenómeno que ha dejado de ser noticia: en las cartas de los restaurantes más lujosos, se han hecho hueco aguas que provienen de un manantial bajo un volcán japonés (Finé), de la lluvia recogida en Tasmania (Cloud Juice), o filtrada de glaciares canadienses (Berg). Si el precio del agua mineral más común es entre 350 y 1.000 veces más cara que la que sale del grifo, en estos casos la comparación es disparatada. La botella de la marca estadounidense Bling, decorada con cristales de Swarovksi, pasa por ser la exclusiva del mundo: no se encuentra por menos de 35 euros, casi 40.000 veces más que el precio medio del agua en las ciudades españolas.

 

En España, las críticas apenas se han traducido en iniciativas concretas. La que abandera el Ayuntamiento de San Sebastián desde hace un año es la más llamativa. 70 establecimientos donostiarras se han adherido a su campaña para sustituir las botellas por agua de grifo en los menús. "Aquí el agua de la red es de altísima calidad. Nuestro objetivo es reducir en origen la producción de residuos", señala Victoria Iglesias, directora de medio ambiente de la corporación vasca. "Queremos concienciar al ciudadano de la importancia de un consumo responsable. Es una solución más económica, más respetuosa con el medio ambiente", defiende Iglesias. El Ayuntamiento predica con el ejemplo: no se compra agua envasada y en las reuniones oficiales el agua, de grifo, se sirve en jarras.

 

"El consumidor debe tener en cuenta el impacto ambiental de una botella, pero en muchas ciudades el sabor del agua de grifo es muy malo", recalca Rubén Sánchez, portavoz de la asociación Facua. Es un mal generalizado en la costa mediterránea; en Barcelona, por ejemplo, se bebe más agua embotellada que de grifo, según la Agencia Catalana del Agua. "Hay que invertir más en los sistemas de abastecimiento", mantiene Sánchez. Otra opción contra el mal sabor son los filtros, una inversión que se amortiza en unos cuantos meses.

 

Pero para las asociaciones de consumidores, la principal preocupación es cómo la industria lleva al límite la publicidad. "Hemos denunciado casos en los que se juega con la idea de que el agua embotellada ayuda a adelgazar o que tienen propiedades, como la hidratación, que son comunes a cualquier tipo de agua, mineral o no", explica el portavoz de Facua. "Se ha devaluado la imagen del agua de grifo, cada vez da más apuro pedir un vaso de agua en vez de una botella en los restaurantes", opina Iglesias.

 

Pese a la iniciativa donostiarra, muchos hosteleros son reticentes a ofrecer jarras de agua. La explicación económica es obvia: en la venta de una botella hay margen comercial, el vaso de agua suele ser gratis. La Viña, asociación hostelera de Madrid, planteó hace unos meses que también se pudiese cobrar por el agua de grifo, una cuestión que, además de polémica, es compleja: las normas municipales dificultan la reventa del agua suministrada. Las empresas también rechazan que el uso de acuíferos para envasar agua mineral ponga en riesgo el suministro público de agua. "Apenas usamos el 0,02% del agua subterránea en España", explica Zafra. "El consumo anual de agua mineral de un ciudadano español es equivalente a tres duchas", añade. Pero en Estados Unidos, donde el equilibrio entre poder público y la iniciativa privada es mucho más precario, ya ha habido problemas de suministro para localidades rurales que se abastecían de acuíferos explotados por embotelladoras.

 

Las denuncias ecologistas sobre problemas similares en países emergentes son habituales. En China, Brasil o Indonesia, el crecimiento del consumo de agua embotellada es vertiginoso. Pero también crece el número de personas que no tienen garantizado el consumo de agua potable. Según la Organización Mundial de la Salud, hay más de 1.000 millones de personas en esta situación. Para reducir a la mitad esa cifra antes de 2015, la ONU abogó por duplicar los 10.000 millones de euros que se gastan al año en sistemas de abastecimiento y alcantarillado. Muy por debajo de los 70.000 millones que se destinan a pagar botellas de agua en el mundo. Si hay un argumento común en los conflictos que se auguran para los próximos años, ése es el acceso al agua. En Tejas, la árida tierra en la que T. Boone Pickens se hizo rico, un dicho popular lo sintetiza así: "Para beber, whisky; para pelearse, agua".

11:40 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Propósito: Hace unos meses, gracias a esta Weblog, se me solicitó que hiciera una ficha técnica sobre el recurso suelo y su degradación para los no iniciados. Esta se colgará en una página Web, bajo una iniciativa de a UNESCO y otros entes públicos. Elaboré un manuscrito extenso, lo envié a los responsables solicitando que me dijeran que partes del texto debían acortarse. Ellos respondieron y así lo hice. Ya os avisaré cuando todo (no solamente mi aportación este en la Web). Pero permanecía por colgar en Internet el contenido de mi idea original. Simplemente pensé como podría explicar a un público muy amplio la importancia de los suelos y los problemas que generan su degradación. Calculé que se podría dar en una charla de una hora. En el primer post expusimos que son los suelos, así como su vital importancia para la vida y el hombre. En la presente contribución hablaremos de los problemas que derivan de su pérdida o deterioro. Los enlaces incluidos en el texto os llevarán a cada una de las categorías en las que hemos albergado los post previos relacionados con el tema. De no hacerlo así, esta contribución estaría plagada de enlaces.   

 

 

 

Paisaje Erosionado de bandlands

City of rapid city South Dakota


Introducción

Una buena parte de los problemas que padece la humanidad obedecen a la degradación y pérdida de los suelos. Cuando esto ocurre, el ser humano no puede cultivar, o las producciones de las cosechas son exiguas. Lo mismo ocurre con las praderas y pastos. Del mismo modo, el hombre y la biosfera se contaminan, pudiendo llegar a degradarse enfermar o morir (según afecte a uno u otro), como veremos más adelante. Por tanto, no obtenemos los alimentos necesarios (o están envenenados) para alimentar a la población del área degradada o perdida. Debemos reiterar que las sociedades industriales han contaminado el suelo hasta tal punto de que en muchos lugares los productos obtenidos no son aptos para el consumo humano so pena de afectar gravemente a la salud pública (morbilidad y mortalidad) de los habitantes que los ingieren. Debéis tener en cuenta que el suelo no es un recurso renovable a escala humana. Se requieren cientos o miles de años (según las condiciones de sus “factores formadores”) para regenerarse. Obviamente, los suelos no se reproducen, aunque una vez perdidos, la edafosfera se regenera, como lo hace la piel humana, trascurrido el tiempo necesario para ello.

 

En cualquier caso debemos  distinguir (aunque lamentablemente no suele hacerse) entre degradación o deterioro de un recurso y su pérdida. La última implica que el suelo desaparece de un determinado lugar, ya sea por erosión o por el sellado del mismo (creación de viviendas, industrias e infraestructuras, como embalses, carreteras, aeropuertos, etc., etc.). Por el contrario, la primera implica que el recurso se deteriora, es decir pierde parte de aquellas propiedades tan interesantes a las que aludíamos en nuestro primer post comentado, por lo que no puede realizar adecuadamente los “servicios edafosféricos” a los que por desgracia se les denomina equívocamente como “las funciones del suelo”. Sin embargo, el suelo permanece. Comenzaremos por el último caso, ya que es más sencillo de explicar.    

 

Si los suelos no son utilizados por el ser humano con cuidado, sabiduría y cariño, pueden perderse, aflorando en caso extremo las rocas subyacentes si se trata de la erosión, o siendo sepultados bajo cemento o asfalto en el caso del sellado.

 

 

 

Mapa de Degradación del Suelo.

Fuente: ISRIC  Wageningen

 

Pérdida de Suelo

Erosión del Suelo

La erosión del suelo puede producirse ya sea por el agua, el viento, el hielo, o la propia gravedad. Hablamos entonces de erosión hídrica, eólica, glaciar-periglaciar, y mecánica respectivamente. En la mayoría de los casos, los tipos hídricos, glaciar-periglaciar y mecánicos requieren que el suelo se encuentre en posiciones fisiográficas de pendiente (laderas de montañas, colinas, etc.). Por el contrario, en el caso de erosión eólica tal requisito no resulta necesario. En cualquier circunstancia, el factor externo al suelo que más influye sobre la erosión es la pérdida total o considerable de la cobertura vegetal. La vegetación recubre el suelo y evita que las gotas impacten directamente sobre él, ya que en caso de hacerlo su energía cinética destruye los agregados de los que hablamos en el primer post, liberando las partículas elementales que lo constituyen (arenas, limo, arcilla) que son más fácilmente arrastradas por el agua de escorrentía (en el caso de las arcillas también pueden exportarse en suspensión a través del perfil hacia ríos o aguas subterráneas). Del mimo modo, las raíces de las plantas, retienen el suelo entre su entramado, resistiendo mejor las fuerzas que tienden a arrastrarlo hacia otros lugares. Por otro lado, el viento, en ausencia de la cobertura vegetal, levanta las partículas y las exporta, ya sea por suspensión en el aire (las más finas) o por reptación (las más gruesas). Existen muchos subtipos de erosión para cada uno de los cuatro grupos principales que hemos mencionado. Así por ejemplo, en el caso del agua, podemos hablar de erosión laminar, surcos, cárcavas, etc. En el caso de la gravedad, de deslizamientos, avalanchas, etc., y así sucesivamente. En una contribución anterior, ya os explicamos con más detalle, una clasificación de los mismos. Como habréis observado, muchos cultivos dejan extensas áreas de suelo desnudas, por lo que este queda más expuesto a los agentes erosivos. Por estas razones, suele recomendarse que entre las especies agrícolas sembradas (cuando se trata de plantas perennes) se siembren otros herbáceos que tapicen y protejan el suelo. Se trata de lo que se denomina cultivos de cobertera. Si el agricultor siembra especies anuales y los suelos requieren descanso para recuperarse (barbechos), es pertinente sembrar otros que lo cubran mejoren sus propiedades. Hablamos de rotación de cultivos. Las tradicionales terrazas o bancales, originadas por diversas culturas independientemente, rompen la pendiente de las laderas en escalones, ayudando a impedir los procesos erosivos. Todas ellas pueden considerarse buenas prácticas de conservación de suelos.

 

 

 

Erosión del suelo tras un simple evento pluvial

Fuente Wikimediacommons

 

Sellado del Suelo

El sellado, no ha sido un grave problema para la conservación de los recursos edáficos hasta los últimos decenios. La densidad de población no era lo suficientemente elevada, como para tener que sellar grandes extensiones de suelo. Sin embargo, conforme el número de habitantes del planeta ha ido aumentado a toda velocidad, también lo han hecho el de de ciudades e industrias, así como las infraestructuras viarias requeridas para ponerlas en contacto. Actualmente, millones y millones de Km2, se encuentran sepultados bajo asfalto y cemento, llegando a extenderse en ciertos países industrializados hasta ocupar más del 20% de su territorio. Pero el problema fundamental estriba en que estas obras humanas suelen instalarse en los suelos más fértiles y productivos de cada país, compitiendo y desplazando a la agricultura. La causa fundamental de este problema proviene de que las industrias, urbes y carreteras son más fáciles de construir en zonas llanas que en las montañosas, y si hay recursos hídricos cercanos mucho mejor. Generalmente, allí también se encuentran los suelos más fértiles, como las vegas de los ríos, llanuras costeras, deltas, etc. El caso de las presas o embalses es más singular aun, ya que inevitablemente deben situarse en los valles fértiles de las montañas, inundando también los suelos en donde se asentaban los cultivos, pastos y praderas más productivos e indispensables para sus moradores. Una vez construidas, la población debe emigrar, ya que por lo general las laderas tienen suelos poco profundos y por su ubicación en pendiente son muy susceptibles erosión muy severa. El resultado final se traduce en la destrucción de las culturas de las de montaña o serranas.

 

Degradación del Suelo

Los procesos de degradación del suelo son excesivamente numerosos como para poder explicar todos y cada uno de ellos. En general, son producto del mal uso que el hombre realiza de los recursos edáficos. Seguidamente, abordaremos la descripción de los más relevantes, sin pretender ser exhaustivos. 

 

Pérdida de materia orgánica: Cuando el hombre cultiva la tierra y no repone la materia orgánica que pierde (recordar que al cosechar se exporta de los agroecosistemas mucha biomasa, que de esta forma limita la que retorna al suelo como necromasa), los agregados del suelo terminan por deshacerse en sus partículas constitutivas (pérdida de geles húmicos), empeorando su estructura y todas aquellas propiedades asociadas a lo que en el susodicho post anterior denominamos “esponjamiento”. En consecuencia, resulta ser de suma importancia adoptar técnicas agrarias y pecuarias que eviten la pérdida de la materia orgánica de los suelos (laboreo sin labranza, etc,). La perdida de materia orgánica, como veremos más adelante también favorece la pérdida de biodiversidad de organismos del suelo (falta de alimento) y su compactación. Estos son oscuros en superficie cuando atesoran mucha y claros cuando albergan muy poca.

 

Salinización y sodificación: se trata de los procesos que tienen lugar al aumentar el contenido de sales potásicas y sódicas del suelo, en detrimento de otros cationes, que como el calcio, son vitales para la nutrición vegetal. Bajo estas circunstancias, el pH del suelo aumenta en exceso (por encima de 8.5), generándose una captura muy descompensada de los nutrientes que requieren las plantas. Más aun, cuando las sales son principalmente sódicas, los agregados del suelo terminan siendo muy inestables, destruyéndose con facilidad, y modificando la morfología del perfil y su estructura negativamente. Prácticas frecuentes que provocan la salinización del suelo son el riego con aguas relativamente salobres bajo un clima con déficit estacional de humedad. Un abonado inadecuado también puede inducir ciertos tipos de salinización. Si la salinización no es muy acusada puede revertirse, haciendo uso de la ingeniería hidráulica o abonados específicos. Tales procesos, como hemos comentado, suelen ocurrir justamente en los biomas con déficit estacional de agua, por lo que como veremos más adelante, aparecen en los ambientes más susceptibles de ser desertificados. En cualquier caso, no debemos confundir los suelos que son salinos en condiciones naturales, de aquellos en los que la salinización la induce el incorrecto uso del suelo. Estos últimos pueden tener un gran valor ecológico por las comunidades vegetales y fauna que sustentan.

 

Acidificación: La acidificación es también un proceso que genera la descompensación del balance de nutrientes, como la salinización. Podríamos decir que, al igual que en los  animales o el hombre, las plantas requieren una “dieta equilibrada”. Cuando no es el caso, los vegetales absorben unos elementos químicos masivamente en detrimento de otros, que son también imprescindibles para su correcta nutrición. Como resultado los cultivos no se desarrollan vigorosamente, mermando la productividad de las cosechas. En el caso de la acidificación, la mayor parte de los nutrientes son lavados (es decir exportados) del suelo por el agua, siendo sustituidos por el hidrógeno, o lo que resulta ser peor, aun el aluminio. Así el pH de los suelos desciende de 4.5 (muy ácidos), y la pobreza de nutrientes merma la producción de la biomasa (ya sea en cosechas, prados o pastos). Cuando el ión que termina por dominar el suelo es el aluminio, el pH puede alcanzar valores inferiores a 4, produciéndose problemas de toxicidad. Prácticas y fenómenos que inducen a que el suelo se acidifique son entre otros: la lluvia ácida asociada a los suelos de climas húmedos en regiones muy industrializadas que emiten sustancias tóxicas a la atmósfera, como las que son las ricas en azufre, un incorrecto abonado, la repoblación del suelo con especies forestales que por su naturaleza tienden a acidificarlo (por ejemplo, las repoblaciones forestales con coníferas –pinos, abetos, etc.-), el drenado de suelos encharcados litorales (para su puesta en cultivo) que sustentan la vegetación de los manglares, y otros. Como en el caso precedente, debemos discernir entre suelos que por su naturaleza son ácidos, de aquellos en los cuales la acidez es inducida por una inadecuada gestión del suelo. Este proceso de degradación suele darse con más frecuencia en climas hiperhúmedos (y generalmente fríos), es decir todo lo contrario que en el caso de la salinización.

 

Compactación: Se trata de la pérdida de la estructura del suelo, es decir de aquellas propiedades de esponja de las que hablamos en el post precedente, que son las que diferencian a las rocas de los suelos. Por lo tanto, el suelo pierde espacio poroso y volumen tornándose más denso y pesado. Como ya comentamos, la pérdida de materia orgánica favorece la compactación de los horizontes superficiales, lo cual resulta ser especialmente grave cuando estos últimos carecen de vegetación (o es muy escasa) por cuanto las gotas de lluvia impactan sobre el mismo, destruyendo sus agregados. Sin embargo, existe otro proceso que también afecta a la compactación de los horizontes profundos. Este último deviene del uso de la maquinaria agrícola excesivamente pesada que comprime la estructura haciéndola perder porosidad. 

 

 

 

Compactación del suelo por maquinaria pesada

Fuente: juventudrebelde (Cuba)

 

Contaminación: La contaminación del suelo es un proceso muy grave y que se extiende como una plaga por la edafosfera. Sin embargo, antes de comenzar a comentar el tema conviene discernir entre contaminación y polución, aspecto que no suele ser tenido en cuenta casi nunca. Hablamos de polución cuando un elemento que aparece normalmente en los ambientes edáficos, en cantidades moderadas, alcanza magnitudes tan exageradas que afectan a su estructura y dinámica. Este sería el caso por ejemplo de un abonado excesivo que induce la acumulación de nitratos y fosfatos, entre otros compuestos. Desde este punto de vista y aunque suelen tratarse por separado, la salinización inducida por el himbre debiera ser entendida como un proceso de polución. Por el contrario, el vocablo contaminación debería reservarse para todos aquellos procesos que inducen la acumulación en el suelo de elementos o compuestos que son ajenos al mismo. Un caso típico es el de los plaguicidas, y otros compuestos elaborados sintéticamente por el hombre. También podría incluirse aquí a las sustancias radioactivas (si bien pueden encontrarse de forma natural en algunos tipos de suelos en ínfimas cantidades) que se escapan al ambiente tras accidentes de las centrales nucleares.

 

Los procesos de contaminación y polución pueden dividirse en “locales” y “difusos”. Los primeros dan cuenta de una “brutal” acumulación de contaminantes en áreas relativamente pequeñas, ya sea por vertidos incontrolados, accidentes de industrias químicas y plantas nucleares, etc. Se habla entonces de “sitios contaminados”. Por el contrario, la contaminación difusa acumula menos sustancias contaminantes o polucionantes, pero afectando a territorios muy amplios. Un caso típico deviene del uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas en los paisajes agrarios. Obviamente la contaminación puntual es más seria que la difusa. Sin embargo, al afectar a áreas reducidas, permite utilizar técnicas de descontaminación, caso que no ocurre con la difusa, por cuanto habría que tratar extensiones muy bastas, lo cual resulta económicamente prohibitivo si se aplican ciertas tecnologías y absolutamente imposible con otras.

 

 

Suelo contaminado

Fuente: pinchando en el enlace

 

La contaminación  (como también la polución) aunque pudiera parecer un proceso local en primera instancia, puede llegar a ser global, como vamos a mostrar. El medio edáfico atesora una cierta capacidad de absorber contaminantes, cuya cantidad depende del tipo de suelo concreto. Sin embargo, si se sobrepasa un cierto umbral las sustancias contaminantes o pulucionantes pasan a las aguas que drenan el suelo, y de allí a los acuíferos (aguas subterráneas) y/o a los cauces fluviales. En cualquier caso el agua, una vez contaminada, afecta a la salud del hombre y los animales que la beben directamente o indirectamente (por ingerir a otras plantas y animales ya contaminados). De este modo, las sustancias mencionadas pasan del suelo al agua y/o los vegetales, y de allí a los animales herbívoros (o el ser humano), que a su vez afectan a los carnívoros que los depredan o consumen, y finalmente, o al propio ser humano. Por tanto la contaminación termina por afectar a toda la cadena trófica. Unos contaminantes pueden degradarse en pocos años, mientras que otros mantienen sus efectos letales durante siglos o milenios. La organización mundial de la salud considera que la contaminación-polución, es la causa directa o indirecta que genera mayor número de muertes en los países pobres, o en vías de desarrollo.

 

 

Causas de la contaminación:

Fuente: Gencat

 

El empleo abusivo y generalizado de agroquímicos es una de las principales causas de la contaminación de los suelos y aguas. En particular, nitrógeno y fósforo, van a parar a las aguas subterráneas y/o ríos en grandes cantidades. En el primer caso, provoca que las aguas potables se tornen insalubres, e incluso venenosas. Las aguas ricas en contaminantes que van a parar al mar envenenan la cadena trófica marina. En el caso del nitrógeno y el fósforo, que suelen acarrear los grandes cauces que drenan bastas regiones agrícolas fertilizadas en exceso, terminan por generar lo que se denominan floracional algales y finalmente los puntos muertos (carentes prácticamente de vida) en los océanos. Se trata de un tema que por su complejidad no vamos a tratar aquí, pero que está contaminando tanto la vida acuática como mermando las capturas de pescado de todos los océanos del mundo. El número de estos puntos muertos crece sin cesar.  

 

No debe olvidarse tampoco la contaminación biológica por patógenos, ya afecte al ser humano y/o la vida vegetal y animal. En el caso del hombre y animales, cabe mentar que la ingesta e incluso el riego con aguas residuales (ricas en patógenos de diversa índole), representa un grave problema de salud para cientos de millones de personas. Por otro lado el agua de riego, aun siendo sana, puede arrastrar organismos fitoparásitos de unas parcelas de campo a otras, generando la propagación de epidemias fitopatológicas que generan graves pérdidas en la agricultura mundial.                   

 

Desertificación y Anegamiento

La desertificación es la degradación de tierras en ambientes áridos, semiáridos y seco-subhúmedos (estos últimos conciernen a los mediterráneos y subtropicales con ligeros déficits estacionales de agua), es decir con una gran o moderada escasez de recursos hídricos. Como podéis observar, se habla de degradación, sin embargo se hace en sentido amplio, es decir incluyendo también la pérdida del recurso suelo. En consecuencia, no se trata de un proceso en su mismo, sino de la manifestación fenomenológica de todos los procesos que afectan al deterioro y pérdida, bajo unos climas concretos (cuando el agua comienza ser un bien escaso). En estas condiciones, el paisaje se torna más árido, perdiendo cobertura vegetal y biomasa, así como disminuyendo la materia orgánica y actividad biológica de los suelos.

 

 

 

Desertificación. El fuego es un factor desertificante

Fuente: Portal de Educación Ambiental

 

Sin embargo, la degradación y pérdida de suelos en ambientes muy húmedos y fríos (escasa evapotranspiración), también acarrea graves consecuencias para los ecosistemas y vuelven a manifestarse en el paisaje, pero de una manera radicalmente distinta. En estos casos, los ecosistemas no son capaces de evacuar todo el agua que reciben por las precipitaciones, por lo que los suelos se encharcan, comenzando a aparecer vegetaciones adaptadas a soportar tales volúmenes de aguas en el medio edáfico (poros totalmente anegados, es decir con ausencia de aire, que impiden la respiración de las raíces y las reacciones biogeoquímicas que requieren de oxígeno). Se inicia sí un proceso al que denominamos hidromorfía que terminará modificando la estructura y dinámica de los suelos. De este modo lagunas, turberas, juncales dan al paisaje un aspecto verde, pero excesivamente “acuoso”. Mientras la desertificación torna nuestras vestimentas polvorientas, la anegación induce a que el barro se adhiera a la indumentaria y calzado que llevamos. Estos procesos son típicos de ambientes boreales, sub-boreales muy húmedos o de la alta montaña en los de clima templado.  

 

 

Paisaje Erosionado

Fuente: Fotonatura Iban Montero

 

Suelos y Cambio Climático

El clima de La Tierra ha sufrido cambios climáticos constantes desde su origen. El cambio climático no es la excepción sino la norma. Cuando actualmente se habla sobre tales discontinuidades, suele hacerse referencia implícitamente a la alteración del clima que están generando las actividades industriales, no a las naturales. No deben confundirse ambos aspectos. Por tanto, las modificaciones drásticas de los patrones de circulación de la atmósfera no son exclusivas de las acciones humanas, sino que se han producido naturalmente a lo largo de toda la historia del planeta.

 

Los suelos son afectados y afectan al cambio climático, tanto en lo que concierne a los naturales, como a los inducidos por el hombre. En sus orígenes, La Tierra atesoraba una gran cantidad de CO2 en la atmósfera, por lo que el efecto de invernadero era mucho mayor que el actual y su clima ardiente. Por el contrario, el oxígeno era muy escaso y tóxico, producto mayoritario de la actividad de unos microorganismos que evolucionaron desde una vida anaeróbica (vivían en ambientes carentes o con muy escasas cantidades de esta molécula) a otra aeróbica (adaptados a entornos oxidantes, es decir ricos en oxigeno). Y este proceso se produjo por necesidad. Los primeros seres vivos fotosintéticos (cianobacterias) secuestraban CO2 de la atmósfera y emitían O2 (toxico para aquellas biotas primigenias). Este inicialmente era secuestrado por las rocas que contenían hierro en estado reducido, pasando así a atesorarlo en forma oxidada. Sin embargo, llegó un momento en que todo el metal de las rocas que lo contienen se saturo de oxígeno por lo que  y este comenzó a acumularse en la atmósfera, generándose una “contaminación atmosféricaenorme, iniciándose así la primera gran crisis de la biodiversidad en el planeta de la que tengamos noticia. Muchas de las especies primitivas desaparecieron, otras se refugiaron en los relativamente escasos ambientes carentes de oxígeno, y otras nuevas adaptadas a aquella contaminación las reemplazaron de gran parte de la superficie terrestre y los océanos. En consecuencia, la acumulación de materia orgánica en el suelo, o en forma de combustibles fósiles, cambió la composición de la atmósfera disminuyendo drásticamente el efecto de invernadero (secuestro de carbono). Así pues, la mayor parte de los seres vivos actuales somos el producto de la primera gran contaminación inducida por la evolución biológica.

 

Sin embargo, la Tierra emergida comenzó a poder ser habitada por seres vivos, gracias a la creación de la capa de ozono (que no deja de ser oxígeno en estado muy oxidante y que nos comenzó a proteger de los dañinos rayos ultravioletas procedentes del sol), iniciándose la formación de suelos, más o menos, como los conocemos en la actualidad. Estos volvieron a secuestrar más carbono en forma de materia orgánica, junto a la biomasa terrestre, disminuyendo una vez más el efecto de invernadero y generando un nuevo enfriamiento del Planeta. Incluso actualmente, cuando considerables extensiones de La Tierra han perdido mucha materia orgánica debido a las prácticas agropecuarias, la cantidad de CO2 de albergada en la edafosfera es muy superior a la de la atmósfera. Si toda la materia orgánica de los suelos se mineralizara y fuera emitida en forma de CO2 y metano hacia la atmósfera, el calentamiento climático que provocaríamos sería enorme en comparación al que sufrimos actualmente, lo que generaría el colapso de las civilizaciones modernas. Tan solo los suelos circumborales de la Tundra (y parte norte de la Taiga) almacenas el doble de anhídrido carbónico que el que actualmente contiene la atmósfera. Los suelos pueden ser fuente o sumidero de CO2 según los gestionemos. Resulta por tanto vital conservar el CO2 en el suelo en forma de materia orgánica, que como ya hemos indicado, además favorece el desarrollo de las plantas, acelera los ciclos de nutrientes y resulta esencial para el desarrollo de la vida en el planeta.  Pero seamos un poco más concretos.

 

Existen ambientes en donde el calentamiento antrópico del la Tierra está generando profundas transformaciones en los suelos, comenzamos a perder parte del abundante carbono orgánico que atesoran, al ser emitirlo a la atmósfera, ya sea en forma de metano o de CO2. Nos referimos, como ya anticipamos, a los suelos helados (Criosoles o Gelisoles) sobre las profundas capas de sedimentos congelados a las que se denominan permafrost. Ambas se encuentran bajo los bosques de la Taiga más septentrionales y en especial los de la Tundra, aunque también en las cimas montañosas más elevadas que bordean a los glaciares de gran altitud.  En ellos, el agua permanece en forma de hielo, al margen de atesorar muchísima materia orgánica. Por razones que no podemos explicar aquí, el calentamiento favorece la fusión del agua helada, y tal hecho favorecería la emisión de grandes cantidades de gases de invernadero a la atmósfera, por lo que se generaría lo que denominamos una retroalimentación positiva: mayor calentamiento inducirá aun un mayor calentamiento, con efectos catastróficos para el hombre. Sin embargo, el sistema climático es muy complejo y aun no sabemos si otros procesos de retroalimentación negativa  (más calentamiento dispara mecanismos de enfriamiento) nos podrían a conducir a un mundo más frío (efecto del recalentón climático).

 

Pero en hombre no sólo está influyendo en el ciclo del carbono, sino en otros muchos de la biosfera. Uno de los más seriamente afectados en la actualidad es el del nitrógeno. Es cierto que se oye hablar menos de él. La razón estriba en que no genera efecto de invernadero. Sin embargo, su disrupción provoca graves problemas de contaminación sobre los ecosistemas y el propio ser humano, poniendo la biosfera en peligro.

 

No tenemos aun respuestas a muchas preguntas esenciales que nos ayudarían a predecir el futuro de la biosfera. Lo que si sabemos es que si no cuidamos nuestros suelos, el futuro de la sociedad será muy oscuro. Y sin embargo, en la ciencia actual, el estudio de la edafosfera no ha despertado gran interés. O la situación se revierte o será mucho más difícil resolver los graves problemas ambientales que sufre la humanidad.         

 

Os recordamos que este post es continuación de otro precedente que puede leerse pinchando con el ratón sobre su título:

 

El Recurso Suelo y su Importancia en la Biosfera: Una Introducción

 

Juan José Ibáñez

10:04 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (9)