Mucho se habla sobre los incendios forestales en los ambientes mediterráneos. Estos suelen asociarse a una posterior erosión del suelo y sus consiguientes efectos sobre la desertificación. Nadie duda de que el clima sea un factor relevante. En el mediterráneo, los usuales ciclos de sequía y las altas temperaturas estivales son factores que favorecen su incidencia y propagación. Ahora bien, se han aceptado muchos tópicos sin soporte empírico. Uno de ellos es el ya mencionado incremento de la erosión del suelo y, como resultado, que el agua de escorrentía y los sedimentos viajen a mayor velocidad hacia los cauces fluviales, generando el consiguiente cambio en su respuesta hidrológica. Lo que cabe preguntarse es si realmente toda esta desiderata resulta ser cierta. La respuesta debe ser necesariamente negativa. No es la naturaleza del clima, sino la fisiografía abrupta y a menudo montañosa de gran parte de la Cuenca Mediterránea la que produce los efectos aludidos. Sin embargo, el clima mediterráneo no se circunscribe al “Mare Nostrum”, sino que también aparece en California, Chile, Sur África y Australia. Una vez más, por su disposición tectónica, los dos primeros espacios geográficos mencionados y el país chileno padecen los procesos geomorfológicos e hidrológicos comentados. Sin embargo, la situación en el hemisferio sur es completamente diferente, por cuanto el relieve es más suave, especialmente en Australia (un craton de gran antigüedad). Serán justamente las antípodas de la Península Ibérica las que nos proporcionen una respuesta razonable del efecto per se de los incendios en ausencia de relieves pronunciados. ¿Qué ocurre entonces? Simplemente que tras el paso del fuego, no se genera erosión, sino un fuerte descenso en el caudal de los ríos ¿Por qué?.
Incendios en zonas arbustivas y producción de agua Fuente: NASA
Hace unos días (23 de enero de 2008), leyendo, la revista electrónica y gratuita “Terra Daily”, topé con una interesantísima nota de prensa del SCIRO australiano titulada “Bushfire Impact On Water Yields” (Incendios en zonas arbustivas y producción de agua). Inicialmente y, en ausencia de relieves abruptos, tras el paso del fuego la escasa vegetación remanente, de existir, apenas transpira agua, aumentando el volumen de agua de los ríos. Sin embargo, tal proceso cesa pronto, para revertirse después durante bastantes años. En otras palabras, los ríos terminarán pronto por disminuir sus caudales, llegando incluso a generar problemas de abastecimiento curso abajo. Este hecho es válido con independencia que hablemos de bosques, matorrales o zonas arbustivas. No obstante, no debemos olvidar la extensión del terreno afectada por el fuego (es decir la escala, cuestión que también suele pasarse por alto). Obviamente, estas deben ser grandes, como en el caso estudiado, en donde ardieron 700.000 hectáreas ¿Cuál es la razón de este proceso?

Cambio anual de la transpiración entre agosto de 2002
y Junio de 2006 en la zona afectada por el incendio
Foto SCIRO.
El incendio ocurrió en el verano de 2002-2003, afectando a matorral y bosques del “Murray-Darling River”. Esta cuenca de drenaje resulta ser la principal suministradora de agua a la mayor parte de la agricultura bajo riego del país, la ciudad de Adelaida y otras muchas colindantes. De hecho, la zona afectada por el fuego proporcionaba el 38% del caudal del cauce. Cuando la vegetación comenzó a recuperarse, al estar constituida principalmente por individuos jóvenes, que crecen mucho más deprisa que los adultos, el consumo de agua de sus ecosistemas se disparó (pasando luego directamente a la atmosfera por evapotranspiración) lo que hizo descender el volumen de agua que llegaba al cauce. Todo ello, causó un déficit de agua en ciudades, así como en una de las zonas agrícolas más importantes del país. Y aquí sí podemos hablar del efecto del clima, desligado de la fisiografía. Muchas de las generalidades que se espetan sobre la ecología, hidrología y edafología de los ambientes mediterráneos son simplemente falsas, por soslayar una de las principales variables de la ecuación: el relieve.

Distribución Mundial de los climas Mediterráneos
Ya es hora de comenzar a hablar con rigor. El problema estriba en que los responsables son tanto los propios investigadores como las noticias de prensa. ¿Os dais cuenta que fácil es patinar sobre el hielo cuando no se sopesan con rigor las condiciones ambientales estrictas de cada lugar? Esta situación también ilustra la importancia de abordar los problemas de impacto ambiental a escala de cuenca de drenaje. No es suficiente con intervenir a escala local.
Juan José Ibáñez