Jorge Gabriel Rodríguez Reyes MDH I.C.
Con acotaciones de Régulo León Arteta
Según los investigadores Frances Moore Lappé y Collins de la organización independiente el Instituto para el Alimento y el Desarrollo, existen 10 mitos sobre el hambre en el Mundo, que se aplican también a México. Estos son:

Fuente: www.hobotraveler.com
MITO UNO: La causa del hambre es la escasez tanto de alimentos como de tierra. FALSO: todos los países del mundo tienen recursos necesarios para que su población se libere a si misma del hambre, opinión compartida por Rudolf Stramh en ¿Por qué somos tan pobres? traducido, adaptado y publicado por la SEP (2000) en México.
MITO DOS: Hay demasiada gente en relación con los recursos agrícolas disponibles FALSO: Para alcanzar un equilibrio entre la población y los recursos de un país, primero se deben atacar las causas fundamentales del hambre, la inseguridad, y la pobreza, provocada por el control de pocos sobre los recursos básicos. En México 39 familias son las dueñas económicas del país, además de la hipoteca impagable al FMI y al Banco Mundial adquiridas por los gobernantes y que nos ata a sus mandatos y beneficia a las transnacionales y por ende contrarios a las necesidades básicas de la mayoría de la población.
MITO TRES El hambre quedará atrás si nos concentramos en el aumento de producción de alimentos. FALSO: El problema del hambre y la desnutrición empeora cuando se le aborda como un problema meramente técnico. Solo se alcanzará si logramos ante todo transformar las estructuras sociales de tal manera que la mayoría participe directamente en la construcción de un sistema económico democrático. El Consejo Consultivo Alemán para el Cambio Global (WBGU por sus siglas en alemán) califica como un sídromes (Enfermedades complejas):
- La degradación de las tierras por la agricultura industrial, ejemplificado por el Dust Bowl que asoló una vez a los EEU.
- 2. Los problemas ecológicos y sociales debidos a la política de desarrollo agrario no adaptado al ambiente, definido como de la Revolución Verde, a pesar del cacareado Premio Nobel de Norman Bourlog.
MITO CUATRO: Para alcanzar la seguridad alimentaria, el planeta debe depender de los grandes terratenientes. FALSO: La justicia y la producción son metas complementarias. El sistema más ineficiente y despilfarrador es el que se encuentra controlado por unos cuantos, para su propio beneficio. Stramh (2000) ejemplifica que desde el punto de vista energético, vulgarmente conocido como derivados del petróleo, son mas eficientes los minifundios de pocas hectáreas que los latifundios que atesoran cientos de ellos, sobre todo porque se apoyan más en herramientas de tiro animal y la mano de obra, por lo que obviamente consumen menos combustibles fósiles.
MITO CINCO: Nos encontramos ante una encrucijada trágica. El incremento necesario para la producción de alimentos solo puede lograrse a costa de generar daños ecológicos, como el uso de pesticidas y con erosión irreparable. FALSO: Salvaguardar el medio ambiente y eliminar el hambre son metas complementarias. Resulta suicida que nuestra alimentación dependa del petróleo, tanto para las labores culturales, como para la producción y transporte de los insumos y su comercialización dispendiosa a grandes distancias, por no hablar de la criminal práctica de la especulación, donde ganan más los parásitos de cuello blanco.
MITO SEIS La principal esperanza de un país atrasado es exportar cultivos naturales y emplear los ingresos así obtenidos en importar alimentos y bienes industriales. FALSO: Esto solo beneficia a los que controlan los recursos exportables. Lo primero es alcanzar la satisfacción alimentaria del propio pueblo. Ya el ilustre escudero Sancho Panza pregonaba: “Negocio que no da de comer a su amo no vale dos habas”. También nos vale aquí el dicho de: “O “Primero se come y después se es cristiano”.
MITO SIETE: El hambre es una lucha entre el Mundo Rico y el Mundo Pobre. FALSO: La seguridad alimentaria está amenazada, no por los hambrientos, sino por los beneficiarios de un sistema que concentra el poder económico en unas pocas manos que obtienen enormes ganancias con la escasez. Las compañías transnacionales cerealísticas, como Cargill y otras cuatro más, especulan con las cosechas de granos y hasta utilizan satélites espías para pronosticar la producción de algunos países y así poder encarecer o especular aún más con dichos productos, Stramh (2000) op.cit.
MITO OCHO: Los campesinos están tan oprimidos y dependientes que ya no pueden movilizarse por ellos mismos. FALSO: En cualquier nación donde exista hambre, escasez y carestía hay campesinos que pueden luchar por lograr el control de los recursos. La revolución mexicana, el reciente movimiento Zapatista en Chiapas, guerrillas sobrevivientes como el ERPI y otras, muestran lo contrario, evidenciando la necedad del poder en México y otros países del mundo: No es infrecuente que todo se quiera resolver con demagogia, o la ley del garrote.

Soldados de Ejercito Zapatista Moderno
Fuente: www.tvacapulco.com/noticias.php?not=2
MITO NUEVE: Las sociedades que han eliminado el hambre lo han hecho al precio de cancelar los derechos de la gente. FALSO: Lo que se necesita estimular es la participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones. La terquedad oficial actual de querer regalar el petróleo a sus patrones extranjeros, es parte de la costumbre de nuestros gobernantes de menospreciar la participación democrática de la población mexicana. Cambiando como en la conquista nuestras riquezas por espejitos, como fue el caso del famoso “tesorito” de aguas profundas y que al final hasta su propagandista terminó por olvidar.
MITO DIEZ: La solución de los problemas del campo está en la industria y la modernización empresarial de la agricultura. FALSO: Son los campesinos quienes lo resolverán, si logran el control democrático de los recursos productivos y construyen sistemas participativos para la producción y distribución de los alimentos. La tecnología por si sola, no asegura la supervivencia de una civilización, si no que lo digan los mayas y sobre todo los habitantes del Valle de Edzna en el estado de Campeche, quienes realizaron una obra de agricultura hidráulica, aún sin parangón, al menos en México, como también lo corrobora Eric Elkholm en su monografía “The ground that we lost”.