Existen muchos temas a medio camino entre la actividad científica, sociología de la ciencia y filosofía de la ciencia que a penas son abordados en la literatura, y menos aun en la docencia sobre el método científico. Me dispongo a comenzar una serie de post al respecto que pueda ser de ayuda a los jóvenes investigadores, así como de materia de reflexión para los profesionales. Comenzaremos hoy con asunto que entra de pleno dentro de los objetivos arriba señalados. Me refiero a los denominados “fracasos” en ciencias experimentales. Honestamente espero que tras leer esta contribución comprendáis que tales fiascos pueden atesorar mucho más valor que numerosos “éxitos”. Sin embargo, los cánones de la ciencia actual castigan a menudo a quien deberían ensalzar. Hacer buena investigación no es sinónimo de reconocimiento por parte de los colegas. Muy a manudo ocurre todo lo contrario. La historia de la ciencia está plagada de estos casos, que incluso han llevado al suicidio de figuras legendarias, tras ser vapuleados por sus mediocres colegas.

Ludwig Boltzmann: Físico austriaco y padre de la
mecánica estadística se suicidó en Trieste tras sufrir
el rechazo de los colegas antes una Teoría que ha pasado
a la posteridad. Fuente: Wikipedia
Un día, hace ya muchos años, una compañera de laboratorio leyó su tesis doctoral. Versaba en cómo intentar elaborar compost a partir de los residuos agrícolas poco útiles de una determinada especie vegetal, que cubre amplias extensiones en muchos países. Tras su lectura y pasar con pleno éxito tal prueba, se encontraba cabizbaja y meditabunda. Le pregunté si padecía del síndrome post-Tesis (una depresión temporal que afecta a algunos(as) candidatos tras defenderla ante el tribunal los resultados de su investigación). Ella me comentó que no ese no era su caso. La ya Doctora en cuestión había realizado un buen trabajo, partiendo de un diseño experimental riguroso y aplicando buenas ideas con el instrumental adecuado. Empero el residuo no se dejó comportar debidamente. Los resultados indicaban que con la tecnología de entonces no era posible trasformar tal material vegetal en un buen abono orgánico. Ya alguien del tribunal había empleado la palabra fracaso. Sinceramente no entendía porqué. Sin embargo, a sabiendas que los criterios de algunos de mis colegas son para dejar perplejo a cualquiera, no le di la mayor importancia. Yo le hubiera replicado con dureza. Sin embargo ella, persona muy comedida, prefirió no abrír un debate que hubiera sido de lo más interesante.
¿Porqué estaba triste la Princesa?. Simplemente porque las revistas científicas penalizan los resultados negativos de los estudios experimentales. En otras palabras, poco o nada puede escribirse en una revista de alto impacto si te ocurre algo así. Y aquí encontramos el primer error con “MAYSCULAS” de los cánones actuales no escritos de la actividad científica imperante y bobalizante. Explicaré el porqué.
Un Trabajo experimental que no da los frutos deseados puede y debe ser valorado como de gran interés si demuestra que una línea de indagación, en principio lógica y razonable, se viene abajo por razones que pueden ser explicadas. Su valor reside en evitar que en otros laboratorios se pierda el tiempo llevando a cabo iniciativas similares. Induce a que una comunidad de científicos revisen sus bases teóricas y/o experimentales. Como corolario ahorrar tiempo a los investigadores y dinero a los organismos financiadotes. Los expertos deberán pues comenzar otra andadura por derroteros distintos. ¿Por qué entonces tales estudios son tan difíciles de publicar? Simplemente debido a que nos encontramos en una cultura del éxito. No se perdona a nadie que no de con hallazgos exitosos “aparentemente espectaculares” (al final muchos no lo son ni de lejos). El continente es preferido al contenido. Pura imagen mediática.
Debemos distinguir este tipo de situaciones de aquellas en las que el fracaso es debido a partir de premisas teóricas erróneas, deficientes diseños experimentales, mal uso de la instrumentación etc. En estos casos, el autor o autores, tienen sobrados motivos sentirse frustrados. En mi modesta opinión, un estudio bien hecho siempre aporta información de interés., al contrario que otros que no aportan nada nuevo con sustancia (la mayoría). Pero nuestros “sacerdotes de la ciencia”, políticos científicos y editores de revistas no lo ven de la misma forma. Lamentable.
Alrededor de 1995, en el Comité Cinético Asesor de la Presidencia del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España), se generó un debate tremendamente interesante que os voy a relatar brevemente. Discutíamos sobre los criterios para dotar las becas a los jóvenes investigadores que retornaban del extranjero, tras un periodo posdoctoral. La mayoría de los asesores no dudaban de aplicar “a raja tabla” la política de publica o perece. En ese momento yo les comenté el caso que os he narrado. Obviamente, se me expusieron los más disparatados argumentos para refutar mis tesis, cuando Antonio García Bellido (el científico español que ha estado más cerca de alcanzar un Premio Nóbel en el ámbito de las ciencias biomédicas) hizo uso de su turno de palabra. Todos se pusieron a temblar, ya que es una persona franca, contundente y dura en sus afirmaciones, mientras que nadie allí (incluido el por aquel entones Presidente del CSIC) podía hacerle la más mínima sombra. Y Antonio García Bellido vino más o menos, a decir que:
A mi no me interesa o más mínimo el número de artículos de impacto que un candidato a trabajar en mi laboratorio me ponga encima de la mesa. Ni los leo. Simplemente le pregunto que había hecho, cual era la lógica subyacente, que deseaba descubrir y que pensaba aportar a mi laboratorio. Tras ello escojo al más creativo y valiente (las investigaciones con un alto riesgo de fracasar, aunque también con posibilidades de alcanzar un éxito sonado, no suelen ser de la apetencia de los más conservadores, es decir de la mayoría), con independencia de que publicara cien o ningún trabajo. Nadie de la Comisión Respondió. Obviamente, nada cambió tampoco. Muchos de ellos estaban allí por su incontinente “paperitis”.
Si en algo se diferencia la ciencia de EE.UU. del resto, es por disponer de mecanismos sociales y culturales para financiar ideas muy locas, pero que de ser corroboradas marcan época. La filantropía científica, a través de fundaciones privadas, lo permite y estimulan. En Europa ya es otro asunto (mejor dicho no hay nada parecido ni de lejos). Un mero ejemplo más que ilustrativo. Un día un colega y yo presentamos conjuntamente a un candidato para obtener un contrato posdoctoral. La solicitud fue denegada debido a que su línea de investigación daría lugar a “potencialmente a poco artículos”. Vamos aquél tribunal evaluador debía haber apelado a una adivinor(a) con su bolita de cristal. Del mismo modo, dejo bien claro tácitamente que el sistema se primaba la cantidad sobre la calidad, el conservadurismo sobre el atrevimiento y la mediocridad sobre el talento. Así no avanza la ciencia, sino que se estimula la mediocridad.
Retornemos a los fracasos en ciencias experimentales. Sostengo que son tan importantes como los éxitos. Lo que se debe juzgar es lo que García Bellido demandaba: talento, creatividad y valor para hacer una ciencia novedosa que rompa las estructuras mentales del establishment. Por desgracia muchos de esos talentos son expulsados en lugar de ser mimados con esmero. E mundo al revés. Esta es la irrazonable racionalidad de la ciencia. Y mientras tanto se sigue hablando de la cultura del talento. Cuanto necio abundan entre nuestros popes ¿Talento para medrar o talento para crear?. ¿Debo daros la respuesta? Hace más de un año escribí algunos post sobre “como hacerse famoso en Ciencia sin despeinarse”. Tuve que borrar decenas de comentarios de cibernautas que preguntaban todo tipo e detalles que prefiero olvidar.
Juan José Ibáñez
Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)
¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?
El Método Científico
Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia
Reduccionismo Epistemológico
Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]
El Círculo de Viena y el Positivismo Lógico [41]
Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26]
Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad [17, 18],
Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]
Las Teorías Científicas Como Estructuras Complejas
La Filosofía de Imre Lakatos [28, 29, 30, 31, 32]
La Filosofía de Thomás Kuhn [33, 34, 35, 36, 37]
Filosofías Radicales de la Ciencia: Feyerabend y más [38]
Filosofía de la Ciencia versus filosofías científicas [39]
¿Es la mente fractal? [40]
¿Filosofía Cuántica? [42]
Seredipidad o Serendipia y la Lógica de los Descubrimientos Científicos [43]
El Dudoso Estatus de los Ciencia Modelos de Simulación Predicativos [44]
Filosofía de la Tecnología y Ortega y Gasset [45]
Los Conceptos y Sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre [46]
Nominalismo, Realismo y Conceptualismo: Sobre el significado de concepto [47]
Pensamiento Analógico y Pensamiento Digital: Acerca de lo Continuo y lo Discreto [48]
El Discurso Científico, Conceptos Contrarios y Jean-Marc Lévy-Leblond [49]
Sobre Ciencia, Filosofía de la ciencia y religión : [50]
Clasificaciones, la Percepción del Mundo y el Progreso Acumulativo de la Ciencia [51]
El Concepto de Especie, Tipos de Suelo y la Filosofía de la Ciencia: Realismo Promiscuo [52]
Números mágicos [53]
Bruno Latour y los Estudios Sociales de la Ciencia [54, 55, 58, 59, 60]
Reduccionismo epistemológico y ontológico (las teorías del todo) [56]
Sobre lo continuo y lo contiguo [57]
Tipos de Conceptos Científicos: [61, 62, 63]
Leyes, teorías, conjeturas e hipótesis en Ciencia [64]
Concepto y tipos de Modelos Científicos [65]
La Crisis de las Ciencias Taxonómicas [66]
Las Incertidumbres de la Ciencia: Ajustes a los Modelos de Regresión Estadística [67]
Los Fracasos Experimentales y Su Valor en Ciencia [68]