Mientras la
ONU y la FAO realizan una reunión de alto nivel en Roma con vistas a analizar la crisis alimentaria mundial, propiciada en
parte por una insensata política agroenergética para obtener
los biocombustibles de primera generación, hoy comenzaremos a ver como lo que prometen los biofuleros en lo que
concierne a la segunda generación deparará un
nuevo desastre si no se detiene a tiempo tanta estupidez. Ya os comentamos en un post
anterior (¿Biodiversidad
o Cambio Climático?: ¿Dos Convenciones Incompatibles?: Las Especies Invasivas) que muchas de las plantas
candidatas que se presentan como las
grandes promesas de esta nueva generación de biocombustibles también lo son
para devastar la biodiversidad de amplias regiones. Del mismo modo, también os
comentamos que la idea de utilizar las
tierras marginales a la hora de producir los biocombustibles de segunda generación creará problemas ambientes de enorme magnitud. Y es que el
concepto de tierra marginal, es peligroso y confundente. Varias son las razones. En este post nos dedicaremos a
repasarlas, aunque son de “perogrullo” para un edafólogo. Digamos para
los no iniciados que el principal problema radica en que
no se han analizado sus repercusiones sobre el suelo y como corolario, la
degradación ambiental del mismo.

El concepto de economía global comienza a retumbar en mi aparato auditivo como un concepto que me recuerda a los dictados de la “Santa Inqusición”: brutal, bárbaro, salvaje, etc. Resulta palmario que en Europa la política de los biocombustibles de primera generación (BC-1G) ha prosperado gracias a que los intereses económicos han minimizado el asunto generando en la opinión pública una imagen que tan solo contemplaba los impactos en el continente, soslayando así las consecuencias mundiales. Curioso hecho. Mientras que el palabro global resuena en los oídos del ciudadano, como un eco que le acecha por todos los lados, luego se le induce a pensar local o regionalmente. Se me antoja que los que defienden tales iniciativas, o no leen la prensa de otros países, o no han salido de su pueblo jamás, o son unos embusteros soberbios. Mirar lo que nos cuenta Karmele Llano que trabaja a pie de campo en Indonesia. Su análisis no da lugar a dudas. La agroenergética ha generado hambre, degradación ambiental, pérdida de biodiversidad y “posiblemente” aumentado la concentración de gases de invernadero en la atmósfera: ¡cojonudo!: mucho peor el remedio que la enfermedad. Pero comencemos.
Cabria comenzar señalando que debemos discernir entre varios tipos de fuentes a la hora de hablar de biocombustibles de segunda generación (BC-2G):
· Utilización de plantas sin interés alimentario en tierras marginales. Cabe señalar que muchas crecerían bajo cultivo, por lo que seguimos hablando de agroenergética.
· Utilización biomasa procedentes ambientes forestales y pastorales. Ya constataremos que en muchos casos se propone plantar especies de crecimiento rápido. Empero si sembramos monocultivos, aunque no hagamos uso del arado, podemos seguir señalando que se trata de otro tipo de agroenergética.
· Utilización de residuos de masas forestales, industriales y urbanas. Resulta temerario incluir a todas estas fuentes en una misma categoría. Sería recomendable separar los forestales de las otras dos mencionada, por cuanto los problemas que pueden acarrear son claramente diferentes.
· Obtención de biomasa de fuentes controladas que no atentan “gravemente” contra el uso del territorio, como lo serían los birreactores de algas.
Utilización de plantas sin interés alimentario en tierras marginales
Realmente el aprovechamiento de toda la biomasa de una planta plantea “en teoría” tanto una mejora en el rendimiento, como un problema de primera magnitud. Las tierras marginales lo son por su escaso valor productivo (clima desfavorable, escasa fertilidad del suelo, tierras en laderas erosionadas, etc.). Por lo tanto en la inmensa mayoría de los casos la producción de biomasa será escasa, a no ser que se rieguen y fertilicen (al margen de los posibles pesticidas que deban usarse). Y ya nos topamos con los primeros contratiempos. El uso y contaminación del agua (corrientes y estancas, superficiales y subterráneas, dulces y saladas –ya que los tóxicos van a parar al mar) que termina finalmente generando las floraciones algales y los puntos muertos marinos, además de dañar la biota terrestre, el suelo y diezmar las pesquerías. Sin embargo lo que más me preocupa es el descenso de la materia orgánica del suelo.

La pérdida de materia orgánica del suelo
La biomasa (materia viva) convertida en necromasa (materia muerte en base a la química del carbono) es la nutrición de la tierra o del suelo, y por lo tanto vital para el mantenimiento de los ecosistemas (ya sean naturales o agrarios). Los residuos de las cosechas, o las enmiendas orgánicas son imprescindibles con vistas a mantener la biodiversidad del suelo, y unas propiedades físicas, químicas e hidrológicas favorables para el desarrollo de la vegetación. Si utilizamos casi toda la biomasa, el input en el suelo de materia orgánica será escaso, por lo que este sufrirá:
· Una pérdida de actividad biológica y de la biodiversidad del suelo
· Reducción de la capacidad para la retención de los nutrientes
· Deterioro de las propiedades físicas que inducirán un menor potencial para retener agua en el medio edáfico, favoreciendo su sellado superficial, compactación y ulterior pérdida por erosión (ya sea hídrica o eólica)
En consecuencia se usaran o no agroquímicos, se labre el suelo o no, este requerirá enmiendas orgánicas para mantener sus propiedades productivas. ¿Agroenergética orgánica? ¿Deberemos transportar hasta allá estas últimas? De ser así ¿será entonces rentable la producción de tales biocombustibles? ¿A que nadie habla de este problema en la prensa? Mal asunto, o falta de rentabilidad o degradación ambiental.
Más aún, ya hemos reiterado en otros post que el suelo almacena mucho más Co2 que el auge alberga la atmósfera. Dicho de otro modo la mineralización da la materia orgánica del suelo trasforma el suelo de sumidero a fuente de CO2, por lo que lo que se secuestre por un lado lo emitimos por otro. Los estudios al respecto sobre el balance energético deben ser muy serios y no pueden abandonarse a los documentos interesados de los agentes económicos implicados. Ya sabemos como se las gastan. No son fiables.
Utilización biomasa procedentes ambientes forestales y pastorales
Al margen del consabido problema de las especies invasivas (alien species), como hemos mentado, deberán cultivarse especies de crecimiento rápido. Muchas de ellas son pirofíticas y/o altas consumidores de agua. Como resultado cabe esperar el incremento de los incendios forestales y/o la reducción de los caudales de los ríos, como ya vimos en un post anterior a cerca de lo que ocurría con el agua y el fuego en Australia (Incendios Forestales: Repercusión sobre la Descarga Hidrológica Fluvial). A pesar de todo, tal práctica, además requiere la apropiación de espacios considerables. Sobre tierras marginales los rendimientos pueden ser escasos, con frecuencia. Sin embargo, si se plantas sobre suelos productivos volveríamos a la disyuntiva entre biocombustibles o alimentos. Se ha argumentado irreflexivamente que debemos emplear más madera en nuestras construcciones y en lugar de plásticos y otros materiales. Completamente de acuerdo. No obstante, en muchos países ya hemos sembrado este tipo de plantas (coníferas y eucaliptos preferentemente) por nuestras tierras marginales, agravando el deterioro ambiental muy a menudo. En otros Estados, habría que hacer uso de las tierras vírgenes, topándonos con el dilema de la consabida pérdida de biodiversidad y espacios naturales. Más aun, tarde o temprano, la madera termina siendo un residuo que se quemará emitiendo CO2, por lo que desde Estados Unidos nos llegan propuestas con vistas a enterrar la masa maderera varios metros bajo el suelo. No veo como romper este nudo gordiano para sacar rendimiento de tales prácticas.

Enterrando la biomasa del bosque en el suelo
Fuente: Sciencedaily
Utilización de residuos de masas forestales
Al final del post tendréis la respuesta, aunque básicamente es la misma, pero con matices. Es cierto que cuando el hombre dejó de usar la leña en los países desarrollados con climas más o menos secos, comenzó a incrementarse la intensidad y frecuencia de los incendios. En consecuencia, limpiar de maleza del monte resulta beneficioso. Sin embargo, también cabe preguntarse: ¿es rentable económicamente mantener a miles de personas recogiendo las ramitas y alguna hojarasca del bosque? Mucha mano de obra para escaso rendimiento en los países industrializados y competencia por el fuel para los hogares en los más pobres (si es que mantienen la foresta, que no es el caso de muchos de ellos). Eso sí, si recogemos demasiada retornamos también a los problemas de la pérdida de la materia orgánica de los suelos. Tal actividad sólo sería viable con subvenciones y teniendo en cuenta el beneficio ecológico y climático que significa reducir los efectos de los incendios y las consecuentes emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. A puesto por ello, pero el biofuel que se extraiga a penas aportará un minúsculo porcentaje de lo que demanda de la economía a la agroenergética. Digamos de paso que la mayor parte de las especies de crecimiento rápido también degradan la biodiversidad y el metabolismo del suelo respecto a otras autóctonas que se desarrollan más lentamente.
Obtención de biomasa de residuos urbanos y agoindustriales
No cabe la menor duda de que convertir un problema (residuos) en un producto de interés económico y ambiental (combustible que no emite gases de invernadero) aportará beneficios diversos. De hecho, ya existen tecnologías para transformar los residuos de ciertas empresas agroalimentarias en biocombustibles. Ni el más mínimo reparo, si a la larga son rentables. Y aunque no lo fueran y requirieran subvenciones, también estarían legitimadas por evitar un problema para el medio ambiente. Sin embargo, se trata de otro aporte más que modesto a la contribución de las energías alternativas con vistas a paliar el déficit energético de los países
Obtención de biomasa de fuentes controladas que no atentan “gravemente” contra el uso del territorio
En mi opinión y visto los problemas que padecen las alternativas previamente mencionadas, debemos seguir investigando. Los birreactores para la producción de biomasa parecen ser una alternativa esperanzadora que no compite con los usos de la tierra, ni con la producción alimentaria. Obviamente se deben seguir buscando alternativas de esta índole. Tal estrategia requiere talento, dinero y paciencia. Es la última la que más me preocupa. El cambio climático ya es, posiblemente una realidad, o así lo consideran la mayoría de los expertos. Seguir dando tumbos y degradando el medio ambiente no es la solución. Más vale esperar un tiempo y evitar la devastación de las alternativas actuales. Hipócritamente se alega que no hay tiempo. Yo respondería, este último se agotó hace algunos años. No se trata ya de evitar el cambio climático, sino de paliarlo de una manera eficaz y ambientalmente razonable.
Un temor:
¿Han escuchado ustedes que las noticias traten del “oro guarro o sucio”?. ¿No? Veremos como pronto, se hablará de, él usando estos palabros u otros cualesquiera. Hablaremos del tema en otro post. Reitero que no soy profeta (tan solo intento utilizar mi cabecita y exprimir las deterioradas neuronas que aun permanecen allí), pero tiempo al tempo. Como nos voy a dejar así os propongo un acertijo:
Cuando un residuo resulta ser un problema ambiental, emergen diversas iniciativas empresariales con vistas a eliminarlo o utilizarlo con fines industriales. Al principio se tarda en dar con soluciones aceptables. De pronto aparece una, luego varias y finalmente muchas. El resultado es que el residuo problemático puede terminar por convertirse en un residuo cotizado. Existe una Sociedad en España que se llama algo así como “amantes de la basura”. Hace falta ser cochinos. Ahora bien, una vez más, tiempo al tiempo. Os dejo ahora con dos noticias, la que versa sobre el problemal. La primera aborda el riesgo de la pérdida de materia orgánica por el aprovechamiento de los residuos forestales, mientras la segunda aborda la propuesta de enterrar los bosques en el suelo, por si no os lo creéis.
Juan José Ibáñez
Using Forest Residues Reduces Soil Carbon Stock: ScienceDaily (May 21, 2008)
The use of harvest residues for energy production decreases soil carbon stocks. These changes in soil carbon stocks are remarkable compared to the other greenhouse gas emissions caused by the use of forest residues for energy. On a national scale, soil carbon stocks play an important role in forest carbon balances.
Changes in soil carbon stock need to be assessed reliably and transparently because we need more information on the effects of climate change and forest management on soil carbon. This is also stressed by climate conventions which have set practical reporting requirements for changes in soil carbon stock. The large spatial variability of soil carbon goes together with relatively slow changes in stocks, which, in turn, hinders the assessment of soil carbon stocks and their changes by direct measurements. Models therefore widely serve to estimate carbon stocks and stock changes in soils.
A recent doctoral thesis developed and tested the soil carbon model YASSO for upland forest soils. The model was aimed to take into account the most important processes controlling the decomposition in soils, yet remain simple enough to ensure its practical applicability in different applications. The model was applied to study the effects of intensified biomass extraction on the forest carbon balance, to estimate the effects of soil carbon deficit on net greenhouse gas emissions of energy use of forest residues and to assess the national scale forest carbon balance for Finland’s forests.
YASSO managed to describe sufficiently the effects of both the variable litter and climatic conditions on decomposition. When combined with the stand models or other systems providing litter information, the dynamic approach of the model proved to be powerful for estimating changes in soil carbon stocks on different scales.
Journal reference:
Liski, J., Palosuo, T., Peltoniemi, M. & Sievänen, R., 2005. Carbon and decomposition model Yasso for forest soils. Ecological Modelling 189(1-2): 168-182. doi:10.1016/j.ecolmodel.2005.03.005
Adapted from materials provided by European Forest Institute, via AlphaGalileo.
Put The Trees In The Ground: A Fix For The Global Carbon Dioxide Problem?; ScienceDaily (May 15, 2008)
Of the current global environmental problems, the excessive release of carbon dioxide from the combustion of fossil fuels and the related global warming is one of the most pressing. In an essay in the journal ChemSusChem , Fritz Scholz and Ulrich Hasse from the University of Greifswald introduce a possible approach to a solution: deliberately planted forests bind the CO2 through photosynthesis and are then removed from the global CO2 cycle by burial. "For the first time, humankind will give something back to nature that we have taken away before," says Scholz.
"Whereas other environmental problems can, at least in principle, be solved by the appropriate modern technology," reports Scholz, "there are no realistic solutions for the CO2 problem." At present, a daunting 32 gigatons of CO2 are released into the atmosphere every year. Previous proposals to pump the CO2 into the oceans are not practicable or are ecologically problematic.
The only possible way to bind sufficiently large quantities of CO2 from the atmosphere is photosynthesis. However, the resulting biomass cannot be burned or composted, because this would release the bound CO2. The trick will be to make the biomass "disappear". Scholz recommends planting forests whose wood will subsequently be buried. Possible burial sites include open brown coal pits or other surface mines. These should be filled with wood and covered with soil. Cut off from the air in this manner, the wood would not change, even over long periods. It could in principle be dug up in the future and used. According to estimations made by Scholz and Hasse, we would have to plant a little over one billion (109) hectares of forest in order to bind all of the carbon dioxide produced in a year. This corresponds roughly to the surface of the virgin forest cut down in the last century. This project could be financed by an additional tax of 0.11 € per liter of gasoline or 0.003 € per kilowatt-hour of electricity.
"The forests should be planted in countries that are suitable for growing forest and also have the necessary sites for burial of the wood," stresses Scholz. "Other countries, the primary consumers of fossil fuels, can pay them for it. This would produce a global trade that would benefit everyone involved."
Journal reference:
Fritz Scholz. Permanent Wood Sequestration: The Solution to the Global Carbon Dioxide Problem. ChemSusChem, doi: 10.1002/cssc.200800048 [link]