Tal como se pronuncian nuestros “Científicos de Excelencia”, que no nuestros excelentes científicos, se antoja que el número de ISI papers es indicador de “excelencia”. Nada más lejos de la realidad. Generalmente, desear publicar mucho se me antoja un signo de debilidad, al menos en muchas disciplinas científicas, como es el caso de la edafología. Ya que uno no tiene talento, pues démosle a la churrera para aparentarlo. Y así se ha apuntalado un sistema en que Cervantes sucumbiría ante vulgares escritores de novelas rosa o policíacas. Cuándo se habla de Einstein, u otros genios de nuestra época, se les recuerda por una, dos, tres, o cuatro contribuciones como máximo. De hecho, una es más que suficiente si es rompedora o revolucionaria. Todo investigador sabe sobradamente, que, la gran parte de la literatura ISI, esta repleta de contaminación, es decir por artículos que a lo suma han sido citados por los propios autores en alguna ocasión ¿hay que estar orgullosos de ello? Modestamente pienso que no. Un sistema que priva la mediocridad de este tipo, a la que he denominado en varias ocasiones como “mediocridad cualificada” no va por el buen camino. Lo que se necesita son trabajos pioneros, que rompan los esquemas del establishment. Y son estos últimos trabajos, los que justamente resultan más difíciles de publicar. A veces, se requieran años antes de que sean aceptados. No lo digo yo, analizar la historia de la ciencia y os daréis cuenta. Es mucho más frecuente que los autores de grandes descubrimientos o contribuciones sean mal tratados e incluso vejados por sus colegas en el establishment. La vida de los genios está repleta de frustraciones y amarguras. La de los denominados científicos productivos es cómoda o fácil. Exactamente como lo que estáis pensando ahora. Lo mismo que les ocurre, por lo general, a los grandes monstruos del arte o la literatura les pasa a los investigadores geniales. Veamos el ejemplo de Ewart Adsil Fitzpatrick.
Por tanto, no se trata de publicar mucho, sino de publicar bien. Gastar las energías en la primera actividad conlleva secuestrarla de la segunda y así no debe articularse jamás un Sistema de I + D + i. Claro está es mucho más difícil juzgar a un creador que a un mediocre (como probablemente lo sea yo).
Aprovechándonos que Fitzpatrick, presentó sus softwares en nuestra Weblog, analizaremos el CV de uno de los edafólogos más laureados y reconocidos del mundo. Medalla Dochaufour y Medalla Kubiena. Un edafólogo no puede aspirar a más. Pues bien, Fitz, comenzó a publicar en 1954, un año antes de que naciera este mediocre administrador. A lo largo de su dilatada y fructífera carrera, Fitz ha publicado unos 36 ISI papers (si he contado bien), es decir poco más de 0,5 ISI papers al año. Cuando le dieron su primer gran galardón, No el Kubiena, ni el Duchaufour, sino la Medalla de Plata de la Soc. Británica de las Ciencias del Suelo, Fitz había publicado aproximadamente 16. Con esa cantidad en España a lo peor ni pasaba las pruebas de ingreso a la escala de científico titular del CSIC. Fitz, también parece haber rehuido ser miembro de Grupos de Expertos y otras zarandajas de que tanto alardean los “científicos de Excelencia”, que no los “científicos excelentes” (repitámoslo ad nausean, a ver si se nos queda grabado en la mente). Por el contrario, la docencia y la divulgación sí le interesaban. De ahí sus magníficos libros de texto, entre otros productos.
Vemos pues la gran falacia de los buscadores de fama y gloria. Recrearos en la utilidad de los sistemas de valoración de nuestro sacrosanto sistema de I + D + i. Muchos de los que nos dirigen, encubren su mediocridad al peso. Si la selección del personal investigador se hiciera por criterios de calidad, capacidad innovadora y creatividad en lugar de lo que ellos denominan “excelencia, “otro gallo nos cantaría”.
Muchos de los jóvenes edafólogos que debieran concursar a plazas del CSIC (como no las hay pues mejor no hablar: no es lo mismo edafología que ciencias del suelo, por mucho que se empecinen algunos) les exigen casi el mismo número de publicaciones que ha publicado Fitz en revistas de impacto, en 52 años de actividad profesional (nuestro amigo tienen muchas más en otras revistas que llevan el marchamo ISI, varias de ellas en castellano).
Antonio García Bellido, que solía sentarse a mi lado en el Comité Científico Asesor de la Presidencia del CSIC no se cansaba de decirlo, ante la imperturbable mirada de los que sabían que no iba a triunfar ya que ellos estaban allí por el peso de sus publicaciones. Intento recordar una frase de este afamado científico. Algo así como: ¡Yo, a los jóvenes investigadores procedentes del extranjero, que llegan a mi despacho pidiendo trabajo, no les pregunto cuantas publicaciones han realizado, sino a donde querían llegar y porqué caminos. No me importa que fracasaran, la cuestión es que buscaran algo original y de forma coherente”. Lástima que no tengamos muchos Bellidos como gestores o diseñadores de políticas científicas nacionales, y sí muchos cantamañanas; perdón quería decir “científicos de excelencia”.
Seguro que, en otros ámbitos del saber conocemos a famosos científicos con un número escaso de ISI papers, lo que suele ocurrir es que como ya tienen fama damos por supuesto un CV voluminoso, pero frecuentemente no es así). Uno de ellos es Stephen Gay Gould, despreciado por muchos colegas por saltarse el sistema de pares y publicar directamente numerosas de sus brillantes ideas en libros de divulgación. Espero que podamos hablar de él, ya que tengo un libro en el que el mediocre de turno arremetía contra su persona por esta “saludable” actitud. ¿Porqué no publicar estudios de gran brillantez y originalidad de tal modo que sean asequibles directamente a la mayor parte de los mortales? ¿No nos demanda la UE divulgación científica hora? Sencillamente porque al establishment no le gusta que nadie escape a su poder, y mucho menos los investigadores geniales que les ponen a menudo en entre dicho.
Juan José Ibáñez