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Se realista, pide lo imposible”, versaba en un graffiti pintado en las paredes durante la rebelión ciudadana de mayo del 68 en París. Ya casi nadie se acuerda de aquel fantástico estallido de ¡basta ya! espetado por los ciudadanos contra el poder y un modelo injusto de sociedad. De haber tenido más éxito quizás hoy viviríamos en un mundo más equitativo. Pero a lo que vamos, ¿Se puede aplicar la frase de marras al mundo de la ciencia? ¿Resulta lícito plantearse la investigación en tales términos? Aunque parezca de nuevo que ando algo demenciado, defiendo tanto que la respuesta debe ser afirmativa, como que, además es imprescindible. De hecho, la praxis científica, y en especial la de las ciencias duras, demuestra que se trata de un hecho incuestionable. Ahora bien, me refiero al universo de la ciencia teórica. Hoy hablaremos de los reduccionismos ontológico y epistemológico, que no de la fragmentación contemporánea de la ciencia en compartimentos estanco, lo cual convierte al investigador en paleto y dificulta la difusión del conocimiento entre las diversas ramas que lo constituyen.  Reduccionismo de los malos; un cáncer de la ciencia contemporánea.

 

 

 

Descartes y “El Método” 

 

Este fin de semana daremos un descanso al análisis de la obra de Bruno Latour, y nos adentraremos en tema ya esbozado en contribuciones anteriores. En aquellas ya explicamos que existían teorías de bajo y alto nivel (ver este y este post, así como el titulado: “reduccionismo epistemológico”). Las regularidades y teorías de bajo nivel son aquellas que dan cuenta de los datos próximos a una realidad material concreta. Cuando varias disciplinas detectan que sus resultados son comunes, el constructo modelo teórico asciende a un nivel de abstracción superior que cubre aquellas. El reduccionismo ontológico defiende que el fin último de la ciencia consiste en alcanzar una “teoría universal del todo” (digamos que algo parecido a lo que se denomina del mismo modo en las ciencias físicas, y en la que, hoy por hoy, la teoría de las supercuerdas parece ser en la que los físicos depositan mayores esperanzas. Pero ese es otro tema.

 

Esperaba encontrar materia de debate en la Wikipedia española y algo habrá, pero el buscador no lo ha detectado. Así pues comenzaremos analizando otros textos que navegan en el ciberespacio, comenzando por una bitácora en la que se colgó un post que abordaba el tema del “reduccionismo y la complejidad”. Más concretamente en este texto se puede leer:  

 

Lo que pudiera considerarse como sueño y paradigma del reduccionismo es la postura de Tegmark y Wheeler:

«Las teorías se pueden organizar en un árbol familiar donde una puede en principio derivarse de otras más fundamentales situadas por encima de ellas. Casi en la copa de dicho árbol se encuentran la relatividad general y la teoría cuántica del campo... Todas estas teorías tienen dos componentes: ecuaciones matemáticas y palabras que explican cómo las ecuaciones se conectan a lo que es observado en los experimentos... Hablando crudamente, la relación de ecuaciones a palabras decrece cuando nos movemos hacia abajo en el árbol, haciéndoles casi cero para campos muy aplicados como la medicina y la sociología». En contraste, las teorías cerca de la copa son altamente matemáticas y los físicos están todavía peleando para desentrañar los conceptos codificados en las matemáticas».

«La última meta de la física es encontrar lo que jocosamente se conoce como una Teoría del Todo, de la cual se podrían derivar todas las otras. Si una teoría existiese tomaría el punto más alto del árbol familiar, indicando que ambas, la relatividad general y la teoría cuántica del campo, podrían ser derivadas de ellas. Los físicos saben que algo anda perdido en la copa de dicho árbol debido a la falta de una teoría consistente que incluya a la vez la gravedad y la mecánica cuántica, sin embargo el universo contiene ambos fenómenos. Una Teoría del Todo probablemente no contendrá conceptos de ninguna clase. De otra manera uno tendría que buscar una explicación de dichos conceptos en otra teoría aún más fundamental y así sucesivamente en un regreso infinito. En otras palabras, la teoría tendría que ser puramente matemática, sin explicaciones ni postulados. Mas bien, un matemático infinitamente inteligente debería ser capaz de derivar el árbol teórico completo de las solas ecuaciones, derivando las propiedades del universo que describen y las propiedades, sus habitantes y sus percepciones del mundo". Después de esto y parodiando los Caprichos de Goya según el cual: los sueños de la razón engendran monstruos, pudiéramos decir que ¡los sueños reduccionistas engendran... ángeles, demiurgos o dioses!

 

Es obvio que el autor denosta esta quimera, pero la explica a la perfección. El edificio de la ciencia se ha cimentado tanto en la búsqueda de regularidades de bajo nivel, como en su anidamiento ascendente en otras de mayor nivel hasta alcanzar una que diera cuenta de todo lo que acaece en el cosmos. A modo de ejemplo, las leyes de la biología (que a su vez se engarzarían mediante tal anidamiento) deberían poderse reducir a las de la química y éstas a las de la física, hasta alcanzar una que diera cuenta de todos ellas, lo que ahora se denomina Teoría del Todo.  Siempre he pensado que se trata de una empresa quimérica. Ahora bien, reitero que se me antoja imprescindible, más que deseable. ¿Porqué?

 

Los teóricos (tan denostados actualmente por los que solo saben preguntar ¿y eso para que vale?), entre los cuales me incluyo, intentan poner orden en el caos de la literatura y el pensamiento de los investigadores que trabajan a pie de campo. Estos últimos detectan patrones que se van acumulando encima de la mesa. Muchos de ellos resultas ser mutuamente incompatibles, por lo que hay que separar “el grano de la paja”. Sólo así se puede llegar a alcanzar un corpus doctrinal coherente, siempre efímero, de una disciplina científica en un momento dado. Desafortunadamente, en los tiempos que corren, esta perspectiva apersonal se sustituye en demasía por el consenso y, lo que es peor aun, por los argumentos de autoridad y los intereses inconfesables (poder, dinero….) de las escuelas invisibles. De todo ello ya hemos hablado en los post anteriores de nuestro “Curso de la Filosofía y Sociología de la ciencia”, así como en algunos otros (por favor hacer uso del buscador para encontrarlos escribiendo los vocablos mencionados).  Eso sí la nomenclatura de bajo y alto nivel me parece poco afortunada, ya que da pie a pensar que unos investigadores son más rastreros que otros. No se trata de eso. “Todos son necesarios”, por cuanto sin los primeros no existirían los últimos.      

 

 

 

Pierre Simon Laplace (Fuente: Wikipedia Española)

 

En este enlace os remito a un documento en pdf realizado por varios investigadores muy conocidos en España. En el se explicitan las diferencias entre reduccionismo epistemológico y reduccionismo ontológico. Se trata de un texto que da cuenta de un seminario sobre “las dimensiones biológicas de la edafología”, cuya síntesis fue escrita por Manuel Bejar. Extraigo unos fragmentos que pueden ser de utilidad, lo cual no quiere decir que comulgue con todos sus argumentos (ni mucho menos):

 

Teniendo en cuenta el nivel de profundidad a la que se decida aplicar los reduccionismos o antireduccionismos a la realidad, se distinguen dos tipos: epistemológico y ontológico.

 

Se entiende por reduccionismo ontológico al estilo de pensamiento que descarta la existencia de cualquier mecanismo, principio, ley o causa, en los fenómenos biológicos, que sean distintos de los que actúan en niveles físicoquímicos. La vida pues, no es diferente de otras realidades básicas. Por reduccionismo epistemológico definimos al método seguido por aquéllos que sugieren que tanto los seres vivos como los inertes son explicados por los mismos principios. Explicados estos conceptos el Prof. Arana hizo un recorrido por el sistema de pensamiento pasando por cada una de las cuatro combinaciones entre reduccionismos y antireduccionismo, tanto ontológicos como epistemológicos:

 

i)        Antirreduccionismo ontológico y epistemológico. Es la posición de Aristóteles y de los vitalistas. Ni los seres vivos son como los seres del mundo físico, ni los conceptos aplicados a unos son los mismos que los de los otros.

ii)        Reduccionismos ontológico y epistemológico. Es la posición de Descartes y de algunos pensadores de la biología molecular contemporánea. Tanto los seres vivos como los inertes son máquinas son articulaciones de materia que se rigen por las mismas leyes.

iii)     Antirreduccionismo epistemológico y reduccionismo ontológico. Es la posición de Darwin y los neodarwinistas. Seres vivos e inertes son las mismas realidades pero debido a la diferencia de complejidad entre unos y otros conviene usar métodos distintos a los empleados a los sistemas con un alto grado de regularidad. Darwin resuelve el tradicional conflicto entre Aristóteles y Descartes proponiendo con su teoría de la evolución un reduccionismo ontológico de estilo cartesiano y un antirreduccionismo epistemológico que nos obliga a buscar un elemento diferenciador con el que poder hacer distinción entre un estudio biológico y un estudio físico-químico.

iv)      Antirreduccionismo ontológico y reduccionismo epistemológico. Es la posición de Popper. Biología y física se refieren a tipos de cosas distintas pero se anima a buscar la unificación científica teórica basada en los mismos principios científicos. Popper sugiere la idea de un universo abierto, en el que la ciencia, debe buscar un propósito de reducción metodológica, del que sería posible aprender mucho sobre los problemas que este proyecto dejara abiertos. Sin embargo –advierte Popper– la realidad misma no es completamente compatible para abarcarla integralmente con los conceptos de la ciencia.

 

¡Alto!. Detengámonos un momento. Desde un punto de vista descriptivo estas cuatro categorías son suficientemente didácticas para nuestros propósitos. Sin embargo, para comenzar separemos dos cuestiones: los referentes de los “supuestos proponentes” (por ejemplo, Darwin no aportó nada de nada al debate, por citar uno) y segundo no se trata de clases booleanas, es decir mutuamente explosivas, sino que se solapan entre si “hasta cierto punto”. Por citar un ejemplo, yo personalmente me incluiría en la segunda categoría aunque admito que la praxis de la investigación, con los conocimientos actuales, requiere que existen pensadores trabajando simultáneamente en esta y la tercera. Sinceramente no comulgo ni con la primera ni con la última (albergo dudas de que Popper defendiera la cuarta, aunque tampoco he leído toda su obra como para descalificar tal aserto). Pero insisto que no veo la razón para que que nadie tenga que tomar partido por una sola. Desde luego yo no. Eso sí, resulta interesante la manera de describir la diferencia entre lo ontológico (estilo de pensamiento), y lo epistémico (método para alcanzar los fines). Pero ya hablaremos de este tema. Hoy no me promulgo sobre tal cuestión. Pero sigamos con el texto que estamos comentando:

 

Llegados a este punto, el Prof. Arana finalizó su intervención concluyendo que resulta conveniente tener una concepción abierta del mundo, desde la cual nunca dar por explicada la realidad. Las leyes que hoy están vigentes pueden no serlo mañana pues existe un dinamismo en la ciencia que provoca que haya distinciones entre nuestros conceptos actuales y la realidad en sí. Tal es el caso de la mecánica cuántica, que dinamizó bruscamente los conceptos que clásicamente se tenían sobre el mundo físico a favor de otros, que se adecuaban mejor a la realidad a pesar de oponerse al sentido común.

 

¿Cómo es posible que el orden surja del desorden? Formulada esta pregunta, el Prof. Alonso dedicó el resto de su intervención a indagar en la dimensión filosófica de la biología para construir una argumentación explicativa que nos permita entender el desenvolvimiento de la materia –sin orden aparentemente– hacia un orden manifiesto. Puesto que el cálculo de probabilidades nos indica que la construcción azarosa de materia ordenada a partir de materia desordenada es remotamente pequeña, se presenta necesario buscar otras causas distintas al mero azar.

 

A propuesta del Prof. Alonso, la materia consta de una nomía, cuya presencia le permite, en un momento dado de la historia del Universo, la guía intencionalmente a generar las estructuras que hoy calificamos de ordenadas. No hay telos, ni causas eficientes sino una dimensión de la materia cuyos conceptos escapan de una comprensión espacio-temporal, una nomía que permite que la materia se auto-organice para comenzar a conformar sistemas complejos ordenados, cuyas propiedades son distintas e irreducibles a las de la materia prima. Esta dimensión nómica de la materia, enriquece el concepto que de ella tiene la ciencia empírica, permitiendo que la concepción de la biología pueda ser entendida de un modo más completo que el proporcionado por el conjunto de conceptos estrictamente espacio-temporales. Esto no supone un alejamiento de la ciencia empírica pues la misma nomía es algo natural, presente en la materia con la que experimentamos. Sin embargo, del conjunto de interacciones resulta algo más, de distinta naturaleza. Por tanto, aunque la dimensión nómica de la materia implica una trascendencia del sistema de espacio-tiempo, la ciencia biológica podría ser capaz de vislumbrar esta nomía –superficialmente– desde los sus conceptos estrictamente ceñidos al espacio-tiempo. Es pues, un objetivo científico el estudiar en profundidad la materia para encontrar en ella esta nomía interna.

 

¡Alto otra vez! ¿A que viene apelar a la “trascendencia y a la “intencionalidad”? ¡del universo! Considero que son palabras fuera de contexto. No me extraña (…) Digamos que el orador insertara vocablos religiosos “intencionalmente” mostrando una ideología muy concreta que pretende debatir sobre ciencia y religión aunándolas en un mismo discurso. Discrepo abiertamente de tal actitud. Bastaría con apelar a los descubrimientos de las ciencias de la complejidad con vistas a explicar la autoorganización de la materia. No hace falta apelar a Dios para nada. Decir que el cosmos guía intencionalmente a la materia es sencilla y llanamente una barbaridad, desde el punto de vista de la indagación científica.  Como dijo “más o menos” al parecer Pierre Simón Laplace a Napoleón cuando este le interrogó sobre el papel de dios en su descubrimiento: “Señor, Dios es una hipótesis innecesaria.  (Einstein y otros afamados científicos la han repetido hasta la saciedad). Y aquí debo reconocer que tengo una buena confusión mental, ya que Newton, que apelaba a Dios continuamente exclamo algo así como “Hypothesis non fingo.

 

 

 

Hipótesis innecesaria

 

El conjunto de reflexiones formuladas desde el pensamiento religioso y la ciencia biológica nos conducen hacia la interpretación del Universo como un sistema abierto, cuyas propiedades desbordan cualquier pretensión determinista que trate de encerrarlo en un conjunto de leyes o conceptos inamovibles. Precisamente, con el fin de evitar el reduccionismo integral, el Prof. Alonso finaliza su exposición, advirtiendo del peligro que supone la falta de comunicación entre las distintas disciplinas científicas. Es tal el grado de compartimentación de las tareas científicas, que los conceptos adquiridos en una rama concreta del saber son difícilmente comprensibles por los que trabajan en otras áreas de la ciencia. (…)

 

 

¿Qué que opino? Hablaremos principalmente de lo explicado por el Arana, ya que Alonso abordaba el tema de la conciliación entre ciencia y religión en unos términos que no comparto en absoluto. Ahora bien, algunos pasajes de su discurso también nos pueden ser útiles. 

 

Una versión fuerte de este reduccionismo epistemológico y ontológico promueve que la filosofía sea reemplazada por las ciencias, pues las filosofías buscan responder el para qué o por qué mientras las ciencias solo buscan explicar el como se produce lo existente. Sinceramente este tipo de interpretación (muy frecuente por desgracia) me parece nauseabunda. La ciencia tiene su cometido y la filosofía otro. Quizás en un futuro muy, pero que muy lejano (…..). Personalmente encuentro a ambas complementarias y enriquecedoras.

 

Buscar teorías unificadoras es una tarea legítima por cuanto nos hace reflexionar a la búsqueda de constructos internamente coherentes que den cuenta de las regularidades que acaecen en numerosos ámbitos del conocimiento científico. Del mismo modo ayudan a sintetizar y ordenar de una manera lógica los saberes de un momento histórico determinado.  Y lo más importante, son potencialmente heurísticas, al detectar que algunas leyes que se dan simultáneamente como corroboradas en un momento dado, no pueden coexistir: o falla una, o lo hacen las dos, por lo que deben buscarse soluciones alternativas. Los físicos conocen muy bien el poder de tal quimérica y titánica empresa, los científicos experimentales no.

 

Mi ilusión es abandonar en un futuro lo más próximo posible la presión que nos inflige la publiquitis imperante y dedicar todos mis esfuerzos a redactar un libro en los que se sinteticen coherentemente los saberes de la edafología en un mismo corpus doctrinal. El fruto no será jamás perfecto (lo único que puedo dar por seguro). Sin embargo, no se trata de eso, sino de todo lo contrario: detectar las contradicciones, la presencia simultánea de leyes y/o regularidades incompatibles, allanando el camino para que otros después de mi (y más sabios también) debatan su contenido y propongan un constructo mucho mejor.  ¿La Verdad? Eso es tan solo lo que está en la calenturienta mente del Sr. Ruiz Elvira.

 

Recordar que “Se realista y pide lo imposible” es una parte consustancial a la empresa científica, por paradójico que parezca. El juego es también aquí esencial

 

Juanjo Ibáñez  

 

 

Continuará…….

 

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)

 

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

El Círculo de Viena y el Positivismo Lógico [41]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

Las Teorías Científicas Como Estructuras Complejas

La Filosofía de Imre Lakatos  [28, 29, 30, 31, 32]

La Filosofía de Thomás Kuhn [33, 34, 35, 36, 37]

Filosofías Radicales de la Ciencia: Feyerabend y más  [38]

Filosofía de la Ciencia versus filosofías científicas [39]

¿Es la mente fractal? [40]

¿Filosofía Cuántica? [42]

Seredipidad o Serendipia y la Lógica de los Descubrimientos Científicos [43]

El Dudoso Estatus de los Ciencia Modelos de Simulación Predicativos [44]

Filosofía de la Tecnología y Ortega y Gasset [45]

Los Conceptos y Sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre [46]

Nominalismo, Realismo y Conceptualismo: Sobre el significado de concepto [47]

Pensamiento Analógico y Pensamiento Digital: Acerca de lo Continuo y lo Discreto [48]

El Discurso Científico, Conceptos Contrarios y Jean-Marc Lévy-Leblond [49]

Sobre Ciencia, Filosofía de la ciencia y religión : [50]

Clasificaciones, la Percepción del Mundo y el Progreso Acumulativo de la Ciencia [51]

El Concepto de Especie, Tipos de Suelo y la Filosofía de la Ciencia: Realismo Promiscuo [52]

Números mágicos [53]

Bruno Latour y los Estudios Sociales de la Ciencia [54, 55]

Reduccionismo epistemológico y ontológico (las teorías del todo) [56]


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Comentarios

# re: Las Necesarias Quimeras de la Ciencia: Sobre los Reduccionismos Ontológicos, Epistemológicos, Teorías Anidadas y Jerarquías Científicas

21/01/2008 7:12 por Ricardo
Muy interesante su blog. Yo no soy científico, más bien filósofo de formación, sin embargo, me apasiona la divulgación científica y la filosofía de la ciencia afín a los estudios CTS.
Sobre esta entrada un apunte, usted parece que dice que algún día la filosofía y la ciencia convergerán en una misma cosa. Yo pienso todo lo contrario, filosofía y ciencia nacieron unidas (recordemos que hasta la edad moderna, los científicos reconocían su función como «filósofos naturales», como Newton, que aún siendo considerado actualmente como físico escribió «Los principios matemáticos de la filosofía natural». Por lo tanto, la tendencia yo la veo más a la separación con labores diferentes. Y esto no lo veo necesariamente malo, lo mismo que la diversificación científica, no se trata de querer o no querer hacerlo así, es que no «puede» ser de otra manera por capacidad humana.
Enhorabuena por el blog.

# re: Las Necesarias Quimeras de la Ciencia: Sobre los Reduccionismos Ontológicos, Epistemológicos, Teorías Anidadas y Jerarquías Científicas

21/01/2008 7:23 por Juan Jos Ibez
Gracias Ricardo por tus comentarios. Creo no haber dicho que ciencia y filosofía convergeran, sino que algunos colegas comentan que la ciencia desplazará a la filosofñia, idea que yo no comparto, como tu. La compartimentación científica no sería mala si los investigadores conocieran lo que se hace en otras disciplinas (frontera más permeable entre ellas). Pero a menudo no es así. Y eso es malo por que se redescubre la dinaminata una y otra vez y porque se hace del culto investigador de antaño un yupi paleto, entre otros muchos problemas.

Un Saludo

Juanjo Ibáñez

# re: Las Necesarias Quimeras de la Ciencia: Sobre los Reduccionismos Ontológicos, Epistemológicos, Teorías Anidadas y Jerarquías Científicas

26/02/2008 16:25 por yesenia del carmen hernandez nisperuza
me gusto mucho el tema porque siempre debemos saber como es nuestro mudo
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