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miércoles, 23 de enero de 2008

La respiración se configura con tres apartados fundamentales: a) formación de CO2, b) transferencia electrónica /asociable a la formación de ATP (sobre un soporte membranoso) y c) recepción de los electrones circulantes, por un aceptor electrónico. Desgraciadamente, es frecuente en Edafología limitar el concepto a la primera parte del proceso (cantidad de C orgánico consumido o producción de CO2 generada), obviando los otros apartados. Por ello, debemos de aclarar que la formación de CO2 es una apartado estrictamente metabólico, que realizan enzimas descarboxilantes próximas o constitutivas del Ciclo de Krebs, en los seres aeróbicos (plantas y animales). Ciertamente tiene una gran trascendencia en la formación de los carbonatos y de minerales específicos, por componentes microbiológicos (diagénesis), pero no es el único proceso en la alteración de los minerales preexistentes o en la formación directa o indirecta de otros nuevos.


Para los estudiosos de la biosfera edáfica (desde la macro a la microbiota), de la cubierta vegetal y del metabolismo animal, el conocimiento funcional y molecular del segundo y tercer apartado, en todo su recorrido evolutivo, creo que es de extraordinario interés, dada su variada gama de localizaciones, componentes redox de las cadenas de transferencia electrónica y de aceptores finales de electrones.  Con esta visión global se puede abarcar desde la reducción del O2 (formación de agua de respiración), hasta la nitrificación pasando por oxidación del Amoníaco hasta N2 (proceso Anmox) o la reducción de los sulfatos o del Fe3+., y como no, los procesos anaeróbicos en que los receptores de electrones son las moléculas orgánicas. Ya veremos. 

Para los no iniciados, en los componentes biológicos de la macro y mesobiota (animales y plantas) aerobios, la ubicación de la primera etapa antes mencionada se localiza en la matriz de las mitocondrias, y los componentes redox (enzimáticos o no) de las cadenas respiratorias, en el seno de las membranas de estos mismos orgánulos subcelulares. En su proximidad se ubican también los sistemas de formación de ATP (uno de los objetivos finales de formación este tipo de transferencia electrónica, pero no la única). Básicamente, el proceso implica que a la cadenas redox les cedan electrones moléculas reducidas, con bajo potencial redox y una moléculas, muchas veces inorgánica de alto portencia redox, les reciba.

En el primero de los apartados, el NADH, que puede formarse a ambos lados de la membrana (formación endo o exomitocondrial) obliga que sus receptores de membrana, Las NAD oxido-reductasas  (que conforman una parte del Complejo I de la cadena Redox) se orientan hacia ambos ámbitos. Como los procesos bioquímicos principales que generan de FADH2 se desarrollan en el interior de la mitocondria (ciclo de Krebs: formación de fumárico a partir de succínico y b-oxidación o espiral de Lynen: formación de dobles enlaces en una cadena de ácido graso), las FAD oxido-reductasas constitutivas del Complejo II de las cadenas redox respiratorias se orientan solo hacia el interior del orgánulo.

Una vez ubicados los electrones en la cadena redox, sufren continuas transferencias entre pares de forma ordenada según su potencial (Factor Q, complejo III, citocromo c y complejo IV), para terminar reducción a una molécula de O2, molécula de alto potencial redox, gracias a la actividad de un enzima denominado citocromo aa3, capaz de formar agua.

 

Cada complejo formado por enzimas y cofactores que se encuentran asociados a proteinas integrales de membrana, conforman complejos moleculares individuales, muy próximos entre si, que permiten la transferencia electrónica a gran velocidad. En cada complejo abundan ciertos tipos de clúster proteo-minerales S-Fe y otros, sobre los que reflexionaba en un post anterior.

La energía libre, liberada durante la transferencia electrónica entre pares redox, en general no se disipa, sino que sirve para dirigir la translocación de protones a través de la membrana mitocondrial. Ello que permite la génesis de un gradiente electroquímico de protones entre los dos lados de la membrana mitocondrial, (potencial transmembranal) suficiente para dirigir la síntesis de ATP, (Hipótesis e historia de Mitchell, por el cual le concedieron el premio Nobel, tras 10 años de sufrimiento y ser expulsado, por su hallazgo de la Universidad, gracias al endiosamiento de algunos y la falta de respeto al conocimiento novedoso de muchos).

Una vez explicado en sus bases generales, este apartado respiratorio, y analizando la bibliografía, observamos que los animales mamíferos, en y sobre el suelo, apenas aportan diversidad, como no sea la intensidad de la aportación de las fuentes electrónicas (NADH y FADH) según sea su metabolismo celular predominante glucídico o lipídico. Sin embargo, el análisis de las mitocondrias vegetales nos proporciona un mayor número de variables que da idea de una mayor complejidad metabólica y variabilidad genética de la que son portadoras, junto a una importante gama de especializaciones metabólico-funcionales en los distintos tejidos que configuran cada vegetal. 

Para empezar muestran al menos dos tipos de NAD deshidrogenadas y otras dos oxidasas en sus cadenas respiratorias foliares. Y una de las primeras, no está acoplada a la formación del potencial transmembrana, por lo que se desentiende de la formación de ATP.  Según Nicholls y Ferguson, (1992) la energía de transferencia electrónica se disipa en forma de calor, elevando la temperatura, lo que facilita la volatilización de compuestos orgánicos (feromonas) que atrae a insectos e incrementa la polinización. En otros casos permite el crecimiento vegetal a temperaturas bajo cero. Ambas se muestran como estrategias de expansión y supervivencia, respectivamente.

Pero las mitocondrias de las células radiculares y sobre todo las de los tricoblastos y de ámbitos micorrizados presentan otros problemas.  No hay duda de que el ión cianuro aparece todavía muy asociado a múltiples procesos en el mundo vegetal y particularmente al mundo radicular.  De muchos es bien conocido que este cianuro inhibe la actividad de del complejo IV, al asociarse específicamente al complejo molecular del citocromo aa3 e impidiendo la formación enzimática del agua respiratoria.  Menos mal que suelo se convierte en una gran apoyo para estas situaciones, dada la presencia abundante de un enzimas llamado Rodanasa capaz de transformar a gran velocidad el ion CN- (cianuro) en SCN- (tiocianato).  Sin embargo se observa muy baja tasa de investigación sobre la existencia de cadenas redox respiratorias CN resistentes, algo habitual en el mundo bacteriano... (pero estas cadenas especiales fueron descubiertas en las patatas, como responsables de un problema técnico denominado el “verdeo de la patata frita” y nosotros hemos conseguido, hace años expresarlas en nuestro laboratorio, para resolver un importante problema de efluentes industriales ricos en CN-).

Otro hecho habitual aparece en los suelos saturados, donde la raíces aparecen sumergidas en su totalidad, en un medio que en general es microóxicos y anaerobios, además de rico en CO2 y en NH4+. Ello también está ligado a otro interesante proceso como es el de la evolución de los fijadores de N2 y la micorrización de las raíces de leguminosas. No hay que olvidar que la fijación biológica de N2 se incrementa extraordinariamente con una relación CO2/O2 muy alta en el medio de desarrollo (edáfico o acuático) y solo la aparición de los heterocistos y de las leghemoglobinas aminoró la problemática tóxica del O2 sobre la nitrogenasa en medios aerobios.

Introduciéndonos de pleno en el suelo, aparece una versatilidad mucho mayor en las mitocondrias de levaduras, actinomicetos y protozoos, que se incrementa hasta límites insospechados en bacterias hongos y arqueas. Esta versatilidad se encuentra en los dos ámbitos: los constituyentes de los complejos que constituyen las cadenas redox, que ahora se ubican en la membrana o en el espacio entre la membrana y la pared microbiana (pues estos últimos grupos no presentan mitocondrias, y en los aceptores electrónicos finales.

 

Esta gigantesca diversidad respiratoria la presenta una variada gama de psicrófilos, mesófilos e hipertermófilos, capacitando de esta forma a los procariontes para colonizar grandes áreas de la Tierra en los que predominaban los micro-ambientes microóxico y anóxico.

 

Entre los aceptores electrónicos podemos incluir:

 

  • S elemental y a los oxianiones de S (Hamilton, 1998)
  • sulfóxidos orgánicos y los sulfonatos (Lie et al, 1999, McAlpine et al, 1998)
  • oxianiones y óxidos de N (Berks et al. 1995) óxidos orgánicos de N (Czhzek et al, 1998)
  • halogenados orgánicos (Dolfing, 1990, Louis and Mohn, 1999)
  • metales de transición de Fe (III) y Mn (IV) (Lovley, 1991)
  • oxi-aniones de metaloides como el Selenato y el arsenato (Krafft and Macy, 1998; Schroder et al 1997)
  • radionúclidos como el U(VI) (Lovley y Phillips, 1992) o el Tc(VII) (Lloyd et al, 1999).

 

En siguientes post iremos analizando cada uno de las situaciones mas importantes con repercusión edafológica.

 

Saludos cordiales,

 

Salvador González Carcedo

 

16:17 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Como ya sabréis la WRB en su edición de 2006 y versión en castellano se encuentra publicada en formato papel, y puede solicitarse a los servicios de la FAO. Del mismo modo, os informamos que hace nos meses salió una edición corregida (2007) que puede bajarse libremente de la Web de la FAO en suahili.  Esta última, en castellano, será colgada de la Web de esta institución muy pronto. Mabel Susana Pazos ha realizado este esfuerzo para todos los edafólogos hispanos parlantes. Desconocía la batalla que Mabel estaba manteniendo y os la contaré un día, ya que concierne a la inclusión de ciertas modificaciones de “forma” nomenclaturales, de tal modo que el documento  sea más inteligible en nuestro idioma. Personalmente estoy completamente de acuerdo con ella, por lo que cuando sea accesible para todos vosotros narraré someramente la historia. Creo que se merece un homenaje. Como ya os comenté en un post previo, la WRB atesora numerosas virtudes aunque no se encuentra exenta de ciertos problemas. El primero concernía a la inclusión de los objetos que deben ser clasificados, y que en cierta forma afecta a la propia definición de suelo (se quiera reconocer o no).  En este post explicaré lo que considero que es un serio problema estructural. ¿Qué es la WRB?: una base de referencia para la correlación de sistemas nacionales, una clasificación o un código internacional de nomenclatura? Como vamos a analizar la respuesta no resulta ser nada trivial.   

 

 

 

Arenosol Álbico (Surinam)

Fuente: Galería de Fotos del ISRIC


 

Gentilmente, Mabel Susana Pazos me envió ya el manuscrito en formato electrónico, a falta de posibles correcciones menores, así como de que finalmente el staff de la FAO aceptara o rechazara las modificaciones nomenclaturales mencionadas que ella sugirió. También podría haber escrito este post partiendo de la versión original. Sin embargo consideré que era mejor esperar para no redactar “otra versión” del mismo texto suahileño.  Pero retornemos a la pregunta esbozada en el primer párrafo. Qué es la WRB?: una base de referencia para la correlación de sistemas nacionales, una clasificación o un código internacional de nomenclatura? Reiteramos que la respuesta no es trivial.

 

Como se explicita en el Capítulo 1 sección de historiaEn 2005 se organizó un foro de WRB por correo electrónico para permitir la finalización de sugerencias para cada Grupo de Suelos de Referencia”. Sin embargo en el Manual se omite que al mismo tiempo uno de los “subforos” debatía sobre la racionalidad de la WRB. Y fue allí en donde Freddy Nachtergaele (FAO), Dick Arnold (USDA) y este impresentable administrador como “moderador desequilibrante” mantuvimos un combate educado y apasionante, en el que ocasionalmente también intervino Otto Spaargaren (ISRIC) con sus agudas apreciaciones.

 

¿Código Internacional de Nomenclatura o Sistema de Clasificación?

 

Entre otros temas, discutimos exhaustivamente, si era no un sistema de clasificación, así como si su estructura, “aparentemente plana”, defendida por Freddy, era más idónea que otra jerárquica, aspecto del que dudábamos tanto Dick como yo.

 

Respecto al primer punto, el texto oficial de la WRB nos dice que:

 

La Base Referencial no está pensada para sustituir los sistemas nacionales de clasificación de suelos sino para servir como un denominador común para la comunicación a nivel internacional. Esto implica que las categorías de nivel inferior, posiblemente una tercera categoría de la WRB, podría acomodar la diversidad local a nivel de país. Concurrentemente, los niveles inferiores enfatizan rasgos del suelo que son importantes para el uso y manejo de los suelos.

 

Sin embargo también apostilla:

 

WRB es un sistema de clasificación comprehensivo que permite a las personas acomodar su sistema nacional de clasificación. Comprende dos grados de detalle categórico:

·          la Base Referencial, limitada sólo al primer nivel y que tiene 32 GSR;

·          el Sistema de Clasificación WRB, que consiste de combinaciones de un conjunto de calificadores grupo I y grupo II con una definición única y agregados al nombre del GSR, permitiendo la caracterización y clasificación muy precisas de los perfiles de suelos individuales.

 

 

Y, al margen de si se trataba de una “supraclasificación o metaclasificación (como incómodamente puede desprenderse de la lectura de estos párrafos) aquí me surgió la primera duda. A la hora de elaborar taxonomías y clasificaciones nadie duda que las de origen biológico sean consideradas por la comunidad científica como las más maduras y contrastadas a lo largo del tiempo. Los biotaxónomos hacen uso de dos herramientas diferentes, con vistas a generar un lenguaje sobre la descripción, caracterización y clasificación de los seres vivos, a saber:

 

·         Códigos Internacionales de Nomenclatura (vegetal, animal, microbiana, etc.)

·         Las Taxonomías en el sentido estricto del término.

 

Los Códigos Internacionales de Nomenclatura especifican como denominar a los taxa y el número de niveles jerárquicos “normativos” (fijos) de las taxonomías. Y debemos enfatizar los “normativos”, por cuanto los expertos de distintos grupos taxonómicos pueden intercalar otros, a los que denominaremos “flexibles”, entre los primeros, a su conveniencia (previamente consensuada). Por ejemplo, “Familia” es un nivel jerárquico normativo, mientras que Superfamilia o Subfamilia serían flexibles. Y a partir de aquí comienza el trabajo de los taxónomos corrientes y molientes. Sin embargo, como habréis podido observar, la WRB pretende ser un sistema de clasificación “hasta cierto punto”  un Código Internacional de Nomenclatura y otro de correlación entre taxonomías nacionales. ¿Resulta ser una decisión acertada? Sinceramente no me atrevería a pronunciarme. No obstante, cabe resaltar la siguiente observación. Inventarse constructos nomenclaturales-clasificatorios idiosincrásicos adolece de un serio problema. Me refiero a que los expertos de otras disciplinas van a tener dificultades de entender lo que realmente la WRB significa, así como la racionalidad que subyace tras ella. Lo que debemos preguntarnos es: ¿No hubiera sido mejor diseñar un Código Internacional de Nomenclatura Edafológica en lugar de un “Sistema Referencial” que habrá que explicar en una infinidad de ocasiones con vistas a que los científicos de otros ámbitos entiendan que es la WRB? Sinceramente mantengo reservas al respecto.   

 

 

 

Estructura Columnar de un Solonetz háplico

Fuente: Galería de Fotos del ISRIC

 

¿Clasificación Plana o Jerárquica?

 

Uno de los momentos más álgidos del debate entre Freddy, Dick y este impresentable administrador se produjo a la hora de entender si estábamos delante de una clasificación plana o casi plana, como lo fue la Leyenda de la FAO en su momento, o ante un constructo Jerárquico “encubierto”. Freddy defendía las bondades de su “planitud”, mientras que Dick y yo no estábamos de acuerdo, en absoluto. Ya hablemos en profundidad sobre este tema en muchos de los post incluidos en la categoría de Taxonomías y Clasificaciones. Vimos como la mente humana tiende a fraccionar el continuo natural en categorías anidadas de finura creciente, es decir en árboles jerárquicos. Resulta que estos atesoran unas propiedades muy concretas (intenten converger hacia estructuras denominadas árboles de rellenos fractal, para los cuales el “Principio de la Física” conocido por “MaxEnt”, nos informa que es el sistema más óptimo para que fluya la materia, energía e información. ¿Porqué entonces cambiar una estructura que sabemos que funciona por otra cuyas bondades y cualidades permanecen por esclarecer? Más aún, si la mente humana está habituada a hacer uso de esta estructura, ¿porqué utilizar otra más ajena (extraña)  a su manera de organizar la información?. En consecuencia, también albergo dudas sobre la estructura y nomenclatura adoptadas por la WRB. Veamos pues como se articula esta última en palabras de sus propios arquitectos.        

 

 

Cada GSR de la WRB se proporciona con un listado de posibles calificadores grupo I y grupo II en una secuencia de prioridad, a partir de los cuales el usuario puede construir las unidades de segundo nivel. Los amplios principios que gobiernan la diferenciación de clases en la WRB son:

· En el nivel categórico más alto, las clases se diferencian principalmente de acuerdo al proceso pedogenético primario que ha producido los rasgos de suelo característicos, excepto cuando materiales parentales de suelos especiales son de importancia predominante.

· En el segundo nivel, las unidades de suelos se diferencian de acuerdo a cualquier proceso formador de suelos secundario que haya afectado significativamente los rasgos de suelo primarios. En ciertos casos, pueden tomarse en cuenta las características del suelo que tengan un efecto significativo sobre el uso.

 

Hasta aquí no tengo objeción alguna, sino todo lo contrario. Pero sigamos con la arquitectura. A este respecto, el documento de la WRB nos informa de que:

 

 

ARQUITECTURA

Actualmente, la WRB comprende dos niveles de detalle categórico:

1. Nivel 1: Los GSR, que comprenden 32 GSR;

2. Nivel 2: La combinación de un GSR con calificadores, detallando las propiedades de los GSR al agregar un conjunto de calificadores con una única definición.

 

Visto así todos diríamos que la WRB resulta ser un sistema jerárquico incipiente cuya racionalidad se sustenta en dos niveles. Sin embargo, el tema se complica cuando comienza a detallarse como debe trabajarse con los calificadores, ya que los criterios de demarcación entre los de primer y segundo nivel también los considero muy razonables. 

 

El nivel de calificador

En la WRB se distingue entre calificadores típicamente asociados, intergrados y otros calificadores. Los calificadores típicamente asociados se refieren en la Clave al GSR particular, e.g. Hidrágrico o Plágico para los Antrosoles. Los calificadores intergrados son aquellos que reflejan criterios de diagnóstico importantes de otro GSR. La Clave de la WRB dicta la elección del GSR y en ese caso, el calificador intergrado proporciona el puente hacia otro GSR. Otros calificadores son aquellos que no están típicamente asociados y no transicionan hacia otro GSR. Este grupo refleja características tales como color, saturación con bases, y otras propiedades físicas y químicas siempre que no sean utilizadas como un calificador típicamente asociado a ese grupo particular.

 

En principio tampoco tengo nada que objetar. Sin embargo, digamos que los Códigos de Nomenclatura Biológicos también consideran algo parecido a los calificadores intergrados, a la hora de dar cuenta de los taxones híbridos, optando por otro tipo de soluciones, bastante lógicas y razonables que los edafólogos suelen desconocer (por no hablar de los edafometras, que por estar en la inopia siempre barbarizan por desconocimiento de causa). Y una vez más vuelvo a preguntarme ¿Porqué no se analizó la solución de los biotaxónomos antes de proponer otra nueva? La respuesta es muy simple en este caso: al parecer los taxónomos de suelos no estamos interesados por los constructos que los biólogos han depurados a base de ensayo y error durante dos siglos. Tal hecho me parece más que preocupante.

 

 

 

Nitosol Ródico

Fuente: Galería de fotos ISRIC

 

Veamos ahora que nos dice el Manual de la WRB para la articulación de los calificadores a la hora de denominar edafotaxa.

 

Principios y uso de calificadores en la WRB

Se usa un sistema de dos rangos para el nivel de calificadores, que comprende:

· Calificadores grupo I: calificadores típicamente asociados y calificadores intergrados; la secuencia de los calificadores intergrados sigue la de los GSR en la Clave de la WRB, con la excepción de los Arenosoles; este intergrado se ordena con los calificadores grupo II texturales (ver más abajo). Háplico cierra la lista de calificadores grupo I, indicando que no aplican calificadores típicamente asociados ni intergrados.

· Calificadores grupo II: otros calificadores, ordenados como sigue: (1) calificadores relacionados con horizontes, propiedades o materiales de diagnóstico; (2) calificadores relacionados con características químicas; (3) calificadores relacionados con características físicas; (4) calificadores relacionados con características mineralógicas; (5) calificadores relacionados con características superficiales; (6) calificadores relacionados con características texturales, incluyendo fragmentos gruesos; (7) calificadores relacionados con color; y (8) calificadores restantes,

 

Ejemplos:

1. Criosol Hístico Túrbico (Reductácuico, Dístrico).

2. Criosol Háplico (Arídico, Esquelético).

 

Los nombres de calificadores grupo I van a continuación del nombre del GSR; los nombres de calificadores grupo II van siempre entre paréntesis a continuación de los calificadores grupo I, siguiendo al nombre del GSR. No se permiten combinaciones de calificadores que indiquen un status similar o se dupliquen unos a otros, tales como combinaciones de Tiónico y Dístrico, Calcárico y Éutrico, o Ródico y Crómico. Los especificadores como Epi-, Endo-, Hiper-, Hipo-, Tapto-, Bati-, Para-, Proto-, Cumuli- y Orto- se usan para indicar una cierta expresión del calificador.

 

Cuando se clasifica un perfil de suelo deben registrarse todos los calificadores del listado que apliquen. Para propósitos de mapeo la escala determinará el número de calificadores utilizados. En tal caso, los calificadores grupo I tienen prioridad sobre los calificadores grupo II. El listado de calificadores para cada GSR acomoda la mayoría de los casos. Cuando se necesiten calificadores que no están listados, los casos deberían documentarse e informarse al Grupo de Trabajo WRB.

 

Para los que ya conozcáis la versión en suahili, veréis que la propuesta de Susana Pazos altera el orden suahileño. Ya hablaremos de ellos. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Si los calificadores están jerarquizados en un determinado orden, no nos encontramos ante un sistema jerárquico de 5 niveles en lugar de una clasificación “cuasi-plana, como defiende Freddy?  ¿Alguien sabe la respuesta?

 

Sinceramente no estoy seguro aunque creo que la respuesta es afirmativa. Sin embargo, al no haberlo utilizado, desconozco cuantas combinaciones de las permisibles (según los criterios descritos por la WRB 2006) pueden generarse en la edafosfera. Si fueran todas, estaríamos en frente de una taxonomía jerárquica y cerrada, por mucho de que se nos quiera convencer de todo lo contrario. En el caso de que existan combinaciones consentidas que no se detectaran hasta la fecha, el sistema se me antoja jerárquico y abierto, Ahora bien no puedo asegurar que se trate de una estructura jerárquica hasta que no profundice en el tema. No logro visualizar mentalmente la estructura, cosa que raramente me ocurre.

 

¿Un sistema clasificatorio abierto o cerrado?

 

Al contrario que las clasificaciones biológicas, las edafológicas suelen ser cerradas (con salvedades como las series de la USDA Soil Taxonomy, entre otras). Es cierto que tanto esta última, como ahora la FAO, ofrecen la posibilidad al usuario de explicarles situaciones concretas que, de ser aceptadas, darían lugar a la “creación o descubrimiento” (según se mire) de nuevos taxa. En la práctica, tal hecho no se ha dado lugar (salvo contadas excepciones) a que sus arquitectos (muy conservadores por razones obvias) suelan aceptarlas (salvo contadas excepciones). Por lo tanto, podemos decir que las taxonomías de suelos son sistemas cuasi-cerrados. Ahora bien si, como mentamos en el apartado anterior, existen posibilidades permisibles no detectadas, sí estaríamos en posición de que un edafotaxónomo “descubriera” nuevos edafotaxa (aunque de una forma constreñida). Recordemos que el ansia por proponer nuevos taxa (y a ser posible los jerárquicamente más elevados de un constructo taxonómico), que sean aceptados por la comunidad científica, convierte “de facto” a los biotaxónomos en científicos, mientras los edafotaxónomos seguimos siendo considerados como técnicos, por cuanto solo aplicamos un “Manual”. Alguien debería reparar sobre este hecho que nos margina respecto a otros colectivos. 

 

El problema de los taxa intergrados o híbridos

 

Ya sabemos que la edafosfera es considerada general y prosaicamente como un continuo (ya hemos hablado de la imprecisión del vocablo “continuo” en numerosas ocasiones, lo que ha dado lugar a controversias bizantinas y a posiciones insostenibles, como la que defienden los edafometras). Por tanto, los calificadores intergrados son de vital importancia. Sin embargo, desde un punto de vista estructural, corresponden a los taxa híbridos de los biotaxónomos. Con la actual estructura de la WRB, resulta difícil que los expertos de otros ámbitos detecten la transición o ambigüedad de los “intergrados”. Los biotaxónomos dieron con algunas soluciones mucho más didácticas, sencillas y visuales. Pero estas no se encuentran en las taxonomías en si mismas, sino en los Códigos Internacionales de Nomenclatura. El denominado “Código de San Luis” es el que da cuenta de la botánica. Ya mostraremos con ejemplos concretos, como sus soluciones son mejores (sin lugar a dadas) que las adoptadas por la WRB.

 

A modo de resumen

 

A mi modo de ver, la WRB de 2006 atesora sustanciales mejoras respecto a su predecesora de 1998. Sin embargo, también resulta ser conceptualmente ambigua, estructuralmente mejorable y formalmente confusa. No sabemos ni como calificarla, excepto como “base de referencia”. He buscado en el ciberespacio este concepto y su adecuación a las taxonomías. No he encontrado nada: ¡nada de nada!. Considero un error elaborar un constructo tan importante, bajo unos cánones excesivamente singulares o idiosincrásicos. Para ciertos propósitos científico-técnicos es mejor no ser novedosos, si no se encuentra uno plenamente justificado. Y este no es el caso. De haber estudiado las soluciones de disciplinas afinas, podría haberse diseñado un sistema más sencillo y fácil de asimilar por especialistas de otros ámbitos del conocimiento. Una nueva oportunidad perdida. La responsabilidad es de todos, no solo de sus arquitectos. Se sobradamente que estos últimos han trabajado muy duro, y sin a penas recursos. Démosles las gracias, pero dejando constancia de las deficiencias que se detecten.   

 

 

Gracias Susana por adelantarme este material

 

Juan José Ibáñez

12:46 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)