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jueves, 17 de enero de 2008

Los agrocombustibles, también llamados conocidos tramposamente como biocombustibles, son el cierre del ciclo que se inició con el encadenamiento de la producción del campo, a los insumos industriales. Para un observador externo puede parecerle criminal, hacer depender la producción de alimentos de los insumos industriales. Así algunos agricultores ya sentencian que sin fertilizantes no pueden producir cosechas. Pero el colmo de la estulticia son las semillas transgénicas, verdadero esclavismo moderno, del campesino con el industrial que las produce, por cuanto cada vez que quiera sembrar se verá obligado a comprársela al industrial. Por otra parte, la producción industrial depende del petróleo, de manera obligada y en el agro es un suicidio. Como dice la Ley de Murphy, si las cosas van a fallar este será en el momento más inoportuno y eso no falla. En el afán de eficientísmo economicista, no se toma en cuenta entre otros el costo ambiental o ecológico.

 

 

 

La polvareda levantada por los tractores y sus equipos

es un indicador de la degradación de los suelos, agravada

por el abuso de los agroquímicos y el agua de riego.


 

Tal es el caso de la degradación de los suelos, algunos ya degradados por el pastoreo extensivo y abusivo epidémico en México, como también en pero también otros muchos lugares. Lo mismo ocurre con el monocultivo de la caña de azúcar por más de un siglo en estados como Veracruz. En el caso de Veracruz, tiene un lugar especial en el concierto mundial la contaminación del suelo por pesticidas, en el cultivo del tabaco de la Región de los Tuxtlas. En el caso de las áreas tropicales, generalmente selváticas como lo es este estado, urge hacer algunas reflexiones, antes de favorecer más desastres.

 

Así la broma que se hace entre estudiantes de preguntarse cual es la diferencia entre bosque y selva. Donde se atribuye al primero la existencia de la caperucita y a la segunda de Tarzán, hace de por si una diferencia que el colonialismo cultural nos hace ignorar constantemente. Esto desgraciadamente contamina hasta algunos amigos ecologistas.

 

Aunque originalmente el termino bosque y selva tenían significado similar, a la luz de los conocimientos mas o menos recientes, se hace necesario, diríase casi urgente hacer una diferenciación.

 

 

 

Pequeño bosque situado en la isla de Mandroga.

Proximidades de San Petersburgo, Obsérvese la

extrema uniformidad de los árboles.

 

Generalmente los bosques son biomas pobres en especies, aunque algunos de hojas ancha (planifolios) son relativamente ricos. Sin embargo, aún en ese caso tenemos excepciones, como son las áreas dominadas por abedules y álamos de latitudes boreales. Pero la baja diversidad se observa sobre todo, en aquellos dominados por los de hojas aciculares como los pinos (coníferas), como se reconoce en Wikipedia.

 

 

 

Selva Amazónica  (10 enero 2007)

Fuente: http://www.taringa.net/.

 

La selva es un bioma de la zona intertropical con vegetación exuberante, en regiones donde la precipitación es suficiente para las necesidades de las planta, al menos muchos meses del año. Tiene además una extraordinaria biodiversidad, así es el hábitat de 2/3 partes de toda la fauna y flora del planeta. En el sotobosque de las selvas tropicales apenas hay acumulación de hojarasca, al contrario de lo que ocurre en los bosques templados.

 

Por todo ello es conveniente hacer una diferenciación, más aún ahora que se promueve el monocultivo o forestación a trompa y talega de áreas originalmente selváticas.

 

Sugiero que el término bosque sólo sea utilizado para la vegetación de clima frío o templado. Por un lado, no traerá problemas a algunos dueños de la verdad absoluta, generalmente europeos o gringos, donde los bosques son comunes. Otro factor pueden ser los despistados como los seguidores de Al Gore. Al mismo tiempo, es conveniente que a la vegetación arbórea tropical se le denomine selva. Esta no es invención mía, unos de sus impulsores desde mediados del siglo pasado fueron el maestro Efrain Hernández Xolocotzin y el doctor Faustino Miranda. El primero padre entre otras cosas de la etnobotánica mexicana. El solo poner el adjetivo de tropical al bosque no le hace justicia a su gran diversidad, que es una estrategia de supervivencia. Además, el uso del termino bosque facilita la confusión con la vegetación de climas fríos, donde la diversidad forestal es mínima y hasta monoespecífica. Es quizá el referente inconsciente de muchos agrotecnócratas “bien” intencionados.

 

 

 

Plantación intensiva de cedro. los daños ambientales más obvios

son por un barrenador del cogollo que obligó al truncado del fuste

árbol y a su bifurcación. Emiliano Zapata, Tabasco, México.


Desde luego, la difusión del término selva y sus implicaciones hará mas obvia la contradición de las plantaciones y siembras comerciales contranatura y monoespecíficas. Este es el caso, tanto de especies forestales como del eucalipto o cedro, o especies industriales como la palma de aceite, sino también de ciclo largo como la caña de azúcar o de corto como la soya.  Los daños a la flora y fauna del son enormes, pero lo que aún no se ha cuantificado suficientemente lo que vive dentro del suelo. Ella es un universo desconocido hasta para los edafólogos.

 

Ándense con cuidado, plantar árboles es un monocultivo, no crear un bosque. Del mismo modo, un bosque secundario, como la mayoría de los europeos (que no son primigenios), no tienen nada que ver con una verdadera selva. Los deforestadotes, ya sea para la expansión de la agroenergética y/o transgénicos, no tienen nada de inocentes al intentar confundir al ciudadano haciendo los vocablos y conceptos comentados sinónimos.

 

Régulo León Arteta

 

PD. Del Impresentable administrador de esta bitácora: Régulo tiene bastante razón en todo lo que dice. Sin embargo maticemos ciertos aspectos. Los bosques primigenios europeos eran más diversos que los actuales. Sin embargo, deberíamos denominarlos en un 99,5 %, como secundarios, por cuanto han sido reiteradamente afectados por las intervenciones humanas. Sin embargo, es cierto que nunca llegaron a alcanzar la biodiversidad de las selvas tropicales que, como vimos en otros post, también son en parte producto de los aborígenes (aunque mucho mejor gestionados). También es verdad que me sorprendió en un viaje entre San Petersburgo y las orillas que quedan más próximas de Finlandia que todos los pies arbóreos eran de edad semejantes, no pasando de 40 años, incluso en una “reserva natural” de la República Independiente de Karelia. Las reforestaciones deben considerarse como monocultivos. A menudo se utilizan después para la extracción maderera o la producción de papel. En este enlace que he recibido hoy se comenta que en China se han plantado este año ¡2,5 billones de árboles! A pesar de la propaganda de gobierno de aquel país (como en el caso de otros muchos), no suelen utilizarse finalmente para restaurar la biodiversidad (a lo sumo serían de conservación hidrológico-forestal: conservación de suelos que anegan los embalses, si se erosionan). No se dejen engañar por las autoridades, ni los que realizan negocios de dudosa ética bajo el pretexto del cambio climático.  

11:26 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (11)