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miércoles, 09 de enero de 2008

El lavado de las sales, con vistas a que estas sean arrastradas en profundidad más allá de donde alcanzan la mayor parte de los sistemas radicales de las plantas, es una medida esencial con vistas a la recuperación de los suelos degradados por su acumulación. Al objeto a alcanzar tales objetivos, el sistema más simple consiste en un riego abundante (a veces incluso con agua ligeramente salina), que disolverá las sales y las arrastrará hasta los horizontes más profundos del perfil del suelo. El denominado riego a manta es una buena solución. Sin embargo, debido a que las solubilidades de cada sal son diferentes, debe tenerse en cuenta su naturaleza o composición. Suele ser habitual que, tras realizar tal práctica se requiera después un drenaje artificial del agua añadida, al objeto de evitar a toda costa un ascenso del nivel freático hacia la superficie que retornaría con ella los compuestos lavados. El agua de lavado también puede ser exportada a otras zonas por medio de drenes, teniendo siempre en cuenta que estás últimas no padezcan el mismo problema de degradación por sales. Existen otras medidas que también analizaremos en este post. Señalemos de paso que los suelos salinos y sódicos poseen problemáticas distintas, por lo que los respectivos sistemas de recuperación también son diferentes. En cualquier caso, resulta obvio que la salinización afecta principalmente a las zonas áridas y semiáridas del mundo, es decir a aquellas en donde el agua es un bien escaso, siendo a menudo difícil, cuando no imposible rehabilitar grandes extensiones. Este post va dirigido a jóvenes estudiantes y a ciudadanos no iniciados en la ciencia del suelo, por lo que a los expertos no les proporcionará información que enriquezca sus conocimientos.   

 

 

 

Suelos salinos en colorado USA


 

La FAO dispone de una buena  a la par que senilla información sobre la problemática de los suelos salinos. Reproducimos aquí parte de los contenidos que se detallan en el siguiente enlace de esta institución:

 

Las sales pueden destruir la estructura del suelo causando la expansión de las arcillas y la dispersión de las partículas finas que obstruyen los poros del suelo a través de los cuales circulan agua y oxígeno. También favorecen la formación de costras superficiales

 

Los problemas ocurren cuando la dirección del flujo del agua se invierte en un movimiento ascendente como, por ejemplo, cuando sube la capa freática. Las sales también pueden ascender hacia la superficie por capilaridad. Esto será un problema si la capa freática ya está alta y es salada pues las sales no necesitarán subir mucho para llegar a destruir toda la zona radical. Los cristales blancos de sal se pueden observar sobre la superficie del suelo cuando este se seca.

 

Cuando las plantas crecen en suelos salinos, su crecimiento se reduce y las hojas y los tallos no se expanden. Con la acumulación de las sales las hojas se mueren y, eventualmente, toda la planta muere. Cuanto mayor es el nivel de salinidad más rápidamente se evidencian sus efectos y decrecen los rendimientos (…).

 

Los cultivos y variedades difieren considerablemente en cuanto a la tolerancia a la salinidad. (…).

 

 

 

Drenes para la recuperación de suelos salinos

En diversos ambientes

 

La mencionada página Web de la FAO nos indica las siguientes directrices básicas para saber si un suelo es salino:

 

¿Es un Suelo Salino?

 

Buscar cristales blanquecinos de sal en el suelo seco, sobre todo en la cresta de los surcos tocarlos con un dedo humedecido, comprobar su sabor y confirmar que es sal.

 

¿Hay zonas del terreno desnudas que permanecen húmedas o pantanosas durante algunos días después del riego?

 

¿Hay zonas en el cultivo con menor crecimiento y hojas amarillentas?

 

Controlar los grupos de plantas que, a pesar de haber recibido suficiente agua, parecen marchitas y con hojas opacas (…), sin el brillo de las hojas sanas.

 

¿Se ha reducido el macollaje y hay una alta e inesperada proporción de hojas viejas muertas? Controlar cuántos macollos debería haber en un cultivo norma l(…).

 

¿Hay una capa freática en ascenso a menos de dos metros de la superficie? ¿Es el agua salada? Excavar hasta la capa freática tomando un puñado de suelo cada 30 cm a medida que se excava. Anotar las muestras indicando su profundidad y probar el sabor de cada muestra (….).

 

 

 

Efectos tóxicos de las sales

 

¿Qué se puede hacer en los suelos salinos?

 

Probar el sabor del agua de riego. Si no es salada o ligeramente salada debería ser aceptable para el riego siempre que haya un buen drenaje. Si se desea, enviar una muestra al laboratorio para medir la conductividad eléctrica (CE) que indica el nivel de salinidad.

               

Si se sospecha que hay salinidad en áreas de crecimiento pobre del cultivo, poner un poco de suelo en un recipiente y agregar agua limpia de modo que cubra el suelo. Agitar. Cuando el agua en la parte superior se aclara, probarla. Si no presenta sabor salado o si es ligeramente salada, el problema no es la sal. Si es sumamente salobre, realmente hay un problema. (….).

               

Hacer correr agua a través del suelo con riegos abundantes e infrecuentes en lugar de riegos ligeros y frecuentes. Si el suelo es muy salino, no se debería usar agua pura para la lixiviación. El agua sin sal podría destruir la estructura del suelo con formación de costras en el suelo húmedo que se agrietarán al secarse el suelo.

               

Mejorar el drenaje por medio de una labranza profunda y la incorporación de materia orgánica para asegurar un flujo descendente del agua de riego y lixiviar las sales.

               

Controlar por medio de la prueba de sabor si el agua de la capa freática es salina. ¿Indican las muestras que el suelo es más salino hacia la superficie? Si no es más salino, procurar bajar la capa freática. Si es más salino, concentrarse inicialmente en lixiviar las sales.

               

Si los análisis indican que la concentración de sodio es alta, agregar calcio, preferiblemente en forma de yeso, que reemplace el sodio intercambiable en el suelo.

               

Nivelar el campo de modo que no haya áreas que permanezcan húmedas por períodos excesivamente largos.

 

Por su parte en el curso on-line de la Universidad de Granada se nos informa de que:

 

De las sales solubles son los sulfatos los que menos toxicidad presentan. Las sales cloruradas son altamente tóxicas. Las sales sódicas presentan una toxicidad muy alta y además su efecto adverso se ve aumentado por el elevado pH que originan (9,5 a 10,5).

 

Del mismo modo, en el tema 12 de el curso on-line de la Universidad de Granada se proporciona abundante información sobre el manejo de suelos salinos, mientras que en otro apartado del mismo se datallan las medidas para su recuperación.  Extraemos de esté último los aspectos más básicos (y no previamente mencionados, con ligeros retoques de redacción). Los estudiantes universitarios obtendrán más información visitando los enlaces aquí mostrados.

 

El manejo del suelo, para la eliminación de las sales, se realiza de distinta manera y con resultados diferentes según que el problema tóxico sean las sales solubles o el sodio en el complejo de cambio (carbonato y bicarbonato sódicos). En el primer caso su planteamiento es muy sencillo y su realización práctica también es relativamente fácil, en general, pero si el problema de toxicidad lo representan las sales alcalinas de sodio el problema es más complejo y los resultados son aún más problemáticos.

 

El tipo de sales presentes va a condicionar las posibilidades de recuperación: Para los cloruros sódicos el lavado es relativamente fácil en suelos con yeso, en los que el Calcio que se libera no permite que el sodio pase a forma intercambiable. La eliminación del cloruro magnésico y del sulfato magnésico del suelo es difícil, ya que el magnesio, debido a su alta densidad de carga tiende a ocupar las posiciones de intercambio, desplazando a los iones monovalentes durante el lavado; por lo que su lavado requeriría enmiendas cálcicas.

 

Para conseguir el lavado en suelos de secano, se debe preparar el terreno, de tal modo que asegure una infiltración del agua de lluvia lo más elevada posible. Esto se conseguirá mejorando las propiedades físicas del suelo, incrementando el tiempo de contacto del agua de lluvia con su superficie, mediante la construcción de terrazas, y disminuyendo o eliminando la escorrentía con labores adecuadas y manteniendo una cobertura vegetal. Además de regar, en la gran mayoría de los casos, es necesario extraer artificialmente el agua (..) Para ello se instalan a determinada profundidad del suelo un sistema de drenes (tubos de recogida del agua) que evacua esta agua a unos canales o zanjas de desagüe. Pero si en el suelo son abundantes las sales sódicas de reacción alcalina como los carbonatos y bicarbonatos sódicos, el lavado artificial del suelo provoca efectos contraproducentes, ya que al añadir más agua lo que se consigue es que el suelo sea cada vez más alcalino, pues como ya hemos visto.En estos casos, el problema puede solventarse (aunque con graves dificultades prácticas) utilizando mejoradores que consiguen cambiar el anión de la sal sódica. Estos mejoradores pueden ser de varios tipos, aunque los más frecuentemente empleados son de tres clases: otras sales solubles de calcio, como el yeso, ácidos o formadores de ácido, azufre, ácido sulfúrico, sulfatos de hierro o aluminio y sales de calcio de baja solubilidad, como la caliza molida o subproductos de la industria azucarera. Actualmente se encuentran en el mercado productos, denominados desalinizadores que actúan especialmente sobre la humedad del suelo. El procedimiento usual es añadir yeso sobre la superficie, con lo cual se forma sulfato sódico que es una sal casi neutra y por tanto ya si lavable.

 

También podéis encontrar información en el Curso on-line de la Universidad de Extramadura, si bien no nos aportará mucho más al respecto, aunque si de otro modo. Finalmente, señalar que cada vez se usan más plantas modificadas genéticamente con vistas a adaptarse (tolerancia) a los ambientes salinos, bien ya entramos en el debate con los transgénicos.

 

Juan José Ibáñez

 

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