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sábado, 08 de diciembre de 2007

Siempre he pensado que la física es la carrera que mejor amuebla una cabeza para hacer ciencia y filosofía de la ciencia. Matemáticas, contacto con el mundo físico, grandes dosis de abstracción y también especulación. Sin embargo, a veces los teóricos involuntariamente desbarran en demasía. Jamás leí texto alguno sobre creacionismo, por cuanto conocía bien sus argumentos y me parecía la peor forma de perder el tiempo. Sin embargo, cuando surgió la “Teoría del Diseño Inteligente”, inmediatamente me acordé de las numerosas ocasiones, en las que leyendo libros de divulgación de afamados físicos teóricos, me topaba con el denominado “Principio Antrópico”, en sus versiones débil y fuerte. Y es aquí donde comenzó a surgir el problema. Tales desbarres dieron aliento al “enemigo” y así surgió la “Teoría del Diseño Inteligente”, fundada sobre una interpretación maniquea de las comentadas elucubraciones de los cosmólogos. No obstante, al fin y al cabo, las fuentes sobre las que construyeron su edificio hacen uso de comentarios y posiciones discutidas en el mundo de la ciencia. Flaco favor, pensé, han hecho esta vez nuestros colegas a los biólogos, y a fin de cuentas a la ciencia en general, así como a la docencia de los jóvenes estadounidenses. Sin embargo, el otro día, desde la bitácoraA Bordo del Otto Neurath”, Jesús Zamora Bonilla nos informaba de los desbarres especulativos de uno de los más afamados filósofos de la biología. Me refiero a los que Michael Ruse derrama en su último libro “¿Puede un Darvinista Ser Cristiano?¿Porqué entonces los científicos se rasgan la vestidura sobre esta forma de neocreacionismo?, cuando algunos de ellos parecen ser sus principales ideólogos, lo quieran reconocer o no. Vamos, que los Republicanos del Senado de EE.UU. que defienden incluir en la enseñanza la “teoría” del diseño inteligente, junto al darvinismo, deberían imponerles una medalla.   

 


 

Ya no vale volver la cabeza hacia otro lado, y exclamar “pío, pío que yo no he sido”. Pues va a ser que sí.  Una cosa es especular y la otra desbarrar de forma tan estrepitosa. Del mismo modo, resulta un tanto grotesco que los alegatos de los científicos escandalizados ante este neocreacionismo lanzan a sus defensores no los viertan también contra aquellos colegas que les dan “alas”. No vale ya descalificarles apriorísticamente tachándoles de acientíficos, como hicieron en su momento con el viejo, puro y duro creacionismo. Ahora, el debate debería estar mejor argumentado, por mucho que sepamos que la versión moderna no sea más que un mero camuflaje, maquillado de cientifismo, de la antigua. En la Wikipedia española, se puede leer de qué versa la “Teoría del diseño inteligente” y el “Principio Antrópico Fuerte”.  Recomiendo seriamente su lectura. Para este post tan solo extraeré las siguientes líneas de la enciclopedia libre sobre el Principio Antrópico.

 

·          El principio antrópico débil (WAP) indica que "los valores observados de todas las cantidades físicas y cosmológicas no son igualmente probables, sino que están restringidos por el hecho de que existen lugares del Universo donde se ha podido desarrollar la vida basada en el carbono y el hecho de que el Universo sea suficientemente antiguo como para que esto haya ocurrido."

·          El principio antrópico fuerte (SAP) indica que "el Universo debe tener unas propiedades que permitan a la vida desarrollarse en algún estadio de su historia."

·          El principio antrópico final (FAP) indica que "un modo de procesamiento inteligente de la información debe llegar a existir en el Universo y, una vez que aparece, nunca desaparecerá".

 

La versión débil del principio ha sido criticada por su falta de imaginación, ya que asume que no es posible que se den otras formas de vida (por lo que ha sido tildado por algunos de chovinismo carbónico). También se suele decir que el rango de valores que pueden tomar las constantes físicas y que permiten la evolución de vida basada en el carbono puede ser mucho menos restringido del que se ha propuesto (Stenger en "Realidad intemporal"). Por otra parte la versión fuerte ha sido tildada como no científica, ya que no puede probarse ni falsarse y es innecesaria. La tercera de las versiones, la versión final, es discutida en otro artículo; aunque Barrow y Tipler indican que, a pesar de ser propuesto en el contexto de la Física, el enunciado está "muy relacionado con los valores morales." Algunos de los filósofos de la ciencia que apoyan las afirmaciones del principio antrópico son proponentes de la conjetura del diseño inteligente.

 

Extraigamos ahora unas líneas de la Wikipedia española sobre el diseño inteligente.

 

El diseño inteligente es el nombre utilizado para describir a la ideología con características dogmáticas que sostiene que el origen y evolución del Universo, la vida y el hombre, son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes (….) El movimiento del Diseño Inteligente, igualmente rechaza las posturas representadas por las variantes pro-evolución de la idea creacionista, conocidas como creacionismo evolutivo y, en términos más filosóficos, la evolución teísta; que aunque creen en la existencia de un creador y un propósito, a diferencia del Movimiento del Diseño Inteligente, sí aceptan que los seres vivos se han diferenciado a través de un proceso de evolución natural; ya que consideran cierta la teoría evolutiva, representada por la síntesis evolutiva moderna. Así, el diseño inteligente no es una teoría científica, ya que no sustenta sus bases en experimentaciones, y observaciones críticas y científicas, como lo hace la teoría de la evolución

 

¡Alto!: ¡Un momento! Veamos los que nos dice ahora uno de los más eminentes filósofos y defensores del neodarwinismo, es decir Michael Russe, en el siguiente enlace. Se trata de una reseña a su libro: “¿Puede un Darwinista Ser Cristiano?: La Relación Entre Ciencia y Religión”:

 

 


¿Puede alguien que acepta la teoría darwinista de la selección natural suscribir a su vez las afirmaciones básicas del cristianismo? Esta es la pregunta que se lanza en estas páginas al centro del debate existente sobre la relación entre ciencia y religión y, en particular, entre esa forma de biología evolucionista llamada darwinismo y los principios básicos de la fe cristiana.


En un momento en el que
los continuos avances de la ciencia en materia de biología y neurología ponen inevitablemente en tela de juicio los dogmas religiosos y dan lugar a obras tan polémicas como The God delusion, de Richard Dawkins (de próxima aparición en España bajo el título El espejismo de Dios ) esta obra de Michael Ruse nos ofrece una alternativa conciliadora. Con una perspectiva equilibrada sobre el tema mediante la cual realiza un serio análisis en el que, además de abordar figuras destacadas como el anteriormente mencionado Richard Dawkins y Stephen Jay Gould —por la parte de la ciencia— o Arthur Peacocke y Robert J. Russell —por la parte de la religión—, sopesa en detalle las afirmaciones del neocreacionismo y revela algunos paralelismos sorprendentes entre los materialistas darwinianos y los pensadores tradicionales como san Agustín (…).


Reseñas de prensa:


«
El libro de Michael Ruse es una increíble aportación a la bibliografía sobre este tema. Sorprende por lo arriesgado de su tesis. En lugar de apoyar el acomodaticio punto de vista de Gould según el cual religión y ciencia están claramente diferenciadas pero son complementarias, Ruse, un filósofo e historiador de la ciencia, sostiene que existe al menos una forma de ciencia (el darwinismo) y una forma de religión (el cristianismo) que se reafirman la una a la otra (Jerry Coyne, London Review of Books)


«Mediante un razonamiento intenso y continuado sobre una serie de temas —el origen de la vida, el alma,
el diseño inteligente, los milagros, el dolor, la ética, el darwinismo social, etc.— [Ruse] se las arregla para arrojar luz sobre la complejidad de las cuestiones, a la vez que sugiere cómo pueden conciliarse puntos de vista diferentes. La comprensión, la claridad de exposición, la imparcialidad y el tono desenfadado con que Ruse trata el asunto lo convierten en un ejercicio verdaderamente estimulante.» (John Habgood, Times Literary Supplement)


Autor de muchos libros sobre Darwin y la biología evolucionista
, Michael Ruse es Lucyle T. Werkmeist Profesor de Filosofía en la universidad de Florida en la que dirige el programa de Historia y Filosofía de la Ciencia. Ha participado activamente en debates con creacionistas y fue un testigo experto para la Unión de Libertades Civiles Norteamericanas en el juicio creacionista de Arkansas en 1981 en el que habló sobre las cuestiones de la filosofía de la evolución en oposición al creacionismo.


Podéis comprobar vosotros mismos sus argumentos en el prólogo y prefacio de la mencionada monografía.

 

He leído varios textos de Michael Ruse defendiendo la evolución neodarwiniana ante los filósofos de las ciencias más duras. Siempre he pensado, como otros muchos, que los esfuerzos de los teóricos del neodarwinismo adolecen de argumentaciones circulares y/o tautologías (no son convincentes). Una y otra vez terminan por encontrase en serios aprietos al defender sus postulados. De hecho, resulta patético que eminentes biólogos hablen del “Dogma Central de la Biología” para referirse a la evolución, como ya denuncié en otros cinco post previos, entre los cuales yo destacaría este.  Los Dogmas y la ciencia son vocablos cuyos significados resultan ser irreconciliables, por definición. Una proposición se convierte en teoría científica si es refutable, mientras muchos biólogos teóricos parecen empeñarse en que en no lo sea.  Al parecer, Ruse es uno de ellos. Sinceramente creía que tras largos años de defensa numantina había claudicado cuando publicó su libro: “El Misterio de los Misterios: ¿Es la Evolución una Construcción Social”. Por ejemplo, en su contraportada puede leerse:

 

Es la ciencia objetiva, una reflexión desinteresada de la realidad, como creían Karl Popper y sus seguidores? ¿O hay que entenderla como algo subjetivo, una construcción social, tal como mantenían Thomas Kuhn y su escuela? El misterio de los misterios se adentra en este polémico terreno e indaga sobre la naturaleza última de la ciencia tomando la teoría de la evolución como caso particular y nos permite comprender un poco mejor el poder de la teoría de la evolución. Con las armas del filósofo y el historiador, Michael Ruse compone un retrato incisivo del desarrollo del pensamiento evolucionista hasta el día de hoy, atendiendo a las fuerzas políticas y religiosas que lo han conformado. El libro arranca con grandes teóricos evolucionistas como Erasmus Darwin (abuelo de Charles) y Julian Huxley y acaba con la obra del teórico de juegos y microevolucionista Geoffrey Parker y el paleontólogo norteamericano Jack Sepkoski, cuyas simulaciones por ordenador reconstruyen las extinciones en masa y otros macroeventos en la historia de la vida. Por el camino, Ruse se detiene en dos grandes divulgadores de la evolución, Richard Dawkins y Stephen Jay Gould, y en dos destacados científicos y teóricos en el campo de los estudios evolutivos, Richard Lewontin y Edward O. Wilson. Como comprobará el lector, desmenuzadas sus ideas a la luz de sus compromisos intelectuales, todos ellos ejemplifican la impregnación cultural que subyace en la ciencia: el idealismo germánico en Gould, el círculo de «Oxbridge» en Dawkins, la educación judía de Lewontin y la niñez sureña de Wilson

 

Os puedo asegurar que en esta obra Ruse claudica, para reconocer más o menos a regañadientes que el darwnismo es una construcción social más. Pero ahora nos sale con que religión y evolución pueden ir de la mano. No lo dudo. Lo que ocurre es que defender tal posición como filósofo de la ciencia, es decir apelando al método científico (se este cual sea), es inadmisible. Otra cuestión bien distinta es apelar a que son dos formas diferentes del conocimiento humano. ¡No se pueden mezclar churras con merinas!, ni el agua con el aceite. La religión admite dogmas, y éstos son cuestión de fe.  La ciencia no puede, ni debe permitirse tales lujos. La ciencia no es ontología. La nueva cara de Michael Ruse, que es la que aparece en Wikipedia, no me parece ni positiva ni negativa. Yo diría, como él, que las argumentaciones de los neodawinistas contra el movimiento del diseño inteligente son un desastre. Simplemente, habría que recordar a Miguelito lo ya apuntado: que no se puede mezclar el agua y el aceite. Las religiones deben ir por un  lado y la indagación científica por otro, so pena de confundir al ciudadano con un marasmo de especulaciones pseudocientíficas maquilladas como científicas.

 

Tanto los argumentos de los defensores del Principio Antrópico Fuerte como las de Ruse adolecen de ser teleológicas, es decir de atribuir un propósito o una finalidad a estructuras y procesos concretos. La teleología siempre ha intentado expulsarse de la ciencia, aunque como veis resulta harto difícil, por desgracia. ¿Resultado?

 

Al final el ciudadano entra en un estado de confusión total sobre que distingue al discurso científico de otros tipos de conocimientos no científicos. ¡Lamentable!, ya que son los propios investigadores los que han contribuido a crear tal confusión. Y luego a rasgarse las vestiduras, cargados de “objetividad”, ¿Verdad? Estamos perdiendo los papeles

 

 

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)

 

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

El Círculo de Viena y el Positivismo Lógico [41]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

Las Teorías Científicas Como Estructuras Complejas

La Filosofía de Imre Lakatos  [28, 29, 30, 31, 32]

La Filosofía de Thomás Kuhn [33, 34, 35, 36, 37]

Filosofías Radicales de la Ciencia: Feyerabend y más  [38]

Filosofía de la Ciencia versus filosofías científicas [39]

¿Es la mente fractal? [40]

¿Filosofía Cuántica? [42]

Seredipidad o Serendipia y la Lógica de los Descubrimientos Científicos [43]

El Dudoso Estatus de los Ciencia Modelos de Simulación Predicativos [44]

Filosofía de la Tecnología y Ortega y Gasset [45]

Los Conceptos y Sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre [46]

Nominalismo, Realismo y Conceptualismo: Sobre el significado de concepto [47]

Pensamiento Analógico y Pensamiento Digital: Acerca de lo Continuo y lo Discreto [48]

El Discurso Científico, Conceptos Contrarios y Jean-Marc Lévy-Leblond [49]

Sobre Ciencia, Filosofía de la ciencia y religión : [50]

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Juan José Ibáñez

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