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jueves, 06 de diciembre de 2007

En un post anterior hablamos sobre las regiones biogeográficas de Europa y ya anunciamos que debido a la ubiquidad de la Curva de Willis, los deseos de los gestores de la política ambiental chocan una y otra vez con las pautas y patrones de la naturaleza. ¿Qué hacer? Ya hablaremos del tema más adelante en este post, por cuanto lo considero de vital importancia. En mis colaboraciones con la Agencia Europea del Medio Ambiente, el Buró Europeo de Suelos y la FAO, así como en mis propias investigaciones sobre las relaciones biodiversidad-edafodiversidad, he constatado como, una y otra vez, la Curva de Willis resulta ser un obstáculo con vistas a obtener regionalizaciones ambientales de cualquier tipo. Resulta lógico que los planificadores de las políticas ambientales deseen unidades territoriales de tamaños parecidos con vistas a implementar sus políticas. Sin embargo, la naturaleza nos muestra hasta la saciedad que unas pocas son de gran tamaño y su número crece potencialmente conforme su dimensión disminuye. ¿Qué significa esta desiderata? Simplemente que cuando se accede a las demandas de los políticos, se generan productos cargados de incertidumbre. No se puede ir contra natura. Jamás he visto publicado este dilema en ninguna revista. Las publicaciones de prestigio demandan “papers” con gran abundancia de evidencias empíricas y poca especulación teórica. Sin embargo, personalmente considero que mostrar a los colegas lo que hoy voy a decir es mucho más importante que la mayor parte de los trabajos al uso. Ni tan siquiera he intentado publicar algo como lo que os voy a mostrar. Veamos una Curva de Willis y pasemos a explicar el problema.      

 

 

 

Curva de Willis. Fuente: este impresentable administrador


 

Elaborar regionalizaciones ambientales por las que se obtienen unidades ambientales homogéneas de dimensiones similares permite implementar políticas ambientales con una menor dificultad que cuando los datos se ajustan a las Curvas de Willis. Sin embargo, la naturaleza no trabaja así. Todas las regionalizaciones que he llevado a cabo han terminado por toparse con esta estructura muy asimétrica. Lo mismo ocurre con las taxonomías. Serían sistemas de información mucho más eficientes si las bifurcaciones o ramificaciones de cada taxa en subtaxa fueran más o menos iguales en todos los casos. Pero como ya demostramos en otro post, de nuevo aparecen las susodichas curvas para demostrarnos que andamos descarriados.

 

El hecho de que la naturaleza tienda a fragmentarse en unos pocos “trozos” muy grandes y muchos de tamaño pequeño, significa para los planificadores y gestores ambientales que deben tratar con muchas más unidades territoriales que las que desean, y lo que es peor aun,  que las de tamaños minúsculos requieren tanto esfuerzo y esmero como las mayores, por cuanto a menudo corresponden a territorios que, por su singularidad, requieren ser preservados o gestionados con sumo cuidado. En estos casos suele solicitarse a los expertos que las agrupen en otras de mayor tamaño, de tal manera que disminuya su número y aumente su extensión. Empero tal tarea suele acarrear mezclar “cosas” de propiedades muy diferentes, por lo que las nuevas unidades son de hecho heterogeneidades ambientales muy artificiales para las cuales resulta harto difícil, cuando no imposible implementar políticas ambientales coherentes y eficaces.

 

Cuando tengan en la mano tal tipo de productos no duden que conllevan una gran incertidumbre subyacente. He realizado ensayos estadísticos de todo tipo y siempre he topado con el nudo gordiano de las Curvas de Willis. Los legisladores y gestores deberían reconocerse que hay que plegarse a las estructuras de la naturaleza y no intentar distorsionar sus patrones. Pero no suele ser el caso. Por estas razones suelen obtenerse productos muy deficientes que, de seguirlos, darán al traste con la consecución de políticas de ordenación territorial exitosas.

 

 

 

Una Curva de Willis suavizada por los intereses de la gestión

Territorial. Fuente: El administrador de esta bitácora

 

Digamos para finalizar que tales curvas suelen ser el resultado de la dinámica no lineal de los sistemas analizados. Es decir son estructuras que se someten a las leyes de las ciencias de la complejidad y no a las de los intereses humanos.

 

Pero hay algo aun más nefasto. Con harta frecuencia, se demandan unidades ambientales que conjuguen la presencia de diversos recursos naturales. La mayor parte de ellas (si no todos) dan lugar a les mencionadas curvas. Sin embargo, estas no coinciden territorialmente para cada recurso. ¿Resultado?: Un caos espeluznante que empeora más aún la calidad de estos mapas o bases de datos espaciales.  Lo intrigante de este tema es que las estructuras fractales, síntomas inequívocos de la presencia de sistemas complejos, están subyacentemente presentes. Utilizando adecuadamente este tipo de matemáticas, podríamos investigar aproximaciones más fiables al tema de la regionalización. Sin embargo hasta la fecha (que yo sepa) nadie ha realizado incursiones intelectuales de tal guisa.

 

Cerrar los ojos ante este tipo de problemas implica no reconocerlos, y por tanto no solucionarlos. Las especulaciones teóricas de este tipo no parecen gustar, ni a los gestores ni a los editores de las revistas. A menudo las soluciones son más fáciles de lo que parecen. Sin embargo, debemos tener la mente abierta, cosa cada vez más infrecuente, por desgracia. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

 

Juan José Ibáñez    

13:04 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (4)

La Agencia Europea de Medio Ambiente, distingue 10 regiones biogeográficas basadas en la vegetación, flora y clima. Eso sí adelantemos dos cuestiones. Macarronesia (Islas Canarias y Azores) no pertenecen en sí al continente europeo ya que son sistemas insulares de tipo oceánico. Sin embargo, la vegetación que imperaba en Europa en el Plioceno, es decir inmediatamente antes de que comenzaran las glaciaciones cuaternarias (Pleistoceno), era muy semejante a las que hoy atesoran las denominadas “islas afortunadas”. Por tanto son de un gran interés natural para los europeos. Digamos también, que no hemos encontrado en ningún libro sobre la vegetación de Europa  que incluya algo parecido a una región como la del “Mar Negro”. Como ya veremos a su debido tiempo, tampoco contienen ningún pedotaxa, ni ensamblaje de suelos idiosincrásicos. En otras palabras desconocemos las razones para haberla segregado de alguna de las regiones biogeográficas circundantes


 

Si analizamos el gráfico que ordena las regiones por tamaño observamos que en Europa dominan los ambientes templados continentales y los boreales (los últimos, en su mayor parte corresponderían a los bosques de coníferas de la Taiga). Advirtamos que las estepas deben considerarse como territorios con un clima continental extremo, en la que los bosques son sustituidos por praderas y pastos, más o menos húmedos, aumentando la aridez de norte a sur y de oeste a este. Vemos también que las áreas de alta montaña (Región Alpina) son más extensas que las de clima templado oceánico (región biogeográfica Atlántica), típicas de la gran parte de los países económicamente más desarrollados de Europa. No lo duden existen relaciones entre clima. Proximidad al mar y desarrollo económico.

 

Área de la Regiones Biogeográficas de Europa en Km2

Macarronésica

10.898,16

Panónica

163.632,68

Atlántica

842.181,75

Ártica

605.273,22

Mediterránea

926.225,60

Continental

2.589.669,71

Mar Negro

9.491,71

Estepa

1.142.031,76

Alpina

875.461,40

Boreal

2.845.246,65

Área Total

10.010.112,65

 

La forma de la grafica nos recuerda a una curva de Willis muy poco pronunciada. Este tipo de estructuras las analizaremos en otro post, por cuanto generan un serio problema entre lo que la naturaleza presenta y los políticos medioambientales desean.

 

 

 

Finalmente cabe concluir que la geografía política repercute sobre la percepción que tienen los ciudadanos e incluso algunos expertos del paisaje Europeo. En el caso de  este continente, la incomunicación científica que generó su división entre países socialistas y capitalistas ha sido la principal causa del sesgo mencionado. Así, por ejemplo, la imagen de la Europa no mediterránea repleta de bosques caducifolios resulta ser absolutamente falsa. Del mismo modo, la asociación aceptada entre mediterraneidad, aridez y desertificación se viene a bajo cuando se tienen en cuenta las regiones Panónica y los ambientes estético-áridos del sur del continente.

 

 

PD. La representación recogida en el mapa que mostramos abajo incluye territorios asiáticos, al considerar una posible ampliación de la Unión Europea que contemplaría la adhesión de países como Turquía. Los datos expuestos en cifras corresponden a Europa, no al conjunto de países “Euroasiáticos” que aparece en el mapa de la AEMA. Debemos que tener cuidado con las veleidades políticas antes de analizar este tipo de productos.

 

 

 

Este  último mapa recoge información de algún país Euroasiático, y no debe confundirse con el de arriba (solo países europeos). La geografía “política” distorsiona la información de la geografía física ¡Cuidado!

 

Juan José Ibáñez

 

11:07 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (13)