A pesar del impacto de las herramientas para el estudio de la biodiversidad en el campo de la ecología, desafortunadamente apenas se han abordado estudios que demuestren su relevancia en el análisis de las estructuras abióticas de los ecosistemas y paisajes. La caracterización y cuantificación de la diversidad de suelos, fisiografía, litología, etc., como recursos no renovables a escala humana, debería ser considerada a la hora de estimar el valor ecológico de un territorio. Paralelamente, este tipo de aplicaciones puede ser útil para explorar, cuantificar y comparar la complejidad de los paisajes de suelos, el modelado terrestre, etc. En la década de los 90, estimulados por los movimientos conservacionistas y la cobertura mediática recibida por la Convención sobre Biodiversidad (UNEP, 1992) diversos investigadores de las ciencias de la tierra han comenzado a abordar el tema de la conservación de los recursos naturales no biológicos. El Patrimonio Geológico y la Geodiversidad adquieren así un valor científico, cultural, educativo y/o recreativo, con independencia de su naturaleza: formaciones y estructuras geológicas, modelados del terreno, depósitos sedimentarios, minerales, rocas, fósiles, suelos y otras muchas manifestaciones de la geosfera que permiten conocer, estudiar e interpretar la historia geológica de la Tierra, los procesos que la han modelado, los climas y paisajes del pasado y presente y el origen y evolución de la vida sobre este planeta. De este modo, en la Declaración de Girona sobre el Patrimonio Geológico de 1997 se dice:

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“La conservación de los Lugares de Interés Geológico es absolutamente necesaria e indisociable con la del Patrimonio Natural y Cultural en general, (…) Cualquier política ambiental y de conservación de la Naturaleza que no contemple adecuadamente la gestión del Patrimonio Geológico, nunca será una política ambiental correcta. Es necesario que los responsables de las diferentes administraciones públicas y centros de investigación, técnicos, científicos, investigadores, ambientalistas, naturalistas, ecologistas, periodistas y educadores, se movilicen activamente en una campaña de sensibilización del conjunto de la población a fin de lograr que el Patrimonio Geológico, indudable cenicienta del Patrimonio, deje de serlo, en beneficio de todos”.
Esta tarea comienza a ser abordada por iniciativas tales como:
· Comisión de Patrimonio Geológico de la Sociedad Geológica de España
· Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero (SEDPGYM)
· European Association for the Conservation of the Geological Heritage (ProGEO)
· El Foro PatriGeo de la Red Iris (MEC).
Así, de modo orientativo, algunos de los temas abordados en PatriGeo son: (i) patrimonio geológico y parques naturales; (ii) legislación; (iii) utilización didáctica de los lugares de interés geológico; (iv) patrimonio geológico, ordenación del territorio y estudios de impacto ambiental; (iv) geoturismo; (vi) geoparques y museos, etc. Del mismo modo, la UNESCO estudia crear la etiqueta de “Geoparque”, equiparable a la de “Reserva de la Biosfera”.
Sin embargo, la práctica totalidad de estas iniciativas, al estar en sus comienzos, tienen una proyección mayoritaria meramente conservacionista. En otras palabras, se basan en el inventario o catalogación de lugares de interés que se deberían preservar por sus valores intrínsecos y, al contrario que en los estudios de biodiversidad y edafodiversidad, no existen líneas de investigación desarrolladas con vistas a analizar y comparar, con criterios científicos y cuantitativos, los patrones espacio-temporales de los recursos involucrados y, menos aún, la de éstos y los biológicos. Ibáñez et al. (2005b) ha realizó una compilación sobre el estado del arte en tales iniciativas.

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Resulta un tanto paradójico, que mientras los estudios de geodiversidad, poco maduros desde un punto de vista metodológico, hayan despertado más la atención que los de edafodiversidad, mucho más elaborados. La razón estriba en la dispar reacción de los expertos de ambos colectivos. De este modo, los geólogos han sido mucho más receptivos a las actitudes conservacionistas que los edafólogos, lo cual resulta un tanto desconcertante. Así mismo, llama la atención que desde el mundo de la geología no se haya apreciado, ni la metodología desarrollada desde el ámbito de la edafología, ni su valor como patrimonio natural. Los suelos son el soporte de vida de las comunidades vivas y las especies que albergan, mientras que son el reservorio de una biodiversidad prácticamente desconocida.
Lo narrado hasta aquí vuelve a resultar más que sorprendente, si se tiene adicionalmente en cuenta que no se hallan realizado investigaciones rigurosas de las relaciones entre edafodiversidad taxonómica y biodiversidad de los suelos. De hecho, no tan solo cada edafotaxa, sino también cada horizonte genético del suelo puede constituir un hábitat que alberga biocenosis edáficas distintas.
La bioprospección, disciplina que intenta investigar la diversidad biológica de especies con fines económicos (p. ej. productos de interés para las empresas farmacéuticas), se encuentra más avocada al estudio de los sedimentos oceánicos e incluso de los regolitos que en los propios suelos. Son los propios edafólogos los que deben concienciarse en estos campos emergentes de la investigación científica, por cuanto amplían tanto los horizontes de la disciplina como las oportunidades de abrir nuevos horizontes de trabajo y prestigio para sus practicantes.
Si bien se trata de un campo no explorado con la atención que merece, los ecólogos del suelo han abordado el análisis de la biodiversidad en el suelo de ciertos grupos taxonómicos, o de grandes comunidades microbianas haciendo uso de técnicas moleculares. El problema de tales aproximaciones consiste en que los ecólogos, por tradición, optaron por trabajar con variables concretas, seleccionadas con mejor o peor criterio, pero raramente con edafotaxa. Como corolario, a pesar de hablar de hábitats de las biocenosis edáficas, estos se encuentran mal definidos, imposibilitando la detección de patrones. En otras palabras nuevamente se vuelve a caer en las debilidades inherentes a las clasificaciones “ad hoc” de la que ya hablamos en otros post precedentes. Reiteramos que se trata de desdeñar tales constructos, sino de la necesidad de obtener regularidades, uno de los principales propósitos de cualquier disciplina científica.
En el ya extinto Centro de Ciencias Medioambientales (CSIC, Madrid) el equipo del Prof. Antonio Bello realizó varios estudios constando que las comunidades de nematodos cambiaban al muestrear distintos horizontes genéticos, por lo que cabe pensar que distintos ensamblajes de suelos pueden albergar biocenosis dispares. Mis conversaciones con este investigador dieron lugar a que en el 2004 propusiera una hipótesis que relacionaba diversidad edafogenética (número de horizontes propiedades y materiales de diagnóstico) y biodiversidad de los ensamblajes del suelos. En otras palabras se trata de una conjetura que postula que conforme la edafogénesis de un suelo avanza, la horizonación genera distintos hábitats, que a la postre darán lugar a la aparición de comunidades edáficas dispares.
Soy de la opinión de que en la conservación de los recursos abióticos, edafólogos y geólogos debieran ir de la mano. Todos saldríamos ganando si cooperáramos. ¿Pero? (….): el desinterés de unos y el corporativismo de otros no están dando lugar a que se generen las condiciones adecuadas para ello.
Juan José Ibáñez