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viernes, 20 de julio de 2007

¿Que es un científico “fundiraptor”?. Simplemente una palabreja que acuñé un día con vistas a denominar a aquellos investigadores que van desesperadamente “en busca de la pasta” y de proyectos de generosa financiación. Se mueven rápido como las ratas en los congresos internacionales. Tampoco se pierden ninguna reunión realizada por organismos internacionales en donde (cuando no se suben literalmente a la chepa) de las autoridades en cuyas manos está que consigan sus objetivos. Sinceramente, tienen tal descaro y falta de decoro que, muchos colegas nos reímos a escondidas ante su ridículo comportamiento. Ahora bien, no nos confundamos, bajo el dicho japoneses de que en el amor, la guerra y la ciencia todo vale, suelen conseguir sus objetivos. A la postre, saldrán luego en los periódicos y otros medios de comunicación, por cuanto al liderar proyectos de gran envergadura, se les suele confundir con “sacerdotes de la ciencia”. Generalmente su calidad es más que mediocre, mientras sus artimañas impiden que salgan adelante iniciativas de mayor riesgo y creatividad. No saben de nada, pero se apuntan como “expertos de hecho” a cualquier línea de investigación que se ponga de moda. Ellos darán al poder lo que él desee, sea científicamente correcto o no. ¿Y a que viene esta desiderata? Os lo cuento enseguida.

 

 

 

Foto de un Fundiraptor en plena actividad


 

 

Hace unas semanas estuve en el V Congreso Internacional de la Sociedad Europea de Conservación de Suelos (Palermo 25-30/06/2007). A estos eventos van con menor asiduidad, a no ser que los inaugure alguna de sus presas preferidas (en Europa altos funcionarios europeos). Empero sus jóvenes delfines nos deleitan con sus últimos “descubrimientos”.

 

Pues bien, durante más 10 años, y especialmente a lo largo del desarrollo de la “Directiva Europea de Protección de Suelos”, reiteré una y mil veces la necesidad de conservar los suelos como cualquier otro recurso natural, apelando al diseño de una red Europea de Reservas naturales, o a otro tipo de figuras legales de tal guisa. Ya hable de ello a principios de 2006 en varios post albergados en nuestra categoría “Diversidad”. No hubo forma de convencer a nadie en estos foros repletos de fundiraptores. Esta gente no se mueve por la novedad, hasta que esté avalada por las autoridades responsables de conceder “la pasta”. Empero finalmente, el Parlamento Europeo, y la Directiva, reseñaron en los documentos finales mis tesis. Había que comenzar a trabajar en esta dirección. Como yo os he comentado en otros post incluidos en la Categoría aludida, fui el pionero en este tipo de investigaciones y se me reconoce como tal a nivel internacional.

 

Pues bien, me presente al congreso de Palermo con una contribución en la que desarrollaba las directrices científico-técnicas que podrían seguirse en el futuro con vistas a conservar los suelos como parte de nuestro patrimonio geológico (geodiversidad), biológico (biodiversidad) y cultural (diversidad de prácticas tradicionales agrosilvopastorales demostradamente sustentables). Sin mayores problemas. Sin embargo, leyendo los resúmenes de las actas me di cuenta que los delfines de varios de estos fundiraptores que habían despreciado previamente mis sugerencias, presentaban contribuciones en cuyos títulos rezaban mis tesis como si hablaran de algo nuevo y descubierto por ellos. Para su desgracia fueron varios a la vez. Hace cuatro años aquel “royo” que presentaba un español no merecía la menor consideración. Empero una vez avalado por la UE y con “pasta a la vista” la cosa ya era “otro cantar”. Repetían malamente viejos argumentos ya publicados por mi y otros investigadores norteamericanos  hace años intentando convencer al personal que eran de su propia cosecha. La verdad es que me divertí un rato.

 

La verdad es que los fundiraptores se mueven velozmente en aguas revueltas, es decir ante nuevas iniciativas y perspectivas de negocio que requieren tiempo para proponer líneas de investigación interesantes y científicamente rigurosas. Suele ocurrir que cuando tiempo después se presentan proyectos de calidad, ellos ya tengan toda la “pasta” en su poder. Son como el caballo de Atila. Que conste que muchos colegas saben de quienes hablo, y con toda seguridad, ya los están identificando.

 

Este es un paisaje acultural muy repetido en Europa, no solo en España. Resulta triste que individuos de tal catadura y talento se apropien de buena parte de fondos comunitarios. Y lo peor es que son muy astutos y como no tienen la menor ética (…..). De los resultados que suelen obtener, mejor no hablar (os los podéis imaginar) En otro post ya os narraré como tuve una intervención ciertamente agria, en el caso de la exposición de un proyecto concreto en el que participaban variopintos fundiraptores de varios países, pero no relacionado con el tema aquí tratado. Menudo trago pasó el ponente. Lo dejamos para otro día.

 

Buen fin de semana.

 

Juanjo Ibáñez  

10:20 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Muchos compañeros y amigos que saben de mi interés por la filosofía de la ciencia, me realizan frecuentemente preguntas sobre el tema. Poco a poco, me fui dando cuenta de una confusión muy común, pero ciertamente grave, sobre este asunto. Me han preguntado a menudo por obras que en nada tiene que ver con la mentada filosofía de la ciencia, sino con lo que yo denomino coloquialmente “filosofías científicas”. ¿En que se diferencian?: ¡En todo! La primera versa sobre la naturaleza de la ciencia, mientras que las segundas son obras de orientación filosófica, generalmente realizadas por científicos, en las que se explica su visión del mundo en base a (sesgada por) su formación (deformación) profesional. Con ello no pretendo decir que se traten de libros o ensayos de mala calidad. Todo lo contrario. En mi opinión los hay excelentes, como también muy malos. Clarifiquemos un poco este asunto en nuestro “Curso Básico sobre Filosofía de la Ciencia

 

 

Rupert Sheldrake y David Bohm


 

Ha sido muy frecuente, a lo largo de la historia de la ciencia, que muchos investigadores un día reflexionen sobre el mundo que les rodea y escriban después obras narrándonos su particular perspectiva. Algunos de estos libros y ensayos son realmente provocadores y fascinantes, mientras otros mera bazofia. Todo depende del talento del autor. Empero resulta curioso que muchas figuras de la ciencia de gran renombre nos castiguen con ramplonas especulaciones metafísicas, mientras que investigadores no tan reconocidos, deleiten con verdaderas creaciones cuasi-artísticas y más aun, que se hagan famosos por ellas y no por contribución al conocimiento estrictamente científico. Lo lamentable de todo este asunto es que, tanto las noticias de prensa como la publicidad de las editoriales, tienden a confundir ambos productos. La falta de cultura deviene pandemia en nuestros días.

 

Personalmente, me encantan muchas de estas “filosofías científicas”, especialmente cuando son provocadoras y desbordan de una gran creatividad, a la par que mantienen una coherencia interna envidiable y no son “acientíficas”, sino alternativas a las visiones del mundo que actualmente usamos. En nuestros tiempos, desde Roger Penrose hasta Ilya Prigogine (este último generalmente en compañía de la filósofa Isabelle Stengers) han sido decenas de autores los que se han inclinado por este género literario.

 

La mayor parte de los libros que me han resultado más interesantes han sido escritos por físicos y matemáticos. No me extraña dada su formación, aunque es de lamentar que no suela ocurrir lo mismo con los científicos experimentales.  Este no es el caso del Británico Rupert Sheldrake y su asombrosa teoría sobre los campos mórficos. De acuerdo con Ruperto, el mundo se entendería mejor si “reconociéramos” que existe un campo mórfico, que trasciende a las convencionales materia, energía e información. Este biólogo, a demás propone ingeniosos experimentos con vistas a corroborar (¿?) tal III poder inmaterial. A los amantes de la especulación, les recomiendo su lectura. Gran parta de estas obras han sido traducidas al castellano como libros de bolsillo.

 

Abundan “las filosofías científicas de corte místico”, en la que los autores mezclan ciencia, filosofía oriental y occidental. Y que nadie se lleve las manos a la cabeza ya que los padres de la mecánica cuántica, incluido su “gran desertor”, A. Einstein, dialogaron con  carta asiduidad con los místicos orientales, al objeto de intentar comprender la racionalidad de esta disciplina, ya en sus inicios. Al parecer, esta “querencia ha proseguido con algunos de sus sucesores”. Este es el caso de David Bohm, antiguo discípulo de Einstein que, contagiado por las tribulaciones de su maestro (ante el color que iba tomando la criatura que había ayudado a “parir”) propuso la interpretación de las variables ocultas de la mecánica cuántica frente a la ortodoxamente aceptada, denominada de Copenhague. La verdad es que no lo logró. Pero sus viajes siderales sobre el universo implicado, etc., atesoran en mi modesta opinión una gran belleza. Eso si, tan solo recuerdo el libro de un francés que reemplazaba a los místicos orientales por los españoles (¡olé), como Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Ya sabemos que los gabachos, con tal de remarcar su “hecho diferencial”, son capaces de recurrir hasta (…) a los Españoles.

 

Sería imposible narrar aquí la gran variedad de perspectivas escritas en estos libros que pueden hacer disfrutar al lector amante de tales divagaciones o exploraciones metafísicas, como lo soy yo. Empero ni hablamos de ciencia ni de filosofía de la Ciencia, sino de lo que yo denomino “filosofías científicas” a falta de un vocablo que incluya este tipo de literatura (si lo hay yo lo desconozco). Prueben un día y a lo mejor se enganchan. Como me ocurrió a mí.

 

No es improbable que, algún día, futuros descubrimientos nos muestren que algunos de ellos tenían razón. Pero hoy por hoy, ni hablamos de ciencia en el sentido estricto, y menos aún de filosofía de la ciencia.

 

 

Juan José Ibáñez

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)

 

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

El Círculo de Viena y el Positivismo Lógico [41]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

Las Teorías Científicas Como Estructuras Complejas

La Filosofía de Imre Lakatos  [28, 29, 30, 31, 32]

La Filosofía de Thomás Kuhn [33, 34, 35, 36, 37]

Filosofías Radicales de la Ciencia: Feyerabend y más  [38]

Filosofía de la Ciencia versus filosofías científicas [39]

¿Es la mente fractal? [40]

 

 

9:15 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)