En un post anterior dedicado a “la objetividad de los científicos” puse en duda la apreciación de que el CO2 fuera un contaminante. Daniel Cano, en la bitácora Ciencia y Tecnología Nuclear, replicó a mis insinuaciones con argumentaciones (definiciones) extraídas de diccionarios y otras fuentes. Seguidamente yo le repliqué en otro post. En nuestro intercambio de comentarios indiqué que explicaría más detalladamente mi argumentación. Y ha llegado el momento. El antropocentrismo invade la ciencia de una manera que, en mi modesta opinión, resulta ser muy nociva”, por cuanto confunde más que clarifica. Los seres vivos respiran, por lo que también contaminan. Del mismo modo, las vacas (aunque no estén locas) y otros rumiantes emiten metano a la atmósfera con sus eructos, por lo que también contaminan. No olvidemos tampoco que el CO2 es absorbido por las plantas mediante la fotosíntesis, generando así la biomasa y permitiendo la vida del mundo animal. Como corolario, los vegetales se alimentan de contaminantes. Para terminar, los suelos son uno de los grandes reservorios de carbono, por lo que como corolario, también se encuentran muy contaminados. Y así podríamos escribir miles de páginas. Toda esta retórica, ¿es o no confundente?

Vaca de Leche “Desnatada”
Daniel hizo un buen trabajo en torno a las definiciones de contaminante, contaminación y nocivo, esfuerzo que le agradezco. La cuestión, como el bien indica, es que los conceptos cambian, y el emitir gases de invernadero a la atmósfera es, “efectivamente”, perjudicial, pero no para el ser humano, sino en un modelo de sociedad que dilapida los reservorios de carbono capitalizados en la biosfera-geosfera durante millones de años. Como el correctamente alude, han existido periodos geológicos en donde la concentración de este gas en la atmósfera ha sobrepasado con creces los niveles actuales, sin generar impacto ambiental alguno (no existían multinacionales contaminándolo todo, incluso el vocabulario). En consecuencia, no puede ni debe hacerse alusión a la contaminación cuando hablamos de anhídrido carbónico, tal como se hacen actualmente en la prensa y no solo por los políticos, sino que también participan los científicos en tal ceremonia de la confusión. En caso contrario, la radiactividad natural que desprenden ciertas rocas debería calificarse de la misma forma, por hablar tan solo de esta ya que podría mentar otros muchos ejemplos.
Entre las definiciones a las que alude Daniel Cano, usando El Diccionario de la RAE de la Lengua puede leerse.
- contaminar: alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos.
- nocivo: dañoso, pernicioso, perjudicial
Fijémonos en el contenido de la primera, es decir en “contaminar”. Ahora imagínense una mesa de su casa y a ustedes mismos atizándola con un palo o barra de metal hasta hacerla añicos. Pues bien, de acuerdo a esta definición la habríamos contaminado “físicamente”. Acerca de la segunda noción no albergo objeción alguna. Sin embargo habría que precisar: ¿Nocivo para qué o para quién? Elevar el salario mínimo de los trabajadores es nocivo para el empresario y posiblemente para la economía pero, en principio, sería beneficioso para los trabajadores. Obviamente, los defensores de la globalización en curso (que no de la social, que es la que a mí me gustaría) alegarían una plétora de razones con vistas a mostrar que tal degenerada práctica puede volverse en contra del trabajador a medio o largo plazo, por disminuir la competitividad de la economía en la que la ha tocado vivir. Empero, ¿es que no resultan viables, y yo diría recomendables, otros modelos económicos menos feroces? Las cifras son recalcitrantes: día a día, a nivel mundial, la globalización está causando más hambre y miseria en la población humana. Insisto lo reconoció hasta el Exsecretario General de la ONU, entre otros muchos conocidos personajes de la actualidad.
Pongamos ahora otro pueril y tendencioso ejemplo: Los biólogos moleculares, y más recientemente los nanotecnólogos, esperan agazapados la más mínima oportunidad para saltar súbitamente y alegar que ellos pueden solucionar el problema, “tocando los genes” a alguien, o inyectándole nanopartículas. La última víctima potencial podrían ser las “vacas”, cochinos animales que se pasan todo el día eructando, y como corolario contaminando la atmósfera de metano. Lean ustedes por favor la siguiente noticia: “Científicos británicos proponen cambiar las dietas de las vacas para combatir el cambio climático” Pero ojo, las ovejas y otras especies pueden seguir la misma suerte, como se indica en el enlace introducido. No narraré el tema de la dieta, ya que es bien sabido por edafólogos, expertos en pastos, y en ganadería desde hace muchas décadas. Ahora bien, lo que se les pide a los ganaderos es incrementar los gastos de la granja a favor de la “humanidad”. Al seguir leyendo la noticia, se vislumbra ya al “toca genes” en ciernes agazapado, esperando a saltar sobre su presa. Personalmente, considero que todo esto es un dislate. Las grandes sabanas (ricas en biomasa de gramíneas) cargadas de rumiantes se han extendido por enormes extensiones del planeta desde finales del Cretácico (que albergaba concentraciones de CO2 atmosférico mucho mayores que las actuales, no lo olvidemos).
Unos cuantos platos de judías a la semana o al mes son saludables, empero comer varios kilos al día puede matar al glotón. ¿De contaminación? Yo no lo llamaría así. Consumir moderadamente combustibles fósiles no ha generado el calentamiento climático, la glotonería del sistema económico sí. No culpemos ahora a uno de los productos más vitales para el mantenimiento de la biosfera. Se trata de un sacrilegio.
Pero, como ya he mentado, si el antropocentrismo no es científicamente correcto, peor aún resulta ser que se confunda al ciudadano hablando desde un particular punto de vista, es decir el del capital y su último engendro: la globalización económica (repitámoslo que no social). Hablamos de un sistema no sustentable, uno de cuyos efectos es cambiar todo lo necesario con vistas a perpetuarse así mismo, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Esto sí que es selección darviniana pura y dura (del hombre globalizante contra la naturaleza).
Terminaremos diciendo que deberemos cambiar finalmente toda la biosfera, con tal de mantener a la globalización económica, que beneficia a una parte exigua de la población mundial en detrimento de su inmensa mayoría. ¿No sería más “ecológico” dejar a la naturaleza tranquila y salvaguardadaza y cambiar nuestros modos de vida y producción?. Yo creo que sí, pero al parecer soy políticamente incorrecto. Y que luego no me hablen de la objetividad de los científicos. Unos y otros están contaminando el lenguaje y el sentido común que como nos recuerda el popular dicho “(…)”
Juan José Ibáñez
Cuando era crío cantábamos una canción (no se si procedente de un anuncio radiofónico o no, pero en la que ya se vaticinaba nuestro alucinante presente). Más o menos rezaba así (pero por favor, no comentárselo a los toca genes, ya que en un periquete nos roban hasta los suelos infantiles):
Tengo una vaca lechera
No es una vaca cualquiera
Que da leche merengada
Hay que leche tan (…)
Tolón, Tolón, Tolón, Tolón.