En dos post anteriores analizamos como el tránsito entre el Paleolítico y Neolítico, surgió como consecuencia del dominio que el ser humano sobre el sistema suelo-planta. De este modo, el las culturas de los pueblos de cazadores-recolectores dieron paso a las de pastorales o ganaderas y posteriormente a las agrarias. Tal suceso se ha repetido independientemente en diversos continentes, dando lugar a pensar que se trata de un rasgo inherente a la evolución cultural, y no fruto de un colectivo más o menos ingenioso. Hoy intentaremos comenzar a demostrar como la emergencia de las grandes civilizaciones necesitó, independizar las producciones alimentarias de las veleidades climáticas, y en especial de las concernientes al agua. Haremos pues un nuevo viaje al pasado, y más concretamente nos iremos a los valles de Oaxaca y Tehuacán, en el sur este de México. Veremos pues como desde fechas aún no muy bien establecidas, los precursores de los Aztecas desarrollaron una ingeriría hidráulica imponente, que pudiera remontarse a los ¡10.000! años de antigüedad...También allí narraremos las evidencias de los tecnosuelos, ya en épocas prehistóricas ¿Nos acompañas? ¡No te arrepentirás¡.

Paisajes aterrazados Preaztecas
Con suelos artificiales llevados allí
a hombros de los indígenas.
Una debate apasionante de la arqueología se centra en averiguar si las civilizaciones sofisticadas y con un alto grado de jerarquización social fueron un paso previo que permitió el desarrollo de las ingerirías hidráulicas imprescindibles para el tránsito de la agricultura de secano a la de regadío, o si por el contrario, el proceso fue el inverso. Sinceramente, tras analizar el tránsito de la cultura de cazadores-recolectores y leer los apasionantes estudios que sobre el tema escribió el afamado investigador Jarred Diamond, albergamos la creencia de que la última posibilidad, propuesta en los años cincuenta por Kart A. Wittfogel. En otras palabras, consideramos que los pueblos neolíticos que lograron desarrollar el manejo del riego, también pudieron independizarse en cierta mediada de las veleidades del ambiente, incrementando la densidad de población, la especialización en el trabajo y una mayor complejidad cultural, como ya pasó en el susodicho tránsito paleo-meso-neolítico. La historia de la humanidad y el papel que la tecnología ha desempeñado en su evolución así nos lo sugiere, como hemos postulado en los susodichos post anteriores. Comenzamos pues con una serie de tres o cuatro post que nos llevará a un viaje apasionante por el México preazteca.
Pero no todos los expertos son de la misma opinión. Así, por ejemplo, nuestro editor asociado mexicano, Régulo León Arteta, tras leer un primer borrador de este documento me señalo que:
“Angel Palerm, un antropólogo mexicano seguidor de la escuela de Wittfogel, considera que para el desarrollo de la agricultura de riego es necesario y alto grado de organización social. Y como muestra de ello hace énfasis en la organización social que requiere el mantenimiento del sistema de drenaje o avenamiento, como parece mostrarse en el Código de Hamurabi. Soy de la opinión de que simultáneamente, la agricultura de riego permitió sostener grandes núcleos urbanos y estos con su organización lograr un mantenimiento más o menos permanente”.
Quizás, como herederos de la tradición judeo-cristiana, los europeos y sus descendientes, tendemos a pensar que la agricultura nació en el “creciente fértil”, es decir en Oriente Próximo. Empero pudiera no ser así. Lo mismo parece haber ocurrido en otras partes del mundo. Aun en el caso de que los logros alcanzados en la región mentada fueran previos, y tal vez mayores a los de otros lugares, el hecho de que aparecieran independientemente nos sugiere que más que el azar, la agricultura y el riego, fueron una necesidad con vistas al surgimiento de las grandes civilizaciones. Existen evidencias tales como que el trigo se asemeja más a sus parientes silvestres, que el maíz por ejemplo al Teozintle, la especie silvestre de la que procede. Algunos botánicos consideran al maíz como una aberración, por cuanto suele requerir la colaboración del hombre para reproducirse. En cualquier caso, aun quedan muchos aspectos por esclarecer sobre estos temas. Las fechas no son importantes. El meollo de la cuestión consiste en reconocer que el manejo del sistema-suelo planta y sus sucesivas mejoras, son el pilar sobre el que se asientan las civilizaciones avanzadas. Del mismo modo debemos reiterar que surgieron independientemente en distintos lugares del planeta.

Arturo García Bustos:
Valle de Oaxaca
Tras todos los grandes Imperios de la antigüedad (Mesopotamia, Egipto, Roma, etc.) se esconde la fuerza motora que les dio origen: el riego; o si ustedes prefieren, la ingeniería hidráulica. Lo mismo parece haber ocurrido con las civilizaciones aborígenes del continente americano. Según progresan las investigaciones antropológicas y geoarqueológicas, acerca del control del agua en América, más evidencias encontramos de que el regadío se remonta a miles de años hacia el pasado. De ser corroborado que el control del agua se originara hace más de 10.000 años (Pozo en San Marcos de Necoxtla, México), la presunta primacía que actualmente ostenta el Creciente Fértil se vería seriamente cuestionada. Empero hasta aquí poco hemos hablado de los suelos, con la salvedad de nuestros post sobre etnoedafología y culturas campesinas (ver los contenidos incluidos en la “Categoría” etiquetada con estos vocablos.) En el post que editaremos tras este, se mostrará como tal control llegó a generar que los pueblos preaztecas no solo dominaran el sistema suelo-agua-plata, sino que llegaron a generar suelos completamente artificiales, incluso en laderas pendiente que no los atesoraban de forma natural (o eran muy someros con vistas a ser cultivados). ¡Impresionante!. ¿Se trata de los Tecnosuelos más antiguos conocidos? Lamentablemente no soy experto en antropología y geoarqueología, empero aun en el caso de que no sean los más antiguos, su valor histórico y cultural es incalculable.

Restos de la antigua Civilización Anáhuac
En el último número de la revista Investigación y Ciencia (Diciembre de 2006) aparecía un artículo fascinante que llavera por título: “Ingeniería Hidráulica en el México Prehistórico”. Como sabréis la mayoría de vosotros, esta revista es la edición en castellano de la norteamericana “Scientific American”. Ya mentamos en otro post nuestra opinión de la edición en castellano, por lo que no volveremos sobre el tema. Los autores son los estadounidenses S. Caran y J. E. Nelly. Debo agradecer a estos gringos sus valiosas aportaciones al estudio de la prehistoria de México. Recomiendo la lectura del artículo mentado a todos los interesados en estas materias. En la Revista Digital Ciencia y Tecnología aparece un resumen extenso del trabajo con una de las fotos del citado número de Scientific American.
Lamentablemente desde los restos del “Pozo en San Marcos de Necoxtla” (en el sureste de la Ciudad de México) de hace unos 10 000 años de antigüedad, hasta los sofisticados sistemas de “tecoatles” de “Hierva Agua” que han sido datados hace unos 2.500 años, existe un hiato temporal que aun debe rellenarse con vistas a conocer y entender la evolución de las obras hidráulicas mentadas, así como del sistema de manejo suelo-agua-planta de sus creadores. Los restos arqueológicos muestran increíbles obras faraónicas (recordamos que entre las tecnologías culturales de estos pueblos, no aparece la rueda, por lo que todo el trabajo tuvo que llevarse a cabo a los hombros de estos pequeños-gigantes): presas, acueductos, canales de riego perfectamente diseñados, pozos, y ¡suelos artificiales!, reciclado de residuos, compostaje, etc. ¡Impresionante! Existe un dibujo en un códice donde se observa una persona colocando un pescado cerca de las raíces de una planta de maíz, según nos informa Régulo.

La civilización del Anáhuac
nace en el sexto milenio antes
de la era cristiana
Como curiosidad podemos decir que el agua era canalizada desde manantiales tipo “geiser” por afloramiento de aguas termales procedentes del subsuelo ¿fuentes hidrotermales? No es que el líquido elemento estuviera caliente, a pesar de llevar el nombre de “Hierve el Agua”, sino que se trataba de agua carbónica y carbonatada. ¿Se imaginan un sistema de riego con agua de Vichí sin embotellar ¡Vaya lujo!. Con el trascurrir del tiempo, la precipitación del carbonato cálcico (travertinos) a lo largo del sinuoso recorrido de los canales o “tecoatles, generó problemas que aquellos agricultores pudieron a llegar a resolver con un astuto manejo de los canales y mediante enmiendas al suelo. Recordemos que muchos arqueólogos sugieren que el derrumbamiento de la cultura mesopotámica se debió a la salinización de los suelos, lo que implica que no tuvieron la misma suerte o habilidad Empero gracias a dichos travertinos, las construcciones hidráulicas han podido preservarse de los agentes erosivos. Más aún, aquellos son los que han permitido datar geo-cronológicamente su edad. Por hoy vale. En el próximo post hablaremos de los suelos y los paisajes hermosamente artificiales a que dieron lugar sus tecnologías. Os espero.
Un ameno documento sobre la domesticación de suelos y plantas, con mención de las culturas mesoamericanas puede encontrase en el siguiente documento elaborado por B. Mateos-Nevado Artero
Continuará………
Juan José Ibáñez
Con la colaboración de Régulo León Arteta