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lunes, 07 de mayo de 2007

Resulta un tanto sorprendente que en un momento en donde muchos expertos han comenzado a cuestionar los sistemas tradicionales de revisión por pares en las revistas científicas de “prestigio”, Larry Sanger, primero editor único de Nupedia y luego cofundador de  Wikipedia, lanzara hace no mucho tiempo la iniciativa Citizendium. Parece ser que a Larry le pone nervioso las gamberradas que se introducen, de vez en cuando, en algunos de los artículos de la segunda enciclopedia on-line mentada. Desea ahora que sean exclusivamente los expertos los que incluyan contenidos y que el ciudadano haga uso de ellos, “y a callar": No se os puede dejar solos”. En mi opinión, resulta lamentable. Del mismo modo, y aunque pudiera sorprender a muchos, tengo serias reservas de que Citizendium alcance el volumen de contenidos de Wikipedia, así como de que desde “ciertos puntos de vista los mejore en calidad". Intentaré exponer mis dudas y razones en este post. Ahora bien, toda esta controversia es tan vieja, como mínimo, como la cultura occidental. Permítanme que finalice esta introducción con un párrafo de la contraportada del libro “la Esperanza de Pandora de Bruno Latour, que justamente aborda este tema (como siempre, el coloreado y la cursiva son mías).

 

Latour señala que Platón, en el Gorgias, ya intuyó una conexión entre política y ciencia natural: en las constantes alusiones a las leyes naturales presuntamente objetivas ¿acaso no se trata de mantener al pueblo a raya con ayuda de los científicos? En la disputa entre Caliclés, quien defiende la pura voluntad de poder, y Sócrataes, quien aboga por la razón, se revela la secreta complicidad de los dos adversarios. Ambos quieren hacer callar al pueblo, el primero apelando a la superioridad del más fuerte, el segundo remitiéndose a las leyes naturales inamovibles. Latour muestra que detrás de la cuestión de la realidad también hoy se esconde la pregunta por la alianza entre ciencia y política.

 


 

Del mismo modo el propio autor, en la página 31 del libro mencionado vuelve a comentar:

 

“(…) los científicos no dejan de charlar en sus reuniones de “salvar la distancia entre las dos culturas”, pero cuando un gran número de personas provenientes de campos extra-científicos empiezan justamente a construir ese puente, retroceden horrorizados queriendo imponer la más extraña de todas las mordazas aplicadas a la libertad de expresión desde Sócrates: ¡solo los científicos deben hablar de ciencia! 

 

Este texto, tiene varios años de antigüedad. Curiosamente nos encontramos en el “Año de la Ciencia”. Tal evento pretende que el ciudadano aprenda sobre ciencia y tecnología, los “motores del progreso”, según nuestros políticos y defensores de una economía capitalista globalizadora. Eso sí, una cosa es aprender o que participéis cuando se os mande, y otra bien distinta  a que lo hagáis cuando os de la gana ¡Hasta ahí podíamos llegar!

 

 

Bruno Latour

Sociólogo de la Ciencia

 

Sobre estos temas tenéis abundante información en las bitácoras Tecnocidanos y Los futuros del Libro, por lo que no me extenderé abundando en enlaces a noticias concretas. El debate ha sido comentado en varios post de las weblogs incluidas en el sistema mi+d. Tan solo os recomendamos que leáis “las enciclopedias virtuales” de Joaquín  Rodríguez, así como “¿Cuánta ciencia falsa circulante es admisible?” y “wikipedia: la multitud crea la calidad”. Bastará este material con vistas a sustentar la desiderata que a continuación escribo con para vuestra consideración.

 

Las Masas Anónimas versus la Selecta Academia: Por un lado la Academia aplaude una iniciativa que, según Nature, atesora tanta calidad o más que la propia Enciclopedia Británica, mientras Larry Sanger lamenta el vandalismo en Wikipedia. Mutatis mutandis el último lanza  Citizendium para que sean los expertos los que controlen sus contenidos. Se trata de la misma actitud que denuncia Latour de Sócrates en “La Caja de Pandora”. ¿O no? Del mismo modo,  Antonio Lafuente, basándose en un estudio previo, nos informa en su post wikipedia: la multitud crea la calidad” que: existe una fuerte correlación entre la calidad de un artículo y el número de ediciones que recibe”. Como bien aprecia Antonio, lo mismo ocurre en el quehacer científico. ¿Qué marca pues la diferencia? Al margen de la creciente preocupación por el fraude científico, las “malas artes” en el caso de la enciclopedia on-line son públicas a los ojos del mundo, mientras que en el quehacer de la Academia estas ocurren en los laboratorios y en los trasteros de las editoriales científicas. Sinceramente, me resulta más gratificante que se detecten los ataques casi al instante que se descubran años después entre algunos de aquellos que tanto claman por “la objetividad” y la “transparencia“ (como los ¡políticos! en época electoral, claro está). La conclusión que deberíamos extraer sería otra bien distinta:

 

Por un lado, que cuantos más individuos trabajan en un tema concreto, ya sean ciudadanos corrientes o sesudos expertos, tanto mayor es la calidad de un producto, mientras que por otro más personal sin escrúpulos intenta sacar partido fraudulentamente y/o boicoteando la iniciativa. Un problema dialéctico.

 

Una experiencia personal: En esta bitácora, el número de insultos, palabras soeces, etc. es directamente proporcional a la popularidad (número de lectores) de un post. Empero estos son los divulgativos, es decir los que interesan a los adolescentes y, en general, a personas de más bajo nivel educativo. ¡No pasa nada!: No encuentran lo que quieren y se agarran una “pataleta” Obviamente, si pudieran entrar a editar el post ocurriría lo mismo que en Wikipedia. En consecuencia, barrunto que cuanto más éxito tenga Wikipedia, más ataques recibirá. Sin embargo, también es cierto que se incrementará el número de bibliotecarios y el control de los contenidos. ¿Vamos a boicotear la iniciativa de una ingente cantidad de ciudadanos por el mero hecho de que unos pocos no se comporten debidamente? ¿Cómo reaccionaría la Academia de actuar de la misma manera contra sus practicantes?, es decir que porque unos pocos hagan fraude (…) ¡Imagínenselo!: ¡Todos acientíficos “analfabestias”!, etc.

 

Mis temores por Citizendium y la Academia: En la cultura de la academia, espoleada por los las políticas científicas institucionales, priva el egocentrismo, por no decir divismo. La mala praxis ya la hemos mostrado en las páginas Web de los departamentos científicos y/o docentes (ver también post incluidos en la categoría sobre “Fraude y la Mala Praxis Científica”). Del mismo modo, existe una plétora de escuelas invisibles que intentan imponer sus criterios a las restantes, y a menudo mediante procedimientos tan reprochables como los de cualquier ciudadano mezquino (aunque sean más sofisticados).

 

Si embargo, existen dos problemas adicionales que van a poner a prueba la actitud de la Academia en lo concerniente a Citizendium.  Por un lado, resulta más que dudoso que la comunidad científica se vuelque en elaborar una enciclopedia on-line bajo la actual tiranía de publica o perece. ¿Pero como vamos a perder el tiempo en eso cuando lo que nos demandan son papers? Una de dos, o Citizendium y actividades similares comienzan a ser valoradas en los complementos de productividad de los científicos, o tan solo se dedicarán a ella los más desheredados, jubilados y algunos valientes. El resultado será un crecimiento en los contenidos más que lento y asimétrico. Pero aún así, este no es el mayor de los problemas. El peor de todos, en mi opinión, dimana de los editores procedentes de la Academia, así como de la lucha intestina que se generaría entre diferentes escuelas invisibles, si llegara el caso de que la actividad aquí abordada comenzara a ser tenida en cuenta en la promoción de los investigadores. Los mentados editores intentarían imponer su criterio sobre aquellos contribuidores que no pensaran como él. Como corolario, los contenidos de una determinada disciplina o subdisciplina no quedarían bien contemplados en la enciclopedia. En otras palabras, los capítulos publicados estarían sesgados hacia ciertas perspectivas, denostando las restantes. Y la pregunta a contestar sería entonces: ¿Quién controla a los editores? ¿Y si sucumben también a la tentación de ser sobornados, de algún modo, en los temas de más candente actualidad? En Wikipedia tales males son mucho más improbables.

 

Ríos de tinta han corrido al saberse que un famoso bibliotecario de Wikipedia no era miembro de las “Academia” Sin embargo, menos se ha hablado (o nada) sobre la calidad de los capítulos de los que era responsable tal joven e inexperto editor, que es lo que realmente importa.

 

Personalmente no albergo el menor resentimiento contra mis colegas. Ahora bien, defiendo que son tan humanos como el resto de los mortales, por lo que sufren las mismas tentaciones y  querencias. La praxis de los investigadores resulta ser un reflejo de la de la sociedad misma. ¿Acaso el poder judicial, y a menudo los religiosos, no se han corrompido durante las dictaduras? ¿O es que estamos hechos de una fibra especial resistente a todo tipo de corrupción? 

 

Resumiendo, las frases extraídas del libro de Latour son la ideología que parece defender el amigo Larry Sanger. Todo vale para acallar al pueblo a pesar de que esté dando una lección magistral de colaboración desinteresada. Todo vale para mantener a las turbas bajo control. Todo vale para someter al ciudadano al imperio de unos pocos.  

 

Hoy por hoy Wikipedia es un ejemplo (con deficiencias y debilidades como toda empresa humana). ¿Porqué tanta reticencia de la comunidad científica al Open Access y Wikipedia? ¿Por qué no luchan porque la información científica sea libre en lugar de torpedear las iniciativas del ciudadano al que dicen honrar y defender? ¿Por qué si nos quieren tanto no se incorporan a Wikipedia, en lugar de querer quedarse con todo el pastel?

 

Juan José Ibáñez

 

¡No se os puede dejar solos!: ¿Quién espetó esta celebre frase? ¿Cuántos dictadores si no la promulgaron la tenían in mente? De iluminados el ciudadano está hasta la coronilla. Ya sabemos como las gastan.

10:07 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Justus von Liebig, aceptado como “padre de la agricultura moderna”, aplicó el concepto de balance propio a su “teoría de la nutrición vegetal” dando forma a su teoría mineral.  Apoyó la concepción del suelo como ente objeto,  más que como ente sujeto,  además de contestar severamente a la teoría del humus de Thaer. Para Liebig, el humus divide al suelo y favorece el desarrollo de las raíces al generar, por fermentación, ácido carbónico,  de interés para las raíces más jóvenes, y siendo su acción, sobre todo de tipo físico. Reidel patentará esta idea en 1916.

 

 von Liebig hace pública su teoría mineral de la nutrición vegetal, en su conferencia "La química en sus relaciones con la Agricultura y el crecimiento de las plantas" dada en la British Association (Glasgow, 19840) y que desarrolla en su obra Chemie Orgànique appliquée à la Physiologie Végétale et à l'Agriculture (1841).  En esta obra, punto de partida de la Química Agrícola, desarrolló los conceptos básicos sobre la fertilización y la nutrición mineral de los vegetales, demostró que las plantas no se nutren de humus, sino de soluciones minerales y que el humus es un producto transitorio entre la materia orgánica vegetal y las sales minerales, únicos alimentos de las plantas. Estos conceptos abrieron la vía de desarrollo de la industria de los fertilizantes inorgánicos.


Según esta teoría, "las plantas se alimentaban exclusivamente de materia inorgánica, procedente, bien de la descomposición del humus o de la atmósfera, bien de las substancias minerales que hay en la tierra". Considera al suelo un “almacén” estático, de donde las plantas toman los nutrientes necesarios y que el “suelo” reemplaza con el tiempo. Su agotamiento producía infertilidad, por lo que el agricultor debía  preocuparse de forma continua de su restitución, marcando el camino de la fertilización química moderna. Entre los elementos que se debían de restituirse estaban: N, P, K y Ca.  No obstante, "dadas las grandes cantidades de nitrógeno que hay en la atmósfera y dada una supuesta capacidad de las plantas para asimilarlo directamente al igual que el carbono", y el hecho de que los principales cultivos fueran cereales, hace que el químico alemán recomendara al agricultor que no se endeudara con los guanos y otros abonos nitrogenados. Para Von Liebig era más importante restituir el P y el K, por lo que éste fue su gran fracaso.

 

Con la teoría mineral se consiguió explicar porqué resultaban tan útiles las prácticas de la agricultura tradicional, tan normales en la época, como las enmiendas de calcio o yeso, las aplicaciones de huesos en polvo y de guano. La materia orgánica en forma de estiércol no interesaba “per se”, sino por lo que generaba en su descomposición. Por tanto, no importaba que se substituyera por substancias minerales, pero éstas debían encontrarse en el seno de combinaciones binarias como el agua, el CO2 o el amoníaco, para hacer más rápida su asimilación. El principio mineralista representaba un adelanto para los agricultores, al permitir desvincular la producción agrícola de la dependencia de los animales y de su alimentación. Por tanto, podía dedicar una mayor superficie de su finca a cultivos más lucrativos.

 

El desconocimiento del poder para retener cationes por parte del complejo de cambio del suelo, llevó a von Liebig a proponer como fertilizantes a compuestos inorgánicos muy poco solubles, que resultaban poco eficaces para el desarrollo vegetal al considerar a los componentes solubles como un inconveniente por sus posibles pérdidas por lavado. Aunque Gazzeri había percibido la capacidad del suelo para intercambiar cationes en 1816, es Thompson, en 1848, el primero que publica la observación de que al añadir sulfato amónico a una columna de suelo se lixivia sulfato cálcico y estudia, de forma sistemática, el intercambio catiónico, si bien el término “intercambio de bases” fue acuñado por Way entre 1850 y 1852.

 

Como tesis de sus investigaciones sobre el papel desempeñado por los elementos químicos en el desarrollo vegetal, von Liebig enunció la “Ley del Mínimo”: “Un elemento que falte, o que se halle presente en una cantidad insuficiente, impide a los restantes producir su efecto normal o por lo menos disminuye su acción nutritiva”;  que se complementará con la Ley de la Tolerancia Ecológica, formulada en 1913 Víctor E. Shelford. En esta línea Giovanni B. Amici (entre 1851 y 1855) investiga los procesos de fertilización en plantas desde un punto de vista químico y M.E. Mitsterlich los aborda con un sentido matemático, generando su conocida “Ley de los rendimientos menos que proporcionales" que tuvo difusión universal.  Con la introducción, por Joseph Grinnell (1917) del concepto de nicho ecológico  y, por A. G. Tansley (1935) del concepto de ecosistema, se dieron los pasos necesarios para que Robert H. MacArthur y Edward O. Wilson establecieran en 1968 la disciplina de ecología teórica.

 

En la aplicación de la Química a la Agricultura tomó el relevo Jean-Baptiste Boussignault (1802-1887), con su obra “Economie rurale dans ses rapports avec la Chimie, la Physique et la Meteorologie(1843).  Dividía los elementos del suelo en asimilables y no asimilables  por las plantas, limitando el interés de los datos de análisis totales, practicados hasta entonces de forma generalizada. Demuestra la necesidad del N en plantas y animales y también, que "las plantas superiores no pueden utilizar el nitrógeno atmosférico sino únicamente los nitratos del suelo". Boussignault amplia y difunde las nuevas ideas sobre nutrición vegetal que, unidas a su  visión pragmática del suelo, quedaron firmemente ancladas en los circuitos científicos de la época. El padre de la Química Agrícola francesa, aplicó el análisis químico al medio natural. Entre sus trabajos se suelen citar las investigaciones sobre el contenido en Al de las aguas de drenaje, la difusión vertical y horizontal y sus resultados sobre la nitrificación. Un agrónomo eminente, el Conde de Gasparin escribe dos obras Cours d’Agriculture”   (1843) y “Traité de la détermination des terres arables”  (1872) basadas en los conocimientos de Boussignault que constituyeron durante muchos años las dos guías científicas más seguidas por los agricultores en Europa.

 

Faltaba por resolver cómo el N2, presente en el aire, pasaba al suelo y en su caso, a las raíces de las leguminosas. Desde 1875, Schloesing y Müntz investigaron sobre el componente bacteriano del ciclo del N en el suelo.  Berthelot (1827-1907), estudiando los nódulos de leguminosas, explicó su papel en la nutrición de su huésped y su capacidad como fijador de N2, al ser capaces de transformar el N libre del aire en formas ligadas asimilables.  En 1888, Beijerink aisló el Rhizobium leguminosarum  de los nódulos de leguminosas y, junto con Winogradsky (1856-1946), padre de la microbiología, definen los géneros Aerobacter y Azotobacter.  Este último realizó la primera demostración de una quimiosíntesis trabajando con bacterias sulfurosas.  Abordó el problema de la formación de nitratos y al aislar del suelo a los principales organismos responsables (Nitrosomonas spp. y Nitrobacter spp.), demostró la separación entre nitrosación y nitrificación. Otras investigaciones suyas le convirtieron en el padre de la microbiología dinámica y siguiendo estas ideas y ya en el siglo XX, Martin Alexander y nuestro Julio Rodríguez Villanueva implantaron el estudio microbiológico de los suelos, no como un hecho taxonómico, sino como una forma de ver las rutas fisiológicas que permiten estudiar la evolución de los materiales orgánicos presentes en el suelo: proteolisis, celulolisis, nitrificación, denitrificación etc.

 

Centrando la atención sobre la materia orgánica, en su evolución y en los productos de su descomposición, Mitscherlisch (1794-1863) encuentra que la fermentación se debe a levaduras y la putrefacción a los vibrios. Liebig constató que elevadas concentraciones de N quedaban fijadas al humus, no estando disponibles para la planta. Mulder da la primera clasificación de los productos contenidos en el humus, definiendo los términos de ulmina, humina, ácidos úlmicos, crénicos y apocrénicos y Grandeau (1834-1911) indica que el humus tiene otras misiones en el suelo, además de la de proporcionar N a las plantas, pues facilita la adsorción de ácido fosfórico, ¡y tanto¡.

 

Correlativamente, el inglés John Bennet Lawes (1814-1900) inicia en 1843, en la finca de Rothamsted, los célebres experimentos sobre fertilización, aún en activo, a los que pronto se asoció John H. Gilbert (1810-1901).  Estos ensayos de larga duración además de facilitar el desarrollo de las recomendaciones sobre la aplicación de fertilizantes, han permitido estudiar el comportamiento de los nitratos en el suelo, y su capacidad para contaminar las capas freáticas y ello, gracias a haberse ido recogiendo y analizando sistemáticamente las aguas de drenaje, en campos con diferentes dosis de fertilizantes nitrogenados. Hoy sigue siendo punto de referencia de muchos expertos en las ciencias del Suelo y en las Producciones Agrarias.

 

Desde estos puntos de vista, el primer norteamericano, estudioso de los suelos fue Edmund Ruffin en Virginia.  Trabajó intensamente para desvelar el secreto del encalado y estableciendo el concepto de "calcio intercambiable". Después de escribir un breve ensayo en “the American Farmer” (1822), publicó An Essay on Calcareous Manures (1832). Pero su influencia fue pequeña al no circular su publicación más que en los “Estados del Sur”.

 

El espíritu amplio del pedólogo Hersey, en California, le permitió ponerse al servicio de los intereses de Kearney, pionero del desarrollo agrario de suelos, que llega a ser el agricultor más próspero de California y líder de una concepción industrial de la producción agraria, totalmente nueva en cuanto al uso del agua, y las propiedades físicas, que aplicó a las producciones vitícolas y hortícolas, sobre los suelos áridos del Valle de San Juaquín. En el desarrollo de sus ideas, Kearney reúne a inversores, busca y forma a los productores, se rodea de científicos, establece sistemas de riego revolucionarios, añade abonos a los suelos, crea áreas de distribución de sus productos. Su legado, cedido a la Universidad de California, se convierte en 1951 en la "Fundación Kearney para las Ciencias del Suelo", que permite financiar las investigaciones sobre suelos, nutrición vegetal y agua, de extraordinaria importancia en los desarrollos que tiene actualmente la Edafología y la Química aplicada a la Agricultura en los EE UU y en el resto del mundo.

 

Esta concepción de Hersey en la que el suelo es conceptualmente un objeto, en un medio semidesértico hace que el concepto de Pedology se extienda como sinónimo de suelos, en Norteamérica frente a las concepciones Rusas, que nos hablan fundamentalmente de los microorganismos o la biología del suelo (Edafología).  Con ello creo que te contesto JJ.

 

Otros trabajos habían demostrado que las plantas podían cultivarse en un medio inerte, humedecido con una solución acuosa que contuviese los minerales requeridos. El siguiente paso fue eliminar completamente el soporte suelo y cultivar plantas en la solución que contuviera los nutrientes, como se hacía en los Jardines Colgantes de Babilonia.  Lo consiguieron dos científicos alemanes Sachs en 1860 y Knop en 1861, dando sus estudios origen a la “nutricultura”.  Sus técnicas se usan todavía hoy en los estudios de fisiología y nutrición vegetal.  En estas primeras investigaciones sobre nutrición vegetal demostraron que se podían conseguir crecimientos normales sumergiendo las raíces en una solución acuosa con N, P, S, K, Ca, y Mg, los cuales definen hoy al grupo de los macronutrientes.  En los años siguientes descubrieron que otros siete elementos se necesitaban en cantidades más pequeñas: Fe, Cl, Mn, B, Zn, Cu y Mo. Eran los microelementos.  En una secuencia continua se inicia la formulación de estas soluciones: Tollens en 1882, Tottingham en 1914, Shive en 1915, Hoagland en 1919, Trelease en 1933, Arnon en 1938 y Rubbins en 1944, muchas de las cuales se usan actualmente. Se había abierto la era de los fertilizantes líquidos.

 

Saludos cordiales,

 

Salvador González Carcedo

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