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sábado, 17 de marzo de 2007

El falsacionista ingenuo insiste en que la actividad científica debe consistir en intentar falsar las teorías estableciendo la “verdad” de los enunciados observacionales que son incompatibles con ellas. Los falsacionistas sofisticados se percataron de la insuficiencia de tal modo de proceder, al mismo tiempo que reconocieron la importancia del papel que desempeña la confirmación de las teorías especulativas, así como la falsación de las bien establecidas. Sin embargo, tanto unos como otros defendían la abismal diferencia  cualitativa entre el estatus de las confirmaciones y el de las falsaciones. Las teorías se pueden falsar de manera concluyente a la luz de las pruebas adecuadas, mientras que nunca se pueden establecer como verdaderas, o incluso como probablemente verdaderas, sean cuales fueren las pruebas que uno atesore entre sus manos. La aceptación de la teoría siempre es provisional. El rechazo de la teoría puede ser concluyente. Este es el factor que hace a los falsacionistas acreedores a su nombre. Sin amargo, como en el caso de la indicción, la escuela iniciada por Kart Popper, adolece de puntos flacos dignos de consideración. En es post comenzaremos a narrarlos.

 

 

 

Imagen Fractal

Representación tridimensional

del triángulo de Sierpinski

Fuente: Aquí


Las afirmaciones del falsacionista se ven seriamente comprometidas ante la evidencia de que los enunciados observacionales dependen de la teorías, mientras que estas son falibles. Eso se puede ver inmediatamente cuando recordamos la lógica a que invocan los falsacionistas en apoyo de su causa. Si se dispone de enunciados observacionales “verdaderos” (en el sentido relativista del término), entonces resulta factible deducir de ellos, mediante la lógica, la posible falsedad de algunos enunciados universales, pero no la verdad de ningún enunciado universal. Esta no es una cuestión universal, sino otra de tipo condicional, basada en el supuesto de que existen enunciados observacionales completamente seguros. Pero, como ya hemos mencionado, estos últimos no lo son. Todos los enunciados observacionales son falibles. En consecuencia, si un enunciado universal, o un grupo de estos que constituyen la base de una teoría (o parte de ésta) choca con otro observacional, puede ser que sea el último el que e encuentre equivocado. No hay nada en la lógica de la situación que exija que siempre debamos rechazar la teoría por un mero choque con una (o un grupo de estas) observación.

 

¿Se puede rechazar un enunciado observacional falible y conservar la teoría, también falible, con la que choca? Se trata de un hecho archiconstatado a lo largo de la historia de la ciencia. La empresa científica se encuentra repleta de ejemplos de rechazo de enunciados observacionales y conservación de las teorías a las que podían refutar. Por muy sólida que la observación pudiera parecer, no se puede excluir la posibilidad de que los nuevos adelantos teóricos revelen insuficiencias en aquellos. En consecuencia, no se pueden alcanzar falsaciones de teorías que sean concluyentes y simples.

 

Popper era consciente del problema, ya en la época en que se publicó por primera vez la edición alemana de su libro The logic of scientific discovery, en 1934 (La Lógica del Descubrimiento Científico). En el capítulo 5 de tal obra, titulado «El problema de la base empírica», exponía una concepción tanto de de la observación, como de los enunciados observacionales, que tenía en cuenta el hecho de que los enunciados observacionales infalibles no se pueden alcanzar a través de las percepciones sensoriales. Popper destaca la importante distinción entre los enunciados observacionales públicos, y las experiencias perceptivas privadas de los observadores. Estas ultimas vienen “dadas” de algún modo a los individuos en el acto de observar, pero no hay un paso simple que lleve de tales  experiencias personales (que dependerán de factores peculiares a cada observador, tales como sus expectativas, cualificación, formación, etc.) a un enunciado observacional que pretenda describir la situación observada.

 

Un enunciado observacional, formulado en un lenguaje público, de ser verificable y estar sujeto a modificaciones o rechazos. Los observadores pueden aceptar o no un determinado enunciado observacional. Su decisión sobre tal cuestión estará motivada en parte por las experiencias perceptivas pertinentes. Sin embargo, ninguna experiencia perceptiva individual es por si misma suficiente como para establecer la validez de un enunciado observacional. Cualquier observador puede verse movido a aceptar algún enunciado observacional basándose en una percepción y, sin embargo, puede ser falso.

 

La esencia de la postura de Popper sobre los enunciados observacionales consiste en que su aceptación se mide por su capacidad para sobrevivir a las pruebas. Los que no superan estas últimas serán rechazados, mientras que los que lo logran se conservan vigentes de modo provisional. En su primera obra al menos, Popper subraya el papel de las decisiones de los individuos y/o colectivos científicos con vistas a aceptar o rechazar los que Chalmers denomina enunciados observacionales, y Popper “enunciados básicos”. Así, por ejemplo,según Popper: “Los enunciados básicos se aceptan como resultado de una decisión o acuerdo y en esa medida son convenciones”; para añadir despues:

 

"Cualquier enunciado científico empírico puede ser presentado....de tal modo que cualquiera que haya aprendido la técnica necesaria pueda comprobarlos, como resultado, rechaza el enunciado, no nos satisfará si nos habla de sus sentimientos de duda o de sus sentimientos de convicción con respecto a sus percepciones. Lo que debe hacer es formular una afirmación que contradiga la nuestra y darnos instrucciones para comprobarla. Si no lo hace solamente podemos pedirle que eche otra mirada, quizás más cuidadosa, a nuestro experimento y reflexione de nuevo. (Popper 1968)"

 

Así pues, el hincapié de Popper en las decisiones conscientes de los individuos introduce un elemento subjetivo que choca, en cierta, medida con su posterior insistencia en entender la ciencia “como un proceso sin sujeto. De cualquier modo, de acuerdo con la visión popperiana, los enunciados observacionales que sirven de base para valorar el mérito de una teoría científica son en sí mismos falibles. Popper subraya este punto con una metáfora notable:

 

"La base empírica de la ciencia objetiva no tiene, por consiguiente, nada de “absoluto”. La ciencia no descansa en una sólida roca. La estructura audaz de sus teorías se levanta, como si dijéramos, encima de un pantano.(Popper 1968)!".

 

Pero, como señala Chalmers, lo que socava la postura falsacionista es precisamente el hecho de que los enunciados observacionales son falibles y su aceptación provisional (sujeta a revisión). Las teorías no se pueden falsar de modo concluyente, porque los enunciados observacionales que sirven de base a la falsación pueden resultar  a su vez falsos a la luz de los posteriores progresos científicos. Como ha sido recurrente a lo largo de la historia de la ciencia, Las falsaciones concluyentes quedan excluidas, por cuanto no hay base segura como para pensar que lo son.

 

Existe una definición tautológica de la ciencia que no deja de inquietarme: “La ciencia es el acuerdo alcanzado entre científicos de prestigio”. Resulta tautológica o circular por cuanto la definición de ciencia remite a los científicos, y la de estos necesariamente a la ciencia. Empero nos informa de un hecho que resulta difícil sortear. ES el establishment el que decide que teoría debe ser vigente en un momento dado. Ante tal hecho, los heterodoxos se encuentran indefensos. Sin embargo una buena parte de los progresos de la ciencia se debe a estos últimos. En otras palabras la historia de la ciencia se encuentra repleta de grandes injusticias de los ortodoxos hacia los heterodoxos (recordar el ejemplo de Margulis). Por lo tanto conlleva inherentemente un germen de arbitrariedad y clasismo. Tal hecho lo hemos venido defendiendo ante la sarta de sandeces que a menudo espetan los científicos de excelencia. Y aquí comienzan a “crecerle enanos” al estirado Karl Popper.

 

Por mucho que se intente alegar lo contrario, si el cambio climático es un hecho” (y no estoy analizando la cuestión) lo dictan los científicos del establishment, nadie más. Recientemente, se ha demostrado que los anti-oxidantes, en lugar de beneficiar a la salud la perjudican (por favor lean esta noticia).  Durante años, muchas empresas farmacéuticas han jugado con nuestra salud, extrayendo pingues beneficios. Ahora se nos dice que tal aseveración era falsa, pero no se piden responsabilidades. Materia para la reflexión. Del mismo modo, políticos y establishment ha decidido que debía investigarse la biodiversidad marina pero no la edáfica. ¿Porqué, si no conocemos las maravillas y beneficios que nos deparan ninguna de las dos? Retornaremos sobre estos asuntos más adelante. ¡No lo duden!

 

Popper comienza a tambalearse en nuestras manos. Aleluya.      

 

Juan José Ibáñez

 

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)

 

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

15:37 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (7)

Prestar una atención excesiva a los casos de falsación o refutación de las teorías científicas, equivale a representar de manera equivoca la postura del falsacionista sofisticado. El intento independientemente comprobable de salvar una teoría mediante una hipótesis especulativa puede ser heurística si da lugar a descubrimientos que confirmen la hipótesis, en lugar de falsarla. La historia de la ciencia proporciona muchos ejemplos al respecto. Resultaría un error considerar la falsación de conjeturas audaces, sumamente falsables, como la autopista principal por donde corre el progreso científico. Este hecho queda claro cuando consideramos diversas posibilidades en los extremos de un continuo. En uno de ellos, tenemos unas teorías que surgen de conjeturas audaces y aventuradas, mientras que en el otro nos topamos con constructos modelo-teóricos que resultan ser conjeturas prudentes, cuyas afirmaciones no implican riesgos significativos. ¿Qué papel desempaña cada una en el avance científico?

 

 

 

Figura Fractal

Copo de Nueve de Koch

Fuente: aquí


Recordemos que seguimos el hilo conductor que ofrece Chalmers en su monografía: ¿Qué Es Esa Cosa Llamada Ciencia?, que vamos modificando y corrigiendo con vistas a hacerlo más inteligible a los lectores no instruidos en la jerga filosófica. Hoy no introduciremos muchas novedades, como en algunos post precedentes.

 

 Si cualquiera de los dos tipos de conjetura fracasa ante prueba experimental u observacional, resultará falsada, mientras que si la pasa con éxito se considerará confirmada. Los progresos más importantes en ciencia suelen venir avalados por la confirmación de las conjeturas audaces o por la falsación de las conjeturas prudentes. Los casos del primer tipo serán informativos y constituirán una importante aportación al conocimiento científico, porque nos informan del descubrimiento de algo considerado hasta entonces inaudito o improbable. Sin embargo, las falsaciones de conjeturas prudentes también resultan informativas al indicar que lo que se consideraba un problema verdadero resultaría ser falso. La demostración que hiciera Russell de que la teoría ingenua de conjuntos, que pivotaba en lo que parecían ser proposiciones casi evidentes, era inconsistente, es un claro ejemplo de falsación informativa de una conjetura en apariencia libre de riesgo. En contraposición, de la falsación de una conjetura audaz o de la confirmación de una conjetura prudente no se aprende mucho. Si se falsa una conjetura audaz, entonces todo lo que se puede decir es; “otra idea loca ha resultado errónea”. De modo semejante, las confirmaciones de las hipótesis prudentes no son informativas. Esas confirmaciones indican meramente que se ha aplicado una vez más con éxito una teoría que ya estaba consolidada entre la comunidad científica, por lo que no se consideraba problemática. En cualquier caso, no debemos confundir este uso del vocablo “confirmado” con otro, según el cual decir de una teoría que está confirmada es afirmar que ha sido probada o establecida como verdadera. Recordemos que el falsacionista admite la refutación de una teoría, mientras que considera que nunca se puede afirmar que tales constructos sean antológicamente verdaderos.

 

El falsacionista desea rechazarlas hipótesis “ad hoc” y estimular la propuesta de hipótesis audaces falsables como vía del progreso de la ciencia (“Conjeturas y Refutaciones”). Estas hipótesis audaces, de ser corroboradas, conducirán a predicciones nuevas y comprobables, que no se derivan de la teoría previa falsada. Sin embargo, aunque tan ejercicio conduzca a la posibilidad de obtener evidencias como para pensar que una hipótesis audaz es digna de ser analizada, no desplazará a la teoría la teoría previa hasta que haya sido corroborada mediante algunas pruebas. En otras palabras, antes de que se pueda considerar que un contracto teórico sea un sustituto pertinente de una teoría previa, a la cual pretende falsar, debe ser capaz de efectuar algunas nuevas predicciones que pueden ser corroboradas. Muchas especulaciones descabelladas no superarán tal examen y, en consecuencia, serán desterradas del conocimiento científico. La ocasional especulación descabellada e imprudente que conduzca a una nueva e improbable predicción, que fuera debidamente confirmada por la observación o la experimentación, será recordada como un momento culminante en la historia del desarrollo científico. Vemos una vez más, como las confirmaciones de nuevas predicciones resultantes de conjeturas audaces son vitales en la concepción falsacionista del desarrollo científico.

 

Resulta necesario abundar en el significado de los adjetivos “audaz” y “nuevo”, tal y como se aplican a las hipótesis y a las predicciones respectivamente. Ambas son nociones históricamente relativas. Lo que se clasifica como conjetura audaz en una etapa de la historia de la ciencia no tiene por qué serlo con posterioridad. Si analizamos el complejo de las teorías científicas generalmente aceptadas y bien establecidas en un momento histórico concreto, entonces podemos decir que una conjetura, será audaz si sus afirmaciones son improbables a la luz del conocimiento básico de la época. La astronomía de Copérnico era audaz en 1543 porque chocaba con el supuesto básico de la inmovilidad de la tierra y su posición central en el universo. Hoy en día no se la consideraría audaz. Así como las conjeturas se consideran audaces o no, en referencia al conocimiento básico que atesora una comunidad científica en un momento dado, también serán valoradas como novedosas si nos conducen a descubrimientos inesperados.

 

Anteriormente cometamos que, según el falsacionismo, las principales contribuciones al desarrollo del conocimiento científico suceden cuando se confirma una conjetura audaz o cuando se falsa una conjetura prudente. El conocimiento básico consta de hipótesis prudentes precisamente porque, como tal, está bien establecido y no se considera problemático. La confirmación de una conjetura audaz supondrá la falsación de lo supuestamente evidente con anterioridad.

 

Juan José Ibáñez

12:46 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)