La profundidad efectiva de un suelo es el espacio en el que las raíces de las plantas comunes pueden penetrar sin mayores obstáculos, con vistas a conseguir el agua y los nutrimentos indispensables. Tal información resulta ser de suma importancia para el crecimiento de las plantas. La mayoría de las últimas pueden penetrar más de un metro, si las condiciones del suelo lo permiten.

Foto de un Tepetate
Fuente: Aquí UNAM
Un suelo debe tener condiciones favorables para recibir, almacenar y hacer aprovechable el agua para las plantas, a una profundidad de por lo menos del susodicho metro. En un suelo profundo las plantas resisten mejor la sequía, ya que a más profundidad mayor capacidad de retención de humedad. De igual manera, la planta puede usar los nutrimentos almacenados en los horizontes profundos del subsuelo, si éstos están al alcance de las raíces.
Cualquiera de las siguientes condiciones puede limitar la penetración de las raíces en el suelo:
- Roca dura sana
- Cascajo (pedregosidad abundante)
- Agua (nivel, napa o manto freático cercano a la superficie)
- Tepetales
Con vistas a planificar su uso, los suelos pueden clasificarse en cuatro grupos, de acuerdo con su profundidad efectiva:
- Suelos profundos tienen un metro o más hasta llegar a una capa limitante.
- Moderadamente profundos tienen menos de un metro pero más de 0.60 m.
- Suelos poco profundos tienen menos de un metro pero más de 0.60 m.
- Suelos someros tienen menos de 0.25 m.
La profundidad de 0.60 m, es la mínima recomendable con vistas a la producción comercial de especies, tales como los cítricos. Esta determinación se puede hacer abriendo un perfil de al menos un metro de profundidad o haciendo uso de una barrena o sonda de suelos.
Recordemos que por estas razones la descripción y clasificación de suelos de la FAO se lleva a cabo teniendo en cuenta tan solo el metro superficial (si el material parental o la roca madre no afloran antes). Por el contrario, la USDA Soil Taxonomy tiene en cuenta los horizontes de suelos existentes hasta 2 metros de profundidad.

Barrena para muestreo de suelos
(un tipo entre otros)
Fuente: Aquí
P.D. Aunque el término tepetate significa literalmente cama de piedra, por que en nahuatl tetl significa piedra y petatl cama. Mas hacia la costa tenemos tepetates derivados de calizas y hasta verdaderas rocas o costras interrumpidas de carbonato de calcio que quizá se formaron por ascensión capilar en la época seca de las sales carbonatadas. Estas de derivaron de lodos marinos y hasta llegaron a formar travertino.
Regulo León Arteta
Imaginería y edición: Juan José Ibáñez
Nota del Administrador: Más Sobre Tepetates, por ejemplo en Solorio et al. Tepetates de la ladera oeste del cerro tláloc: saprolita, sin endurecimiento pedológico
RESUMEN
En México, se le llama tepetate a una variedad de materiales de dureza intermedia, entre suelo y roca, sin aptitud para la agricultura. Desde tiempos prehispánicos, se ha tratado de incorporarlos a la agricultura, fragmentándolos y abonándolos. Genéricamente, algunas rocas piroclásticas se señalan como tepetates. En Edafología, algunos autores las denominan como suelos volcánicos endurecidos y atribuyen su consolidación a los productos de alteración y a los revestimientos arcillosos. Sin embargo, los análisis macro y micromorfológicos, mineralógicos, físicos y químicos, realizados en este trabajo, revelan que las tobas se están transformando a arcillas, por procesos de intemperismo, no endureciéndose. La red de fracturas y la microporosidad intrínseca de la roca facilitan la penetración del agua; ésta promueve el intemperismo químico que forma arcillas y óxidos de Fe y Mn. El Fe y Mn migran hacia las capas más profundas y las arcillas se reorganizan en la matriz o se transportan con el agua percolada, para depositarse en las fracturas. Las arcillas de la matriz, por procesos de expansión y contracción, reducen la consolidación efectiva de la toba e inhiben la formación de un agente cementante; las arcillas de los revestimientos, ubicadas en las fracturas (zonas inestables de la roca), quedan expuestas al arrastre por nuevos flujos de agua y no actúan como aglutinantes. El intemperismo (minerales alterados y halos de alteración) y la pedogénesis (revestimientos arcillosos y dominios de arcilla en la matriz) han disminuido la importancia de los rasgos litológicos, a un grado tal, que aún retienen su estructura. Estas características son las de una toba intemperizada. La geología y la edafología la denominan como saprolita (de sapros, podrido y litos, roca), término que refleja mejor a una roca ígnea intemperizada in situ
Terra Latinoamericana 22: 11-21.