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jueves, 01 de marzo de 2007

Tras leer la Noticia de Mónica Salgado, en su bitácora de Madrid a Europa, he estado analizando los Contenidos del VII Programa Marco.  Por fin al parecer la Unión Europea comienza a tomarse el tema de los Suelos en Serio. Al Margen de los fondos que se destinarán al Buro Europeo de Suelos del JRC, así como de líneas de investigación que incluyen a los suelos en proyectos transdisciplinares y los que conciernen al importante tema de los residuos, al menos he visto cuatro convocatorias específicas sobre edafología. En el apartado de Tecnologías Medioambientales aparecen tres. Finalmente, existe otra sobre desertificación. Del mismo modo, en una noticia que hoy aparece publicada en el boletín de noticias MI+D titulada las Tecnologías Ambientales en el VII PM, se explicitaba: Tecnologías del Agua y Suelo" fue la sesión que más participación tuvo y se destacó, por parte de la Comisión, el elevado interés en este área.

 

Queda claro tras ver los ítems, que se trata de desarrollar los instrumentos para un inventario y monitorización del recurso suelo.  La UE pensó que no hacía falta investigar a la hora de publicar la Directiva de Protección de Suelos. Ya se lo advertí a un alto funcionario de Bruselas. ¡Ni caso!. Luego se publicó la susodicha directiva, reduciéndola al tratamiento de los suelos contaminados. Gran Fiasco. Empero la Estrategia Temática que la acompañó, dejo muy claro que se requería mucha investigación tras las décadas de abandono que han sufrido tanto la edafología como sus practicantes. Ahora se intenta poner remedio, cuando nuestra disciplina anda “por los suelos”. ¿Se enterarán de una vez nuestros políticos del Estado y de las CC.AA sobre la necesidad de potenciar el estudio de este vital recurso natural? ¡No lo sé!. Ni si quiera el MI+D ha enlazado la noticia con esta Weblog. “Tirón de las Orejas a Carlos”.  Veamos que temas son prioritarios para la UE.

 


Efectivamente en la susodicha noticia de Mi+D puede leerse:

 

Tecnologías del Agua y Suelo" fue la sesión que más participación tuvo y se destacó, por parte de la Comisión, el elevado interés en esta área. La Comisión recalcó que es importante enfocar las propuestas sobre un tema concreto y dirigirlas a las demandas tecnológicas más que a las ofertas, asimismo se incidió en que las propuestas deben tratar de desarrollar soluciones integradas.



En el área de "Tecnologías limpias" se comentó la importancia de integrar las
tecnologías de residuos; hacer hincapié en el ciclo de vida de un proceso para que los requerimientos de consumo y energía sean mínimos y que las tecnologías limpias se centren en los contaminantes prioritarios.

 

 Pues bien estas son las áreas de investigación que se van a potenciar.

 

Tecnologías Medioambientales

 

  • ENV.2007.3.1.2.1. Development and improvement of technologies for data collection in (digital) soil mapping

 

Collaborative projects (small or medium-scale focused research projects)

 

  • ENV.2007.3.1.2.2. Development of technologies and tools for soil contamination assessment and site characterisation, towards sustainable remediation

 

Collaborative projects (small or medium-scale focused research projects)

 

  • ENV.2007.4.1.3.3. Development of a Global Soil Observing System

 

Collaborative projects (small or medium-scale focused research projects)

 

También aparece esta otra línea, que no he conseguido localizar:

 

Soil Research and Desertification

  • Geographical transect approach to desertification

 

Pues bien, ya que en España se han hecho todos los esfuerzos posibles por arrinconar a todos los edafólogos y (i) ahora que la masa crítica de expertos anda envejecida por falta de jóvenes investigadores ante un futuro desalentador; (ii) cuando no hemos realizado un inventario decente de nuestros recursos edáficos; (iii) ahora que la edafología prácticamente ha desaparecido de los planes de estudio universitarios, etc., etc.,

 

¿Y ahora que?

¡Si! se lo pregunto a nuestros políticos

¿Y Ahora que vais a hacer?:

Seguramente nada, ¿verdad?

Como siempre, ¿no?

Juan José Ibáñez

 

17:02 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Ha sido muy habitual a lo largo de la historia, que diversas disciplinas que conciernen al estudio de otros tantos recursos naturales elaboraran su corpus doctrinal, pensando en objetos de estudio adimensionales.  Sin embargo, Tales recursos se despliegan en el espacio y devienen en el tiempo. Es cierto que se ha prestado más atención al segundo (la cuarta dimensión), pero no ha sido así con el primero. La ecología (el ecosistema) y la edafología (el tipo de suelo o edafotaxa) son dos ejemplos palmarios. No era de extrañar que tales teorías tuvieran problemas para ser corroboradas, pero no para encontrar ejemplos que las refutaran. Por tanto había que progresar. De este modo, en el ámbito de la ecología, emergió la disciplina que, en el mundo occidental, hoy conocemos como ecología del paisaje. Esta ya estaba desarrollándose desde hacía décadas, tanto en los países de influencia soviética, como en Alemania (al margen de los esfuerzos de algunos geógrafos franceses, como fue el caso de Tricart). Sin embargo, el sesgo utilitarista-agronómico de la edafología impidió una reacción similar en este ámbito del conocimiento, a pesar de los esfuerzos pioneros de Frindalnd en Rusia, y su posterior divulgación por Hole y Cambell en el mundo de habla anglosajona. Partiendo de nuestro interés mutuo por las ciencias de la complejidad, tanto Jonathan Phillips, como este impresentable administrador y Asunción Saldaña, atacamos el problema haciendo uso de las herramientas matemáticas para el uso de la edafodiversidad. Pavel Krasilnikov siguió nuestro ejemplo, a posteriori, en Rusia. Los resultados obtenidos constatan que muchas ideas preconcebidas (como varias que surgieron hace décadas por los antiguos defensores del zonalismo radical, que no el que podríamos denominar moderado) ofrecían una visión errónea de la edafogénesis en el espacio. Nace así una propuesta de subdisciplina emergente en el ámbito de la génesis de suelos que ofrece un escenario muy distinto al convencional que aun permanecen en los libros de texto. Hoy comenzamos a abordar esta cuestión.  

 

 

 

Los Padres de la criatura que hoy exponemos:

J. Phillips, P. Krasilnikov, Asunción Saldaña y

J.J. Ibáñez (de izquierda a derecha y de arriba

a abajo)

 


A comienzos de la década de los noventa, este impresentable administrador y algún insensato desorientado (Ibáñez et al. 1990 & 1991) e Ibáñez y García-Álvarez (1991), conjeturaron que, debido a que todos los sistemas no lineales tienden a incrementar su complejidad con el tiempo, lo mismo debía ocurrir con los edafotaxa y sus ensamblajes (paisajes de suelos). Estos autores propusieron a tal efecto varios ejemplos fenomenológicos, incluyendo saltos abruptos de unos tipos de suelos a otros por pequeñas variaciones en las condiciones ambientales. Paralelamente, en EE. UU. Jonathan Phillips desarrollaba la misma línea de investigación independientemente. Sin embargo, esta autor fue más allá  en ciertos sentidos, al demostrar matemáticamente que la ecuación de los factores de estado (Jenny 1941) ineludiblemente daba lugar a un sistema no lineal. (Philips 1993a y 1993b, 1998). Posteriormente, en una monografía Phillips 1999) expuso una exuberante cantidad de ejemplos (que avalaban los dos o tres que mostramos nosotros años atrás). A pesar de todo, también los últimos estudios mentados abordaban la edafogénesis de un modo convencional, es decir partiendo de la idea de pedión adimensional (al menos en la práctica).

 

Sin embargo, como hemos mentado, fue el uso de las herramientas matemáticas para el estudio de la edafodiversidad,  propuestas por este administrador y sus “amiguetes” (1990, 1994, 1995, 1998, etc.) las que generaron un salto cualitativo en los estudios edafogenéticos. En cualquier caso, aun deberá esperarse a que sea totalmente comprendida y asumida por la comunidad internacional de edafólogos, en todo su potencial. Phillips vio tal posibilidad y se apunto al carro (por fortuna, no por desgracia). Luego vino Pavel Krasilnikov. Cabe decir que una buena parte de tales instrumentos matemáticos, fueron previamente desarrollados y aplicados por los ecólogos, si bien algunos de ellos son de nuestra propia cosecha (de Phillips y de Ibáñez en su mayor parte).

 

En efecto, los suelos son entidades que se desarrollan en el espacio y devienen en el tiempo. Un pedión nos aporta una instantánea de un sitio muy concreto. Ahora bien, como trascurre la edafogénesis en un espacio que va más allá de esta unidad convencional (que de facto es adimensional, aunque se pretenda defender lo contrario) es un asunto bien distinto. Nos referimos a parcelas o segmentos del espacio edafosférico de escasas dimensiones, pero también a los paisajes de suelos (ensamblajes de edafotaxa). Si la edafosfera es un sistema no lineal, una porción de ella debería incrementar su complejidad con el tiempo, como ya mostramos en varios post depositados en la Categoría “Diversidad” de esta bitácora. De ser así, el número de tipos de suelo (o edafotaxa) de un espacio geográfico concreto debiera aumentar con el tiempo. Cabe señalar que los sistemas complejos son muy sensibles, tanto a sus condiciones iniciales (como por ejemplo, pequeñas variaciones texturales del material parental), como a las de contorno (aquí podemos equipararlas a variaciones de los factores formadores en el transcurso del tiempo, por pequeñas que sean). En otras palabras, diferencias insignificantes en ambas pueden hacer divergir el sistema hacia trayectorias en el espacio de fases que se separan (divergen) exponencialmente con el tiempo, dando lugar a que caigan en “atractores extraños” diferentes. En el contexto por el que nos movemos, puede decirse que tales diminutos cambios generan que el sistema tome trayectorias edafogenéticas dispares dando lugar a distintos tipos de edafotaxa.

 

La edafogénesis clásica asume que, en condiciones normales (excluyendo los denominados suelos intrazonales y azonales) ,la edafogénesis debería converger hacia determinado tipo de edafotaxa que fueron denominados zonales. Ciertamente es así, pero sólo hasta un cierto límite.  Sin embargo, desde la perspectiva clásica, y más aún desde el mentado zonalismo extremo, tal conjetura daba lugar a hacer sinónimos paisajes maduros y pérdida de edafodiversidad. Y Es aquí donde ya existe una enorme cantidad de evidencias empíricas que refutan las suposiciones convencionales, dando lugar a una nueva visión de los procesos edafogenéticos a nivel de mesoescala. Como veremos en sucesivos post (aunque ya hemos aportado varios ejemplos, como en los dos relacionados con los suelos forestales), en una determinada porción del espacio geográfico isótropa (homogénea en apariencia), la edafodiversidad tiende a aumentar, que no a disminuir, con independencia de las perturbaciones y cambios ambientales (excepto sí estos últimos implican la pérdida del recurso, como es el caso de la erosión y el sellado).

 

Continuará………

 

Juan José Ibáñez

15:58 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (4)