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jueves, 08 de febrero de 2007

Desde el principio quiero indicar que, con los conocimientos y reflexiones que verteré en esta nueva serie, no pretendo mas que mostrar que el Conocimiento, aunque sea de un Farmacéutico especialista en Edafología, y Sanitario preocupado, puede ser útil a una elite, socialmente directiva, que no brilla precisamente por su sensibilidad al Saber Científico disponible.  Precisamente, esta Weblog sobre suelos es un claro ejemplo de que lo que interesa a las autoridades y a los ciudadanos camina por senderos diferentes.  Quizás algún día esta afirmación sea historia.  Ese es mi deseo.

 

Hace algún tiempo, curioseando por la Web, me encontré que un grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza que trabajaban en cómo eliminar el Cd de la leche mediante salado. Si les digo la verdad, no buscaba aquello, sino “fisgar” lo que hacía un buen compañero y amigo personal, de cuando éramos estudiantes. Y el recuerdo vino a mi mente “era la técnica del salting in, salting out” que hacíamos en aquellas “nuevas prácticas de Bioquímica, para aprender a fraccionar proteínas”, bajo la dirección del Dr Angel Jiménez Solves, gran profesor y amigo de sus jóvenes colaboradores” (anda que no ha llovido) tras “habernos nombrado alumnos internos” (vieja costumbre que nunca acabaré de agradecerle).

 

Pero el hecho me hizo pensar ¿qué pintaba un grupo de Bioquímica de Veterinaria haciendo estos trabajos?  Sus conocimientos del momento, exponían que si se añadía sal a la leche cuando se hacía el requesón, el Cd que estaba asociado a una proteína con bajo peso molecular que se mantenía en solución, mientras que coagulaba la caseína.  El solución científico-técnica era sencilla y el problema del Cd era un hecho de cierta entidad en Lactología, y quedó en mi archivo mental de cosas a investigar.

 

Sin embargo, al cabo de algunos días me encontré con otra historia. En Bahía de la Plata (Buenos Aires, Argentina) otros grupo de investigadores detectaba, que en sus aguas salobres, había cantidades de Cd , suficientes como para controlar ese elemento en las capturas de los pescadores del litoral.  Se atribuía a que los ríos que confluyen sobre la Bahía aportaban cantidades altas del dichoso elemento, incluidas en partículas suspendidas de lodos de depuradora que el río transportaba. Los científicos asociaban este hecho a que al mezclarse el agua dulce con la salobre, el ión Cd quedaba en libertad. Así los peces podían acumularle. Esto bioacumulación ya se conocía respecto al mercurio.  Luego había que controlar al Cd como otro elemento más.  Quizás no calculaban que este ión estaba unido a proteínas, posiblemente, el auténtico alimento de aquellos peces.

 


Años mas tarde acudí a un Congreso Hispano-Portugués de Química Analítica, en donde una de las preocupaciones era la de controlar la presencia de Cd en las aguas costeras de ambos países, y por extensión, a las de Francia.  Para ello utilizaban al mejillón y a la ostra (costa de Francia) un indicador biológico bioacumulador. Como ambos animales filtran el agua, el Cd se podía medir en ellos mucho más cómodamente.

 

En los dos casos primeros casos, no había ninguna razón aparente que justificara la presencia de un edafólogo. No aportaba nada aparentemente. Pero me permitió participar activamente en el tercero de los casos.  En verdad, la preocupación de los organizadores por la salud del consumidor era lejana, pero existía, lo que es muy loable. Lo que realmente importaba era que “podían dejarse de comprar estos productos, dado el riesgo alimentario que conlleva para la salud del hombre, o dejar de bañarse en aquellas playas”. Después de la ponencia principal inicié una intervención dando un cierto protagonismo a los suelos y a las actividades agrícolas. El defensor de la ponencia me contestó que “no veía relación ya que la actividad agraria junto a las costas evaluadas era casi insignificante” pero me admitió que nunca se había tenido en cuenta la presencia de Cd en determinados fertilizantes o el grado de edafoacumulación en los suelos. La verdad, me quedé perplejo.

 

Estos y otros hechos me ha llevado a pensar en la conveniencia de realizar una serie de aportaciones, ordenadas, en las que bajo el título genérico, sanidad del suelo, salud del hombre, nos hagan reflexionar sobre la importancia del suelo y de su continuum hasta el hombre.

 

A modo de ejemplo veamos algunas de las preguntas reflexivas que me hice con el primer ejemplo:

 

·         ¿la leche tiene Cd? ¿Se controla este parámetro en la leche natural?.  La verdad es que no me la había cuestionado.

·         Hay legislación al respecto sobre la leche que tomamos. Se evalúa en las leches maternizadas. Quién evalúa este parámetro Santidad o Agricultura... Yo tengo cuatro hijos que beben una burrada de leche...

·         Si la leche tiene Cd, ¿lo tiene también la carne de las vacas? ¿Existe legislación al respecto? Controla alguien este parámetro?

·         Y ¿cómo llega a una vaca el Cd?.  Lo más lógico sería pensar en su alimentación, los pastos que come, el agua que bebe..

·         Y a los pastos, ¿cómo llega este elemento?... ¿del aire, del agua o del suelo?  o quizás de todos ellos a la vez.   Pero no nos olvidemos de los fertilizantes, de los fosfatos exactamente.  Por regla general, cuanto más baratos son, mas Cd tienen...

·         La verdad es que el Hombre también es un mamífero. Sabemos que recibimos Cd y tenemos Cd-tioneínas que lo bloquean.  La cuantificación de estas moléculas, diferente en cada tejido, (cerebro, músculo cardíaco, hígado) nos indican el nivel de exposición y de la respuesta defensiva... Luego las posibilidades exposición por nuestro organismo vienen de antiguo. Incluso somos capaces de eliminarlo vía excretas sólidas.

·         Algunas de las fuentes de Cd son las tintas de impresión, el humo de los cigarrillos (nuestra Vicepresidenta ya tiene otro argumento para controlar el fumeque) o la combustión del caucho (los que queman neumáticos en las manifestaciones o la hacen en los vertederos, mejor se arrepientan, please). Luego no todo viene por vía sólida...

 

La verdad es que al suelo se echamos muchas cosas, una de ellas son los residuos orgánicos compostados. ¿Oiga, si los residuos orgánicos están compostados ya son buenos ¿no? . Pues no necesariamente.. y fíjense también el Cd también puede ser tóxico para las bacterias. Aquí, su umbral de toxicidad es inferior al del Cu o al del Cr (si supera una concentración de 9x10-3 se frena producción de biogás). Y el proceso de compostaje lo único que puede hacer respecto al Cd es concentrarle ya sea en los RSU (residuos sólidos urbanos) o en los lodos de depuradota... o eliminarle por vía lixiviados, dada su solubilidad como metal-tioneina bacteriana o fúngica.

 

Reflexionando conjuntamente sobre el primer y segundo ejemplo, (se nota que soy “acumulativo” para los ETP), encontré una similitud entre la solución aportada por los científicos Bioquímicos y “el morir de un río en el mar”: sobre ambos medios se aplicaba una elevación de la concentración salina, claro que si en el primero de los casos “salamos el medio” y en el segundo es el medio el que se sala (las aguas dulces se convierten en salobres)”.  ¿Hasta donde llega el Cd de los vertidos que introducimos en el mar a kilómetros de la costa?.  ¿La solución dada al problema es de correcta aplicación cuando hablamos de la difusividad de un ión o de una especie orgánica que porta Cd, en el medio marino?.  Y no me cuenten que la desalación no es un proceso de acumulación de Cd, entre otros iones y moléculas.  ¿Donde acaban estos nuevos residuos?...

 

Hecha la luz como “ex” de la Bioquímica, me quedé tranquilo, el Cd en los lodos, en la leche, en el suelo y en el hombre no se encuentra habitualmente como un metal libre sino como una metal - proteína.  Pero mi tranquilidad mental duró poco, tenía que justificar cómo podía llegar desde nuestra Castilla agraria o desde los montes de Galicia (con el régimen pluviométrico presente y la acidez de sus suelos) hasta el mar.  Si las Cd-proteínas (de bajo peso molecular) tienen una gran movilidad, distinta a la del ión Cd, se facilitaba su movilidad a grandes distancias usando los procesos de lavado, las corrientes de agua.... Solo los fertilizantes, los compuestos húmicos (denominando como tal a los poliaromáticos) y los complejos organominerales serán la causa de edafoacumulación temporal del Cd.

 

Si embargo las metalo-tioneínas justificaban mis preocupaciones al intervenir en el tercer ejemplo. Pues ello puede abrir el problema de las contaminaciones transferidas País a País.  Quizás una evaluación del agua o de los sedimentos del pantano salmantino de Santa Teresa pueda dar alguna pista.

 

Para los que hablan de acumulación bacteriana de metales pesado en bacterias, mediante metalo-tioneínas, mejor lean el trabajo de Carlos Cervantes perteneciente al Instituto de Ciencias Químico-Biológicas de Moreila, Michoacan, “Mecanismos de expulsión de metales pesados en bacterias” BEB 19 (1): 24-31 , que en castellano explica mejor que yo que es lo que pretendo decir.

 

Y claro, si esto la hacen las “bacterias” en el laboratorio, también lo harán las de la rizosfera de vegetales. Las bacterias les dejan Cd en forma quelada junto al tricoblasto. ¿Que hará la planta? Y mira que si algunas de las plantas que pastan las vacas en el monte, acumulan Cd, aunque solo sea en pequeñas cantidades... (las vacas comen diariamente mucho pasto, tanto en Burgos -segunda productora de leche de Castilla y León- como en Galicia y de acuerdo con la formativa comunitaria deben de pastar al aire libre).  Nuestro colega Gil Sotres sabe mucho de este problema... (veamos si se anima a cooperar ante mi tamaña provocación, dado que los tres post de castigo de Calochi no los veo je,je)

 

 

Saludos cordiales,  cuídense y no se atosiguen, esto es sólo Ciencia. Y preguntillas que me voy haciendo, esta vez con mas preguntas que respuestas.  Si el Cd es bueno o malo se lo cuento otro día ¿vale?

 

Salvador González Carcedo

 

Pdta.  Jefe, ¿así está bien de longitud?. Espero que no te vuelvan a reñir... para mi mejor, hago mas artículos.

15:53 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (7)

El administrador de esta bitácora busca al internacionalmente reconocido fitopatólogo español (y biólogo del suelo) Antonio Bello. Fue mentor de este impresentable administrador, le inoculó su locura y pasión por la divulgación científica. Trabaja con esmero y amor con los propios campesinos, es heterodoxo con dosis de genialidad, Premio de la EPA (Agencia Norteamericana de Protección del Medio Ambiente), entre otros. Eso sí, como Juan José Ibáñez es insoportable. Empero nos hace falta. Es uno de los pioneros de los estudios de biofumigación. Tras insistirle que escribiera algunos post de fitopatología desapareció del mapa. Suele estar en España o cualquier país americano. Se ofrecerá una recompra a quien logre traerlo ante nuestra presencia.

 

Gracias anticipadamente por vuestra colaboración

 

 

 

Es el del Centro. A su izquierda Avelino García Álvarez

(otro transfuga) y a su derecha Juan José Ibáñez

(impresentable administrador de esta estúpida bitácora)

14:40 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Como comentamos en el post de ayer, los microorganismos del suelo, ciertos edafotaxa, junto con las propias plantas, generan una cierta resistencia a las enfermedades producidas por los patógenos en sus raíces. Las perdidas económicas generadas por estas plagas son enormes. Esta es la razón de que se indaguen todos los medios posibles de combatirlas. Durante tales investigaciones se descubrió que ciertos tipos de suelos son inmunes a una o varias enfermedades infecciosas. ¿Respuesta inmune de los suelos? Pues va a ser que sí. Incluso se pueden realizar planes de vacunación (¿?). Veamos de qué habla este loco administrador.

 

 

 

Foto animada extraída de página sobre ecología

y suelos supresivos. Fuente: GSF Soil Ecology


En el ámbito de la fitopatología, desde hace algún tiempo, se sabe que ciertos suelos son “inmunes” a diversas enfermedades, a pesar de que la planta se encuentre en condiciones de padecerlas.  Tales suelos son llamados supresivos. Probablemente, existan distintas razones de tal inmunidad que actúen, según las circunstancias ambientales, individual o sinérgicamente.

 

 

 

Un video sobre la supresividad  en suelos

puede visionarse:  Aquí, pinchando esa

foto en la web original

 

En otras ocasiones, el patógeno si aparece y ataca a los cultivos, empero no genera enfermedad alguna, o lo hace durante algún tiempo, tras el cual pierde su virulencia.  Se han propuesto diversos factores como posibles responsables de la enfermedad, tales como: granulometría, aireación-drenaje, pH, compuestos, orgánicos inhibidores, competencia con la rizosfera por los nutrientes, antibiosis de las comunidades microbianas naturales del suelo y del propio huesped, etc.

 

En general, se investiga preferentemente en los presuntos orígenes biólogos de la enfermedad, aunque también se indaga sobre el papel de ciertas variables abióticas. Más raros son los enfoques que buscan la supresividad vs conductividad de determinados tipos de suelo o edafotaxa a una determinada enfermedad. Así, por ejemplo, en el sur de Chile (Campillo et al. 2001) detectan que los Ultisoles se comportaban como suelos supresivos respecto a una determinada patología, mientras que los Andisoles demostraban ser fuertemente conductores o susceptibles a la misma.

 

Es bien patente que se trata de un ámbito de exploración difícil, pero también pluridisciplinar y novedoso. Bien pudiera ser que la supresividad fuera condicionada por las características inherentes de determinados edafotaxa (al menos ante ciertos patógenos). De ser así, relacionar que edafotaxa son supresivos y cuales conductores, mediante bases de datos y cartografías de suelos, pudiera dar lugar a desglosar la edafodiversidad de un territorio bajo esta óptica más utilitarista. Tal iniciativa ayudaría en gran medida  a paliar las graves pérdidas económicas que se generan en la producción agraria.  Se trata de una línea de investigación que aun se encuentra en su infancia respecto a la supresividad de supuesto origen biológico.

 

Cuando la planta ayuda a la supresividad del suelo, de le denomina resistencia inducida y al parecer ocurre debido a que el cultivar acarrea parte de la rizosfera que lleva una cepa escasamente virulenta del patógeno. Vamos, que en términos coloquiales, los suelos también pueden ser vacunados al estilo de los seres humanos ¿Sorprendente no?  

 

En cualquier caso, lo más común es asumir que, la supresividad puede estar inducida por diversos factores simultáneamente, tales como la biología del suelo, incluyendo sus rizosferas y micorrizas. Del mismo modo, la textura el drenaje-aireación de un suelo, su contenido en nutrientes y materia orgánica , el pH  y otras variables abióticas, también pueden ser de suma importancia. Por tanto, tales propiedades pueden ser beneficiosas en ciertos edafotaxa, mientras que en otros no. Ahora bien, también se puede tratar al paciente tomando las medidas terapéuticas oportunas. 

 

Como en el caso de la piel y el tracto intestinal, mantener una microflora saludable se considera el sistema más eficiente. Pero, ¿Por qué?

 

Fuentes de supresión:

  • competición por los nutrientes
  • antibiosis de planta o microflora asociada
  • parasitismo por otro microorganismos del suelo
  • Propiedades del suelo

 

Las micorrizas son muy importantes

en la supresividad de las plagas

 

Se considera que una poblada y diversa rizosfera y una intensa actividad micorrízica son fundamentales, ya sea por la competencia por los nutrientes con el patógeno y/o debido a que algunos microorganismos generen antibióticos, o sean parasitarios, o bien actúen como depredadores. Por ejemplo, las micorrizas son especialmente efectivas con vistas a eliminar a las enfermedades infecciosas de las raíces del suelo, como puede observarse en el enlace anterior, así como en la imagen que antecede a este párrafo. Sin embargo, también se puede acudir a técnicas físicas, tales como La solarización (cubrir el suelo con un plástico de tal modo que se caliente y se engañen a los huevos del patógeno respecto a la estación climática en que se encuentran, eclosionando inoportunamente para su desgracia). En cualquier caso, no creo que tal técnica deba ser incluida aquí (aunque aparece en  varios documentos que he consultado. La biofumigación es otro procedimiento que consiste, más o menos, en añadir “ciertas” enmiendas al suelo que, al descomponerse, desprendan gases naturales letales para el patógeno. Debo mentar que no soy experto en el tema, por lo que las definiciones de solarización y biofumigación son orientativas, a falta que encuentre a Antonio Bello para que os las explique debidamente. Vuelvo a reiterar que en mi modesta opinión una cosa son los suelos supresivos y ora generar supresividad.

 

 

 

Un esquema de cómo generar supresividad

en un suelo mediante solarización

 

Debido a que una actividad biológica intensa y diversificada parece ser fundamental, las enmiendas orgánicas son utilizadas con vistas a nutrir bien al enemigo de los perversos patógenos. Del mismo modo, retornar la mayor cantidad de restos del cultivo (rastrojos) al suelo, es otra estrategia empleada. El laboreo mínimo, agricultura con labranza “0”, o la rotación de cultivos son otras alternativas propuestas en la bibliografía. Sin embargo también considero que quedarían mejor clasificados en otros sistemas de la lucha contra las plagas que conciernen a los fitopatólogos. Empero así viene en una buena parte de las páginas Web que he visitado.

 

 

Rotación de Cultivos

 

Cabe mentar que todos los suelos en estado natural (sin cultivar) parecen atesorar un cierto grado de supresividad, empero el arado, los monocultivos, etc. destruyen tan equilibrio natural, como en la piel y el tracto digestivo del ser humano otros agentes, e incluso un exceso de higiene. A veces, la supresividad de un suelo concierne a varios potenciales patógenos simultáneamente. Vamos como una vacuna polivalente. Empero también es cierto que se ha detectado que la supresividad dura un tiempo, tras el cual la “vacuna” pierde su efectividad.

 

En la siguiente tabla se muestra como a mayores biomasas microbianas en el suelo, la supresividad resulta ser más efectiva. He dejado el encabezamiento en suahili para que pinchéis el enlace en donde se muestran estas y otras tablas.  Información adicional una vez más en suahili, la podéis bajar de este pdf (la traducción al idioma de nuestro imperio es mía).

 


Different levels of soil biota in suppressive and non-suppressive soil at Avon SA

 

 

Suppressive

 Non-suppressive 

Biomasa Microbiana (µg c/g)

 250 - 500

 200 - 450 

Biomasa microbiana cerca del rastrojo: Julio

 750 - 850

 500 - 675  

Biomasa microbiana cerca del rastrojo:: Agosto

 600 - 700

 400 - 525

 

 

Respecto a presuntos tipos de suelos, tan solo recordar que las poblaciones microbianas que alberga dependen de su superficie real del mismo. Dicho de otro modo, de su capacidad de carga, por lo que os recomiendo que echéis un vistazo a estos post, ya que pudieran tener que ver con el asunto que hoy nos preocupa. Raíces y organismos viven en la superficie de los suelos, no en el interior de su materia, como veréis.

 

Pido disculpas por los defectos de forma que pudiera tener este post, ya que no soy experto en la materia (ni de lejos). Eso sí me pongo inmediatamente a buscar al Dr. Bello (que no es feo pero, tampoco es para tanto), que ¡ya esta bien! de que mire para otro lado cuando le mento que vuelque algunos de sus conocimientos en la weblog de su antiguo alumno ¡Será impresentable! Se va a enterar.

 

Juan José Ibáñez

14:05 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (3)