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miércoles, 07 de febrero de 2007

Como es bien sabido, la fitopatología es uno de los ámbitos aplicados más importantes que a manudo requiere la asistencia de expertos en ciencias del suelo. Las plantas vasculares, como lo seres humanos, cuando sufren perturbaciones que afectan a sus microorganismos asociados (simbiontes, comensales, rizosfera en general, micorrizas, etc.), son mucho más propensas a las enfermedades causadas por patógenos. Lo mismo es cierto para cualquier vertebrado (como mínimo). Existen pues sorprendentes similitudes entre las plantas y el cuerpo humano (entre otros). Veamos que conclusiones podemos extraer de ello.

 

 

 

La Piel humana como los suelos consiste de capas y horizontes

Fuente: Aquí


Cuando se altera, por ejemplo, nuestra microflora saprofita cutánea o la intestinal, los patógenos encuentran un nicho ecológico semivacío de depredadores, competidores y antagonistas. Esto nos lo enseñaron en la universidad de los años 70.  El hijo de una amiga esta sufriendo uno esos típicos brotes de piojos tan frecuentes en los colegios. El médico, como terapia, le recomendó a su madre que solo le duchara un par de veces por semana. En la UCM algunos profesores nos aconsejaban lo mismo.

 

Del mismo modo sufro una especie de pequeños eccemas bajo mi cuero cabelludo. El peluquero me sugirió que no me lo lavara más que una vez a la semana. De este modo mejorarían los síntomas, frenaría la alopecia (muy ligera) y el vigor de mi pelo mejoraría. Su argumentación fue la misma que recibí en la universidad.

 

Hoy en el Boletín de noticias de MI+D aparecía una noticia “novedosísima” que señalaba que la piel humana atesora 182 especies de bacterias  (más información aquí), a parte de que nuestro organismo también exude substancias contra posibles patógenos. Lo mismo parece ocurrir con la relación entre la alteración del ecosistema bacteriano de nuestro aparato digestivo y la obesidad. A pesar de que numerosos reduccionistas toca genes siempre buscan la relación entre un gen una enfermedad y punto final. Todos los días con la misma cantinela. ¿Qué nos enseña la fitopatología?

 

 

 

Piel humana grandes grupos taxonómicos

 de su ecosistema. Fuente: Aquí

 

Obviamente existen plantas resistentes y susceptibles a las frente a los distintos patógenos, pero también influye, y mucho, la “salud del ecosistema bacteriano”, como ya veremos en nuestro siguiente post. De hecho, la rizosfera  es como una especie de ecosistema que rodea al entramado que generan las raíces, protegiéndolas de los ataques de patógenos, mientras las micorrizas ayudan a las últimas en sus aspectos nutricionales.  Tanto los seres humanos como las plantas no somos algo tan simplón como un simple individuo, en realidad, funcionamos como un ecosistema, como ya os intenté mostrar en otro post. Así pues, cabe preguntarse por el papel que desempeñan los ecosistemas microbianos, tanto en plantas como en animales. Del mismo modo ¿es nuestra percepción de higiene antihigiénica? ¿Debemos ducharnos todos los días? Si no se hace así nos llamas guarros. Yo, que tengo la manía de ducharme dos veces al día, también soy criticado por mis allegados ya que despilfarro agua (critica muy fea para un ambientalista, pero cargada de razón en ni caso). Más aún: ¿hacemos bien al embadurnarnos de cremas y desodorantes?. ¿Y que decir de la contaminación ambiental?, tanto interna como externa. Sabemos que afecta a la salud, pero muy probablemente desconocemos muchos de sus mecanismos aun.

 

De hecho, la rizosfera consiste en un rico ecosistema bacteriano que rodea a las raíces. Su diversidad y biomasa se reduce drásticamente según nos alejamos unos milímetros de ella, como se muestra en la siguiente figura (pido perdón pero la tenía almacenada y desconozco su procedencia).  El suelo a cierta distancia resulta ser casi un desierto biológico, comparado con este microcosmos radicular.

 

 

Descenso de las poblaciones microbianas conforme nos

Alejamos de la rizosfera

 

 

 

Ciclo de Vida de Globodera: Fuente: Aquí

 

Mirémoslo desde el pinto de vista de la fitopatología. Los agroquímicos (pesticidas, fertilizantes, etc.) alteran la estructura y dinámica de las comunidades bacterianas de suelos, pudiendo solucionar ciertas infecciones, pero quizás facilitando otras. Mi amigo y maestro Antonio Bello sostiene que no de trata de erradicar a los patógenos, sino reestablecer la estructura y funcionalidad natural de las comunidades microbianas, de tal modo que las poblaciones de los agentes dañinos se encuentren bajo un umbral tolerable para la supervivencia de la planta y el rendimiento de la producción de las cosechas. De hecho, la biofumigación, concepto de lucha contra las plagas en cuyas investigaciones es pionero, se basa para él en tal premisa.

 

 

Quistes de Globodera rostochiensis: Eclosionando

para la salida de sus larvas. Fuente: Aquí

 

La Noticia del día, o los biotecnólogos descubriendo la dinamita: pues bien la noticia que se puede leer en el primer enlace no resulta ser ninguna novedad. Sus autores, lo único que han hecho ha sido contabilizar dudosamente el número de “especies” bacterianas de nuestra piel mediante técnicas moleculares. Más aún, el vertiginoso flujo horizontal de genes entre distintas bacterias es de tal magnitud, que muchos microbiólogos consideran que el concepto de especie no es aplicable a sus microcosmos. Una vez más, nos venden algo que se nos enseñaba en clase, al menos hace más de treinta años, mediante cálculos más que cuestionables.   

 

 

Hongos depredadores de nematodos utilizados en lucha biológica

Fuente: Aquí

 

Reflexiones sobre mi primera investigación. Allá por 1977 o 1978, entré en el CSIC y realicé mi primer trabajo de investigación bajo la tutela de Antonio Bello en Fitopatología. Debía estudiar el estado de “salud de los cultivos de patatas de la Rioja” frente a uno de sus más peligrosos patógenos. Se trataba de una especie de nematodo fitoparásito del género Heterodera (creo que ahora se distingue entre es género y otro más reciente al que se denomina Globodera). Tras el muestreo de campo, detectamos que una buena parte de los cultivos se encontraban muy densamente infectados por tal nematodo. Empero meses después leí una noticia en la que se podía leer que la producción de patatas de aquel año había sido excepcional. ¿Cómo era posible?. Se trató de un año muy lluvioso si no recuerdo mal.  Me quedé con la impresión de que el patosistema (sistema planta-parásito-ambiente) responde diferencialmente de acuerdo a las condiciones ambientales. Un  estrés hídrico, o una mala nutrición, podrían dar lugar a una plaga que no aparecería si la planta creciera en óptimas condiciones. Ya se sabe: “A perro Flaco todo son Pulgas”.

 

Reduccionismo vs Holismo Mientras seguimos investigando por los vericuetos más estrambóticos de la naturaleza, ahora resulta que no conocemos bien lo que ocurre en nuestra piel, ni intestinos (como tampoco en el suelo) Eso sí Marte está primero en nuestras prioridades (y luego nos extraña que nos llamen marcianos, a algunos). El reduccionismo resulta ser una enfermedad de la ciencia actual. Harían bien los biólogos moleculares en releer a los antiguos fitopatólogos y microbiólogos, con vistas a aprender mucho más de los que su arrogancia les permite reconocer. Los enfoques holísticos pueden aportar luz a un reduccionismo cabalgante. Entre tanto, fíjense ustedes las grandes similitudes entre la cobertura del hombre y la de los animales.

 

 

(Continuará)

 

Juan José Ibáñez   

 

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