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lunes, 29 de enero de 2007

La verdad es que hay días que necesito descansar: no escribir en la bitácora, pero me tiran de la pluma. Hoy han sido dos reflexiones de Antonio Lafuente y una gran noticia de Alicia Medina. ¡Que le vamos a hacer!.  Cuando comenzó el movimiento me inscribí en varias revistas americanas de Open Access. Según transcurría el tiempo, observaba como las instituciones de otros países se adherían, mientras que las de España no. Finalmente, alguna lo hizo. Si la UE no toma posición, difícilmente lo habría hecho los OPIs y Universidades Españolas. He hablado con muchos colegas sobre este tema y ciertamente que la inmensa mayoría son reacios y/o dudan de la viabilidad de tal movimiento. Tras leer las noticias aludidas y reflexionar me asaltan tres dudas:

 

·         ¿Los científicos dan la talla, o por mera inercia nos arrojamos en manos de las multinacionales?

·         ¿Es la política de la UE coherente?: Ver la nota de Antonio Lafuente sobre la UE y el Open Access

·          ¿Existen motivos políticos o económicos de fondo que marcan las acusadas diferencias existentes entre las posiciones de la UEEE.UU?

 

 

 

Pilares del Open Access

Fuente: Aquí


Esta claro, al menos mí, que el comportamiento de una buena parte de la comunidad científica norteamericana y la europea difiere ante la publicación de sus artículos en revistas de acceso abierto. La pregunta del millón es ¿por qué? La mayoría de los papers escritos por los investigadores de USA en revistas indexadas, aparecen camuflados en la Web. Tan solo es cuestión de paciencia dar con ellos. Vamos que los colegas del imperio se saltan a la torera las condiciones del copyright. De este modo, una gran parte de los resultados de sus investigaciones pueden ser accesibles a todo el mundo. Por al contrario raramente los investigadores europeos no hacemos uso de tal estratagema (salvo excepciones contadas), por lo que nuestro trabajo tendrá menos visibilidad real. ¿Somos timoratos? Sinceramente creo que sí. Empero tengamos cuenta que también es un movimiento solidario a favor de los que atesoran menos recursos ¿O no?

 

Cabe preguntarse de nuevo cual es la razón. Sin embargo, con independencia de la respuesta, está claro que somos poco solidarios con un acceso libre a la ciencia.

 

 

 

Campaña a favor del Open Access

Fuente: Aquí

 

Luego la UE, como siempre va de postmoderna y lanza sus proclamas para luego retrotraerse sin el menor decoro. El que un artículo  pueda ser público en la Web tras haber pasado seis meses desde su publicación, no tiene ningún sentido respecto a la crisis del peer review. Salvo en disciplinas contadas, significaría por igual , un varapalo del que las multinacionales no podrían reponerse y el problema también a debate de la evaluación por iguales . Empero en tal nota de Antonio Lafuente subyace una razón de peso económico que no puede soslayarse. Me refiero al peso de muchas de tales empresas en le economía europea. Elsevier,  Springer y otras muchas son multinacionales de aquí y no de allí.

 

 

 

El debate sobre el Open Access

Fuente: Aquí

 

Del mismo modo, la noticia de Alicia sería bienvenida si nuestras autoridades contemplaran el que las citaciones por paper (o el documento que sea) sustituyan al falaz criterio del impacto de las revistas indexadas, el cual depende más de la audiencia que de criterios de calidad. No se lee lo mismo un “Journal” que interesa a una disciplina con 500.000 científicos que otra con 50.000 practicantes. Este hecho es de “Perogrullo”. Pero nuestras autoridades no quieren enterarse y los que les asesoran menos (ya que suelen pertenecer a primeras, es decir a las numerosas). Las personas que como yo practican materias no tan “sexy”, aunque publiquemos en las mejores revistas de nuestra especialidad, comenzamos a tener problemas hasta para que nos concedan un sexenio. Por tanto, la siguiente pregunta del millón consistiría en preguntarse si el establishment asesor de los políticos comunitarios “tendrá a bien” informar “que sí” deben tenerse en cuenta también los documentos "Web citation Indexa la hora de valorar nuestra actividad científica, en función de su citación bajo los criterios impuestos desde Filadelfia (que en principio parecen razonables). Si no es así, la decisión de la UE (recordemos que nuestros prebostes europeos siempre empiezan bien y reculan después hasta desnaturalizar prácticamente todo el contenido de sus proclamas originales), no les sirve ni a griegos ni a troyanos. Eso sí ayudaría a los más científicos de los países más pobres., pero no a alcanzar unos criterios de valoración más transparentes.  

 

Del mismo modo, la actitud de las multinacionales es digna ya de ser denunciada y sus empresas boicoteadas sin piedad. Si no se lo creen miren sus artimañas y estratagemas en esta noticia de la weblog de Alicia Medina y también uno de los susodichos post de Antonio Lafuente en Tecnocidanos. Ahora resulta que estas últimas empresas, a las que debemos ofrecer el copyright de nuestros trabajos y que no dan un duro a nadie, a la par que ponen vergonzosazos precios, imposibles de pagar en muchos centros y universidades de los países en vías de desarrollo (por no poner, ya ni se les permite leer a tiempo las últimas noticias de la ciencia), hablan de libertad (la que ellos nos ofrecen tan generosamente) frente al control autoritario del Estado. No tienen vergüenza.   

 

Empero aunque dos de las noticias hablan de la asociación de editores americanos (AAP), que yo sepa (por favor que se me corrija si me equivoco), editoriales como Elsevier y Springer son Europeas. Nos resultaría más que interesante conocer el peso económico de las editoriales norteamericanas frente a las europeas, no sea que también subyazcan razones de otra índole en las respectivas reacciones de USA y la UE.

 

Tengo noticia de que incluso la Universidad de Princeton anuló la suscripción a numerosas (“cientos”) revistas de Elsevier, tras protestar por su precio y no llegar a un acuerdo con la mentada editorial. Según los autoridades de esta prestigiosa universidad. Era mucho más económico “pagar por publicar” en Open Access, que seguir teniendo que desprenderse de millones de dólares cada año, con vistas a someterse a la usura de las rácanas editoriales que dominan el mercado de las publicaciones científicas.  

 

Y mientras tanto sigo sin poder entender la razón por las que mis colegas “parecen ser” tan insolidarios, por no decir reaccionarios, frente a las actuales iniciativas en Open Access, incluso cuando están indexadas. 

 

Así pues, queda mucho que aclarar sobre este tema del que depende el futuro de la ciencia en muchos aspectos. Mientras no me “abran los ojos” a una posible información que desconozco en la actualidad, sigo siendo un ardiente defensor del Open Access. Pero los investigadores no darán un paso hasta que sus gobiernos, en lugar de largar proclamas  panfletarias, tomen una decisión sobre el peso de esta iniciativa en lo que concierne a su promoción científica.   

 

Juan José Ibáñez

12:03 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (8)