El vocablo suelos forestales, es un clásico de la literatura edafológica. Se han escrito numerosos libros sobre el tema. Sin embargo, en Europa, comenzó a entrar en la agenda política a causa de la “posible vinculación” entre la lluvia ácida y los abundantes síntomas de enfermedad que parecieron descubrirse en los individuos de las masas forestales, hace un par de décadas. Pero ese no será el tema de nuestro post de hoy. Nos proponemos preguntar y responder a la siguiente pregunta: ¿Tienen algo de especial los paisajes de suelos forestales, respecto a los que acaecen en otro tipo de ecosistemas? La respuesta es ¡si! Veamos el por qué.

Caída de los Árboles
Repercusiones sobre el suelo
Fuente: Universidad de Alberta
La Unión Europea, tras gastarse ingentes cantidades de dinero, con vistas a elaborar una base de datos de variables del suelo suelos por cuadrículas en todos sus países miembros, aun no se conoce exactamente la vinculación entre lluvia ácida y la fitoepidemiología (vocablo más amplio que el de fitopatología, por incluir agentes ambientales) de los bosques. ¿Razones?: (i) la mayor parte de las variables que se emplearon no eran las adecuadas con vistas a la monitorización de los sistemas edáficos a caro plazo y (ii) como en la salud humana, los bosques pueden enfermar por múltiples motivos, por lo que buscar una relación unívoca causa-efecto entre lluvia ácida y salud de los suelos se convierte en una “misión imposible” a no ser que la dependencia fuera palmaria. No lo era. Pero no vamos a hablar de este tema. Hoy veremos que los suelos forestales atesoran una edafogénesis singular que da lugar a un patrón espacial muy concreto de los edafoensamblajes. Se sabía que podía ocurrir, empero nunca se analizó cuantitativamente hasta que mi amigo Jonathan Phillips, el otro experto en edafodiversidad que pulula por ahí, logró cuantificarla haciendo uso de las herramientas matemáticas que yo presenté previamente en nuestra disciplina, procedentes en su mayoría del ámbito de la ecología. ¿Por qué son tan singulares los suelos de los “bosques naturales”?. Veámoslo. Hablemos pues de edafogénesis divergente, tema que tratamos Jonathan y yo con asiduidad en nuestras publicaciones y que se encuentra vinculado con las aportaciones de las ciencias de la complejidad al ámbito de la edafología.
¡No!. No vamos a hablar de de la materia orgánica de los suelos forestales, tema que ya tratamos en otros post [1, 2, 3, 4, 5], ni del papel “en si mismo” de los incendios forestales, como vimos también en otros post [1, 2, 3, 4, 5]. Sobre la distribución de carbono y raices en los suelos de los bosques podéis encontrar abundante información en la Categoría Biomasa y Necromasa en los Suelos. Lo que vamos a narrar es un proceso consustancial a todas las masas forestales naturales. Nos referimos a la “bioturbación” generada por la muerte de un árbol y su derrumbamiento sobre el suelo. Resulta que la bioturbación es un proceso edafogenético de primera magnitud, al que no se le da la importancia que debiera. Dejaremos los aspectos técnicos de los análisis de Jonathan Phillips para otra ocasión y describiremos simplemente el proceso y sus consecuencias estructurales. Veremos que es muy posible, mediante este enfoque, discernir entre la estructura y dinámica de los bosques naturales, masas forestales gestionadas y cultivos arbóreos. Con tal motivo debemos comenzar explicando que es un bosque primigenio.


Procesos Naturales sin la
Caída de árboles en un bosque
Fuente: Universidad de Alberta
Los bosques primigenios: Serían aquellos en los que las perturbaciones humanas no han alterado, “al menos en exceso”, ni su estructura ni su dinámica natural. Se distinguen de los bosques gestionados, y más aún de los monocultivos arbóreos para la extracción maderera, por la presencia de árboles de todas las edades y variado estado de salud (las enfermedades son consustánciales con la vida, no lo olvidemos). La cantidad de necromasa esparcida por el suelo en forma de árboles muertos es enorme. Al derrumbarse un árbol, ya sea por causas naturales (vejez), la caída de un rayo, una enfermedad, viento huracanado, etc., el suelo subyacente, sufre en revolcón. ¡Nunca mejor dicho! A veces incluso golpea y derrumba a otros vecinos, especialmente si son individuos centenarios los que se desmoronan. Suelen formarse así claros (de todos los tamaños) de forma natural en los bosques. En estos últimos, comienzan a germinar y desarrollarse especies vegetales heliófilas (amantes del sol) que no podrían hacerlo bajo el ambiente nemoral (umbrófilo: amamante de la sombra) que genera la densa canopia de la arboleda. Muchas de las especies vegetales que crecen en estos claros, son propias del sotobosque, o zonas de orla que protegen de forma natural las fronteras de las masas forestales. Por estas razones, cabe mentar que la biodiversidad de los bosques primigenios es mucho mayor que la de los gestionados por el hombre, ya que alberga toda o una buena parte de la sucesión ecológica que va desde una zona carente de vegetación hacia estos ecosistemas. Empero lo mismo ocurre con la edafodiversidad. ¿Qué relación existe entre edafodiversidad y biodiversidad desde esta perspectiva? ¿De que narices estoy hablando?

Claro en un bosque tropical
tras la caída de un Árbol
Fuente: aquí
Las enormes raíces de los árboles forman una malla formidable que retiene el suelo entre su entramado ramificado fractalmente. Al derrumbarse nuestro amigo arbóreo, su sistema radical queda al aire, arrastrando con cientos de kilos y quizás alguna tonelada (dependiendo del tamaño) del suelo ubicado bajo su parte emergida o epigea. Tal vacío se rellena paulatinamente, poco a poco, por los materiales que previamente lo conformaban, pero también por la hojarasca que cae en ellos y materiales en suspensión o que llegan allí de otra forma (por ejemplo, arrastrados por la escorrentía superficial en laderas pendiente). ¿Podría ser un mecanismo que enriqueciera los horizontes profundos de carbono orgánico? Tal vez. Simplemente no se ha estudiado con rigor.
En cualquier caso, se trunca todo el perfil del suelo, se pierde la horizonación natural, se homogeneizan los materiales a lo largo del solum y algo más que puede llegar a resultar de suma importancia en la dinámica del bosque. Cuando tales biocenosis se desarrollan sobre suelos pobres en nutrientes, el lavado de estos empobrece los horizontes superficiales en nutrimentos, afectando a la disponibilidad de tales elementos en los horizontes superficiales (los más abundantes en biomasa radicular apta para captarlos). Por tanto, la caída de los árboles de forma natural ralentiza la perdida de fertilidad de los bosques naturales, ayudando a mantener su vigor. Del mismo modo, los ensamblajes de suelos de los bosques quedan constituidos por edafotaxa muy dispares en el grado de desarrollo edafogenético (desde muy maduros a poco evolucionados) característico de la zona estudiada en función de sus factores formadores.

Claro en un bosque de Taiga
tras la caída de un Árbol
Fuente: Ontario Nature
Como puede observarse se trata de un ejemplo en los que edafodiversidad y biodiversidad andan de la mano a escala detallada. ¿Interesente? ¿No te parece? Empero queda una pregunta muy importante por responder.
Los bosques gestionados y monocultivos forestales: En los bosques gestionados para la extracción maderera, y más aun los monocultivos forestales, los árboles suelen ser del mismo tamaña o edad o en el mejor de los casos se agrupan en rangos de tamaño definidos. La mayoría de ellos no se desploman arrastrando a sus raíces, sino que son talados y extraída su biomasa leñosa (pérdida de nutrientes). Por tanto, sus suelos no sufren revolcones, por lo que la edafogénesis que genera horizonación continúa con ciertas modificaciones. En consecuencia, no se genera la susodicha edafodiversidad (como tampoco ocurría con la biodiversidad). Tanto los suelos como las fitocenosis tienden a ser más homogéneas (menos diversas) y tal hecho trasciende al paisaje, siendo fácilmente detectable por un observador no adiestrado. Como mentamos, la disponibilidad de nutrientes se ve negativamente alterada por la extracción de biomasa y la carencia de “revolcones” del suelo (bioturbación para ser más precisos).

Caída de un´árbol arrastrando parte del
material del suelo (clima templado)
Fuente: BBC
Como vemos existen conspicuas diferencias entre la estructura de los bosques primigenios, y los gestionados y cultivados por el hombre. Como corolario, necesariamente también se afecta a la biodiversidad, estructura y dinámica de los organismos del suelo. Recordemos aquí otra dinámica natural preciosa de un bosque condicionado por la presencia y/o ausencia de osos y salmones.
La tala de un Árbol
No frena la horizonación
Del suelo Fuente: Aquí
En otro post ya hablaremos de los aspectos más técnicos así como de otro tipo muy interesante de edafodiversidad debida al arbolado. Nos referimos a los nanopodsoles.
Lamentablemente quedan muy pocos bosques primigenios: algunas tundras, bosques tropicales, etc. Muchos de ellos corren el riesgo de perderse por la deforestación. Dentro de poco nos costará reconstruir la dinámica natural de nuestros ecosistemas. Digamos tan solo que expertos en ciencias de la complejidad han demostrado como el tamaño de los huecos o claros, por la caída de árboles en bosques, da lugar a una distribución tamaño-abundancia de tipo fractal, por lo que tal estructura pudiera utilizarse como indicadora de la intensidad de este proceso edafogenético que va en contra de la horizonación del suelo, al que denominamos haploidización.
Juan José Ibáñez