Hoy, en el Boletín de Noticias de la Comunidad Autónoma de Madrid aparecía una noticia acerca de un documento realizado por expertos europeos sobre el Futuro de las Investigaciones Marinas, con especial énfasis en el VII programa Marco. Tras leerlo por encima, no puedo más que decir que no aporta nada que no fuera previsible. Siempre aprendes algo, por supuesto. Empero las deficiencias que, personalmente creo, que albergan los programas en este ámbito permanecen incólumes. Obviamente daré una perspectiva desde el punto de vista de un edafólogo y geoecólogo.
Fuente: UE
Como casi todos los documentos de la UE, se trata de un texto políticamente correcto y científicamente digerible. Con marcado énfasis en la aplicación de las nuevas tecnologías, se realiza especial énfasis en la contaminación, biodiversidad marina, cambio climático y explotación pesquera. Hasta aquí nada contundente que objetar, aunque albergo reservas sobre ciertos puntos. Me ha llamado la atención (por mi desconocimiento previo), las actividades extractivas (especialmente en algunos países como Holanda y Reino Unido) de gravas y arenas con vistas a la construcción. Empero poco se dice como afecta tal actividad a los “suelos y geoformas marinas”. Es cierto que el mentado informe reconoce la necesidad de estudiar la interfase tierra emergida-masas oceánicas, aunque el desconocimiento de la importancia del hábitat físico que suponen los sedimentos o suelos marinos en relación con la estructura y dinámica de los ecosistemas que soporta es, por decir algo más que pobre.
Como edafólogo, en esta bitácora vengo denunciando el desprecio de los ecólogos terrestres por “lo que no ven”, es decir por la vida que enraíza en el suelo y la que vive siempre bajo él. Hemos mentado en diversas ocasiones que o se estudia un ecosistema en toda su integridad, o jamás podremos obtener una imagen adecuada de su estructura, dinámica y evolución. En muchos de tales ecosistemas terrestres la mayor biomasa se encuentra bajo el suelo y no sobre él. En cualquier caso, los edafólogos hemos venido intentando rellenar este hueco a pesar de la desatención de los citados expertos. Como edafólogos sabemos las estrechas implicaciones entre suelos y vida, así como entre los primeros y las geoformas (modelado terrestre que concierne al ámbito de la geomorfología). A este conjunto lo llamaré de modo provisional “los soportes de vida”.

Fuente: UE
Resulta un tanto sorprendente que tal desatención sea mucho mayor en las ciencias marinas cuando no hay razón para ello. Es cierto que los geofísicos han estudiado diversos aspectos del modelado submarino (y aquí me refiero principalmente a la plataforma continental, aunque no descarto los fondos oceánicos). Sin embargo los ecólogos no atienden debidamente a la relación geoforma-“suelos marinos”-ecosistemas. Cuando tratan tales sedimentos o suelos lo hacen desde un prisma utilitarista (cuales son sus impactos sobre la vida, etc.), como mero sustrato. pero no por su interés intrínseco con vistas a entender la estructura de los ecosistemas. De este modo, reproducen el comportamiento de sus ecólogos terrestres. Por tanto, a estas alturas del siglo XXI, desconocemos prácticamente todo sobre la estructura, dinámica y procesos de (auto) organización de tales cuerpos naturales, así como su repercusión sobre la biota y la resiliencia frente a perturbaciones e impactos ambientales.
Con excesiva frecuencia (que va paulatinamente creciendo en épocas recientes) los investigadores confunden el progreso de la ciencia con las aportaciones dimanantes del uso de nuevas tecnologías, denostando el papel de hipótesis audaces que generen un conocimiento heurístico del ámbito de estudio abordado.
Las ciencias marinas requieren entender debidamente el papel y la organización de estas estructuras abióticas si pretenden llegar a comprender mejor como funcionan los ecosistemas. Dicho de otro modo, se necesita con urgencia una especie de “edafología de los sedimentos marinos”. El excesivo énfasis en el mundo vivo y la compartimentación de las ciencias, de tal modo que resulta difícil de relacionar el mundo abiótico con el abiótico es una tarea pendiente. Los edafólogos tienen mucho que aportar, y como veremos en otros post en USA ya han entrado con ímpetu en este tema.
En Estados Unidos, la frontera entre la zona terrestre litoral y los mares (en donde el mar se hace tierra y viceversa) ya ha despertado la atención de la comunidad científica en un campo emergente que se denominaría en castellano la hidroedafología. Desgraciadamente en Europa, las hipótesis heurísticas y las investigaciones de riesgo suelen brillar por su ausencia. Resulta curioso que los vocablos “hydric soils” and hydropedology no existan en castellano y sí en anglosajón (especialmente usadas en USA). Si no se lo creen usen su buscador habitual para encontrar gráficos como este (el que exponemos abajo). Ya abundaremos sobre este tema

Juan José Ibáñez