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jueves, 04 de enero de 2007

Como ya comentamos en otro post, podemos entender la megaedafología como el estudio la edafosfera a escala global, haciendo uso de la megatectónica o tectónica de placas. Tal contexto geológico nos puede servir con vistas a discernir entre geografía de suelos y megaedafología.  Seguiremos pues la propuesta ya descrita por los australianos Paton et. al., que ya describimos en otro post. Vamos a mostrar como se trata de una estrategia poderosa.

 

 

Animación de la Tectonica de placas

Tras la ruptura de Pangea-2

Fuente: Wikipedia.


 

De acuerdo con Paton et al. (1995), los principales factores que controlan la distribución de los suelos del mundo resultan ser la topografía y los materiales parentales o “rocas madre”. Yo, desde luego, añadiría también los tipos bioclimáticos, por cuanto estos dan cuenta de otros dos factores formadores, como lo son el clima y la vegetación como mencionamos en aquel post.  En cualquier caso, tanto los materiales litológicos como la fisiografía a escales regionales, están gobernados por la dinámica de la tectónica de placas. En Wikipedia Español aparece una animación muy ilustrativa del incesante movimiento de los continentes a lo largo de los tiempos geológicos. También aparece en la mentada página un enlace con vistas a capturar un video sobre los susodichos vaivenes continentales.

 

 

 

Masas Continentales que constituyeron

El Supercontinente de Pangea

Fuente: Wikipedia

 

Como comentamos tres son los segmentos de placa en los que podemos dividir las unidades continentales

 

SEGMENTOS DE PLACA Y AMBIENTES

(Modificado de Paton et al., 1995 e Ibáñez et al. 1997)

 

 

Segmentos de Placa

Influencia Ambiental

Márgenes Tensionales

Centro de Placa

Márgenes Compresivos

Materiales litosféricos

Basáltico

Granito

Mixto

Macrotopografía

Abrupta con plataformas

Suave

Abrupta (gran montaña)

Vulcanismo

Activo no-explosivo

Ausente

Explosivo

Sismicidad

Localizada

Débil

Regionalmente Intensa

Edafodiversidad

Baja-Media

Baja-media

Alta

 

 

 

 

Tipos de segmentos de placa

Fuente: Wikipedia Inglés

 

Por tanto, cabe preguntarse si la distribución diferencial de los grupos de suelos principales de la FAO podría explicarse en este contexto megatectónico, en función de la extensión que ocupa en cada masa continental, cada uno de los susodichos segmentos.

 

 

Placas Continentales Actuales

Fuente: Wikipedia Español

 

 

Relación entre tipos de suelos

Y continentes

Fuente Ibáñez et al. 1988

 

 

Como ya constatamos en el susodicho trabajo de Geoderma (1998) y explicamos en un post anterior, mediante análisis multivariantes, efectivamente, tal perspectiva explica en parte la distribución de los ensamblajes continentales a escala global. La afinidad entre las distintas unidades continentales, cuantificada por su composición de edafotaxa, recuerda los patrones litosféricos presentes al inicio del Mesozoico, cuando se inició la fragmentación del supercontinente Pangea 2.  En otras palabras, las unidades litosféricas ligadas por aquel entonces, siguen teniendo en la actualidad las edafosferas más afines. Este hecho sustenta la idea anteriormente apuntada de que, generalmente, los rasgos que caracterizan un sistema natural a escalas espaciales groseras (p, ej. continentales) se generan durante lapsos de tiempo prolongados.   

 

 

 

Fraccionamiento de Pangea

En Laurasia y Gondwana

Fuente: Wikipedia

 

Desde comienzos del mesozoico (entre 240 y 300 millones de años), los centros de placa se han mantenido más o menos estables. En otras palabras su superficie ha disfrutado de prolongados procesos edafogenéticos, con la salvedad de alguna interrupción, como la trasgresión marina sufrida a mediados del cretácico. También resulta vital señalar la acción erosiva de las glaciaciones pleistocenas en el paleocontinente de Laurasia y América del  Norte. Recordemos que Pangea consistió en un único macro-continente que fue segregando paulatinamente las diferentes masas que conforman los actuales. Pronto se dividió en dos fracciones, una derivó con el tiempo hacia el hemisferio norte (Laurasia) y otra al sur (Gondwana). Insistimos en que por la acción de las glaciaciones cuaternarias, la mayor parte de la antigua Laurasia perdió su profunda cobertura edafológica (erosión glaciar y periglaciar, así como la deposición de materiales de tipo loes), por lo que posee tipos de suelos más jóvenes y someros que los de Gondwana (más o menos de 10.00 años de antigüedad). De aquí, como vimos en el post anterior, que los análisis multivariantes muestren las afinidades edafosféricas entre Eurasia y Gondwana. Cabe recordar que la India fue una masa afín a Australia que derivó hacia el norte hasta colisionar con el sur de Asia, dando lugar a la Cordillera del Himalaya. No es casualidad que la misma afinidad se muestre entre las floras (a nivel de familia y género) de las unidades que conformaban la antigua Gondwana, por un lado y las de Laurasia por otro.

 

 

 

 

Distintas instantáneas Geológicas

Tras el fraccionamiento de Pangea

Fuente: Wikipedia Inglés

 

Seguro que alguno de vosotros puede alegar que tal explicación se encuentra sesgada por el hecho de que la deriva diferencial de Gondwana (hemisferio sur) y Laurasia (norte) lleva implícito que ambas unidades sufrieran distintos climas. Cierto. Empero tal hecho es una consecuencia de la deriva continental, por lo que tal causación vuelve a recaer en la tectónica de placas.

 

Obviamente,  tan solo hablamos aquí de los grandes rasgos edafosféricos, no de las estructuras y detalles cuya causación es más reciente o procede de otra dinámica. Simplemente hemos constatado como la megaedafología puede tener su razón de ser como disciplina independiente de la geografía de suelos o como subdisciplina de esta última. Finalmente cabe mentar que los resultados hubieran sido mucho más esclarecedores en el caso de que la FAO hubiera segmentado la edafosfera por segmentos “reales” de placa, y no por unidades continentales basadas en criterios geopolíticos. En cualquier caso, resulta ilustrativo analizar los mapas expuestos y compararlos con los resultados estadísticos que ya mostramos en el post anterior. De hacerlo las relaciones se vislumbran aun más claras.

 

En cualquier caso, por hoy es suficiente ¿no?

 

Juan José Ibáñez

 

12:12 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (11)

Como hemos podido observar [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8], para el inductivista ingenuo, la observación cuidadosa y sin prejuicios proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar un conocimiento científico probablemente verdadero, cuando no verdadero. Los argumentos que hemos venido exponiendo hasta el momento en los post arriba mentados (siguiendo a Chalmers, pero avalados por la mayor parte de las escuelas filósofas de la ciencia contemporáneas) no constituyen una definitiva refutación del inductivismo, en especial cuando resulta que muchas teorías rivales de la ciencia se enfrentan con una dificultad similar y conexa. Desarrollaremos ahora (también siguiendo a Chalmers y otras escuelas filosóficas) una objeción más seria a la postura inductivista, objeción que no entraña una crítica a las inducciones de las que se supone que se deriva el conocimiento científico a partir de la observación, sino a los supuestos inductivistas sobre el estatus y el papel desempeñado por la propia observación.

 

 

Fuente: Festón Science


Existen dos supuestos importantes inherentes al inductivismo ingenuo con respecto a la observación. Uno es que la ciencia comienza con la observación. El otro es que la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar el conocimiento. Criticaremos, en los post sucesivos ambos supuestos de diversas maneras y serán rechazados por varias razones. Pero, ante todo, describiremos una concepción de la observación sugerida por Chalmers que creemos que resulta adecuada, que es comúnmente aceptada y que presta plausibilidad a la postura inductivista ingenua.

 

Pero para empezar, preguntémonos: ¿Existen observaciones científicas que se basen en teorías científicas que las justifiquen? Podría ser que sí o que no. Todo depende de nuestra concepción preconcebida de la ciencia. Pero aun en el caso de que la respuesta pudiera ser afirmativa, cabrá preguntarse una vez más: ¿Existen observaciones científicas que no se sustenten en los supuestos o prejuicios de los investigadores inmersos en una cultura determinada?  Presupongamos de nuevo que la respuesta fuera afirmativa. En tal caso, nos viene a la mente un nuevo interrogante: ¿Existen observaciones científicas que evadan las estructuras innatas de nuestro sistema cognitivo? ¿Es que acaso la manera que tiene nuestra mente de prospeccionar el mundo y procesar la información son las únicas posibles?

 

En post precedentes, y especialmente en algunos de los incluidos en las categorías denominadas: “El Concepto de Suelos y Sus Representaciones”, “Taxonomías y Clasificaciones”, y “Etnoedafología y Conocimiento Campesino” tenéis abundante material para reflexionar, desde un punto de vista edafológico” sobre las cuestiones que aquí os he expuesto. Adelantemos que las respuestas a tal cadena de interrogantes es: ¡No! Empero el inductivismo no por ello, sigue dejando de ser un instrumento conceptual útil, aunque no plenamente veraz, con vistas a justificar el método y la praxis científica. 

 

Juan José Ibáñez

9:43 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)