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miércoles, 13 de diciembre de 2006

Una opinión que en apariencia es de sentido común, a la vez que es compartida por muchos investigadores consiste en asumir que el conocimiento científico es conocimiento probado. En otras palabras, las teorías científicas se derivarían, de algún modo, pero rigurosamente, de los hechos de la experiencia adquiridos mediante la observación y la experimentación.

 

La ciencia se basaría pues en lo que podemos ver, oír, tocar, etc. Las opiniones y preferencias personales y las imaginaciones especulativas no tendrían cabida en la actividad científica. La ciencia es objetiva. El conocimiento científico es conocimiento fiable porque es conocimiento objetivamente probado. Esta perspectiva es la que en la época actual parece ser la opinión popular más compartida de lo que es el conocimiento científico, tanto entre los investigadores como entre los profanos en la materia. ¿Es así? ¡Pues va a ser que no! Se trata de una escuela obsoleta e ingenua.

 

 

 

John Stuart Mill (Filósofo defensor de la Inducción)

Fuente: Wikipedia en Inglés

Guy Smith (Padre de la USDA Soil Taxonomy)

Foto: Cedida por Bob Ahrens (USDA)

 


Esta concepción de la ciencia se hizo popular durante, y como consecuencia, de la revolución científica que tuvo lugar fundamentalmente en el siglo XVII y que fue llevada a cabo por los grandes mitos actuales de la ciencia, como Galileo y Newton. Tanto el filósofo Francis Bacon, como muchos de sus contemporáneos resumían así su la actitud, estimulados por los éxitos de «grandes experimentadores» como Galileo. La concepción inductivista ingenua de la ciencia,  puede ser considerada como un intento de formalizar esta imagen popular de la ciencia. Se suele denominar inductivista porque se basa en un razonamiento inductivo Sin embargo la mayor parte de los filósofos y sociólogos de la ciencia consideran que es totalmente errónea, e incluso es peligrosamente engañosa. El adjetivo «ingenuo» es el adecuado para describir a muchos inductivistas, de acuerdo con Chalmers (1984). Personalmente, como otros muchos, también mantengo tal aserción. Pero vayamos por partes.

 

Según el inductivista ingenuo, la ciencia comienza con la observación. El observador científico debe registrar con sus órganos sensoriales (o expandidos por la instrumentación),  de un modo fidedigno, todo lo que pueda  sobre su objeto de estudio y debe hacerlo con una mente libre de prejuicios (pero, ¿realmente existe una mente humana libre de estos últimos?).

 

Los enunciados a los que se llega de este modo (los llamaremos enunciados observacionales o singulares) formarían pues, la base de la que se derivan las leyes y teorías que constituyen el conocimiento científico. La verdad de estos enunciados se ha de establecer mediante una cuidadosa observación. Los enunciados singulares, a diferencia de un segundo grupo ellos que veremos en breve, se refieren a un determinado acontecimiento o estado de cosas en un lugar y momento concretos. Las conclusiones directas así obtenidas constituirían  los denominados "enunciados generales" que expresan afirmaciones acerca de las propiedades o el comportamiento de algún aspecto del universo. A diferencia de los enunciados singulares, se refieren a todos los acontecimientos de un determinado tipo en todos los lugares y en todos los tiempos. Todas las leyes y teorías que constituyen el conocimiento científico consistirían en afirmaciones generales de tal guisa, y deberían   ser considerados enunciados universales.

 

Ahora bien, si la ciencia se basa en la experiencia, entonces ¿por qué medios se pueden obtener de los enunciados singulares, que resultan de la observación, los denominados generales que constituyen el conocimiento científico? ¿Cómo se pueden justificar las afirmaciones generales y no restringidas que constituyen nuestras teorías, en base a  evidencias limitadas constituidas por un número más o menos reducido de enunciados observacionales?

 

La respuesta inductivista consiste en alegar que, suponiendo que se den ciertas condiciones, es lícito generalizar una ley universal, a partir de una lista finita de enunciados observacionales singulares,. Las condiciones que deben satisfacer tales generalizaciones para que el inductivista las considere lícitas se pueden enumerar así (de acuerdo con Chalmers):

 

  • el número de enunciados observacionales que constituyan la base de una generalización debe ser grande
  • las observaciones deben repetirse en una amplia variedad de condiciones,  y
  • ningún enunciado observacional aceptado debe entrar en contradicción con la ley universal derivada

 

La primera condición exige la necesidad de tomar una gran cantidad de observaciones antes de que se pueda justificar cualquier generalización. El inductivista insiste en que no debernos sacar conclusiones precipitadas. La segunda condición resulta ser obvia, por cuanto pretende garantizar la generalización de la conclusión, mientras la tercera es trivial.

 

El tipo de razonamiento analizado, que nos lleva de una lista finita de enunciados singulares a la justificación de un enunciado universal, que nos conduce de una muestra a la población (“el todo”), se denomina razonamiento inductivo y el proceso se denomina inducción. Podríamos resumir la postura inductivista ingenua diciendo que, según ella, la ciencia se basa en el principio de inducción, que podemos expresar así:

 

Si en una amplia variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A, y si todos los A observados atesoran “sin excepción” la propiedad B, entonces todos los A tienen la propiedad B

 

Así pues, según el inductivista ingenuo el conjunto del conocimiento científico se construye mediante la inducción a partir de la base segura que proporciona la observación. A medida que aumenta el número de hechos establecidos mediante la observación y la experimentación, a la par que se hagan más refinados y esotéricos los hechos (debido a las continuas mejoras de las técnicas experimentales y observacionales, un número creciente de leyes y teorías, lograrán atesorar una mayor generalidad y alcance, a través del cuidadoso razonamiento inductivo. El crecimiento de la ciencia es continuo, siempre hacia delante, siempre en progreso, conforme aumenta el fondo de datos observacionales. Y así llegamos a las proposiciones o cánones de John Stuart Mill, muy didácticamente explicados en Wikipedia.

 

I. El método de la concordancia.

II. Método de la diferencia.

III. Método de la concordancia y diferencia.

IV. Método de los residuos.

V. Método de las variaciones concomitantes.

 

Hasta aquí el análisis inductivo tan solo logra una explicación parcial de la ciencia, ya que, con toda seguridad, una característica importante de esta última consiste en su capacidad para explicar y predecir. Seguidamente el inductivista debe derivar de leyes y teorías científicas. Con tal motivo debe hacer uso del la lógica y del  razonamiento deductivo. Este último paso será motivo de nuestro siguiente post en este “cursillo” sobre filosofía y sociología de la ciencia. A primera vista toda la argumentación expuesta parece razonable. ¿verdad?. Pues no lo es. Para terminar tan solo un ejemplo paradigmático. Lean ustedes como se sentaron las bases de la mecánica cuántica, por ejemplo. ¿Y si hablamos de la astronomía y sus agujeros negros?.

 

En cualquier caso, si alguien de ustedes espeta algo parecido entre un nutrido grupo de científicos experimentales, con toda seguridad, la mayoría de ellos asentirán gestualmente con la cabeza. Feyerabend nos diría: ¿No veis como esto parece un prostíbulo?¡¿Y encima son estúpidos!. Tranquilo Feyerabend, Tranquilo. Tampoco tu aportaste la solución definitivqa. Empero antes de él que comenzaron a desvelar las incoherencias de tal argumentación. Si todo fuera tan sencillo Sí podríamos decir que la ciencia estudia la realidad, como defienden todavía un número desmesurado de científicos arrogantes que no atienden al razonamiento de las humanidades y ciencias sociales.

 

Cuando uno considera estar en posición de la verdad no atiende debidamente a los razonamientos de otros. Lamentablemente este suele ser el caso de una buena parte de la comunidad científica. ¡Que le vamos a hacer! Somos humanos, y como corolario tontos y arrogantes. Empero no empañemos ni despedacemos a los antiguos defensores de la inducción: ¡ya han pasado algunos siglos! Y por aquel entonces sabíamos menos, tanto de la naturaleza, como de la mente humana. Ya pondremos ejemplos extraídos de la edafología al acabar con el capítulo de la inducción. Pero adelantemos que si alguien lee la introducción a la USDA Soil Taxonomy, sus arquitectos dicen orgullosamente seguir los cánones de J. S. Mill, que ya propuso Guy Smith. ¿Mamma Mia que barbaridad!

 

Juan José Ibáñez

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