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miércoles, 06 de diciembre de 2006

Siempre que se habla de contaminación de suelos pasamos a pensar en los tipos clásicos, y especialmente en la química y la biológica. Empero el progreso tecnológico parece inducir un incremento de la diversidad y complejidad, no solo social o de otra índole, sino también de los productos de desecho que generan y contaminan tanto nuestro cuerpo, como a la naturaleza misma. No es de extrañar, que la nueva clasificación de la FAO (WRB) haya tenido que crear el taxón tecnosuelos, que puede subdividirse en otros muchos taxones. La contaminación por residuos electrónicos está alcanzando una magnitud alarmante. Y lo peor es que suele exportarse a los países pobres bajo el lema: ¡Qué se contaminen ellos! Y luego hablamos de luchar contra la degradación ambiental. No contentos con contaminarnos nosotros echamos la basura a los desheredados. Esto es lo que la economía globalizadora ofrece. Mientras tanto en Europa, nuestros políticos siguen intentando buscar una solución para el tema, bajo el lema ¡quien contamina debe pagar! Si fuera cierto, el PIB de muchos países pobres subiría como la espuma. El caso de la contaminación por basura electrónica es uno entre otros muchos. El ejemplo de Estados Unidos es más que vergonzante, pero nadie quiere responsabilizarse. Veamos de qué estamos hablando y cual es su magnitud. Eso si, ahora “mola”, apelando a la acronimofilia, hablar de ciberresiduos: ¿En que trabaja usted?: Investigo sobre ciberresiduos. ¡Imponente!. También se la llama eufemísticamente la basura del siglo. Muy postmoderno el término. Y algunos ya ven un nuevo negocio. Tal ceguera selectiva comienza a ser la norma.

 

 

 

Vertederos electrónicos

Fuente: laverdad.es

 


Hoy intentaré ser breve. Bajo el necesario consumismo que impone la economía global-devastadora, uno debe cambiar tanto de móvil, como de aparatos relacionados, cada dos por tres. Lo mismo ocurre con los PC, PDA, etc. Tales artefactos llevan substancias contaminantes de diversa índole (mercurio, plomo, cadmio, etc., etc.) que contaminan gravemente suelos y aguas, y la cadena trófica de los ecosistemas, afectando a la salud, no solo de los recicladotes, sino de la población en general. Empero parece resultar que es mejor exportarla con vistas a que se contaminen los pobres. ¡Para eso están! Deben pensar los que toman las decisiones. Un síntoma más de su hipocresía.

 

 

Vertidos Electrónicos: Los nuevos paisajes de suyelos en el Antropoceno

Fuente: www.ambientum.com/.../RSLCTEUZ1.htm

 

La extensión de los vertederos o basureros crece a un ritmo más alto que el de la población, comenzando a ocupar extensiones impensables tan solo hace unos decenios. El reciclaje es una posibilidad que se utiliza, no lo dudo. Sin embargo, también es cierto que las noticias que nos llegan por diversos medios de comunicación son más que alarmantes. Muchos de tales productos son exportados. Hace menos de un año leía que su destino final era fundamentalmente el SE asiático. Ahora nos cuentan que va a África. Bajo la hipocresía imperante, no es de extrañar que dentro de poco se cree una ONG bajo el lema de “Basuras Unidas y Solidarias”. Eso si basuras muy contaminantes y ricas en vitaminas tóxicas.

 

La población de los países receptores es la encargada de “reciclar” tales productos. Pero claro está, sin medida alguna (o en el mejor de los casos insuficientes) y con un total desconocimiento de lo que “tienen entre manos”. Primero se hace rapiña de sus recursos, luego se les vende armas para que se maten y finalmente les contaminamos para rematarlos. ¡Tremendo!. Eso si luego nuestros políticos hablan de sustentabilidad.      

 

En Europa se quiere obligar a los fabricantes a que se encarguen de su recogida y reciclaje. Los pobres empresarios que podrán hacer ante las inadmisibles demandas de los gobernares: ¿se lo imaginan? ¡pues sí!, exactamente exportarla!.  En caso contrario tales empresarios deslocalizarían las empresas, llevándose los residuos, pero también los puestos de trabajo. ¿Qué harán entonces los políticos? Pues mirar hacia otro lado, no sea que se contaminen ellos también, además de perder votos.  Vamos, se podía poner un lema: ¡consuma tecnología y produzca basura: gracias!. Tambien existen otro tipo de ciberbasuras que debemos padecer cuando trabajamos con nuestros PC, ¿verdad?

 

Resumiendo, si somos incapaces de reducir beneficios para no envenenarnos, ¿Cómo vamos a demandar que hagan lo mismo con residuos más peligrosos, tales como los radioactivos? ¡Exportémoslos por Dios!. Sino, será una ruina económica. ¡Lo que nos faltaba!

 

Juanjo Ibáñez

Juanjo fumándose un “polonio” y rodeado de futuros ciberresiduos

16:43 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (73)

Vimos en una nota precedente, como un investigador puede hacerse famoso en ciencia sin despeinarse. Eso sí hacía falta previamente limpiar el campo de minas, por lo civil o por lo criminal. Se trataba de la “acrónimofalia” que parece que padecemos la comunidad científica en la actualidad. Estoy seguro que si un experto en estudios sociales de la ciencia realizara un buen trabajo sobre este tópico se haría famoso. No he encontrado el término en mi motor de búsqueda, ósea que ya sabéis que está acuñado para vosotros. Novedad de esta bitácora. Hoy hablaremos de un sistema más decoroso y fértil (para la ciencia, no para los intereses egoístas de un investigador) de alcanzar fama y gloria. Obviamente hace falta más “currele” y talento. Pero es de lo más eficaz si realmente se tiene tal talento y talante. Hablaremos pues de la regla metodológica, que no me sacado yo de la manga. Hay estudios serios sobre el tema y como podréis comprobar es de lo más lógico. Vamos a ver de qué hablamos. La ventaja es que basta un trabajo con vistas a conseguir el objetivo: estar en boca de todos y ser referenciado miles de veces.


Un investigador puede tener un gran talento, publicar resultados interesantes y no ser muy citado. Si tal investigador desea fama y gloria: ¿Qué debería hacer? Como ya mentamos en la nota anterior de cómo hacerse famoso en ciencia: asistir a congresos y ganarse al establishment es un prerrequisito más importante que atiborrarse a producir papers, por mucho que nuestros políticos científicos se empecinen en los papers. En esto no podemos cambiar nada. Ahora bien si nuestro talento, en lugar de investigar “otras cosas”, se dedica a desarrollar una metodología más barata y/o rápida y/o precisa de medir una magnitud, puede alcanzar un número de citaciones que le lancen a las estrellas.

 

Muchos aun no habréis caído en la cuenta de lo que estoy hablando.  Empero es algo de lo más trivial. Imaginémonos una rama científica en donde una determinada metodología es de uso casi obligado en determinados estudios (cuanto más básicos mejor). Pues bien, si diseñamos una forma, repitámoslo: más barata y/o rápida y/o precisa de medir una magnitud necesaria, y esta es aceptada por la comunidad científica, aparecerá citada en todos los estudios subsiguientes. Si se logra que sea un estándar internacional uno ya se puede tumbar a la bartola, tiene citas para aburrir. 

 

En el caso de la edafología, supongamos que se propone determinar la textura de los suelos por un método más rápido que el de la pipeta y más preciso que el de Bouyoucos., o el de la materia orgánica por uno que sea mucho mejor que el de Walkley-Black, entones pasarás a la historia si cuentas con la anuencia del establishment.

 

Me da mucha pena que mi amigo Enrique Barahona, no tuviera interés en popularizar su método para estimar la materia orgánica de los suelos antes de jubilarse. Me han dicho que era eficiente, rapidísimo y no requería un instrumental especial. Ahora tendría un colega “superfamoso”. “Hay tito Barahona, que pena más grande”.    

 

Lo dicho si tenéis talento y queréis fama y gloría buscar, dentro de vuestra especialidad una técnica de uso obligado, intentar mejorarla y agilizarla a la par que el procedimiento propuesto no requiera un instrumental especial. Luego hay que venderla. Buscar en laboratorio de reputación internacional que tenga que hacer tales determinaciones a miles y vender el producto. Hay muchas maneras.

 

El número de referencias de los artículos en donde se describen tales determinaciones crecerán exponencialmente. Los estudios bibliográficos que se han hecho sobre que tipos de trabajos son los más citados, no dejan albergar duda alguna.

 

Ánimo y mucha suerte.

 

Y aun cabe preguntarse: ¿No será que los españolitos hacemos caso omiso de la regla metodológica, por lo que somos pocvo citados, entre otras numerosas razones?

Juan José Ibáñez 

16:40 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (7)