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jueves, 23 de noviembre de 2006

Dicen que solo se ve lo que se sabe. Sin embargo, a menudo solo se sabe de lo que se ve. Es decir lo que es observable. Obviamente no estamos hablando de mecánica quántica. Sin embargo, en las ciencias de los recursos naturales y el medio ambiente, por desidia o ignorancia, existen estructuras y procesos que no han recibido la mención que merecen. ¿Cuántos estudios sobre raíces y biomasa que alberga el suelo se han publicado respecto a las que s encuentran sobre el? Una proporción muy exigua. ¡Insignificante!. Y sin embargo, tanto la biomasa radicular, como la profundidad hasta la que pueden llegar en su exploración del suelo, son de vital importancia en la dinámica de los ecosistemas, así como en el ciclo del hidrológico, del carbono y el de los nutrientes. Jamás se entenderán, más que fragmentariamente, los ecosistemas hasta que se trate con el mismo rigor y peso específico los subsistemas epigeos visibles (feno-sistemas) y los no observables (cripto-sistemas).  Veamos algunos datos y reflexionemos sobre ellos.

 


En este post, ya hablamos de las raíces y el suelo, mostrando un mapa mundial de su biomasa hasta los 30 centímetros. Pasemos ahora a analizar cual es su potencial con vistas a explorar la superficie del suelo en busca de agua y nutrientes, con especial énfasis en su poder de penetrar en profundidad en lo que hemos convenido en llamar el sistema suelo-regolito o Geoderma.

 

Candell y colaboradores (artículo en pdf. aquí), analizaron, por ejemplo, hasta que profundidad llegan las raíces de un grupo de especies vegetales representativos de los principales biomas del mundo. Tal hecho nos indica, cual es su capacidad con vistas a captar agua. Lógicamente tal búsqueda debe encontrase relacionada con la escasez del líquido elemento en superficie. Lo mismo podría decirse, con matices respecto a los nutrientes indispensables para el crecimiento de las plantas.

 

La profundidad máxima de enraizamiento fluctuaba desde los 0,3 m en las biocenosis de tundra, hasta los 68 m para algunas plantas del desierto del Kalahari (Boscia albitrunca). ¡Que pasada! ¿No? De las 250 especies de las que lograron compilar datos, 194 sobrepasaban los 2 metros de profundidad, 50 superaban los 5 m y 20 más de 10, alguna conquistando hasta los 68m mentados. El promedio a nivel global alcanzó los  4.6±0.5 m.  

 

La máxima profundidad de enrizamiento por bioma  para el espacio muestral testado fue el siguiente:

 

·         Bioma de Bosque Boreal: 2.0±0.3

·         Plantas Cultivadas: 2.1±0.2 m

·         Bioma de Desiertos: 9.5±2.4 m

·         Bosques y Formaciones de Matorrales exclerófilos: 5.2±0.8 m

·         Bosques Templados de Coníferas: 3.9±0.4 m

·         Bosques Templados de Cadufifolios: 2.9±0.2 m

·         Pastos y Estepas de Climas Templados: 2.6±0.2 m

·         Bosques Caducifolios de Climas Tropicales:  3.7±0.5 m

·         Bosques Perennifolios de Climas Tropicales: 7.3±2.8 m

·         Sabanas y Formaciones Herbáceas Tropicales: 15.0±5.4 m

·         Bioma de Tundra: 0.5±0.1 m

 

 

Si atendemos a los tipos estructurales de vegetación, el mencionado investigador de la Universidad de Stanford y sus colaboradores (uno de ellos de la Universidad de Buenos Aires: E. O. Sala) llegaron a las siguientes cifras de profundidad máxima:

 

  • Especies Arbóreas:  7.0±1.2 m
  • Especies de Matorral: 5.1±0.8 m
  • Especies Herbáceas: 2.6±0.1 m
  • Especies de cultivo: 2.1±0.2 m

 También constataron que los “hábitos” de profundidad de enraizamiento eran bastante similares para las especies herbáceas y arbóreas en la mayoría de los biomas, pero lejanos a los que convencionalmente venía asumiéndose en la bibliografía. Es decir los sistemas radicales de las plantas exploran muchos más metros a lo largo del perfil suelo-regolito de lo que se creía.  

 

Raíces sobrepasando las fronteras del suelo y explorando

decenas de metros en el regolito y saprolitas muy poco meteorizadas

 

Llaman poderosamente la atención los siguientes hechos. Los bosques y matorrales mediterráneos exploran hasta una profundidad mucho mayor de lo que se viene pensando. Del mismo modo me sorprende la enorme profundidad que alcanzan los sistemas radicales de las formaciones herbáceas y de sabanas tropicales. Pero lo que más me intriga son los datos de los bosques perennifolios tropicales, en donde el déficit hídrico no debiera ser un factor limitante, a no ser que la competencia por el agua, la gran evaporación  de una densa canopia (follaje en sentido amplio) estratificada pueda llegar a generar que al suelo llegue una escasa proporción del agua pluvial. ¿Será a caso la necesidad de buscar nutrientes, muy escasos en los suelos generalmente profundos, ácidos y pobres en bases de una gran extensión de la edafosfera de estos biomas? Generalmente se ha asumido, que las raíces más profundas absorben especialmente el agua y las superficiales los nutrientes.  Empero ya hemos visto que el conocimiento tácito depara sorpresas desagradables para los que se conforman con la bibliografía existente, por lo que no se puede dar nada por asumido.

 

 

Ecólogos y edafólogos medimos la humedad hasta 1 o 2m y nos quedamos tan orondos. ¡El suelo está seco! Mutuatis mutandis: paro de la actividad biológica por déficit estival ¿Verdad o mentira? Los datos son contundentes, o se mide hasta más de 7 m o no podemos decir nada. ¡Cuanta bibliografía indexada que no sirva para nada!.

 

Gracias Cadell, Sala y compañía por abrirnos los ojos. Yo lo barruntaba, pero no estaba seguro, aunque disponía de algún dato.

 

 

 

Fuente: www.sagpya.mecon.gov.ar

 

Insistimos que las fotos y gráficos se pueden ver más nítidamente en la Galeria correspondiente "Biomasa y Necromasa del Suelo"

 

Juan José Ibáñez

 

 

16:17 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (5)

Vivimos en un mundo en donde muchos científicos creen que los modelos numéricos pueden suplantar a la experiencia de campo. ¡Craso error! Los estudios de gabinete jamás podrán reemplazar a los trabajos en plena naturaleza realizados por investigadores bien adiestrados durante años de experiencia. Mientas en la televisión y los documentales de “National Geographics” se nos venden historias apasionantes de aquellos que intentan comprender la naturaleza “in situ”, en las revistas de impacto sus estudios no tienen cabida, a no ser que se realicen en sitios exóticos.

 

Durante la primera mitad del siglo XX (hasta finales de los sesenta) en España ilustres naturalistas que trabajaban en geobotánicas, principalmente fitosociólogos y ecólogos pastoralistas, así como algunos edafólogos, describieron muchas de las maravillas de la naturaleza en la Península Ibérica. Estos trabajos tienen un valor incalculable, a pesar que algunos denosten que estuvieran escritos en castellano y publicados en revistas españolas. ¡Que lástima! ¡Cuanta estupidez! Ellos sabían mucho más de la naturaleza que los actuales ecólogos atados a sus ordenadores, sofisticada instrumentación y modelos de simulación. La lectura de sus trabajos debiera ser obligatoria con vistas a entender nuestro entorno natural, así como las indisociables relaciones entre el hombre y naturaleza. La mente de estos naturalistas era mucho más pluridisciplinar y abierta que la de los actuales expertos, por mucho que se nos quiera vender lo contrario.

 

Pedro Montserrat Recoder


En el ámbito de la vegetación, podemos distinguir dos escuelas con su propia idiosincrasia. Mientras en las Universidades proliferaron los estudios geobotánicas y fitosociológicos, en el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC, con sede en Jaca (actualmente en Zaragoza y en la mentada localidad), ciertos investigadores iniciaron una línea de ecología pastoral y de áreas de montaña de valor incalculable. Entre los primeros cabría destacar a Salvador Rivas Goday y Emilio Fernández-Galiano, entre otros. Por lo que respecta a los segundos, en mi modesta opinión,  destaca la figura de Pedro Montserrat Recoder.  

 

Salvador Rivas Goday

 

Pedro Montserrat, por ejemplo, nos advirtió en numerosas ocasiones de los riesgos de la desertificación humana de los paisajes culturales y del subsiguiente abandono de tierras. Si los arquitectos de “la política agraria común” comunitaria (PAC) se hubieran leído sus consejos, otro gallo nos hubiera cantado y no sufriríamos ahora ni pérdidas de biodiversidad ni el estrago de muchos incendios incontrolados. Nuestros paisajes son cultura y este concepto de no termina de entrar en la cabeza de muchos expertos y políticos.

 

Del mismo modo, Montserrat, en una enciclopedia sobre la naturaleza de Aragón, describió la inestabilidad y peligrosidad del Barranco de Biescas. Nadie le escuchó. En 1996, muchos recordaréis que un camping a la salida del susodicho barranco fue arrasado, tras una gran tormenta, por la canalización de aguas que bajaron violentamente en una arteria que solo es operativa tras eventos muy extremos. El resultado fue un desastre humanitario tremendo que causó numerosas víctimas. Ahora acudiríamos al auxilio de modelos numéricos que raramente acertarían a diagnosticar y predecir tales catástrofes. Los sistemas naturales no son lineales, por lo que no puede predecirse con exactitud tales situaciones extremas.  Si se hubiera hecho caso a Pedro (personaje entrañable al que tuve el gusto de conocer y disfrutar en su salsa: el propio campo), muchas vidas se hubieran salvado. Se trata de un simple ejemplo. Tras el último grave maremoto que sacudió el SE asiático, los pueblos indígenas no contaminados por las sociedades modernas y sus turistas, salieron indemnes, mientras que los ya “culturizados” fueron sacudidos por la tragedia. Esa es la importancia de la memoria histórica, así como del patrimonio cultural de los pueblos aborígenes. Se trata tan solo de dos ejemplos entre otros muchos.

 

Actualmente, pensamos que alimentar una red neuronal de silicio con algo de información puede remplazar a las complejísimas redes neuronales de carbono adestradas durante décadas, que es lo que son nuestros cerebros. Cuanta ignorancia y arrogancia. Los jóvenes investigadores cada vez saben menos de campo y más de informática y modelos. Ahora bien, ¿como se puede conocer la plausibilidad de la predicción de un modelo, si somos incapaces de cotejar estos datos con nuestra experiencia? ¡Imposible!. Una lección que ni tras catástrofes como las descritas somos capaces de aprender. Ya se sabe el hombre es el único animal que tropieza de dos veces en la misma piedra. Lo malo es que tal conocimiento es denostado cada vez más por los cánones actuales de la ciencia, dejándose arrastrar por las modas. Y lo digo yo, que trabajo con modelos.  

 

Fue precisamente este último el que me hizo comprender que sin conocer las prácticas rurales autóctonas de la cultura mediterránea es imposible entender la naturaleza que podemos observar. Por sumarte los dos primeros autores mentados, entre otras aportaciones, analizaron las relaciones entre vegetación y suelos, como podéis ver en este enlace, que es tan solo un botón de muestra. Con independencia de que las clasificaciones de suelos que utilizaron estén en desuso, puede seguir aprendiéndose mucho de sus contribuciones científicas. Leer el trabajo y luego extraéis vuestras propias conclusiones.

 

Olvidaros de vocablos de moda, y leer estos y otros estudios semejantes con vistas a entender mejor los paisajes mediterráneos. Su modo de redactar dista del actual (florido, quizás un poco rancio), es cierto, pero sus apreciaciones son de un valor incalculable. Obviamente esta argumentación es aplicable a otros ámbitos geográficos.

 

Siento que hemos perdido una manera de investigar enormemente válida y que sería de gran valor en la actualidad. Afortunadamente el Open Access, nos permite rescatar ahora ciertas joyas de la literatura científica, previamente almacenada en revistas, muchas de las cuales han desaparecido.   

 

He encontrado un depositario de documentos  (Dialnet) en donde puede encontrarse abundante bibliografía de los innumerables trabajos que publicó Pedro Montserrat y colaboradores. Os sugiero que la visitéis y bajéis artículos cuyo contenido no ha sido superado por las modernas tendencias de la ecología. Hacerme caso y disfrutar del bagaje del entrañable Pedro. Quien considere que tomando y analizando muestras, con vistas a alimentar a posteriori modelos informáticos, entiende la naturaleza está más que equivocado.

 

El otro día leí una noticia en la que se decía que la actual Web, comenzaba a aproximarse por el número de nodos y conexiones a un cerebro humano. Así pues, ¿Por qué un programa de redes neuronales es mejor que un naturalista? Tiene menos capacidad, un software insignificante y está alimentado con mucha menos información. Sinceramente siento lástima por todos aquellos que sustituyen la realidad terreno por otra casi virtual. Una tipo de conocimiento debiera ser complementado por el otro, en lugar de desplazarlo. Insisto que el ser humano tropieza una y otra vez en la misma piedra o piedras: la arrogancia y la pérdida de la memoria histórica.  

 

Quede aquí mi homenaje para todos estos grandes naturalistas

 

Juan José Ibáñez

13:10 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (12)