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jueves, 02 de noviembre de 2006

Horace Freeland Judson cita la siguiente frase en su obra “Anatomía del Fraude Científico”: Lo más normal sigue siendo que los casos de fraude salgan a la luz por casualidad, y la magnitud del  problema nos preocupa”. El 7 de septiembre de 1997, el por entonces recién fundado COPE (Committee on Publication Ethics o Comité de Ética Científica), convocó en Londres una reunión a la que asistieron más de un centenar de editores de revistas científicas. Se trataba de analizar las conductas irregulares en el ámbito de la ciencia. Richard Smith, miembro del tal comité, espetó la frase mentada a un colaborador de Science. Durante aquel encuentro, Horacio fue informado de otro tipo de fraudes que a nosotros nos resulta menos familiar (quizás en nuestro país hace años…). En muchos Estados, a comienzos de los años 90, numerosos investigadores aun no sabían leer en inglés (conozco el caso de varios científicos españoles, algunos de los cuales son lamentablemente catedráticos). Un investigador polaco había generado fraude publicando, en su lengua natal, decenas de trabajos indexados (es decir en inglés) escritos por otros autores, relacionados con la medicina (plagiando casi al pie de la letra). También envió algunos en “anglosajón” a ciertas revistas europeas de bajo impacto. Unos daneses afectados lo detectaron y remitieron el caso a al Comisión de Improbidad Científica de Dinamarca, quien rápidamente comenzó a investigar el caso. ¿Cómo en España verdad?

 


Se trataba de un tal Andrzej Jendryczko, ingeniero químico y profesor de la Escuela de Medicina de Silesia. El caso pronto comenzó a recibir una amplia cobertura mediática en Polonia. ¿De cuantos artículos estamos hablando?: unos 140 en trece años. Como siempre, las autoridades polacas tardaron en reaccionar, si bien se vieron obligadas finalmente a expulsar al insigne plagiador, así como a pedir disculpas públicamente.

 

Se trata de un tipo de fraude de menor envergadura a nivel internacional, pero que nos pone alerta sobre que “los pobres también roban”. Hablo en sentido metafórico, por supuesto. Ahora bien, esta tipología también puede deparar muchas sorpresas. Insistimos en que la mayoría de estas prácticas deshonestas parecen haber sido descubiertas por casualidad. Empero de hecho, ya existen en el mercado, algunos softwares especializados, muy aptos para detectar en la Web tal tipo de actividades ilícitas. Horacio nos cuenta como en el futuro serán una herramienta esencial para indagar a cerca de la magnitud del fraude y la mala praxis en ciencia, especialmente cuando se logre instaurar la Web semántica. Y si finalmente, la comunidad científica opta por publicar en “Open Access”, las cosas se pondrán mucho más feas para los delincuentes.

 

Otro tipo de fraudes menores también son curiosos. Os expondré dos que me afectan personalmente.

 

Caso-1: Hace años en un Panel de Expertos de la CICyT, con vistas a evaluar proyectos del Plan Sectorial de Cambio Climático, me tocó revisar, entre otros, uno que me dejo obnubilado. Este incluía una amplísima introducción. Inmediatamente me di cuenta que el estilo de la redacción era mío. El redactor de aquel proyecto había plagiado más de cuatro páginas de una publicación extensa que hice sobre el tema en un libro publicado en castellano. La verdad es que algunos tienen mala suerte. Y más aun cuando la calidad del proyecto era pobre, eso si la introducción muy buena (jajaja, perdón por la inmodestia, es una broma). Ya que no podía ser aprobado, para que echar más leña al fuego. Me he dado cuenta que al final eres tu (el denunciante) el que resulta el conflictivo y quisquilloso a los ojos de muchos. Hay que reservar las balas para cuando realmente resultan ser necesarias.

 

Caso-2. Hace poco, al buscar en la Internet documentación acerca del tema de edafodiversidad, topé con un artículo publicado en una revista española por un “Científico de Excelencia”, que no un excelente científico, en el que se hablaba del tema. Conocía al tipo y especialmente por nuestros afamados choques de los que han tenido noticia las autoridades del CSIC. Casi siempre, sale escocido el porque es un bicho, pero también muy torpe. Resulta que antaño, cuando todavía no habíann comenzado las hostilidades entre ambos, manteníamos algunos negocios y le invité a confirmar una nota que saldría en una Revista de Divulgación Científica que en su momento editó el CSIC: Fronteras de la Ciencia y la Tecnología. El figuraba como principal autor, por cortesía mía ya que hice casi todo el trabajo, y fui expresamente invitado por el Presidente a redactar aquella nota larga o artículo corto. Pues bien, aprovechando que había unos pequeños comentarios sobre edafodiversidad en tal publicación, no dudó la oportunidad para seleccionar información de otros papers míos sobre el tema, incluirlos en su publicación y poner falazmente como referencia la mentada de Fronteras de Ciencia y tecnología. La verdad es que me resulta increíble observar como la gente es tan ruin. Este sujeto, tiene una fama inmerecida en la prensa y muy mala entre la mayoría de sus colegas, que ya le conocen. Por lo que sé no es la primera vez que ha hecho esto, ni será la última ¿A que entonces hacer este tipo de artimañas miserables que no sirven para nada, y que de hecho tampoco le benefician en absoluto?: no cuentan para el CV y encima si te pillan con las manos en la masa (…). Simplemente hay gente que es así de mezquina. Dan lástima. Yo ya he comentado a las autoridades del CSIC su comportamiento pero (…) el conflictivo soy yo, por denunciarlo.

 

Sin embargo, el tema de la edafodiversidad ha sido motivo de fraudes y praxis mucho más graves, como ya veremos. Yo creía que esto ocurría en otra galaxia, no en la pobre edafología, y menos aun a este miserable administrador. Os mostraré el fragante fraude y mala praxis de un par de editores de revistas internacionales de prestigio en mi ámbito. Vamos, que uno tiene un par de ideas, “posiblemente brillantes”, en su vida y a la primera comienza la marcha ¿Qué debe ocurrir en campos en donde la competencia es mucho más feroz?. Prefiero no pensarlo.

 

Hasta mañana.

 

Juan José Ibáñez

12:37 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (4)

La cantidad de carbono orgánico (COS) del metro superficial se encuentra significativa y positivamente correlacionada (en términos estadísticos) con el clima y la textura (a más arcilla, más COS). El contenido de COS es mayor bajo climas húmedos, fríos y con texturas finas. La proporción de COS en los primeros 20 cm. respecto al metro superficial, se correlacionaba positivamente con las cantidades de precipitación y negativamente con la temperatura. La estructura de la vegetación (pasto, matorrales y bosques) afecta no tanto a las cantidades sino a como se distribuye porcentual mente en profundidad, siendo más uniforme, en general, en los matorrales que en los pastizales y bosques. Del mismo modo, en los climas áridos, semiáridos y tropicales también se distribuye más homogéneamente en profundidad. Las repercusiones de la composición mineral del sistema edáfico en lo concerniente al almacenamiento y persistencia del COS, va ganando en importancia conforme se profundiza en los horizontes del suelo.

 


Continuamos hablando del secuestro de carbono en los suelos, siguiendo el análisis que ya comenzamos en los post [1, 2 y 3] Con vistas a analizar el almacenamiento de carbono orgánico en los suelos (COS), E. G. Gobbágy y R. B. Jackson utilizaron la base de datos WISE y NSDC, entre otras, conforme se describe en los las contribuciones mentadas en la línea anterior. Al objeto de analizar el secuestro de carbono en diferentes ambientes y usos del suelo (pasto, matorral y bosque) agruparon los perfiles edáficos conforme a la clasificación de biomas propuesta por el prestigioso ecólogo Whittaker, en 1977. Se trata de una taxonomía que divide la biosfera en 11 biomas distintos. Como ya mentaremos, Jackson y colaboradores hicieron lo mismo en 1996 respecto a la distribución de los sistemas radiculares.

 

Los mentados autores examinan en su publicación: 

  • las interrelaciones del COS con el clima aéreo y la textura a diferentes profundidades de los perfiles edáficos
  • testar la conjetura de si el tipo de vegetación es la principal fuerza conductora de las cantidades y distribución del COS a lo largo del perfil y
  • elaboran una síntesis sobre los contenidos y distribución del COS hasta tres metros de profundidad, a sí como las repercusiones de un cambio de vegetación sobre estas magnitudes.

 

Con vistas a conseguir tal objetivo compilaron una base de datos de más de 2 700 perfiles de suelos en diferentes biomas y bajo distintos tipos de usos. Esta es la razón que me ha llevado a seleccionar el presente trabajo: hasta tres metros de profundidad, algo inaudito por desgracia en la bibliografía. 

 

La hipótesis que testaron estos autores es que la vegetación (y más concretamente su bioforma o estructura (pasto, matorral y bosque) es el factor que más condiciona la distribución del COS en el perfil del suelo, mientras que el clima y la textura determinan en mayor medida los contenidos totales, pero no su variación en profundidad. Más concretamente, la producción primaria /descomposición de COS dan mayoritariamente cuenta de los insumos de COS en el sistema edáfico, mientras que el reparto de biomasa entre biomasa epigea / hipogea, y en esta última, la razón entre biomasa de raíces someras /profundas son las que determinan su distribución vertical. No obstante, si bien numerosos edafólogos expertos podrán inmediatamente objetar que conocen excepciones, tengamos en cuenta que la argumentación es razonable a escala global y para el conjunto de las grandes formaciones fisonómicas por biomas. 

 

Batjes, en 1996, con la base de datos de suelos de la FAO, comprobó un incremento del 60% de COS respecto al primer metro, cuando se añadía el segundo metro. Jackson cita que es el único antecedente hasta el año 2000 sobre el tema.  

 

E. G. Gobbágy y R. B. Jackson, en el año 2000, y Batjes, en 1996, obtienen diferentes resultados en lo que concierne el almacenamiento de carbono en los dos metros superficiales, siendo ostensiblemente mayores los de este último. Así, para el segundo metro, los primeros autores calculan un contenido de COS de 491 Pg, mientras que el último calcula que son 911. Por tanto los datos de E. G. Gobbágy y R. B. Jackson, para los tres primeros metros casi corresponden con los obtenidos por Batjes para hasta los 2 m.  Mientras que aquellos autores utilizan otra la clasificación americana y base de datos junto a extrapolaciones de acuerdo a una función potencial, el segundo usa las claves de la FAO, junto a datos reales pero con un menor número de perfiles.

 

Los resultados obtenidos E. G. Gobbágy y R. B. Jackson, mostraron que la cantidad de carbono del metro superficial se encontraba relacionada positivamente con el clima y la textura (a más arcilla más COS), siendo mayor para los climas húmedos, fríos y con texturas finas. Sin embargo, conforme se descendía en profundidad, a intervalos arbitrarios de 20 cm., desde la superficie, la correlación con la textura aumentaba en detrimento de las variables climáticas. Por su parte el porcentaje de arena se vinculaba negativamente con el COS a cualquier profundidad.

 

 

Al objeto de comprobar su hipótesis, E. G. Gobbágy y R. B. Jackson hicieron uso de un interesante trabajo sobre la distribución vertical en el perfil de los sistemas radiculares de las bioformas mencionadas, a nivel mundial. Este trabajo sí lo había leído y era sumamente interesante. A la hora de escribir estas líneas, me he dado cuenta de que se trataba del mismo Jackson. Esta claro que algunos publican mucho y no dicen nada en sus papers, mientras que otros publican poco pero con un trabajo de recopilación “bestial”, dando lugar a papers del máximo interés (otro abrazo virtual a este tipo).

 

No tenía noticia de tal trabajo cuando acudí al Congreso Mundial de Suelos de Filadelfia. Entre los cientos, por no decir miles (me daba vértigo aquella macroescala) de “posters”, estuve analizando los títulos de aquellos que versaban sobre este y temas afines. Intentaba sacar conclusiones sobre la distribución vertical del carbono en profundidad,  y a ser posible,  algo más. Menos de diez daban una información relativamente útil. En la inmensa mayoría “más de lo mismo”: cálculos de los 20 o 30 cm. superficiales y a correr. Experiencia frustrante. Cuando preguntaba a los autores el por qué de no analizar los suelos en mayor profundidad, tan solo recibí excusas y más excusas.  

 

E. G. Gobbágy y R. B. Jackson tan solo analizan los horizontes minerales, no los orgánicos que pueden estar sobre ellos (principalmente en los ecosistemas forestales). Estos últimos, albergan una cantidad de COS considerable, pero que generalmente se mineraliza mucho más rápidamente que en los primeros, por lo que no deben considerase como reservas de carbono a considerar para el secuestro del CO2 atmosférico efectivo (duradero).

 

 

Lo sabía, lo llevo diciendo a los colegas amigos que trabajan sobre el tema durante años. Pero ni caso, no me han hecho ni caso. Vemos los que nos dicen E. G. Gobbágy y R. B. Jackson.

 

En lo concerniente a la distribución vertical de COS, los mentados autores constataron que en términos porcentuales se repartía mejor en profundidad en ambientes desérticos y bosques tropicales caducifolios que en los bosques caducifolios templados (más someramente, es decir altos porcentajes en superficie y muy bajos en los horizontes sub- superficiales).

 

Si adicionalmente se tiene en cuenta la extensión ocupada por cada bioma, comprobaron que el bioma que más carbono almacenaba hasta tres metros de profundidad fueron los bosques tropicales perennifolios (158 Pg), así como los pastizales tropicales y sabanas (146 Pg).

 

E. G. Gobbágy y R. B. Jackson, constatan entre otras cosas (ya abundaremos sobre el tema), que los bosques en donde la razón biomasa aérea/subterránea es alta, la distribución vertical del COS es mucho más superficial que si ocurre lo contrario. Del mismo modo, muestran que la distribución vertical del COS en bosques templados (con raíces someras) es más superficial que en las estepas (pastizales s.l.), ya que las últimas  atesoran sistemas radicales que penetran a mayor profundidad. Del mismo modo, en los ambientes áridos y semiáridos, los matorrales tienen sistemas radiculares que profundizan más que en los pastos de dicho bioma, por lo que la distribución del COS en los primeros se distribuye más homogéneamente en profundidad que en los segundos. En otras palabras la variación en profundidad de raíces y COS se encuentran íntimamente relacionadas: una es indicadora de la otra.

 

 

 

Estos datos desmitifican la opinión vigente desde varios ángulos. Las asunciones de la mayoría de los expertos en la materia venían a mostrar que: (i) que los sistemas áridos y semiáridos son pobres reservorios de carbono; (ii) que los ambientes tropicales tampoco almacenas grandes cantidades de carbono y (iii) que las repoblaciones forestales son la mejor estrategia con vistas a secuestrar carbono de la atmósfera. Como veis ninguna de estas hipótesis aceptadas por la comunidad científica parece ser cierta, o al menos debe ser puesta en tela de juicio. Tan solo hizo falta paciencia, tesón y mucho trabajo, los datos estaban a disposición de todos. No era necesario dinero. Empero parece que los expertos no leen mucho, ya que siguen defendiendo las hipótesis asumidas, como si fueran materia de fe. No atacan los trabajos aquí mentados. Simplemente los ignoran. Este no es el talante científico que debe presidir nuestra actividad. Una vez mns nos topamos con la irracionalidad de la racionalidad científica.  Pero aún hay más, como veremos en sucesivos post.

 

Como suele ocurrir con las gráficas, estas se visualizan mejor en la Galería de Fotos: Biomasa y Necromasa en los Suelos

 

Para ampliar la información sobre este tema pinchar en el siguiente post, que incluye abundantes gráficos)

 

Juan José Ibáñez

11:56 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)