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jueves, 19 de octubre de 2006

Y seguimos a vueltas con los indicadores de sostenibilidad, con vistas a mostrar al ciudadano que la política ambiental en España es paupérrima, incluida la energética. Eso sí, que por planes de actuación no quede. ¿Y que hacen nuestros gobernantes? Al parecer poco o nada. Todo ello se desprende del “el informe de Sostenibilidad en España 2006, elaborado por el “Observatorio de Sostenibilidad”. Y tal documento lo deja bien claro: Una de las peores políticas ambientales llevadas a cabo en España es la que afecta a los suelos. Pérdida de suelo, contaminación, etc. siguen creciendo imparablemente, es decir de forma ¡sustentable! Algo es algo. Veamos como maltratamos a los suelos de este país. Insisto lo ratifica la Señora Ministra.

 


 

El portal del Medio Ambiente, sintetizaba así la situación:

 

El libro Sostenibilidad en España 2006, segundo que se realiza con estas características, señala que los aspectos a mejorar se centran, principalmente, en el mercado laboral, la eficiencia energética, el suelo y la emisión de gases contaminantes


El suelo copa otro de los capítulos del informe, en el que los autores recogen el fuerte aumento de la 'superficie territorializada' (la que pasa a dedicarse a uso residencial, comercial o de infraestructuras): un 30% en el periodo 1987-2000, previsiblemente elevado desde ese último año.


La contaminación también ha sufrido un aumento insostenible: la emisión de gases de efecto invernadero creció un 48% entre 1990 y 2004. Prácticamente todos los indicadores ambientales presentan situación negativa, aunque algunos evolucionan favorablemente, como el tratamiento de residuos urbanos, el reciclaje o la depuración de aguas.

Los autores recuerdan que un tercio de l
a superficie española tiene un riesgo de desertificación 'alto o muy alto'. Las regiones más amenazadas son Murcia, Canarias y la Comunidad Valenciana. La nota positiva la pone aquí la evolución de los incendios forestales: aunque siguen suponiendo un problema grave, la superficie quemada ha venido reduciéndose desde 1994.

 

Huir del 'cortoplacismo' en la agenda política

 

 

Como siempre se habla de los tópicos en boga, aunque no a veces por ello menos graves. No menta nada del tema de la contaminación de suelos, cuando sigue siendo tan preocupante como otros aspectos abordados. La cuestión aquí es que no hay cifras fiables con vistas a realizar una valoración precisa. Mejor así, ¿no? El MIMAN tiene fortuna en este aspecto. Empero el tema de suelos que me parece más preocupante del informe es el del sellado por asfaltamiento y desarrollo de infraestructuras. Como ya os comenté en otro post, fui el primero en sacar el tópico a la luz, ya en 1996, en la Agencia Europea de Medio Ambiente. Se me cerró la boca por aquél entonces. En nuestra bitácora tenemos una carpeta ex profeso para hablar de este tema “Pérdida de los Recursos Edáficos: El Sellado del Suelo”. En ella podréis encontrar 18 notas que versan sobre el tema.

 

 

Lo realmente preocupante es que son las Administraciones Estatal, Autonómicas y Locales las responsables de este desastre ecológico, se mire por donde se mire. Y tanto La Directiva de Protección de Suelos y la Estrategia Temática de la UE, reclaman una urgente legislación al respecto.  Obviamente algunas CC.AA. comienzan a reaccionar tibiamente en vista de la contundencia de los datos. La cuestión es que luego hagan cumplir la legislación, cosa que casi nunca ocurre. Por ejemplo, está prohibido desde hace tiempo poner nuevos cultivos bajo plástico en el SE de Andalucía, empero se sigue haciendo y el gobierno autonómo cierra los ojos. En el último enlace mentado, los datos de esta última CC. AA. son estremecedores, como también en esta otra nota: Más de la mitad de la costa andaluza es ya de cemento y hormigón. Tapar la contaminación mediante el sellado también parece ser otra práctica llevada a cabo. Luego vienen los campos de golf. Yo me pregunto ¿Qué hay detrás de los Campos de golf?. Pero ahora, cuando ya no queda espacio  al borde del mar, se intenta urbanizar a modo de una segunda línea de costa. Por lo menos allí, por ahora, no construyen Puertos deportivos. Pero quizás la estrategia de sellar la segunda línea de sea una adaptación al cambio climático, al estilo especulativo urbanístico, por cuando de continuar el incremento de las temperaturas, como consecuencia del efecto de invernadero, la primera quedará anegada por las aguas. Si casi todos los ciudadanos asumen que tal cambio climático es un hecho, ¿porque pagan dinerales con vistas a comprar un apartamento o un piso a la orillita del mar? Sinceramente no lo entiendo. O creemos en el cambio climático o no. De pensar que es una realidad las edificaciones de la primera línea debían estar devaluándose ¿O no? Y si no veamos los pronósticos que se muestran para dentro de pocos años en lo que concierne al litoral español. ¿Tiene todo esto algún sentido?. Sinceramente, que alguien me lo explique.

 

 

Lo que si aparece todos los días en los periódicos son los casos de corrupción de las administraciones locales en estos asuntos y, con demasiada frecuencia, con la connivencia de las autonómicas. Ni tan siquiera respetan las zonas protegidas por ley o los espacios naturales de gran valor ecológico. Ante este funesto y patético panorama uno ya comienza a dudar de la facilidad con que se corrompen los responsables municipales ¿No será que las empresas constructoras acuerdan primero con un individuo si les apoyaría en la especulación urbanística y luego le sufragan (de cualquier modo) la campaña electora? Ya cabe pensar de todo. Lo que sí esta claro es que a nivel local se genera la primera responsabilidad. Por lo que los gobiernos de las CC.AA., del Estado y los partidos políticos deberían tomar cartas en el asunto. En caso contrario todos son responsables. No me vale que unos se echen las culpas a los otros. Alcaldes y concejales urbanísticos deben ser controlados en estos asuntos por los partidos políticos a los que pertenecen.

 

Finalmente señalar que, justamente muchas de las CC.AA más ricas, y en especial las del este y suereste precisamente, que claman por un agua que no tienen con vistas a su agricultura, son las que riegan el suelo con los susodichos campitos de golf y las urbanizaciones. La codicia tiene un límite y éste ultimo se ha sobrepasado hace años.

 

 

Y el ciudadano compra o no. Empero en esta caso las administraciones dan el ejemplo más deplorable que se pueda imaginar. Primero preservan áreas naturales pos su valor. Tal iniciativa llama la atención del turismo hacia ellas. Después, saltándose las reglamentaciones, permiten que se urbanice en las mismas. Si no existe una clara connivencia entre la clase política y las empresas constructoras, desde luego parece todo lo contrario. Cada día, insisto, aparecen nuevas noticias. Una vergüenza.

 

Juan José Ibáñez

 

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