LoginRSS 2.0 Feed

lunes, 04 de septiembre de 2006

Razones personales me han conducido a un tiempo de silencio y reflexión. Lo siento, pero hay un hecho vital que no se puede obviar y nos llena de tristeza, sobre todo cuando las personas eran muy queridas.

 

Hacia el 20 de Junio hablamos de NEOMASA como el componente de SOM que se describe como compuestos humificados. Hoy y al cabo del tiempo voy a hablar de otro componente menos conocido: la glomalina, del que dudo si incluirlo en el apartado de SECRECIONES, ya que su lugar de formación es endógeno, pero su polimerización parece ser exógena, una vez muerto el hongo que lo genera y vertido su contenido citosólico. Su contenido en C supera entre 4 y 24 veces al contenido en los compuestos humificados.

 

Su nombre se deriva de aquel que define a un orden de hongos (Glomales) conocidos por extraordinaria capacidad para formar micorrizas arbusculares (una especial asociación entre hongo y raiz), y lo que es mas interesante, aparecen en todos los suelos del mundo y pueden asociarse con prácticamente todas las plantas alimentarias, ya humanas ya animales.

 

Su conocimiento se lo debemos al equipo de la Dra. Wright y al trabajo colateral Dr. Nichols (norteamericanos).

Hasta hace pocos años (10) este componente no existía como una parte de SOM en el conjunto de conocimiento de los compuestos que conforma el acervo estable de compuestos propios del suelo. No es un compuesto poli-aromático (rico en anillos bencénicos), sino un polímero conformado a partir de unidades de glicoproteínas de muy bajo peso molecular y cuya composición aun no ha sido desvelada.  Ellos buscaban otra cosa, la distribución, en el seno del suelo, de los metales con potencialidad tóxica y les llamó la atención un conjunto molecular capaz de retener en su seno hasta un 9% de Fe. 

 

Cualquiera podría pensar que si las micorrizas arbusculares son capaces de proporcionar un mayor aporte de Fosfato iónico, estimulando el crecimiento de la planta, también necesitarían del Fe para poder desarrollar todos los componentes de las cadenas respiratorias y un largo etc.  En este caso, los monómeros de glomalina serían generados y estarían actuando, en el ámbito micorrizado, como almacén de un nutriente potencial.  Los descubridores se preguntaban se estas moléculas podían también retener otros elementos como el Zn, el Cd y otros elementos, atribuyendo a estas moléculas una función de prevención de su acción tóxica, al actuar como distribuidores del metal hacia la planta, solo en el caso de que el elemento se precisara.  De hecho ya existe en las bacterias un precedente, la metalo-tioneinas bacterianas, que evitan la acción tóxica del metal, al limitar su disponobilidad metabólica, y que pasado un cierto tiempo, excretan al exterior el excedente molecular generado. 

 

Stevenson, en su clasificación mas reciente de la materia orgánica informa de dos fracciones de glomalina, dado que las ubica en dos pool de velocidad metabólica opuesta y extrema. Por un lado existen pequeñas cantidades de monómeros u oligómeros cuya vida media es corta, siendo susceptible de un metabolismo rápido, que aparecen durante el tiempo de vida del hongo micorrizante y que se asemejan a otros productos de secreción bacterianos, fúngicos y radiculares, siendo responsables de un incremento temporal de la capacidad de retención de agua en el entorno radicular y de la generación de unas formas de agregación de partículas minerales, en torno a las raíces, previa fluidificación del conjunto mineral que las rodea, facilitando de esta forma su orientación espacial y evitando efectos de cizalla, que rasgarían la raíz al cabecear la parte aérea de la planta. En estas circunstancias y con estos objetivos, la fracción de glomalina de bajo peso molecular ubicadas en el pool de metabolismo rápido, estaría agrupada con otras secreciones de origen muy variado.

 

La curiosidad, la tenacidad o la intuición llevó a los Dres Wright y Nichols a tratar a la fracción activa del suelo con una técnica específica y mixta, que liberara formas específicas de Fe amorfo y criptocristalino de forma simultánea. Someten a los agregados del suelo a una solución de oxalato y o citrato a una presión que permite alcanzar una temperatura de 121 ºC.   

 

Yo no sé si nuestros científicos estaban pensando en los primeros tratamientos hidrolíticos de glicoproteínas, cuando el gran químico Vogel, gran amante de la langosta, se pregunta porqué los caparazones se vuelven rojos tras un tiempo de cocción y tras un tratamiento hidrolítico halla la “quitosamina”, o bien cuando haciendo hidrólisis de glicoproteinas, obtiene un resto no hidrolizable al que llama “humina”.  Lo cierto, es que los Dres Wright y Nichols han sido capaces de distinguir a las moléculas básicas de glomalina, en sus productos mediante técnicas de inmuno-ensayo (Elisa) y reconocerlas y evaluarlas en la casi totalidad de los suelos del mundo.

 

Además se dan cuanta de que cuando muere la planta, y se rompen las pareces de área micorrizada, se genera un nuevo aporte (esta vez masivo) de glomalina, la cual polimeriza rápidamente, generando un elemento constructivo de alta resistencia a la degradación. Del polímero destaca una nueva propiedad, la adherencia, no observada en los oligómeros. Por lo que recibe el nombre de “supergloo” (superpegamento) del suelo.  Su tiempo de vida media es largo o muy largo por lo que el efecto estabilizador sobre los agregados del suelo se mantiene durante décadas.

 

Un rasgo de gran interés es su ritmo de acumulación. Se sabe que tomando una suelo con una cantidad de C de 1,3 mg/g de suelo en glomalina, al tercer año contiene 1,7 mg y al decimoquinto, se alcanza la sorprendente cifra de 2,7 mg/g suelo.

 

Haga Vd. mi querido lector, un pequeño ejercicio matemático (no voy a decirlo todo yo): Si un suelo tiene una densidad de 1,2 y al ámbito edáfico se le entiende que abarca la denostada o querida cifra de 25 cm ¿Cuantas toneladas de C se habrán acumulado en una hectárea al cabo de tres o de 15 años?  ¿Y en todas hectáreas cultivadas que hay en el mundo?.

 

Pasándonos a la fisiología vegetal, los valores que Vd ha calculado, debemos de entender que proceden de la atmósfera y que previamente ha sido retenidos y elaborados por la planta, para cedérselos al hongo micorrizante (su amigo).  Las cifras son apabullantes. Hasta el 60% del C fotofijado se emplea en esta empresa y sobre la marcha hay que pensar que al menos, en los conocimientos de que disponemos, esta C, cuando configura glomalinas poliméricas resiste un mínimo de 47 años  (la cifra es apabullante).

 

Estamos entonces ante una nueva función del suelo, la de retener el CO2 atmosférico y ante la posibilidad real de utilizar todas las plantas posibles de forma micorrizada (Rilling 2000).

 

No se porqué, pienso que nuestros colegas neozelandeses compañeros del Dr. Rilling están buscando en el seno de las Arqueoglomales (especies predecesoras del actual orden Glomales) dado que las plantas actuales cuando se micorrizan puede enterrar en el suelo cantidades tan altas de C atmosférico y las arqueoglomales trabajaban en una atmósfera mucha más rica en CO2.  Quizás si los estrategas de la agricultura agroenergética se fijaran en este hecho, a lo mejor convertían en factibles y positivos los balances ecológicos. El suelo ganaría en C y la biomasa obtenida sería mayor.

 

¡La biotecnología está al acecho!

 

Un saludo a mis pacientes lectores.  

 

Salvador González Carcedo

21:19 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (7)

Las características lito-fisiográficas de la Cuenca Mediterránea proceden de su posición fronteriza entre la placa Euroasiática y la Africana. Desde el punto de vista de la tectónica global, la Cuenca constituye  un “segmento compresivo de placa” (margin compressive plate segments). En ellos, las fisiografías son complejas, albergan una elevada diversidad de materiales litológicos y sufren una actividad sísmica que propicia, espasmódicamente, los mecanismos de deslizamientos en masa erosión natural. En consecuencia, constituyen un sustrato idóneo para albergar una elevada diversidad geomorfológica, edáfica y biológica (esta última derivada de la gran heterogeneidad de hábitats, causada por las otras diversidades mentadas). Sin embargo, los modelados superficiales y suelos son poco maduros, dada la gran actividad morfogenética que padecen.

 


La Península Ibérica, es una placa tectónica en si misma (Microplaca Ibérica) y, por lo tanto, podría atesorar los tres segmentos en los que pueden subdividirse toda ellas: centros de placa (plate centre), márgenes compresivos (compressional margin) y margenes tensionales (tensional margin), de acuerdo a la nomenclatura de Paton y colaboradores. De hecho, posee los dos primeros. Por su parte, España atesora los tres, ya que las Islas Canarias constituyen un margen tensional. De acuerdo a Paton y su pandilla, a nivel planetario (megaescala), la variabilidad y diversidad de la edafosfera está estrechamente condicionada por estas unidades. Dicho de otro modo, cada uno de los tres segmentos litosféricos mencionados, posee paisajes de suelos característicos. Se trata de un fenómeno geológico que se produce a escalas temporales de decenas de millones de años y a escalas espaciales continentales.

 

Cuando los climas mediterráneos afectan a los “centros de placas” (p. ej. Australia), caracterizados por una fisiografía poco accidentada, los procesos de erosión y desertización son manifiestamente menores para una presión humana equivalente. Estas unidades litosféricas, poseen los paisajes de suelos más evolucionados, profundos y homogéneos. No debe por tanto extrañar que, la vertiente atlántica no perteneciente a la cornisa cantábrica (en su mayor parte un centro de placa deformado por la Orogenia Alpina), sea la región de la Península Ibérica de mayores recursos edáficos.

 

SEGMENTOS DE PLACA Y AMBIENTES (Modificado de Paton et al., 1995, por Ibáñez et al, 1997)

 

Márgenes tensionales

Materiales litosféricos =   Basálticos

Macrotopografía   =   Abrupta con plataformas

Vulcanismo = Activo no-explosivo

Sismicidad =   Localizada

Diversidad edafosférica potencial =   Baja media

 

Centros de placa

Materiales litosféricos =   Graníticos

Macrotopografía=   Suave

Vulcanismo =   Ausente

Sismicidad =   Débil

Diversidad edafosférica =   Alta media

 

Márgenes Compresivos   

Materiales litosféricos =   Mixtos

Macrotopografía=   Abrupta con grandes cadenas montañosas

Vulcanismo =   Explosivo

Sismicidad =   Regionalmente intensa

Diversidad edafosférica = Baja

 

No debemos pues confundir clima mediterráneo con erosión y desertificación, como usualmente aparece en la prensa, y lo que es peor, incluso en la especializada. Lo que ocurre a nivel edáfico en la Cuenca Mediterránea no se debe esencialmente al clima, sino a su posición en el contexto de la tectónica de placas. Parece ser que muchos “Científicos de Excelencia”, que no excelentes científicos, no se “enteran” de hechos tan triviales como estos, que debían formar parte de su acervo cultural más elemental. Se dedican con tanto afán a autoalabarse y promocionarse, careciendo de tiempo con vistas a adquirir la cultura más elemental en el ámbito de su especialidad. Y la prensa, mientras tanto reproduciendo malamente sus sandeces.

 

Juan José Ibáñez

19:13 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Como mentábamos en la nota precedente sobre el fraude científico, una de las primeras regularidades sobre tal reprochable e ilícita prácica, resulta ser que el denunciante suele ser quien paga las consecuencias, mientras que el denunciado, a menudo culpable, sale incólume de la acusación. Los hechos al respecto son dramáticos. Si la justicia funcionara así, ¿os imaginaríais en que mundo viviríamos? Resultan por tanto irrisorias, las proclamas de nuestros “sacerdotes de la ciencia”, cuando defienden que la  práctica científica atesora los mecanismos para autorregularse así misma, con vistas a proteger su propia integridad.  ¡Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces! Empero  bajo este hecho se esconde, de facto, un modo proceder gravísimo que termina por afectar a las instituciones implicadas. A estas últimas se las puede acusar de connivencia. En consecuencia, de ajustarse a derecho penal, habrá que acusarlas a menudo de un encubrimiento punitivo.


La información y conclusiones obtenidas por Horace Freeland Judson, en su excelente monografía Anatomía del Fraude Científico, son al respecto irrefutables y avaladas por publicaciones del máximo prestigio.

 

Muchas carreras de investigadores, que pusieron en conocimiento las prácticas fraudulentas de algún colega a sus superiores, se han ido al traste al ser marginados por los “iguales”, o aquellas expulsarles (mediante vías más que sinuosas) de sus centros de trabajo. En el caso de los jóvenes investigadores, o de los científicos contratados, el resultado suele ser el fin de su actividad investigadora, el paro y frecuentemente graves daños psicológicos. No cabe la menor duda de la gravedad del tema.

 

Cuando comenzaron a salir a la luz pública los primeros casos de fraude en Estados Unidos, y  los imputados resultaron ser culpables, los juicios estaban atestados de otros “acusicas” que se habían visto obligados a dejar sus carreras científicas.  Estos, con lágrimas en los ojos, intentaban agónicamente comentar a periodistas y tribunales sus respectivos casos. Horacio “Tierra Libre” no escatima detalles. ¿Quién repara el daño profesional de estos afectados?

 

Los “popes” de las disciplinas científicas resultan tener un poder de autoridad que en la práctica deviene frecuentemente en el mero nepotismo. Muchos lo sabemos, pero muy pocos se atreven a decirlo en público.  Y lo peor es que, no se trata tan solo de los colegas, sino de las autoridades de las propias instituciones. Estas últimas, temiendo el escándalo y la pérdida de prestigio de sus universidades o institutos, suelen encubrir al infractor y castigan miserablemente a los que pretenden defender el “juego limpio”. Del mismo modo, las instituciones donadoras de los fondos estatales suelen ignorar cualquier demanda, a pesar de que los fondos de los contribuyentes todos los ciudadanos) son malgastados ruinmente por el estafador. Cabe preguntarse ¿Qué hacen las revistas científicas cuando se demuestra que los resultados y conclusiones descritos en las publicaciones científicas son falsos? ¿Y los coautores afectados? Pero estos temas serán motivo de otras notas específicas.

 

Horacio nos muestra un caso de un premio Nóbel declarado culpable, que había sido denunciado por una contratada a la que obviamente no se le renovó el contrato y se fue a la calle. Pero ella perseveró y al final todo salio a la luz. ¿Quién va a creer a una becaria fr5ente a un Nóbel? Ahora bien, ¿no deberíamos ser todos iguales frente a la ley? Se trata del famoso caso Baltimore del que Horacio, por su relevancia, nos aporta todo tipo de detalles. Y mientras tanto su Institución le nombró decano o Director del Centro Rockefeller, en Manhattan (NY). 

 

En la nota anterior, cuyo enlace os he proporcionado en la primera línea, mentaba la reacción de un director de centro, cuando otro investigador y yo como becario, le narramos un caso concreto. Hoy os narro otro ítem personal. A principios de la década de los 90, cuando trabajaba en mi primer proyecto del cual era investigador principal, envié una carta al organismo patrocinador señalando que un investigador del equipo se había gastado los fondos asignados para la tarea encomendada y no había vuelto a dar señales de vida, a pesar de mis reiteradas demandas. Como era de esperar, no obtuve respuesta. No se trata de un fraude en sí, pero en EE.UU. ya es considerado delito de mala praxis científica (yo diría que se trata de tergiversación de fondos). Algunos años después, alguien de la misma agencia me recordó el tema cuando era evaluador.  Yo le interrogué del porqué no se había dado ni tan siquiera un acuse de recibo a mi denuncia. La respuesta fue clara y rotunda: se trata de un tema muy delicado y no disponemos legislación al respecto ¿Pero nadie de los investigadores que lean estas líneas conocen casos similares? Seguro que prácticamente todos. Sin embargo, como me comentó el mencionado colega: es la primera notificación que recibimos de esta naturaleza en esta “casa”. Las conclusiones son pues obvias: todos somos culpables. ¿Actuamos por cobardía como encubridores? Pues va a ser que sí. Obviamente, a lo largo de mi trayectoria científica he vivido circunstancias peores. Como una que os narraré y que afecta a la dirección del Instituto Nacional de Meteorología, aunque otras muchas instituciones actúan de igual forma. Lo más lamentable es que, estamos tan acostumbrados, que ni tan siquiera pensamos que se trata de acciones punitivas (probablemente sea así, ya que no hay legislación al respecto), sino un mero capricho de las autoridades. Pero los papeles firmados y rubricados, con los compromisos adquiridos están ahí.

 

Algunos países ya han o están estipulando una legislación al respecto. ¿Y España?

 

Resumiendo, vamos viendo, y seguiremos abundando en que todos somos culpables., mal que me pese decirlo y que os duela u ofenda leerlo. Yo también, por supuesto.

 

Juan José Ibáñez

18:57 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)