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domingo, 03 de septiembre de 2006

Las vacaciones estivales me han permitido leer un libro que adquirí hace un par de meses y cuya lectura os recomiendo a todos aquellos quien se vanaglorian de la objetividad científica. Se trata de de “Anatomía del Fraude Científico”, escrito por un incuestionable experto en la materia, como lo es Horace Freeland Judson. Personalmente no albergaba dudas de que, en la investigación científica actual, diversos tipos de fraude, así como de otros hábitos reprochables, estaban adquiriendo una dimensión alarmante. Empero mis peores augurios se han quedado cortos. Empecé a leerlo con cierto regocijo, seguí con preocupación y terminé apesadumbrado. No cabe duda de que no se trata de casos aislados, sino de una verdadera plaga. Sirva esta nota como introducción a un tema que contradice las imprudentes e injustificadas proclamas de nuestros santones que no se cansan de mentir sobre las bondades de la prensa científica.


¡No! No, no son casos aislados. ¡No! No afectan a un pequeño número de investigadores frustrados ¡No! No se trata de personajes que incumplen aisladamente las denominadas sacrosantas reglas de la práctica científica. Afecta a todos los estamentos implicados en el desarrollo de la ciencia: autores, referees, editores, instituciones, etc. Implica desde becarios hasta Premios Nobeles. ¿Por qué no empezamos a reconocerlo en este país de una vez?  ¿Qué razones inducen a nuestros hipócritas “popes” a seguir mintiendo al ciudadano español? ¿Por qué no nos hablan de las decenas de artículos que aparecen en las páginas de revistas del calibre de Science y Nature, que muestran la gravedad del tema?

 

Mientras, como se ha apuntado en otra weblog de la CAM recientemente, la evaluación entre iguales genera más fraudes que los que soluciona, por lo que incluso Nature comienza a ensayar revisiones de manuscritos abiertas, aquí seguimos a por uvas. No se trata de un mero experimento. Comienzan a probarse otras formulas que reemplacen a las actuales, con vistas a evitar los fraudes y la mala praxis científica. Todo apunta a una revolución que ya se está fraguando y en la que el “open accesses”, incluidos los depositorios institucionales tendrán un papel relevante.  Mientras otros países están comenzando a empujar en esta última dirección, los españolitos científicos volvemos a ser comparsas de tercera fila. Quien lea las más afamadas revistas “open accesses”, tanto por la procedencia de los firmantes, como del número de instituciones que se adhieren a este movimiento diariamente, comprobará que seguimos siendo unos timoratos que nos conformamos con acatar los que otros con valentía han empezado a atajar. Pero no, nuestros santones y responsables de las políticas científicas siguen comportándose como los avestruces.  Por mucho que se tapen los ojos, la cruda realidad les obligará a tener que justificarse públicamente. Cuando se denuncie el primer caso grave que afecte a uno de ellos, estallará la bomba. Veremos que el mal denominado Sistema Español de I + D + i (no hay tal) no está preparado para afrontar la situación. A los avestruces parece ser que el refrán “cuando las barbas de tu vecino veas mojar …..” no les vale ¿Qué hace falta pues?

 

Horace Freeland Judson es uno de los mayores expertos en la materia, y en especial en todo lo concerniente a la biología molecular, biotecnología y las ciencias biomédicas. Se trata del Director del Centro de Historia de la Ciencia de la Universidad George Washington. Horacio es un historiador y sociólogo que por sus trabajos sobre el fraude científico fue merecedor de una Guggenheim Fellowship, habiendo colaborado sobre el tema en revistas como Nature, Cell, Lancet, Gene, etc, así como en la prensa genreral del tipo Time, New Yorker, etc. Ha sido testigo de excepción de juicios, mantenido entrevistas con acusadores y acusados de los mayores escándalos de la ciencia contemporánea.

 

Y yo os pregunto, a los profesionales: ¿es que no habéis sido testigos de practicas fraudulentas? ¿No tenéis noticia por alguna persona de confianza de estas? Pues yo sí, las he visto, las he sufrido y me han alertado numerosas veces de ellas, así de algunos colegas implicados. También las he denunciado, sin tener respuesta (en el mejor de los casos) por las autoridades a las que informé (UE, CICyT, CSIC, etc.). Como me dijo un director de un centro, cuando intenté ponerle al corriente de una que me nos afectaba a algunos becarios: “la cadena se rompe por el escalón más débil; y eso son los becarios”. ¡Amen!.

 

No engañemos más a nuestros lectores. En un mundo en donde los valores éticos tienen cada vez menos importancia, los científicos somos meros ciudadanos cada vez más tentados por alcanzar nuestros propósitos por los medios que sean. Numerosos investigadores (¿Cuántos?; no lo sé, pero sí que cuando más se hurga más se encuentran) no pueden resistirse. Somos parte (y reflejo) de una sociedad en que la corrupción cada vez se encuentra más extendida.

 

Esto es el principio de un tema que ya os anuncié que pensaba abordar extensamente en otra nota anterior. Seguidamente os puse un ejemplo que afectaba a una revista de suelos, así de cómo de alguna práctica, más o menos generalizada, que afecta a la ciencia española. Y quien no me crea que se lea el libro de Horacio antes de abrir la boca. Rico en información, enlaces y foros de discusión sobre la materia, etc., sus conclusiones son incontestables.

 

¡NO PONEWMOS SEGUIR ASÍ!

 

Juan José Ibáñez  

19:51 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (17)

Existen evidencias de que el clima mediterráneo emergió a escala geológica muy recientemente,  Hacia finales del Neógeno el clima de la Cuenca Mediterránea parecía ser de naturaleza subtropical con marcados contrastes estacionales,  pero carentes del pronunciado déficit hídrico que sufren hoy en día. Por tanto, la aparición del clima mediterráneo coincidió aparentemente con el engrosamiento de los hielos polares, hace aproximadamente 2,8 Millones de años, así como con el cierre del Estrecho de Panamá, que alteró la circulación general de los océanos. Sin embargo, actualmente, la mayor parte de los especialistas admiten que este tipo climático solo se asentó definitivamente durante el Pleistoceno, es decir con el advenimiento de las glaciaciones cuaternarias, mientras que los ensamblajes modernos de especies se iniciaron en el Holoceno (hace unos 7.000 años). De cualquier modo, los dos primeros procesos son consecuencia de la deriva continental.


La sensibilidad de los paisajes mediterráneos a la erosión y desertificación provienen de una multitud de factores que obedecen a diferentes procesos escalados en el espacio y el tiempo (en varios órdenes de magnitud). Como hemos podido observar, el clima mediterráneo es un fenómeno muy reciente a escala geológica (muy pocos millones de años) y, por lo tanto, también lo son algunas de las características que han propiciado la erosión y aridificación (vocablo más apropiado que el desertización) de los paisajes que albergan (torrencialidad de las precipitaciones, sequías e inundaciones recurrentes, etc.).

 

Tanto las propiedades como la sensibilidad de los climas mediterráneos, derivan de su situación en el contexto de la circulación general de la atmósfera. La Cuenca Mediterránea se sitúa en la frontera entre los climas templado-húmedos, asociados a las borrascas del frente polar (célula de Ferrel), y los secos del cinturón subtropical de altas presiones (célula de Hadley). Por tanto, es especialmente sensible a aquellos mecanismos que alteren las características o modifiquen la disposición latitudinal de estas estructuras convectivas de los principales fluidos terráqueos (en especial las altas subtropicales). Más concretamente, la vulnerabilidad de la Península a un cambio climático, como el inducido por el creciente efecto de invernadero, dependerá de la dinámica que ejerzan sobre ella las circulaciones polar y subtropical, así como de la alteración y extensión del actual desierto del Sahara (Luis Balairón Comunicación personal).

 

Seguidamente exponemos los rasgos ecológicos y paleoecológicos más relevantes de los paisajes de la Cuenca Mediterránea bajo este tipo de régimen climático, según este administrador y colaboradores publicó ya en 1996.

 

i.                     Localización geográfica de los ambientes mediterráneos en el marco de la circulación general de la atmósfera: fachada oeste de los continentes en latitudes medias.

ii.                   Gran diversidad de subclimas (conforme a la clasificación propuesta por Rivas Martínez)

iii.                 Gran diversidad en la tipología de los regímenes fluviales

iv.                  Ausencia (o escasa relevancia) de la morfogénesis glaciar

v.                    Gran edafodiversidad

vi.                  Gran biodiversidad de plantas vasculares y fitocenosis

vii.                Situación de la Cuenca en el contexto de la tectónica de placas: más concretamente en los denominados segmentos compresivos

viii.              Prolongada e intensa actividad tectónica y sísmica de la  Cuenca

ix.                 Gran heterogeneidad fisiográfica con abundancia de relieves montañosos

x.                   Resumiendo de (ii a viii): Una gran biogeodiversidad

xi.                 Gran número de tipos de paisajes lito-geomorfológicos con acusadas repercusiones sobre los paisajes de suelos

xii.               La naturaleza poligenética del modelado y los suelos se ha traducido en la ausencia de edafotaxas canónicos o característicos de nuestros ambientes

xiii.             Mayores similitudes de los paisajes de suelos y el modelado mediterráneos con los de los ambientes áridos y       subtropicales que con los de clima templado. Este aserto debe matizarse en función de la posición latitudinal (subtipo bioclimático)

xiv.              A causa de la gran susceptibilidad del clima mediterráneo (sobre todo los subtipos subhúmedos, seco-subhúmedos, semiáridos y áridos) frente a la erosión, los Litosoles y Regosoles, es decir los suelos muy someros generados normalmente por erosión de otros previos más desarrollados, ocupan una gran extensión

xv.                Aridificación general de los actuales ambientes mediterráneos desde el inicio del Cenozoico.      Paralelamente, desde entonces, se ha ido generando un descenso de la biodiversidad alfa y un aumento de las biodiversidades paisajística y regional. Algo parecido debe haber ocurrido con los suelos: aridificación, rejuvenecimiento de los paisajes de suelos (mayor abundancia de suelos poco desarrollados) e incremento de edafodiversidad paisajística y regional.

xvi.              Aumento brusco de los incendios naturales hace unos 5 millones de años, como consecuencia indirecta de la orogenia alpina

xvii.            El impacto milenario de las actividades humanas: el aclaramiento de la vegetación forestal como consecuencia de la agricultura, extracción de madera, pastoreo, incendios de bosques y matorral periódicos, fragmentación de los ecosistemas, etc.

xviii.          Coevolución planta-hervívoros intensamente guiada durante el Holoceno por la acción humana; mecanismos de especiación antrópicamente inducidos responsables de la acusada biodiversidad de estos ambientes en herbáceas anuales hombre

xix.             Dramático incremento de la degradación de los suelos (erosión, salinización, desertificación, etc.) por la acción       milenaria del hombre

xx.               Progresiva esclerofilización de la vegetación, forestal (sustitución de especies caducifolias y marcescentes por esclerófilas) ligadas a la erosión acelerada

xxi.             La alteración actual de los ritmos tradicionales de perturbación de los ecosistemas agrosilvopastorales genera diversos problemas ambientales  (p. ej. incendios forestales, pérdida de biodiversidad)

xxii.           Constante reducción de las zonas húmedas drenadas para uso agrícola y la preveción de la malaria (descenso de la cobertura de Histosoles y Gleysoles; pérdida de biodiversidad de especies higrófilas)

xxiii.         Extensión correspondiente de la línea de costa, especialmente en estuarios, marismas y albuferas como consecuencia del aporte de sedimentos en los tramos altos  (erosión) de las principales  arterias fluviales.

 

En cualquier caso, cabe mencionar que incluso muchos expertos tienden a confundir clima Mediterráneo con Cuenca Mediterránea, lo cual ha generado una serie de generalizaciones falaces. Por ejemplo, si un clima mediterráneo afecta a una región cratónicamente estable,  como sucede en el sur de Australia, la mayor parte de lo dicho hasta aquí carece de valor. En ausencia de un relieve abrupto, la erosión hídrica no alcanza, ni mucho menos, la magnitud que sufre en la Cuenca Mediterránea.  El clima por sí solo no ha sido el factor desencadenante  de la pérdida de suelo. Con independencia del hombre, un relieve abrupto y montañoso es esencial.

 

 Juan José Ibáñez

18:17 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (7)