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martes, 25 de julio de 2006

Ayer os comentaba en nuestra nota sobre clasificaciones de suelos y etnoedafología, que en el simposio celebrado en el Congreso Mundial de Suelos de Filadelfia (2006), que llevaba por título: “Indigenous Soil Classification Systems se habían presentado ponencias francamente interesantes. Si en aquella comunicación os mostraba los rasgos y la eficacia de las clasificaciones de suelos mayas, hoy también demostraré que lo mismo ocurre con la percepción espacial de muchos pueblos aborígenes sobre sus recursos edáficos. Los resultados que se presentaron con tal motivo en el susodicho simposio son fascinantes. Eso sí, cambiaremos de continente para adentrarnos en África.


En efecto, la incipiente disciplina de la etnoedafología comienza a ofrecer resultados sorprendentes. Este fue por ejemplo el caso de la disertación que llevaba por título: “Integrating Indegenous Knowledge and Conventional Soil Science Approaches to Detailed Soil Survey in Kaduna State, Nigeria”.  En ella, los autores muestran como  con la clasificación de suelos de una etnia de Nigeria, también jerárquica, utilizando la fisiografía como primera entrada, los investigadores actuales elaboraron un mapa sorprendentemente casi idéntico al que se podía confeccionar haciendo uso de la WRB de la FAO. Al contrario que en la comunicación sobre los conocimientos de los indígenas maya, de la que hablábamos ayer, los autores, Raji y colaboradores, fueron mucho más prudentes en sus aseveraciones sobre las bondades de los constructos de la gente de su tierra. Pero en cualquier caso, las propiedades y clasificaciones utilizadas por ambos pueblos, en sendas orillas del atlántico, se basaban más o menos en las mismas variables y eran jerárquicas. En otras palabras sencillas y apelando a los mismos recursos simultáneamente: fisiografía y suelos.  Es decir mostraban patrones similares. Sin embargo en este caso el orador se centró más en comparar los mapas de suelos que podían realizarse utilizando la clasificación moderna y la indígena que en la propia estructura de las clasificaciones. Puedo asegurar que el parecido era asombroso. De nuevo, se constata pues como los pueblos aborígenes poseían un conocimiento espacial de los suelos asombroso. Obviamente, no parece ser que ellos elaboraran mapas. Empero utilizando su clasificación, los resultados diferían tan solo en detalles de las modernas cartografías de suelos. En otras palabras, tenían una percepción espacial más que suficiente como para gestionar sus recursos edáficos en base a sus necesidades locales, en culturas bastante o totalmente autárquicas.  

 

Reitero que a pesar de la modestia del orador, los resultados mostrados eran espectaculares. Una vez más, no me resisto a incluiros el  resumen, por cuanto no sé cuanto tiempo durará la página Web del Congreso en donde se pueden leer los resúmenes de las distintas contribuciones. Lamentablemente, no dispongo de los mapas para poder demostrarlo gráficamente.

 

Integrating Indegenous Knowledge and Conventional Soil Science Approacges to Detailed Soil Survey in Kaduna State, Nigeria.

B.A. Raji1, W.B Malgwi2, V.O. Chude3, and F. Berding3. (1) Dept of Soil science, Ahmadu Bello Univ, Zaria, Nigeria, (2) Ahmadu Bello Univ, Zaria, Nigeria, (3) FAO Nigerian Office, Abuja, Nigeria

 

Farmers' knowledge about their soils and their management constitutes a complex wisdom system which if integrated with modern soil science could provide the necessary synergy for sustainable agricultural development. In a detailed soil survey carried out in Kaduna State, Nigeria, local farmers were incorporated into the survey teams along with scientists. Farmers were asked at each auger point to first describe and classify the soils after which conventional soil survey procedures were followed. The result indicates that farmers have a fair knowledge of their soils. They also use fewer categories in their non-taxonomic classification. Two levels of classification could be identified with topography or position in the landscape and inherent fertility as the first classifiers while soil colour and texture is the second. Based on their classification three soil units were each identified at the two sites while the scientists had three and four units at the two sites. Overall, the indigenous classification used morphological and physical properties of the surface horizon as their main diagnostic attributes. In the Jagindi site, farmers' were able to classify the soil units into Tudu Jar-Kasa and Tudu Yunbu for the soil units JD1 and JD2 respectively while the seasonally flooded unit; JD3 was classified as Fadama, an indigenous soil name that have found acceptance in scientific literature. Correlation would be easier with the WRB system which also place emphasis on morphological properties observable in the field as shown by the chromic subgroup in WRB and Jar (red) in the indigenous classification of soil unit JD1. The indigenous classification scheme in the study areas, though simple but was adequate in most cases to group soils into classes that could be managed using similar management practices re-emphasizing the use-oriented nature of indigenous classification. It is also obvious that the indigenous classification could not differentiate the soils on the bases of subtle differences especially in the subsoil which could affect internal drainage unless such are translated onto the soil surface. For sustainable development in the study areas and to improve communication between the scientist and the farmers, it is suggested that local soil name be integrated into the soil map legend.

 

 Juan José Ibáñez

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