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jueves, 20 de julio de 2006

El Sábado, 1 de Julio de 2006, en la Revista Electrónica Portal del Medio Ambiente, podía leerse la siguiente noticia: “Desertificación en España: una perspectiva crítica“. Como hemos ideo desgranando  en sucesivas contribuciones, existen Convenios Internacionales como el de la Desertificación, que por basarse en conceptos chapuceros terminan por hacer más mal que bien al medio ambiente. La noticia mentada, muy bien sustentada por la bibliografía, viene a avalar nuestros puntos de vista. Como veis, no son locuras de este administrador.  Todos los puntos mentados y defendidos en esta Weblog son avalados por artículos científicos de investigadores que antaño (pero no hace mucho años) trabajaron en macroproyectos sobre el tema. Sin embargo, como vimos en la última comunicación en la que hablamos de este tema; “Periodismo Científico y Desertificación: Mareando la Misma Perdiz Durante Décadas”, muchos científicos de excelencia, que no excelentes científicos, siguen “ere que ere” invadiendo la prensa de notas más que desafortunadas y tendenciosas sobre las amenazas de la desertificación.


Como son considerados erróneamente como grandes científicos, la Prensa y el propio MIMAN, se hacen eco de tanto dislate como si realmente fueran hechos científicos comprobados. Realmente cabe pensar si tales científicos galardonados por ciertos premios y distinciones tienen tiempo para leer o son realmente intoxicadores al objeto de obtener el mayor poder y fama posibles. Resulta lamentable que sigan recibiendo subvenciones para realizar investigaciones y/o que sean asesores de nuestras más altas autoridades en materia de medio ambiente.

 

La cuestión es que la Prense se hace eco de sus barbaridades y, finalmente el ciudadano llega a conclusiones erróneas sobre la naturaleza en España y su deterioro. Yo mismo cuando trabajé sobre el tema, era requerido en radio, televisión y prensa para hablar de él. Pronto me di cuenta de las incongruencias subyacentes al concepto de desertificación y cerré la boca ¿Por qué?. De haber hablado me la hubieran partido, así como desprestigiado con todos los medios al alcance del establishment implicado. Hasta que no cantaron las verdades Thomas y Middleton, responsables de la edición del Atlas Mundial sobre Desertificación, preferí guardarme las espaldas.

 

No: España no ha sido nunca una península en la que las ardillas podían ir de un extremo a otro saltando por las copas de los árboles. Esta claro que los Comentarios de Plinio, totalmente erróneos siguen haciendo daño tras milenios. Si fuera así como es posible que las áreas que se revegetan espontáneamente tras ser previamente usados por la ganadería extensiva pierdan biodiversidad? Pero resulta que quien se atreve a mentarlo comienza a ser criticado por todo el mundo, tal como le pasó a mi amigo José Luis González Rebollar, de la Estación Experimental del Zaidín. “Mal chico Pepe Luí: cierra el pico”. Y mientras tanto los intoxicadores gastando los dineros de las arcas del estado que pagamos todos.  

 

El Problema de las notas de prensa en los diarios nacionales, es que son realizados por periodistas desconocedores del tema y que creen que porque alguien atesore un premio está en posesión de le verdad.  Hay muchos así (al menos en materia de medio ambiente), lo que pone en tela de juicio o el rigor con el que se otorgan tales premios y distinciones. Aquí la dedocracia también deja su sello. Cuando el gabinete del CSIC me enviaba a periodistas (antes de caer en desgracia por polémico, por decir lo que pensaba) solían ser tan jóvenes que te tentaba tratarles como niños. Frecuentemente me preguntaba: habrán terminado la carrera universitaria?

 

La ciencia comienza a ser demasiado compleja como para responsabilizar a chavales tan tiernos de los dislates que se pueden leer en la prensa sobre la ciencia. El propio colectivo de periodistas especializados se queja del desinterés de los editores por las noticias científicas. Lo han dicho públicamente. Tal conducta constata que la ciencia sigue siendo una signatura pendiente para la sociedad española. Algo habrá que hacer. Considero que junto a periodistas especializados, los propios investigadores deberían tomar las riendas del asunto. Pero tal propuesta se encuentra con que el asunto deviene en “la pescadilla que se muerde la cola” (círculo vicioso). Sin apenas se dedica espacio a las noticias científicas, y si encima tan solo suelen escribir estos científicos de excelencias en las que la sabiduría brilla por su ausencia: ¿Qué se puede hacer? Algo se me ha ocurrido y veremos si es posible.

 

Pronto comenzaremos con los incendios forestales y sufriremos otra vez escuchando o leyendo una sarta de majaderías impresionantes. Sin embargo espero la ocasión para comenzar a poner el “cascabel al gato”. Hay borricos de excelencia que aun no se han enterado que atesoramos mucha más masa forestal que en la edad media y que la mayor parte de los incendios forestales se generan por mera necesidad (al margen de los intencionados en ciertas zonas muy concretas). Ya habréis leído que cuando un Parque Natural en Estados Unidos comienza a ser presa del fuego, sus gestores no suelen intervenir ya que se sabe (desde hace tiempo) que forma parte de su ciclo natural. Empero en España cada incendio se nos vende como una tragedia. ¿Es así? Tan solo algunos son realmente graves, la mayoría inevitables, debido a que las especies con las que repoblamos son pirofíticas (amantes del fuego), lo que significa que ser presa del fuego es indispensable para su supervivencia. Si nosotros ponemos el combustible, ¿Cómo es posible que luego nos quejemos?

 

Pues otro año más a padecer tal tortura, hasta que el ciudadano termina asimilando incendio con desastre ecológico. Pues va a ser que no. Tan solo en algunos casos muy concretos. No se preocupen el científico de excelencia de turno nos advertirá falazmente de la enorme magnitud de tal desastre ambiental. Ya se sabe que, además en verano hay menos noticias.  Los amantes de la cultura del “catastrofo” se van a frotar las manos Incendio = erosión = a desertificación (y por medio, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, sequías y cambio climático).        

 

 

Otras Notas sobre desertificación en esta Weblog.  

 

Semana de la Weblog “Un Universo Invisible Bajo Nuestros Pies” Sobre el Año Mundial de los Desiertos y la Desertificación

 

Desertificación: ¿Mito o Realidad?: Los Problemas Inherentes al Concepto de Desertificación

 

SOS: La Comunidad Autónoma de Madrid presenta un alarmante estado de desertificación

 

23:01 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Por mucho que se intenten elaborar clasificaciones y taxonomías “objetivas” (mejor diría neutras), la mayor parte de ellas poseen sesgos condicionados debido a los intereses u objetivos que sus arquitectos tienen in mente. Algunos de ellos son palmarios, como ocurre en las taxonomías edafológicas. Por el contrario, otros, son más difíciles de descifrar, como sucede en las biológicas. Ahora bien, las de suelos adolecen también de sesgos subliminales. Analizaremos ambos casos tomando un ejemplo de cada una de las clasificaciones mentadas. Tales hechos sesgan los constructos clasificatorios, de tal modo que son sistemas de información menos eficientes de lo que podrían llegar a ser.

 


Nadie duda que las taxonomías o clasificaciones de suelos sufran el denominado “sesgo agronómico”. Las clasificaciones y mapas de suelos, cuyas estructuras matemáticas, como intentamos demostrar, se encuentran estrechamente vinculadas, adolecen de estar construidas con vistas a su aplicación en agronomía. Obviamente, este hecho es positivo con vistas a la su aplicación práctica en agricultura. Nadie duda de que la edafología creciera como ciencia bajo el paraguas de la agronomía, con vistas a planificar la producción agraria. Este hecho se conoce como “Paradigma agronómico”. Sin embargo, tal sesgo se manifiesta de dos maneras diferentes que deben diferenciarse.

 

Por un lado, los criterios que son utilizados (horizontes y propiedades de diagnóstico) para fragmentar el continuo edafosférico, responden a intereses esencialmente agrarios. Todo edafólogo lo sabe. Sin embargo, lo que había quedado encubierto es que los tamaños de los taxa también lo están. En otras palabras, los taxones de mayor interés agronómico son  los de mayor tamaño, es decir los que poseen más subtaxa por taxón. De este modo, las ramas del árbol taxonómico más profusamente ramificadas corresponden a los tipos de suelo de mayor interés para la producción alimentaria. Como hemos mentado, este hecho genera una asimetría que perjudica la utilidad de estos constructos como sistemas de información. 

 

¿Pero que es lo que ocurre con las clasificaciones biológicas?  Pues resulta que, a menudo más de lo mismo. Por ejemplo, al analizar la taxonomía un grupo de nematodos fitoparásitos que viven en el suelo, encontramos que los mayores tamaños aparecían en aquellos taxa de mayor interés fitopatológico: los que causan mayores estragos (plagas) en los cultivos, y especialmente en aquellos de interés prioritario para la alimentación humana (cereales, patatas, remolacha, etc.). También es cierto que otras especies (las cosmopolitas), poseían tamaños de taxa grades. Ahora bien, la estructura matemática de la clasificación quedaba sesgada por tal sesgo utilitario, como en el caso de los suelos. Aunque parezca extraño, yo lo denomino “Sesgo de muestreo”. Me explico.

 

Los taxa de mayor internes fitopatológico, son obviamente los más estudiados, debido a sus implicaciones económicas (graves pérdidas en la producción de las cosechas).  Es decir, se dedican muchos más especialistas (taxónomos) para su estudio, que al de las especies no dañinas (que solo merecen la atención académica: como el análisis de la biodiversidad), a la par que se recolectan y analizan ingentes cantidades de muestras, hasta en los rasgos que pudieran parecer de menor relevancia. No se trata ya de identificar especies sino razas y patotipos de mayor o menor patogeneidad. Como corolario, el espacio muestral analizado es mucho mayor en estas especies dañinas que en las que no lo son. Por tanto, es inevitable que se tenga la posibilidad de estudiarlas con mayor detalle y precisión. ¿Quién iba a financiar estudios muy detallados de organismos diminutos que están, ahí, sin molestar a nadie? Más aún, por la propia dinámica de la ciencia contemporánea y, en especial, por el martillo demoledor de la política de “publica o perece”, la literatura taxonómica sobre los patógenos es ostensiblemente mayor que en las especies que carecen de “valor” (sobre esto habría mucho que hablar). Todo taxónomo pretende descubrir nuevas especies, razas, patotipos, y si llegan a acuñar nuevos géneros o familias, mejor que mejor. Hay que publicar amigos. En consecuencia, las taxonomías biológicas no son tan “neutras” como pudiera pensarse. En resumen, se presentan, describen y publican muchas más especies de aquellas especies que, directa o indirectamente, afectan al ser humano.

 

Finalmente hemos dicho que las especies cosmopolitas poseen también tamaños grandes en lo que concierne al número de subtaxa por taxón. ¿Se de un efecto similar en las clasificaciones edafológicas? La respuesta es sencilla: podría darse, pero no es así. Y no es así por la propia práctica de la edafología, que ya analizaremos en otro apartado. Como ciencia que ha sido considerada por casi todo el mundo como una disciplina eminentemente aplicada, los tipos de suelos que no interesan, se subdividen moderadamente (algunos son considerados “Cajas de Pandora”, como postula mi amigo Dick Arnold).

 

Debemos tener en cuenta también que las clasificaciones edafológicas son cerradas, al contrario que las biológicas. Son realizadas por un grupo de expertos concreto y nadie pueda añadir un nuevo taxa. Tales constructos son revisados periódicamente, pero de manera cerrada por el mismo u otro grupo de especialistas años después (La USDA Soil Taxonomy, va por ejemplo, por su séptima aproximación). Más escuetamente, no se puede publicar sobre el descubrimiento de un nuevo tipo de suelos, al contrario que en biotaxonomía.  Como corolario, casi nadie se dedica a ello (si no se puede publicar se cierra la disciplina). Ahora bien, cambiando algún criterio actual, bastaría para que algunos taxa sin interés agronómico se comportaran (en términos metafóricos) como lo hacen las especies  cosmopolitas, respecto al susodicho tamaño de taxa. Expondremos un ejemplo.

 

La FAO, clasifica los suelos someros y edafogenéticamente menos desarrollados, sobre rocas duras o materiales consolidados, como Leptosoles. Actualmente, debido a que no suelen tener casi ninguna utilidad (suelen ser producto de la erosión de un suelo más profundo y evolucionado precedente) se subdividen en pocos taxa. En otras palabras su tamaño es pequeño. Si por el contrario se subdividieran en tantos grupos como las litologías sobre las que se desarrollan, podrían clasificarse cientos de subtaxa y, en consecuencia, “considerarse” y  “comportarse” como las especies cosmopolitas. Al fin y al cabo, son cosmopolitas: se dan por doquier y en gran abundancia, recubriendo inmensas extensiones. Como es frecuente que, en muchos países desarrollados, la agricultura cada vez interesa menos desde el punto de vista agronómico y económico, mientras que comienza a despertarse el interés por su valor (y deterioro) ambiental, no es de extrañar que la FAO un día cambie de criterio y, mutatis mutandi: se subdividan de la forma que hemos narrado. Entonces habría una plétora enorme de Leptosoles.

 

Como podemos observar, incluso a este nivel, las taxonomías biológicas y edafológicas poseen más similitudes de lo que suelen pensar, incluso los taxónomos de ambos “bandos”.

 

Juan José Ibáñez      

22:51 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (3)

El día 16, vuestro corresponsal para la Bitácora Universo, desde Nueva York, terminaba su nota con la erudita frase extraída de una canción de “culto”: “Jesú, hay que caló, hay que caló, hay que caló ……”. Pues bien el día 17, se batió el record histórico alcanzado en 1999, llegando los termómetros el límite de 36.7 ºC. Este impresentable administrador que no soporta el calor, y menos aún el húmedo, ya sufrioó en Copenhague otro record en los años 70. Por mucho que huyo hacia el norte, es obvio que el mal fario me persigue. Llego hoy congestionado al hotel tras cuatro horas de un paseo sufrido por “Wall Street” y el solar debastado del “World Trade Center”. Pero a lo que íbamos, la “Earth’s Critical Zone” o “Zona Crítica Terrestre”, es entendida, por los “no entendidos” como un nuevo cambio de paradigma venido de no se sabe donde. ¿Resulta ser una visión revolucionaria? Pues ¡va a ser que no!. Lo que ocurre es que nuevamente, se pretende vender viejo vino, eso si nunca paladeado, en nuevas botellas.  El “U. S. Nacional Nacional Research Council”, en el año 2001, dio a luz tal concepto que yo previamente había publicado en 1995, 1997 y 2002. Tampoco quiero decir que sea personalmente un visionario. Lo único que hice fue rescatar y sintetizar (reunir) ideas que se venían promulgando dispersamente desde hacía décadas. En 2004, el edafólogo ruso laureado con la Medalla Dokuchaev (considerado el padre de la edafología), Victor Targulian, también realizó una propuesta semejante (Eurasian Soil Reserach 2006). Le hice ver que ya había publicado su propuesta pocos años antes. No le sentó muy bien en 2004. Ahora somos colegas que simpatizamos y le dí tres besos y un abrazo por su reciente distinción.

 


La cuentón aquí no estriba quien fue el primero: si Targulian, este administrador u otro edafólogo. En 2005, un tal Henry Lin, de la Universidad de Pensilvania, publicó en el Soil Science Society of America Journal (69: 1351-1353) una carta al editor en la que publicitaba el revolucionario concepto de “Earth’s Critical Zone” , cuyas referencias más recientes suyas sobre el tema era databan de 2005. Anunciaba las bondades de esta nueva visión de los suelos promulgada en 2001 por la NCR (el susodicho U.S. Nacional Research Council). Parecía que el era uno de los padres de la idea. Y tal actitud no es acorde con los cánones al uso en la literatura científica. Vamos que no tenía ni idea de la historia del concepto,  así como de sus avatares, defensores y retractores. Un nuevo novato ignorante que va de listo. No es cuestión que nos citara a mi a Targulian y a otros antes que nosotros. El problema es que sólo se autoreferenciaba él como si fuera el padre de la criatura junto a unos anónimos miembros del  U.S. Nacional Research Council. Lamentable y reprochable actitud en un científico.

 

Todas estas ideas (que yo autodefiní como Geoderma) pueden leerse, junto a una historia repleta de héroes olvidados, en mi contribución a esta weblog: Hacia un Cambio de Paradigma en Edafología. En esta última, se enlaza con el artículo de 2002 que presenté en el Congreso Internacional de Clasificación de Suelos Velence (Hungría 2002), si bien hay publicaciones personales en castellano de 1995 y 1997, que por desgracia (y por el momento) no las puedo incluir en un depositario de publicaciones de mi institución. Bajaros la publicación mentada (The search for a new Paradigm in Pedology: a driving force for new approacches in soil classifications) y podréis observar cuantas personas han defendido, desde hace más de 80 años, aspectos concretos de este autodenominado nuevo paradigma. Lin podrá ser llegar a ser un científico de excelencia, pero jamás un excelente científico. Lín confunde la velocidad (nº de publicaciones) con el tocino (creatividad científica), como ya os narré también en una reciente nota en esta bitácora.

 

Alguien me preguntaba anónimamente en la bitácora: “como se podía llegar a ser un investigador famoso”. Tal solicitud me pareció indigna: la fama antes que el reconocimiento honesto internacional o el trabajo honrado que Kuhn llama “ciencia normal”. Respondería a este navegante que siendo creativo y trabajando duro u actuando como Lin. O si no, que se presente a “Operación Triunfo”. El grave problema de la ciencia moderna es que se prefiere una efímera popularidad científica, que pasar a los anales de la historia de una disciplina por la creatividad, u otras cualidades de las que adolecen la mayoría de los científicos de excelencia. Estamos transformado nuestra actividad en un lamentable mercadeo repleto de oportunistas.

 

Ya os narraré desde Madrid como se corrompen ciertas revistas llegando a alcanzar altos índices de impacto de la forma más tramposa posible. Escándalo en Filadelfia que ha puesto en guardia a otras revistas aunque, lamentablemente hacían lo mismo, pero de forma más  sibilina, con vistas a no ser identificadas. Esto nos engarzará con los conceptos de “escuelas invisibles” y “criterios de autoridad” de los que hablan los sociólogos de la ciencia

 

Juan José Ibáñez,

Desde Nueva York como corresponsal de la Bitácora Universo

 

18:11 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)