Realmente no hemos inventado nada, como bien saben los expertos en energía nuclear. En un planeta repleto de cables de las más variadas guisas ahora resulta que tampoco hemos sido novedosos. Resulta que unos insignificantes hongos, desde hace cientos de millones de años ya habían inventado el cableado masivo. Eso si es muy discreto. Se encuentra en el seno del suelo. Nadie nos habíamos dado cuenta. Ni tan siquiera sabemos que longitud aproximada pueden llegar a cablear en un metro cuadrado de suelo. ¿Cientos de metros? ¿Varios kilómetros? ¿Cientos de kilómetros?, ¡A saber! Hablemos pues un poco de las micorrizas, que dicho sea de paso, pueden llegar a estar entre los organismos más grandes del mundo.
Las raíces de las plantas resultan ser unos sistemas exploratorios con potencialidades extraordinarias. Estas crecen y se ramifican continuamente durante los periodos activos del desarrollo vegetal, en búsqueda de los lugares en donde abunda el agua y/o los nutrientes. La forma y la disposición de las raíces de las plantas varían de acuerdo con las especies y las condiciones ambientales. Algunas especies de plantas concentran sus raíces en la superficie, otras en zonas intermedias o profundan en el suelo muchos metros, y finalmente, un tercer grupo explora simultáneamente varios horizontes edáficos. Tal variedad pudiera servir con vistas a reducir la competencia entre distintas especies que cohabitan en una misma comunidad (en la figura X hemos representado diferentes tipos de raíces, pero solo se `podrá ver cuando se arregle el sistema de weblogs). La renovación de las raíces terminales, exploratorias (buscar, disolver y absorber), que son las que poseen menores dimensiones, es extraordinariamente rápida. Sin embargo, las plantas necesitan explorar ingentes cantidades de suelo con vistas a obtener agua y nutrientes, para lo cual la rizosfera, de la que hablamos en una contribución anterior, resulta imprescindible. Muchos de los tipos de organismos que integran esta última (bacterias, hongos, levaduras, protozoos, etc.) son vitales en tal sistema exploratorio. Algunos de los últimos se asocian con las raíces (especialmente hongos y bacterias) con vistas a incrementar tanto el potencial exploratorio, como la disponibilidad de los nutrientes. Expliquemos de nuevo como, las raíces liberan al medio circundante pequeñas cantidades de compuestos orgánicos como azúcares o aminoácidos, que favorecen el crecimiento de diversos microorganismos a su alrededor, generándose esa comunidad enórmemente compleja a la que llamamos rizosfera.
Los microorganismos favorecidos por los “regalos” alimentarios de la rizosfera pueden a su vez agradecérselo a la planta, al acelerar la solubilización de nutrientes de la fracción mineral del suelo, o de la materia orgánica descompuesta o también, como sucede con ciertas bacterias, fijando el nitrógeno atmosférico. A veces la asociación con microorganismos es más estrecha que la de una simple rizosfera. Así, por ejemplo, las bacterias fijadoras de nitrógeno pueden vivir en el interior de las células de la raíz de las leguminosas o de algunas especies de árboles, matorrales y herbáceas. Pero la cosa no queda ahí. Va mucho más allá.
En muchos casos, los sistemas radiculares o radicales se asocian con hongos que viven formando apretados tejidos sobre su superficie (figura) y/o pueden ramificarse penetrando en los propios tejidos de las células radicales. Estos hongos, lejos de causar daño, son por lo general benéficos, ya que aumentan la superficie de absorción de la raíz con sus propios filamentos (hifas), facilitando a su vez la adquisición de ciertos nutrientes como el fósforo y el calcio. A cambio de ello, los hongos reciben parte de los nutrientes orgánicos que las plantas producen en la fotosíntesis. Se trata de los hongos micorrízicos o sistemas micorrizógenos. Una plétora de especies vegetales atesora tales sistemas, como los propios pinos y encinas, entre otros muchos, sin cuya colaboración no podrían crecer y sobrevivir. También presentan micorrizas casi todos los árboles de las selvas tropicales. Por el contrario, a mayoría de los cultivos de plantas de vida corta carecen de micorrizas, o éstas se encuentran poco desarrolladas. La abundancia y densidad de las micorrizas aumenta en aquellas regiones que presentan escasez crónica de algunos nutrientes, como ciertas selvas ecuatoriales sobre suelos muy pobres, del tipo de los Oxisoles, Ultisoles, Plintosoles, etc.
Debido a las razones mentadas, el estudio de las micorrizas ha despertado gran interés, tanto en selvicultura, como en la piscicultura y agricultura (que de cultura no se trate), así como en biología de la conservación, por cuanto numerosas comunidades naturales, depende más de estas asociaciones de lo que antes se pensaba. En la figura X se ilustra la manera en que los filamentos de los hongos y las células de la raíz se ponen en contacto en un tipo particular de micorrizas, ya que existen distintos tipos bien diferenciados de estás últimas.
Los mecanismos de ahorro de nutrientes, las defensas contra herbívoros, las asociaciones nutricionales con microorganismos en las raíces y un crecimiento más lento que en otros lugares más fértiles, hacen posible que existan plantas silvestres creciendo aun en los suelos extremadamente pobres.
Resumiendo: ¿cuales son los principales beneficios que ofrecen las micorrizas a las plantas y viceversa?
En el caso de los vegetales:
1) Incrementan el área exploratoria de los sistemas radicales.
2) Incrementan la potencialidad con vistas a la captación de agua y nutrientes como fósforo, nitrógeno, potasio y calcio del suelo.
3) Incrementan la tolerancia de las plantas a las variaciones del edafoclima, así como a la elevada acidez (pH muy bajo) en ciertos tipos de suelos, causadas, ya sea por una levada saturación del complejo de cambio por el aluminio, magnesio y azufre (esté último muy abundante en ciertos edafotaxa encharcados o sumergidos, como los que acaecen en los manglares).
4. Proveen protección contra ciertos parásitos radiculares tales hongos patógenos y nematodos. Ambos pueden causar graves daños en los cultivos y formaciones forestales.
5) Inducen relaciones hormonales que generan que las raíces captadoras de nutrientes permanezcan fisiológicamente activas por más tiempo que las raíces no micorrizadas.
En el caso de los hongos:
Reciben principalmente carbohidratos y vitaminas desde las plantas, es decir nutrientes esenciales para su vida, que por si solos no pueden generar.
Como vemos este inmenso cableado subterráneo, supera al que pudiera haber en las casas más ricas en aparatos eléctricos. Ahora bien, si los hogares pueden mantenerse con un cableado moderado, una buena parte (quizás todos) nuestros ecosistemas no. La vida que observaríamos sin estos cableados biológicos sería muy diferente de la que hoy podemos observar.
Cuando más avanzamos en la comprensión de la naturaleza, más nos tienta la idea que el hombre más que inventar redescubre lo que la vida consiguió cientos de años atrás. Tanta arrogancia intelectual y (…)
Juan José Ibáñez
Con los cables cruzados
Nota: Mientras el sistema de las Weblog del Sistema de la Comunidad Autónoma de Madrid esté en el hospital, os recomendamos que utilicéis un buscador del tipo Goodle, pongáis la palabra clave (por ejemplo micorrizas), y una vez tengáis acceso a los documentos deis a la lengüeta imágenes. Es mucho más enriquecedor que las pocas imágenes que nosotros pudiéramos añadir.