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viernes, 30 de junio de 2006

Tal como se pronuncian nuestros “Científicos de Excelencia”, que no nuestros excelentes científicos, se antoja que el número de ISI papers es indicador de “excelencia”. Nada más lejos de la realidad. Generalmente, desear publicar mucho se me antoja un signo de debilidad, al menos en muchas disciplinas científicas, como es el caso de la edafología. Ya que uno no tiene talento, pues démosle a la churrera para aparentarlo. Y así se ha apuntalado un sistema en que Cervantes sucumbiría ante vulgares escritores de novelas rosa o policíacas. Cuándo se habla de Einstein, u otros genios de nuestra época, se les recuerda por una, dos, tres, o cuatro contribuciones como máximo. De hecho, una es más que suficiente si es rompedora o revolucionaria. Todo investigador sabe sobradamente, que, la gran parte de la literatura ISI, esta repleta de contaminación, es decir por artículos que a lo suma han sido citados por los propios autores en alguna ocasión ¿hay que estar orgullosos de ello? Modestamente pienso que no. Un sistema que priva la mediocridad de este tipo, a la que he denominado en varias ocasiones como “mediocridad cualificada” no va por el buen camino. Lo que se necesita son trabajos pioneros, que rompan los esquemas del establishment. Y son estos últimos trabajos, los que justamente resultan más difíciles de publicar. A veces, se requieran años antes de que sean aceptados. No lo digo yo, analizar la historia de la ciencia y os daréis cuenta. Es mucho más frecuente que los autores de grandes descubrimientos o contribuciones sean mal tratados e incluso vejados por sus colegas en el establishment. La vida de los genios está repleta de frustraciones y amarguras. La de los denominados científicos productivos es cómoda o fácil. Exactamente como lo que estáis pensando ahora. Lo mismo que les ocurre, por lo general, a los grandes monstruos del arte o la literatura les pasa a los investigadores geniales.  Veamos el ejemplo de Ewart Adsil Fitzpatrick.

 


Por tanto, no se trata de publicar mucho, sino de publicar bien. Gastar las energías en la primera actividad conlleva secuestrarla de la segunda y así no debe articularse jamás un Sistema de I + D + i. Claro está es mucho más difícil juzgar a un creador que a un mediocre (como probablemente lo sea yo).   

 

Aprovechándonos que Fitzpatrick, presentó sus softwares en nuestra Weblog, analizaremos el CV de uno de los edafólogos más laureados y reconocidos del mundo. Medalla Dochaufour y Medalla Kubiena. Un edafólogo no puede aspirar a más. Pues bien, Fitz, comenzó a publicar en 1954, un año antes de que naciera este mediocre administrador. A lo largo de su dilatada y fructífera carrera, Fitz ha publicado unos 36 ISI papers (si he contado bien), es decir poco más de 0,5 ISI papers al año. Cuando le dieron su primer gran galardón, No el Kubiena, ni el Duchaufour, sino la Medalla de Plata de la Soc. Británica de las Ciencias del Suelo, Fitz había publicado aproximadamente 16. Con esa cantidad en España a lo peor ni pasaba las pruebas de ingreso a la escala de científico titular del CSIC. Fitz, también parece haber rehuido ser miembro de Grupos de Expertos y otras zarandajas de que tanto alardean los “científicos de Excelencia”, que no los “científicos excelentes” (repitámoslo ad nausean, a ver si se nos queda grabado en la mente). Por el contrario, la docencia y la divulgación sí le interesaban. De ahí sus magníficos libros de texto, entre otros productos.

 

Vemos pues la gran falacia de los buscadores de fama y gloria. Recrearos en la utilidad de los sistemas de valoración de nuestro sacrosanto sistema de I + D + i. Muchos de los que nos dirigen, encubren su mediocridad al peso. Si la selección del personal investigador se hiciera por criterios de calidad, capacidad innovadora y creatividad en lugar de lo que ellos denominan “excelencia, “otro gallo nos cantaría”.

 

Muchos de los jóvenes edafólogos que debieran concursar a plazas del CSIC (como no las hay pues mejor no hablar: no es lo mismo edafología que ciencias del suelo, por mucho que se empecinen algunos) les exigen casi el mismo número de publicaciones que ha publicado Fitz en revistas de impacto, en 52 años de actividad profesional (nuestro amigo tienen muchas más en otras revistas que llevan el marchamo ISI, varias de ellas en castellano).

 

Antonio García Bellido, que solía sentarse a mi lado en el Comité Científico Asesor de la Presidencia del CSIC no se cansaba de decirlo, ante la imperturbable mirada de los que sabían que no iba a triunfar ya que ellos estaban allí por el peso de sus publicaciones.  Intento recordar una frase de este afamado científico. Algo así como:  ¡Yo, a los jóvenes investigadores procedentes del extranjero, que llegan a mi despacho pidiendo trabajo, no les pregunto cuantas publicaciones han realizado, sino a donde querían llegar y porqué caminos. No me importa que fracasaran, la cuestión es que buscaran algo original y de forma coherente”. Lástima que no tengamos muchos Bellidos como gestores o diseñadores de políticas científicas nacionales, y sí muchos cantamañanas; perdón quería decir “científicos de excelencia”.

 

Seguro que, en otros ámbitos del saber conocemos a famosos científicos con un número escaso de ISI papers, lo que suele ocurrir es que como ya tienen fama damos por supuesto un CV voluminoso, pero frecuentemente no es así). Uno de ellos es Stephen Gay Gould, despreciado por muchos colegas por saltarse el sistema de pares y publicar directamente numerosas de sus brillantes ideas en libros de divulgación. Espero que podamos hablar de él, ya que tengo un libro en el que el mediocre de turno arremetía contra su persona por esta “saludable” actitud. ¿Porqué no publicar estudios de gran brillantez y originalidad de tal modo que sean asequibles directamente a la mayor parte de los mortales? ¿No nos demanda la UE divulgación científica hora? Sencillamente porque al establishment no le gusta que nadie escape a su poder, y mucho  menos los investigadores geniales que les ponen a menudo en entre dicho.

 

Juan José Ibáñez

17:55 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)

Los edafólogos denominamos cronosecuencias a los patrones de concatenación de suelos en el paisaje condicionados por el factor tiempo. Se dice que un paisaje o asociación de suelos es una cronosecuencia cuando todos los factores formadores del suelo (litología, clima, biota, fisiografía, tiempo y actividad humana) no varían excepto uno: el tiempo. En esta contribución analizaremos tales estructuras, con un cierto énfasis en las que aparecen en los ambientes mediterráneos. Se han presentado varias alternativas, tanto para este bioma como para los restantes. Veamos que podemos aprender.


Las cronosecuencias, como hemos mentado, nos informan como el factor tiempo influye en la evolución de los suelos que aparecen en una determinada área geográfica., bajo en mismo material parental, una litología similar, una biota más o menos idéntica (al menos en el momento de la génesis de tales edafotaxa) y una fisiografía estable, es decir en donde los procesos de erosión se encuentran ausentes o son insignificantes. Generalmente, una topografía llana o geomorfológicamente estable es requerida. Podemos encontrar estas condiciones en los sistemas de superficies geomorfológicamente y cronológicamente encajadas, tales como glacis y penillanuras sistemas, sistemas de terrazas fluviales y marinas emergidas, morrenas glaciares generadas en diferentes episodios temporales, etc.

 

Generalmente una cronosecuencia nos informa de cómo la edafogénesis, bajo un determinado ambiente bioclimático y litológico, va dando lugar a diferentes tipos de suelos temporalmente secuenciados. Cuando el clima ha variado, (actualmente hablamos de cambios climáticos) también resultan ilustrativas de los cambios climáticos a lo largo del tiempo, sin embargo, en este último caso, varían dos factores formadores simultáneamente, por lo que suele resultar más difícil establecer tanto la importancia del factor tiempo, como las relaciones cusa efecto, si no se dispone de dataciones cronológicas precisas obtenidas por otros medios (paleomagnetismo, dataciones isotópicas, termoluminiscencia, etc.).

 

Como es lógico, las superficies más jóvenes albergan los suelos menos evolucionados, mientras que las más viejas los edafotaxa más desarrollados. Tenemos preciosos ejemplos en los sistemas de terrazas del río Henares, al norte de la ciudad de Madrid. Estas han sido intensivamente estudiadas y existe una copiosa bibliografía al respecto. La llanura aluvial alberga pues los suelos más jóvenes, mientras que las viejas superficies planas divisorias (a menudo las denominadas “Rañas” del plioceno) los más maduros y profundos (varios metros de solum).

 

Tradicionalmente, se estudiaban perfiles aislados y se establecían los patrones de evolución de los suelos con el tiempo. Se asume que en los periodos glaciares la evolución fue muy escasa, al contrario que en los interglaciares, por lo que la edafogénesis se realizó esencialmente durante estos últimos. También se presuponía que la mayor parte de los interglaciares gozaron de un clima mediterráneo semejante, lo cual no parece ser cierto. En cualquier caso, la tendencia general de la disposición de los edafotaxa no parase ser alterada, aunque resulta más difícil extraer conclusiones de lo que se presuponía cuando se publicó la ecuación de los factores formadoresc de Jenny, en los años 40.

 

Más recientemente (década de los 90), Asunción Saldaña, (actualmente en el Departamento de Ecología de la Universidad de Alcalá de Henares) antigua becaria predoctoral que sufrió a este impresentable administrador, realizó su tesis doctoral en las terrazas del Río Henares. Pero al contrario que en los trabajos precedentes, realizamos muestreos de áreas homogéneas mediante instrumentos geoestadísticos, obteniendo así mapas detallados bidimensionales yb tridimensionales de segmentos de tres terrazas. Tal actividad permite conocer también si, con el tiempo (y ausencia de erosión), la cobertura de suelos se diversifica o converge hacia un tipo de suelo denominado zonal.

 

Los suelos zonales son los que caracterizan u un determinado ambiente, son idiosincrásicos de ellos. Actualmente, tal concepto ha sido muy cuestionado. Los suelos zonales existen sin duda alguna. Sin embargo, en mi opinión ha sido más el abuso de tal concepto que este en si mismo, lo que ha llevado a su descrédito, a los ojos de muchos edafólogos.

 

Pues bien los resultados obtenidos nos mostraron una cronosecuencia clara desde la llanura de inundación a hasta la última terraza. Pero lo más interesante es que pudimos mostrar como el número de edafotaxa (riqueza) y su diversidad (índices de riqueza-abundancia) aumentaban con el tiempo. Los conceptos y las herramientas con vistas a analizar la edafodiversidad han sido suficientemente explicados en esta weblog (ver notas agrupadas en la galería de diversidad).  Este hecho está de acuerdo con la edafogénesis divergente [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8] propuesta por mi amigo J. Phillips, como consecuencia de la no linealidad (sistemas complejos) de las estructuras edafológicas.

 

En cualquier caso existe un obstáculo muy frecuente para analizar tanto la edafogénesis como la evolución divergente en cronosecuencias que como las estudiadas por nosotros, recogen periodos de tiempo muy prolongados. Debido a que los sistemas de clasificación de suelos actuales se basan en la descripción de perfiles de calicatas de un metro (FAO) o dos metros (USDA) de profundidad, no es infrecuente que se encuentren “aparentes” anomalías. En efecto, a manudo en las superficies más antiguas los “solum” alcanzan varios metros de profundidad, situándose algunos de los rasgos edafológicos más antiguos más allá de la zona de descripción habitual. Cuando uno detecta que esto ocurre, deberían excavarse perfiles de varios metros, lo cual es muy costoso económica y logísticamente.   

 

Un tipo de catenas descubierto recientemente por este administrador en colaboración con William Effland de la USDA, se genera en ciertos tipos de archipiélagos insulares, como lo son las Islas de Hawai, y ya fue explicado hace unos meses.

 

Las cronosecuencias son muy ilustrativas en docencia, con vistas a explicar como los suelos evolucionan con el tempo en áreas geográficas muy delimitadas. El problema estriba, como con las toposecuencias previamente descritas, en que resulta casi imposible fijar todos los factores formadores excepto uno (en este caso el tiempo), por lo que debemos conformarnos con aproximaciones y un cierto grado de incertidumbre. Ya lo dicen las ciencias de la complejidad, pequeñas sensibilidades a las condiciones iniciales o de contorno pueden hacer divergir exponencialmente los sistemas hacia cuencas de atracción (atractores) distintas. En otras palabras tales pequeñas diferencias pueden dar lugar a suelos completamente distintos con el devenir del tiempo. Pero en esto consiste la edafogénesis divergente propuesta y testada por Phillips y por Saldaña y este administrador.

 

Juan José Ibáñez

15:58 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (4)