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martes, 27 de junio de 2006

Los edafólogos denominamos toposecuencias a los patrones de concatenación de suelos en laderas o vertientes en general. Se dice que un paisaje o asociación de suelos es una toposecuencia cuando todos los factores formadores del suelo (litología, clima, biota, fisiografía, tiempo y actividad humana) no varían excepto uno: la fisiografía. En esta contribución analizaremos tales estructuras, con especial énfasis en las que aparecen en los ambientes mediterráneos. Se han presentado varias alternativas, tanto para este bioma como para los restantes. Veamos que podemos aprender.


A escala de laderas, en las regiones áridas y semiáridas, se han encontrado relaciones manifiestas entre edafotaxa, cobertura vegetal, materia orgánica y capacidad de retención de humedad por el suelo. Sin embargo, como veremos en esta contribución, los mecanismos implicados, además de complejos, aún no han sido esclarecidos con precisión.

 

En la bibliografía, pueden encontrarse numerosos modelos que pretenden explicar la dinámica edafogeomorfológica de las laderas en distintos tipos de ambientes. Sin embargo, ninguno de ellos, por si solo, es capaz de explicar la enorme diversidad de estas geoformas en los paisajes mediterráneos (y en otros). Las causas deben buscarse en el gran número de subtipos climáticos que acaecen bajo la denominación de clima mediterráneo, desde  los hiperhúmedos, con más de 1.000 mm de precipitación media anual, hasta los áridos con menos de 200. Realizamos un trabajo de recopilación sobre el tema a finales de los noventa que quedó enterrado en el baúl de mis recuerdos. El otro día lo encontré y os presento una síntesis. En el extenso borrador mentado, se enumeraban los modelos que podrían ser más adecuados para describir la gran plétora de los posibles mecanismos generadores de las toposecuencias de los ambientes mediterráneos. Según diversos autores, podríamos enumerar por orden decreciente del balance edafogénesis/morfogénesis (génesis de suelos versus erosión, generalizando mucho) los siguientes tipos de catenas toposecuenciales (ésta vez os dejo las referencias para todos aquellos que quieran indagar en Internet):

 

(i)                 Modelo de HUGGETT (1975) -catenas erosionalmente inactivas-

(ii)               Modelo de NIKIFOROFF (1949) -catenas erosionalmente poco activas-

(iii)             Modelo de los k-ciclos de BUTLER (1959) -catenas sometidas a diversos e intensos ciclos de erosión/deposición

(iv)              Modelo de Yair (1990) -catenas de ambientes áridos y semiáridos.

 

Del mismo modo, cuando se presentan excesos estacionales o permanentes de agua, se puede ligar una secuencia de modelos de catenas hidromórficas, desde las típicamente hiperhúmedas, con formación de turberas, hasta las áridas con génesis de suelos salinos. Dicho de otro modo, en contra de la opinión extendida desde el trabajo de MUHS (1982), existe una gran diversidad de tipos catenales que pueden ajustarse a situaciones concretas. Sin embargo, ninguno de ellos, puede considerarse propio o representativo de los ambientes mediterráneos.

 

Sin embargo, como hemos podido observar en la contribución sobre arquitectura de suelos en ambientes áridos y semi-áridos, la contracción de la vegetación propia de los ambientes más áridos, o inducida por los procesos inapropiadamente denominados de “desertificación” antrópica bajo un clima mediterráneo seco-subhúmedo, generan una estructura bandeada de la vegetación. Estas configuraciones espaciales sirven de freno a la pérdida de sedimentos, a la par que truncan los flujos continuos de materiales y energía que prescriben como normales la mayoría de los modelos catenales publicados hasta la fecha. De este modo, la teórica conexión dinámica entre los diferentes segmentos de la ladera, implícita en las teorías actuales, no llega a producirse en la práctica. Por tanto, estos constructos conceptuales resultan ser difíciles de aplicar a situaciones reales, al menos tal como se han esbozado tradicionalmente. Este hecho tampoco parece ser exclusivo de los ambientes áridos y semiáridos, mediterráneos o no. GERRARD (1990) también cuestionó la validez del concepto clásico de toposecuencia en ambientes templados. Este autor demuestra como, frecuentemente, los procesos edafo-morfogenéticos que acaecen en distintas posiciones o segmentos de una misma ladera pueden llegar a estar cuasi-completamente desligados unos de otros.

 

Existe el consenso entre los edafólogos, de que los contrastes estacionales típicos de los climas mediterráneos favorecen el lavado lateral de arcillas y la edafogénesis de Vertisoles en los fondos de valle. Sin embargo, esta asociación suelo-posición fisiográfica no puede ser considerada, en nuestra opinión, como canónica de la dinámica edafogeomorfológica de las laderas mediterráneas. Debe tenerse en cuenta que la relación mencionada depende de la presencia de materiales litológicos concretos, de la existencia de drenajes deficientes, y de otra serie de factores circunstanciales que, aunque relativamente frecuentes, no son exclusivos de los paisajes mediterráneos. Por estas razones desechamos el modelo de MUSH (1982) como canónico de las toposecuencias mediterráneas, a pesar de ser haber sido aceptado por muchos expertos.

 

En cualquier caso, lo que si parece demostrado, son las importantes repercusiones de la orientación  (por ejemplo una ladera orientada al norte y otra hacia el sur, en nuestras latitudes) diferencial de las laderas sobre las características de los suelos y la vegetación de los ambientes mediterráneos subhúmedos, seco-subhúmedos y semiáridos. Tanto es así, que se a acuñado el término de dimorfismo toposecuencial (slope dimorphism) para describir tal patrón. Las mencionadas disimetrías, y en especial las norte-sur, son inducidas por las diferencias microclimáticas existentes entre ambas exposiciones. Estas, generarán acusadas diferencias en lo concerniente, por ejemplo, a la humedad del suelo, hidrología, propiedades edáficas y vegetación. De este modo, las laderas con exposición norte, disfrutan de condiciones más benignas para el desarrollo vegetal y, en consecuencia, sufren menores riesgos de erosión y aridificación.  

 

En las grandes arterias fluviales, la génesis de valles asímétricos es la norma más que la excepción. Bajo estas circunstancias, en un trabajo publicado en 1994, demostramos como los procesos de erosión y acidificación (o desertificación, para los que prefieran tal vocablo) también son asimétricos, siendo lógicamente más acusados en las laderas con mayores pendientes y menor desarrollo de suelos y cronosecuencias.

           

La deforestación y/o la recurrencia de los incendios forestales, típicos de los ambientes mediterráneos, descienden significativamente las tasas de evapotranspiración, acrecentando la escorrentía superficial y subsuperficial de las laderas. En los ambientes mediterráneos semiáridos y áridos con un substrato litológico propicio (p. ej. margas yesíferas, yesos), se potencia el lavado lateral de sales y, en consecuencia, aumenta la salinidad en los cauces y suelos colindantes (HALLSWORTH 1987). Lógicamente, este proceso es más acusado, o requiere un menor déficit de humedad, en aquellas cuencas afectadas de un cierto endorreismo. Se trata de un mecanismo que, si bien está espacialmente localizado, agrava los procesos de aridificación (desertificación) de los paisajes mediterráneos. No trataremos aquí la aridificación inducida por la salinización derivada de actividades humanas que no generan erosión (p. ej. malas prácticas de conservación de suelos en regadíos, riego con aguas más o menos salinas, intrusión de aguas marinas en las áreas litorales como consecuencia de la sobreexplotación de acuíferos). Existen en la Web varios documentos al respecto..

 

Actualmente, en muchos paisajes áridos y semiáridos de la Península Ibérica, pueden observarse laderas totalmente erosionadas (desprovistas de suelos y vegetación). Por el contrario, sus fondos de valle, rellenos de sedimentos, se encuentran recubiertos de una densa cobertura vegetal, cuando no son cultivados. Por tanto, a escala de paisaje, la erosión antrópica ha generado una contracción espacial de los suelos y la vegetación, quedando las laderas pendientes como zonas suministradoras de sedimentos, nutrientes y agua. Este proceso recuerda al previamente mencionado a mayores niveles de resolución (p. ej. vegetación bandeada, montículos). Por tanto, el “efecto islaemerge a diversas escalas, abarcando varios órdenes de magnitud. ¿Se trata de un proceso fractal generador de formas que, desde ciertas perspectivas, son invariantes a los cambios de escala? En cualquier caso, aun suponiendo que esta última cuestión tuviera una respuesta afirmativa, la invariancia escalar de ciertos aspectos geosistémicos no invalida la emergencia de nuevas propiedades en el contexto de la holarquía espacial (sistemas jerárquicos espacialmente anidados).

 

Incluimos aquí, y aquí, algunas toposecuencias iberoamericanas, es decir bajo otros ambientes (en castellano), para nuestros lectores de Latinoamérica.

 

 

Juan José Ibáñez

15:35 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Como ya os comunicamos en la nota anterior, según la prensa española en este país existen centenares, sino miles de “científicos de Excelencia”. ¿Cómo es posible entonces que la ciencia española no termine de cuajar? ¿Qué misterio se esconde detrás para que tanto talento no consiga que los trabajos de estos últimos sean muy citados a nivel internacional? Para empezar cabría preguntarse que tipo de cualidades debe atesorar un científico de excelencia. Del mismo modo alguien me tendría que decir quien decide si un investigador merece tal distinción. Visto que nadie me podría responder a esta pregunta (salvo espetar comentarios vagos y mal articulados) me veo en la obligación de proponer una definición “ad hoc” para que comenzáis a ver algo de luz entre tanto dislate.  Comenzamos. Podemos definir a un científico de “excelencia” como aquel que las instituciones, la Prensa, algún premio internacional o sus colegas deciden que lo sea.  ¿Significa esto que sea un  excelente científico? Es decir alguien reconocido internacionalmente por sus colegas como tal? La respuesta debe ser rotunda: ¡No! Veamos por que.


Si los “Currículum Vitae” de muchos de los denominados científicos de excelencia salieran a la luz y analizáramos tanto el numero de “ISI papers” como su impacto estimado por el número de citaciones, os daríais cuenta de lo que hablo.  En un gran número de ocasiones, la pretendida excelencia no es avalada por los hechos. Pueden darse numerosos caminos hasta que un investigador sea considerado por la prensa y/o las instituciones como un científico de excelencia. Uno de ellos son las distinciones o premios científicos que se otorgan en este país (también en otros, dejémoslo claro).

 

En ciencia ocurre como en el cine español, una Academia decide cada año a quien otorga los “Premios Goya”, cuyas deliberaciones y decisiones tanta polémica generan. La diferencia estriba en que un buen número de ciudadanos podemos opinar de cine, mientras que muy pocos pueden hacerlo sobre la actividad científica. Por lo tanto, resulta difícil que se descubra el fraude (un fraude ligth, pero un fraude al fin y al cabo)

 

Analicemos los casos que se dan en las CC. del Medio Ambiente. Son varias las instituciones que otorgan tales distinciones. Los sistemas de elegir a los candidatos son de lo más variopinto, empero tras ellos priva la dedocracia.  Una buena parte de los Premios Nacionales y algunos Autonómicos se otorgan a investigadores como agradecimiento a los trabajos realizados para la administración. ¿A que trabajos me refiero? Pues por ejemplo a nuestras representaciones en organismos internacionales, cargos de gestión científica para una determina institución, etc. Ahora bien si se escarba en sus CV, la excelencia científica no aparece por ningún lado,  con demasiada frecuencia.

 

No me mal interpretéis, la gestión científica es imprescindible para un buen funcionamiento de un Sistema de I + D + i. Sin embargo tampoco debemos olvidar que la creatividad científica o la genialidad son atributos muy distintos. Muchos gestores son malos o nulos investigadores (en realizad abandonan la ciencia para ocupar un cargo): se puede ser un gestor excelente y un mal científico y viceversa.

 

¿Cómo se detecta a un Científico de Excelencia? Muy sencillo, por su afán de escribir en la prensa y ser entrevistado por radio o televisión. Es decir por su afán de buscar fama y gloria. Por el contrario, suele ser muy frecuente que los investigadores excelentes, aquellos que hacen avanzar a la ciencia, rehuyan a los medios de comunicación y no quieran acaparar cargos de gestión o participación en grupos de expertos, por cuanto estas actividades requieren mucha dedicación que, necesariamente, debe secuestrarse de la verdadera investigación (son vocacionales). Por lo tanto, los últimos prefieren el anonimato público, aunque, como es lógico, si les gusta que sus colegas internacionales reconozcan su trabajo. Más aún cuando un científico de excelencia no sale en los “media” una temporadita, suele afanarse en escribir algún artículo de divulgación científica rellena de vaguedades, que firman “modestamente” con autoreferencias del tipo “Premio de (…)”

 

Por tanto, cuando ustedes oigan hablar de científicos de talla internacional e investigación de excelencia, no presten la menor atención, a no ser que sea avalada por premios realmente importantes a nivel internacional.

 

Lo peor que le puede ocurrir a un científico de excelencia, y que por desgracia suele ocurrir con excesiva frecuencia, es que terminen por creérselo y hagan la vida imposible a los excelentes científicos, conviviéndose en un cáncer para la ciencia que dicen defender.  Se trta de un hecho que por desgracia es bastante común. Los primeros, dada su mediocridad no suelen querer nadie a su lado que les haga sombra, al contrario que los segundos. Por tanto resulta difícil que los científicos usen su influencia para campar a los segundos. Así comienza una selección contra los verdaderos científicos vocacionales que, a fin de cuentas, son los únicos que pueden hacer evolucionar la ciencia. El pelota lo tiene siempre mucho más fácil. No lo duden. 

 

 Para finalizar, digamos que muchos científicos honestos que deciden dedicarse a la gestión por algún motivo, son castigados por el sistema frente a otros más deshonestos. Honestidad no significa creatividad, pero siempre es bienvenida. En la próxima contribución, analizaremos la vivencia que he experimentado a través de algunos de mis amigos que han padecido esta discriminación.   ¿Pecado? Ya lo he dicho ser honestos.

 

Juan José Ibáñez

14:14 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (10)